EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 8 de marzo de 2016

DIEGO ROEL





En Kyrios, mi último libro, intenté ponerme en la piel de los Padres y Madres del Yermo.  En el siglo IV, luego de la paz constantiniana, un número importante de monjes, ermitaños y anacoretas abandonan las ciudades del imperio romano para ir a vivir al desierto. Mi idea fue tomar prestadas esas voces, hacerlas hablar en mi voz. Me tracé un plan de trabajo, un derrotero. Tomé notas. Sin embargo, la dinámica de la escritura me llevo hacia otro lado. En mi cuerpo la voz de un santo hablaba de otro santo, me decía que todo era espurio. Decidí abandonar la brújula de la razón. Me transformé entonces en una especie de caja de resonancia. Y anoté lo que decían las máscaras. Recordé el poema de Horacio Castillo:

Arte poética

Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.


Horacio Castillo, Materia acre, 1974

El desierto se convierte, en la experiencia de los Padres y Madres del Yermo, en una isla donde la palabra deja de tener un significado utilitario y se transforma en índice, en umbral. En el desierto la palabra es un cuerpo vivo que señala la epifanía de lo real. El desafío es señalar, en medio de la incesante sucesión, aquello que permanece idéntico, aquello que no cambia.

POEMAS DE KYRIOS, INÉDITO,  2016.


San Menas de Alejandría
(11 de noviembre.  Padre del desierto. Anacoreta, mártir y taumaturgo)


Delante de un ícono de Santa María
mi madre rogó al cielo que le otorgara descendencia.

El ícono dijo: “Amén será su nombre”.

Desde ese día escucho el paso sigiloso de los ángeles,
la lenta caída en la temperatura de la muerte.
Desde entonces veo el giro de la luz,
la velocidad de Dios sobre los cuerpos.

Delante de un ícono de Santa María
mi madre rogó al cielo.

Amén es mi nombre.




Amma María
(Hermana de san Pacomio. Fundó los primeros cenobios femeninos)


Me sacude el viento del Señor.

Estoy parada en el lugar del exterminio:
mi almohada es la piedra del camino.

Yo soy la santa de ojos torvos y cabellos hirsutos.
Soy la que olvida las señales del regreso,
la que incuba en la mirada
los huevos dorados del crepúsculo.

Soy la que duerme sobre el filo de la espada




San Pablo el ermitaño
(15 de enero. Padre del desierto. Protector de los ermitaños)


Mis manos sostienen las columnas de la noche.

Tengo los pies descalzos,
las piernas atadas con el collar de la vigilia,
el corazón atravesado por un grito de palomas.

Mis manos sostienen los muros de piedra.

Llevo sobre los hombros el odre reseco de los días,                      
la ola de arena del destino.



Santa Pelagia de Antioquía
(8 de octubre. Ermitaña. La apodaban la Venerable)


Un día me hablaron de un Dios que bajó del cielo.
Me dijeron que una palabra de Su boca
levantaba a los muertos del sepulcro,
que Su mano detenía y desataba la lluvia.

Me dijeron que Su sangre era más dulce que la miel.

No quiero probar la almendra negra de la muerte:
voy a repartir mis bienes y mis joyas,
voy a ocultar mi nombre en un nombre de varón.

Kirie eleison, Christe eleison, Kirie eleison.

Mis pies se hunden en el borde del desierto.



San Juan estilita
(24 de mayo. Padre del desierto. Maestro de San Simeón estilita el Joven)


Les suplico que cumplan al pie de la letra
todo lo que el Santo dijo:
“No visiten las aldeas, no frecuenten
las casas de los hombres,
jamás pernocten en ellas.
No compren ni beban el fruto de la vid.
No tengan ni ovejas ni cabras ni caballos.
No le cierren la puerta a la viuda ni al anciano.
No coman por día más de tres pedazos de pan.
Nunca descuiden la oración.
No vayan a fiestas ni a banquetes.
No recorran las calles del mundo.
No oculten un cuchillo bajo la ropa.
No atesoren los huesos de los mártires.
Escondan bajo tierra sus ataúdes.
Aprendan a morir en silencio”.

Diego Roel

Nací en 1980 en Temperley.  Provincia de Buenos Aires. Publiqué Padre Tótem/ Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005), Cuaderno de desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variacionesdel mundo (El Mono Armado, 2010), Los Jardines del Aire (El Mono Armado, 2012), Dice Jonás (El mono Armado, 2015) y Vía lucis (Ediciones del Dock, 2015).
Vivo en La Plata.

E-mail: diegojroel@gmail.com

Referencia a páginas:
www.facebook.com/SIRGAediciones/



1 comentario:

  1. Poemas como designios, como plegarias. Un placer leerte Diego. Abz.

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