EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 2 de marzo de 2016

ALEJANDRO ARGÜELLES



Trabajo todos los días con luz artificial y solo. Entre 4 y 5 horas en el taller y un poco mas en casa. El taller es el lugar de la ejecución, fuera de él preparo, organizo y trato de que tome alguna forma lo que voy a hacer. Me gusta la noche o, mejor dicho, la tarde cayendo y convirtiéndose en noche. No puedo trabajar mucho en ese horario últimamente pero es lo que prefiero. Mi manera de pensar visualmente es la del dibujo pero nunca a través de su aspecto lineal sino de mancha. Esa es una de las razones por las que mucha de la información que tomo proviene de la fotografía. No importa si tomo fotografías que luego trabajo o si hago pintura, siempre son posibilidades que adquiere una imagen dentro de los parámetros del dibujo. Para mí, la mezcla, lo no puro, desde el punto de vista técnico es lo que me atrae. Lo que ordena y empuja el devenir de los trabajos es una cierta idea de imagen, muy relacionada con el paisaje o lo geográfico. Aunque no lo parezca, no tengo ningún interés especial en el paisaje. Sólo me interesan las posibilidades que ofrece una geografía, un territorio; ambos incluyen la idea de paisaje pero lo exceden. Eso es lo que me interesa. Desde el punto de vista técnico los trabajos van cambiando en series donde se mezcla la tecnología, la experimentación y algunas técnicas mas tradicionales. Las investigo hasta que creo agotarlo todo o me agoto yo, cosa que sucede a gran velocidad últimamente. Me gusta el estudio. No trabajo afuera hace muchos años. Y en él trabajo parado, si la obra es muy grande, o sentado si es pequeña. Siempre voy y vengo. Como mínimo a una distancia de 10 metros. El trabajo tiene que funcionar a distancia, no en su cercanía.   



Río Uruguay
150 x 107
Transfer, tinta y toner sobre poliester montado sobre mdf con acrílico


Trabajo siempre con un plan que muchas veces se trastoca. Ese plan se desacomoda y en esa confusión es donde surge el trabajo. Muchas veces ese momento implica investigar una técnica o un soporte en particular. Presto toda la atencion posible al trabajo. En un momento dado la obra es lo real y ahí es donde deja de ser tributaria de otra realidad. Ya no importa la imagen o la mezcla de imágenes que han posibilitado una obra. La obra comienza a poseer el mismo estatuto de realidad que cualquier otra cosa. La realidad provee el material o ciertas ideas. Y ese artificio es para mi lo importante. Todo interesa en términos de estímulo porque nunca es claro cuál de ellos disparará una idea o una imagen particular. El teatro, el cine, la fotografia, la gráfica, otro artista, etc. 





territorio circular
oleo sobre tela
160 cm.

La primera impronta muchas veces es engañosa y no propone tanto como parece. Trabajo en una obra hasta que tengo la impresión de que esta concluida. Muchas veces esa apreciación es falsa y, tiempo después, la retomo nuevamente. Pero no puedo trabajar en varias cosas al mismo tiempo. Me dejo absorber por una. Y sí, puedo repetir muchas cosas para intentar exprimir hasta el máximo las posibilidades de un trabajo. Un fotograma, una escenografía, un stencil y, por supuesto, otro artista, me sirven como idea. Me empujan a lo que creo que puede ser el mejor lugar para llevar la obra.


Desastre en Cuenca Matanza Riachuelo
150 x 107
Transfer, tinta y toner sobre poliester montado sobre mdf con acrílico




Si lo poético surge en un trabajo no es porque me lo haya propuesto. No me interesa en absoluto lo lúdico. De hecho, si percibo lo lúdico en un trabajo de otro artista, basta para que no me interese. Sí me interesa mucho lo técnico. Para mi lo técnico define la forma que toma una obra.
El procedimiento es complejo ya que, usualmente, hay una parte de él que desconozco. Por lo general, en los últimos años, encuentro un grupo de imágenes que me interesan y que empiezo a trabajar. Suelen ser fotografías que tomé y que empiezo a mezclar digitalmente. Este procedimiento puede ser largo. A veces pueden ser imágenes sobre un mismo tema o imágenes que tomé hace mucho tiempo y que están, como esperando su momento. Se van mezclando y clonando digitalmente hasta que empiezo a ver algo que me interesa. Todas esas imágenes finalmente terminan siendo una sola. Esto produce una alteración total de la veracidad de la imagen. Una obra puede nutrirse figurativamente de múltiples escenarios (un delta, un desierto patagónico, el riachuelo, etc.) y finalmente será todos esos territorios hecho uno solo. Una vez que esa imagen resulta interesante la traslado al soporte en el que esté trabajando: un papel, una tela, un poliester, un calco, etc. Una vez transferida es cuando comienza la construcción de la obra en el sentido autónomo al que me refería antes. A su propio estatuto de realidad. Ahí es cuando lo técnico deba ser tal vez reinventado o no. Ahí es cuando el trabajo se problematiza, se torna mas pictórico, mas gráfico o mas fotográfico. Muchas veces trabajo en grupos de obras que parecieran pertenecer a una serie. Luego, de modo pendular, me agoto y necesito reiniciar todo el proceso nuevamente.


territorio transparente
105 x 240 cm
Transfer, toner y tinta sobre calco

La relación con el cuerpo es de absoluto olvido. Lo maltrato indeciblemente con posturas, con acciones, con lo que estoy tratando de trabajar últimamente. Algo que necesariamente debo cambiar. Es más, en algunas obras muy grandes, por las necesidades motrices que requiere el trabajo y por el esfuerzo al que me someto, termino completamente deshecho. Es algo compulsivo y nada feliz. Es como si el resultado de ver el trabajo, de esa ansiedad desbordada que me invade, convalidara cualquier esfuerzo imposible al punto tal de que puedo haber concluido la tarea de un día y haberme lastimado sin darme cuenta. Últimamente empecé a explorar, de manera rudimentaria, la práctica de la meditación para contrarrestar un poco esta manera un tanto autodestructiva de trabajar.

Alejandro Argüelles



cuenca Matanza Riachuelo
180 x 600 x 120
Oleo, acrilico, impresos, hilos y polvo


Naci en el 68. Estudie arte en la Belgrano y en la Pueyrredon pero me forme con Osvaldo Attila. Trabaje con varias galerias aquí, en Bs As, y con algunas en el exterior. Trabajo en Congreso, donde esta mi estudio. Hice algunas residencias afuera pero siempre prefiero trabajar acá. Aunque viajar me insufla estimulos únicos y a veces desmesurados. Adoro eso. Hay algo inútil en producir objetos, papeles o lo que sea que este haciendo pero casi siempre suele darse una necesidad o ansiedad por el hacer que termina por darle sentido al trabajo. Siempre lo hago en soledad aunque desarrollo un proyecto junto a Fabian Attila y Juan Pablo Fernandez Bravo que pone a prueba esa soledad en la que uno suele trabajar si se dedica a esto. Paralelo 58  es ese espacio donde discutimos, pensamos y hacemos exhibiciones juntos.


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