EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 7 de febrero de 2016

ANA CECILIA ADJIMAN GACHE



Laburo cuando puedo en mi taller de Villa Crespo; intento hacerme una rutina todos los días, pero no lo logro, ya que mis horarios de trabajo son todos los días distintos. En realidad, me sirve más ponerme a crear uno o dos días todo el día, sin interrupciones. Despliego muchos materiales cuando pinto, dibujo o hago collage: necesito ver todo, y me lleva su tiempo ese ritual de preparación. 
Si pudiera elegir me iría de la ciudad cada tanto ya que la rutina y el caos citadino me sacan mucha energía y no siempre me puedo concentrar.
La luz natural es lo que más me gusta, por suerte tengo grandes ventanales, por más buena luz artificial que se tenga no es lo mismo. A medida que pasa el día, mi cerebro se va desconectando, no tengo la misma concentración. Las mañanas son ideales para pintar, el día se me hace más largo y no siento que voy a contra reloj.
Aunque generalmente trabajo sola, me gusta estar acompañada por otros artistas, cada uno en lo suyo, me potencia el clima de trabajo con el otro.
Voy y vengo del plan a la intuición, y si esta última prima, en algún momento necesito bajar el concepto. 
Últimamente paso del dibujo al collage, del collage a la pintura, y así voy intuitivamente, más anárquico todo, voy probando, dejando que el material y las formas me guíen; lo lúdico está muy presente. 
En cambio con la pintura soy más solemne, parto de fotos o bocetos y la idea de para dónde quiero ir es previa, aunque después vaya cambiando en el camino.

Según los temas investigo, como en la serie del Tarot, donde me encontré con un mundo enorme lleno de artistas que también habían laburado con él. 
Siempre digo que ya está todo inventado, y que los temas son los mismos, lo bello e interesante es lo que cada artista hace con eso, que caminos toma sin mirar para afuera. Cómo cada artista resignifica desde su historia o deseo…

                                               
Cuando me preguntan qué hago, qué soy y si pongo el automático, digo: artista visual. Más allá de las modas creo que es un término que abarca más que la pintura,  y yo ando por esos caminos. Pero si lo pienso, me considero pintora. 
Cuando collageo lo hago casi siempre desde un lugar pictórico. Cuando saco una foto igual, cuando bailo o mejor dicho cuando veo bailar quiero llevar ese movimiento a la línea, al color. No así cuando escribo, porque es un lenguaje bastante nuevo para mí.
El dibujo es mi primer amor al que he vuelto hace poco. Cuando pinto y hago collage también dibujo, pero el dibujo en sí mismo, la línea, su modulación, los vacíos, decidir si quedará solo la línea o un sombreado, si será algo más realista o ilustrativo, etc, es una práctica que en sí misma es maravillosa. 
Desde hace un tiempo empecé a tener la necesidad de salirme de la bidimensión y empecé a hacer objetos-collage, o a armar pequeñas escenografías a las que les saco fotos: me gusta lo chiquito, los acercamientos, ciertos detalles que el ojo no ve a primera vista.
Siempre me gustó  aprovechar los objetos en desuso, las cajas... guardar, sacar, mover, volver a guardar, acomodar; como la memoria, que aparece y desaparece pero que nunca se va, va cambiando de lugar, en el cuerpo, en el corazón.


Trabajo mucho con la fotografía, para mí es una herramienta más. La música siempre está presente, y la danza también: hice Danzas de Orixás por once años con Isa Soares. Esos años transformaron mucho mi forma de pintar, de dar clases y de estar en el mundo. 
Mi vida se fue enriqueciendo en la medida en que pude incursionar en otras artes. Escucho música y leo todo el tiempo, y cuando puedo voy a ver teatro, conciertos, danza, etc. 
Tengo mucha avidez y todo el tiempo tengo que estar bajando la ansiedad, ya que la avidez por ver, a su vez, quita mucho tiempo para la creación propia.
Creo que el arte es una mezcla entre lo lúdico, el oficio o técnica y lo poético. A lo que más le tengo miedo es a la obsesión porque el oficio se pierda, y a su vez, creo que puede ser un agujero negro de donde es muy difícil salir. 
Fui cambiando mucho mi mirada, ahora pienso que la poesía es fundamental pero me cuesta pensar que sin una base del oficio, y la relajación de lo lúdico, se pueda dar. No sé si para bien o para mal, pero voy aprendiendo todos los días e intentando flexibilizarme.
El dar clases me ayuda mucho, los alumnos no me dejan estructurarme, todos vienen con un planteo distinto y eso hace que yo tenga que sí o sí tener muchas miradas.




Mis sensaciones físicas a la hora de crear son variadas, pero sí puedo registrar una ansiedad previa mezclada con tedio; como dos fuerzas que se disputan algo. Cuando me pongo a laburar, la ansiedad y el tedio se disipan. 
Intento prestarle mucha atención al cuerpo, estar lo más cómoda posible, en eso la danza me ayudó mucho, me hizo tomar consciencia de lo escindidos que vivimos, creemos que nuestra cabeza va para un lado y el cuerpo para otro.  Pintar es como danzar, sobre todo cuando uno lo hace de pie, va y viene con el cuerpo hacia la tela. No solo se mueven los ojos y la mano, se mueve todo el cuerpo.
Siempre hay una cierta tensión, intento en algún momento parar y estirar. La práctica artística no solo es agotadora desde lo emocional, sino desde lo físico. El resultado casi que no importa. A veces quedo satisfecha, a veces no.


Soy Ana. Nací en noviembre del 74. En mi familia nadie se acordaba dónde, parece que fue una madrugada lluviosa. La partida de nacimiento, que se me ocurrió chusmear mucho tiempo después, dice que fue en un hospital por Congreso que ya no existe.
También estuve mucho tiempo sin saber dónde viví con mis padres; se tuvieron que mudar tantas veces por su militancia en la FAR, que mi familia sobreviviente tampoco se acuerda. A veces la falta de memoria salva vidas, a veces. 
La partida de defunción, que también se me ocurrió mirar con los años, dice que viví con ellos (clandestinamente) hasta el 6 de septiembre del '76 en Villa Crespo. Ahí fue donde los mataron, fue donde la muerte nos perdonó la vida a mi hermana, a mi abuela paterna y a mí. Veintitrés años después, me vine a vivir al mismo barrio.

No puedo decir que pasé mi infancia y adolescencia dibujando y pintando, lo hacía claro, pero era algo automático, estaba ahí siempre. Lo que me apasionaba realmente era bailar, escuchar música y leer. La lectura y la música fueron mi cono del silencio, mi guarida, mi barrera por mucho tiempo. 
Nunca tomé clases de danza, hasta el 2004, cuando comencé danzas de Orixás con Isa Soares, y no paré, puedo estar bailando o no, la danza es una manera de estar en el mundo. La mano danza cuando dibuja, cuando pinta, cuando escribe, y pensar que el resto del cuerpo no se mueve sería un error.
Mi profe de plástica del secundario Gloria Ruby Lutz de Mehmedajic "La Meme" fue la que me arengó y preparó para entrar a Bellas Artes. Pasé por varios talleres, pero los que más me transformaron fueron los de Perla Bajder, Juan Doffo y, María Helguera en Barcelona, no solo aprendí de arte, técnica, historia, etc., si no a conocerme mejor. El dar clases, tarea y trabajo que hago desde que me recibí de la Pueyrredón en el 97, es una de las cosas que más amo.
Tomo clases de escritura hace tres años con Margarita Roncarolo, me tomé un año sabático de la danza y sigo pintando, dibujando y sobre todo collageando mucho, técnica que me saca de cierta solemnidad pictórica y que me despertó el deseo y las ganas de ilustrar libros. 



Pueden ver algo de todo lo que hago en facebook.com/bardocollage/


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