EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 26 de febrero de 2016

TAMARA DOMENECH



Al momento de escribir tengo presente la palabra sueños, los que creamos cuando dormimos y los que creamos al levantarnos.
Piso la tierra con la totalidad de los dedos de los pies.
El resto del cuerpo está suspendido.
No es dócil.
Estoy atenta.
La escritura afirma una negación.
Un niño sostiene un globo con fuerza.
Si de pronto se suelta no es triste.
Algo de él le pertenece al cielo.


Poemas inéditos (2014)


Regalo

Me sorprendo de recibir un regalo un día común.
Cruzo la calle y veo mi nombre escrito en negro y rojo.
O así lo creo yo
las ganas de encontrarlo.
Una bolsa de nylon de la que se desprenden pétalos de rosas a través de los rasguños de un gato.
¿Estará el animal adentro sobre un acolchado de flores deshojadas?
El perfume no es de envoltorio
y el misterio comienza a desvanecerse.
Es una bolsa de la no vida
de los jardines de las casas aledañas.
Podría buscarla y depositarla en la vereda para depararle otro destino al cuidado de las llantas de los autos.
Pero no.
Es un regalo para ser contemplado en su destrucción como una piñata de  cumpleaños.
Y me siento en un cajón de manzanas
hasta que estalla mi nombre con la forma de una princesa que, con un cigarrillo en la mano,  inventa un camino contrario al que iba.


Dedo

Busco refugio en una casa joven.
El chico que vive allí no tiene la biblioteca que esperaba. Sólo dos libros infantiles con hojas arrancadas.
Salgo al jardín para pedirle a otro chico que me corte las uñas. Sin darse cuenta me lastima el dedo.
Lloro de dolor y él insiste que cortó por donde yo indicaba.
Lo perdono por error y en la indecisión de qué hacer con la sangre en los costados de mi mano,
miro un búho entre las nubes, mitad real, mitad de fantasía y salto lo más alto que puedo para atrapar un augurio.


Muestra

Entro a la habitación de un chico.
Las paredes son blancas.
Hay una cama.
Una mesa de luz con un velador.
Una ventana.
Nos recostamos sobre la cama para charlar.
Miramos el cielo.
Los árboles.
Los pájaros.
Los temas surgen de ese modo.
Después de unas horas salgo para tomar algo en la cocina.
Vuelvo.
Entro a la habitación de un chico.
Hay una cama.
Una mesa de luz con velador.
Una ventana.
En las paredes blancas dispuso fotografías en blanco y negro.
No se recuesta sobre la cama para charlar.
Ahora se pasea entre la exposición y habla de ella.
Miro el cielo.
Los árboles.
Los pájaros.
Los temas se interrumpen de ese modo.
No quiero una muestra.
Quiero la conversación.


Perra

Mi perra se cayó en una pileta de agua de invierno.
Me tiro de cabeza para salvarla.
Pido que alguien maneje hasta un lugar cerrado.
Una compañera quejosa agarra la llave del auto.
A ella le digo, ¿viste para lo que sirve quejarse? Para darte cuenta de que sos un imbécil.
Andá lo más rápido que puedas.
Lloro mientras aprieto la muerte entre mis piernas y mis brazos.
Llegamos a una casa abandonada con una estufa encendida.
Dejo sobre el piso a la perra.
Lloro.
Pero cuando la estoy cubriendo con una manta para prohibir que exhiba su dolor
me sorprende su hocico negro
que comienza a moverse tan despacio como la respiración.


Piel

Quiero ir a una fiesta con amigas que se untan cremas en la piel para que se encienda en la pista.
Por favor, llévenme con ustedes, les suplico en una lengua de pasos de baile monotemáticos y antiguos.
Una acepta lo que me tocará vivir si no voy con ellas. Estar en una habitación frente a la inmensidad de un ropero que decide cerrar las puertas de mis vestidos.
Otra no, de ninguna manera. Irán con chicas tribu, en la que yo no quepo.
La que dice no, lo hace a través de un teléfono que se corta cuando digo la frase, a qué amigo se le ocurriría dejar a otro con un ropero.
No voy a la fiesta pero quiero las cremas que iluminan la noche.
Corro al supermercado y el piso de goma, con mi ansiedad, se derrite y las botas que me puse para la ocasión se hunden.
Un hijo del futuro me despabila con un grito
y pateo góndolas de papel con la fuerza de una música conocida.
Estar afuera.
Es oler el aire libre.


Libros:

Bachelard, Gastón. El aire y los sueños.
Kusch, Rodolfo. El pensamiento indígena americano.
Le Breton, David. Antropología del cuerpo y modernidad.
Nietzsche, Friedrich. Sobre utilidad y perjuicio de la historia para la vida.
Sennet, Richard. Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental.

Un fragmento:

…Ahora bien, ¿en qué forma enfrenta el indígena su vida emocional? Mejor dicho, ¿podrá mostrarnos otros aspectos de la misma, especialmente cuando se trata de los casos extremos del miedo?
Sayres, en un artículo publicado en América Indígena, señala los problemas psíquicos que sobrelleva la primera generación de mestizos de padres indígenas, ya que aquéllos parecieran sufrir, en mayor medida que éstos, el miedo mágico a la infracción de las normas tradicionales, hasta el punto de que se incrementa entre ellos, por ejemplo, los rituales del asustamiento que en el altiplano andino se llama mancharisca. Mancharisca proviene del manchay, que significa en quechua “tener miedo”, el cual, en este caso es atribuido a la pérdida de ánimo.
A esto se refiere la señora Valda de Jaimes Freyne cuando menciona la doctrina aymara sobre el alma. Según ella, el indígena concibe un alma propiamente dicha, (jachcha ajayu), un ánimo (jiska ajayu) que va quedando prendida de todas las cosas y que de esta manera se gasta, y finalmente un kamasa o sombra, o también llamado coraje que también está representado en un animal. Cuando un sujeto tiene un susto y sufre ciertas manifestaciones, como fiebre, o delirios, o lo que fuera, se dice de él que ha perdido el kamasa o el coraje, como se me informara en Tiahuanaco. En este caso es preciso recurrir a un ritual.
Morote Best lo describe para el mundo quechua de la siguiente manera: Si el asustamiento no es grave, se toma una pizca de tierra del lugar donde ha caído la persona y mientras se la come se dice “hampuy, ánimo…hampuy” (vuélvete ánimo vuélvete). Pero si la enfermedad es grave, entonces se la cura con un despacho. Este consiste en incinerar un envoltorio en el cual se incluyen cerca de quince productos, entre otros, piezas de plomo diminutas, plumas de cóndor, papeles de color. Una vez terminado el despacho, “un paciente debe conducir por el suelo y con la mano derecha el gorro, como si fuera una persona que camina, ya que le sirven de pies las orejeras del mismo. En la mano izquierda porta un poco de tierra del lugar en el cual se produjo la incineración y una moneda de un sol. Mientras tanto en la casa del enfermo la luz debe estar apagada y todos los hombres en silencio. En la oscuridad de la morada se podría ver, si la luz se enciende –lo que no debe hacerse-, a un varón que aprisiona la frente del enfermo y a otro que hace lo mismo con los dedos de los pies, mientras se produce el retorno del alma.

Kusch, Rodolfo. El pensamiento indígena americano. Pp 54-55. CAJICA, Argentina, 1970.



Tamara Domenech

Me llamo Tamara Domenech, nací en 1976 en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, allí me recibí de Licenciada en Comunicación Social en la UNLP.
En el año 2000 decidí vivir en Capital Federal, ciudad en la que realicé una Diplomatura en Gestión Cultural en la UNSAM.
Con el nacimiento de mis hijos me di cuenta que más acá de lo académico, está mi piel, lo que me pasa con las palabras, estoy atenta a cuáles y cuánto me alejan o me acercan para comprender la vida cotidiana en tanto acertijo.
En los proyectos que llevo adelante trabajo con estos tres registros: lo académico, la vida cotidiana y el arte (visual y poético).
Desde el año 2009 dirijo Ediciones Presente, una editorial independiente de poesía y proyectos afines.
Me hace feliz caminar, andar en micro, moverme. Excepto para estar con mis hijos con quienes comprobé que, sentada, se produce un encuentro inesperado e intenso a la vez.

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