EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 24 de febrero de 2016

LAURA GARCÍA DEL CASTAÑO





Somos lo que leemos, lo que nos desvela, lo que soñamos, lo que padecemos. El poema es una brochette donde en una misma línea de tiempo se enganchan: una música efímera, una obsesión transitoria, una lectura anterior, una circunstancia particular, un ajuar, un miedo, una pulsión, y el estado emocional que nos está atravesando. No es lo mismo El lago de los cisnes musicalizando el amor que despierta a los veinte,  que mirando el Guernica; que El lago de los cisnes bajo los efectos de un duelo, o a los treinta, descubriendo un Hopper. Depende de las mezclas. Es decir, no alcanza con la intención de la búsqueda, ni de la ciclotímica voluntad. Puedo poner (de hecho lo hice) sobre la mesa una docena de estímulos como relucientes instrumentos de operación y no pasar absolutamente nada. Puedo estar estática, paralizada frente a las vías de un tren, en el más soleado de los días, no haber escuchado música en semanas ni haber leído un libro completo de poesía en meses y venirse así porque sí la imagen que me lleve a la escritura más desgarradora.
No es sólo dónde esté parada sino lo que tenga detrás que me esté atando, la nitidez que va haciendo foco por etapas y sobre diferentes cosas,  lo que tenga valor de ver y todo el resto que acompañe ese movimiento circunstancial ordenándose y desordenándose para ese trance. Es decir, el procedimiento de escritura es pura fatalidad. Fatal combinación de propósitos y despropósitos.

Poemas

Escribir como si se tuviera
una piel de vidrio, un espejo al fondo
pelo y sangre de la herida
sufrimiento animal
o escribir
como si no se tuviera nada
Lo que late pero no para vivir
Así de estéril
como un párpado que acaricia el ojo que no ve
como si apenas hubiera
una mera puntería
para darle a cosas
que no caerán en este mundo.


Subsistencia

En Groenlandia un hombre caza sus aves,
escondido en el mismo lugar que sus ancestros.
Coloca las aves en una bolsa de piel de foca,
cose y unta sus junturas,
luego la entierra bajo las rocas
hasta el próximo invierno.

Aquí otro hombre escribe sus poemas,
escondido detrás de sus antiguas visiones,
en la misma persistencia
No guardará ni enterrará nada
Escribirá toda una vida para reunir
una gota de silencio.


La relación de mi cuerpo con el poema es un tanto neurótica desgraciadamente. Soy ansiosa por lo tanto la escritura padece ese carácter. La escritura me impacta en el sistema nervioso, me hace doler el estómago si se pausa en el momento en que transcurre. Pero nunca tuve en cuenta el cuerpo al momento de escribir. Ahora uno lo dice porque se lo plantea. Somos aéreos y escribir a veces es como ir en bici. No tenemos noción de cuánto recorremos, de cuánto nos adentramos y es volátil, no hay impacto físico. Pero uno ha escrito y ha generado un universo tan poderoso que se percibe, lo percibo en las lecturas, en el vivo de la voz. Ahí es cuando notás ciertos inconvenientes del cuerpo en acompañar al poema. Porque uno ha venido teniendo noción de la gravedad, de la emocionalidad de las palabras pero ahí se manifiesta el peso porque entra en juego el decir, el habla, que es como un conjuro, una sentencia, la voz es física y entonces el poeta se agobia, se sofoca, se constipa, se retuerce de nervios. He notado ese padecimiento físico de querer que se termine y a la vez que continúe. Es como un momento de eclipse, de superposición entre el cuerpo del poema y el cuerpo del poeta. Y por otro lado está el poeta que goza de esta especie de posesión, que se entrega a eso.
Me gustó ver y escuchar a Arnaldo Antunes, es un percusionista, un domador, un poseído. Se deja ir y a su vez lo que hace necesita de su cuerpo, él es su propia acústica.

Hereditário

Arnaldo Antunes

A cada parto
A cada luto
A cada perda
A cada lucro
O sol que dura
Só um dia
A cada dia
O sol diário
Contra o que for hereditário.

Em cada mira
Em cada muro
Em cada fresta
Em cada furo
O sol que nasce
A cada dia
A cada aniversário
Contra o que for hereditário.
Arnaldo Antunes




OTRO

sobre vueltas
otras sobre otras
órbitas
de un mismo cuando
en cuanto está parado
lado
a lado frente
a frente cuerpo
a cuerpo día
a día a día
de poniente
hasta aurora
ante ahora
de repente
norte en frente.

Arnaldo Antunes


Laura García del Castaño.


Nací en Córdoba un 17 de octubre del 79. Edité un libro al cumplir quince años “Orquideas, lágrimas y sangre” y con ese título ya se intuye la totalidad del drama poético de mi vida. Participé en la antología Quince poetas mujeres de Córdoba (Tinta de negros, 2011) y en las plaquetas Desgraciadas (2010), Ultrafinas y las Tramontinas del dolor (2012-2013).
Participo como coordinadora en el café literario La Bandada.
Ensayo mucho mucho en el blog: www.lapalabrasembrada.blogspot.com


2 comentarios:

  1. Laura un gusto encontrarte acá y leer tu gran poesía, abz Gus.

    ResponderEliminar
  2. Me gustó mucho esta poeta, es aérea. Gracias por hacer conocer a tantos creativos.

    ResponderEliminar