EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 27 de marzo de 2016

EMILIO TENO




Por lo general, mi procedimiento de escritura tiene dos momentos. Un primer momento, que podría llamar de “aparición” o fenomenológico, en el que una palabra comienza a sonar diferente o me detengo en alguna imagen. Me ocurre mucho cuando camino o en el baño (habría que estudiar la relación del baño con la lecto-escritura). Ésto es lo más parecido a eso que llaman inspiración que conozco. A partir de ahí comienza el momento nouménico o de ponerse a laburar. La escritura propiamente dicha comienza aquí y es donde aparecen las referencias externas: las lecturas, las películas, la experiencia. Hay poemas más directos o poco manoseados que son como un destello y así se quedan: imperfectos y lumínicos. Otros llevan mucho yunque y lima; en esos hay que agarrar los libros, hablar con los que saben.
Lo físico es un aspecto fundamental de la poesía. La poesía no es nada sin respiración y sin oído. Cuando una palabra sube y baja por el aparato fonador y se enreda en algo y se pierde, se vuelve distinta (Shklovski dixit). Esa distinción puede estar en nosotros o en la palabra aunque una vez incorporada no hay frontera visible. A veces me gusta pensar que la palabra es como una bomba o una caja de Pandora o, por el contrario, una cueva de Alí Babá o una caja de música, pero algo que lleva en sí un secreto múltiple. Hay un texto de Octavio Paz de El mono gramático que habla de la relación entre el cuerpo y la escritura:
“ El camino es escritura y la escritura es cuerpo y el cuerpo es cuerpos (arboleda). Del  mismo modo que el sentido aparece más allá de la escritura como si fuese el punto de  llegada, el fin del camino (un fin que deja de serlo apenas llegamos, un sentido que se evapora apenas lo enunciamos), el cuerpo se ofrece como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo. Al palparlo, se reparte (como un texto) en porciones que son sensaciones instantáneas:  sensación que es percepción de un muslo, un lóbulo, un pezón, una uña, un pedazo  caliente de la ingle, la nuca como comienzo de un crepúsculo”.


Poemas:

Das Schweigen der Sirenen

Como el Ulises de Kafka,
atados al palo mayor de la soberbia,
nos machacamos los tímpanos
con la astucia de la cera,
confiados en la ciencia del sextante,
mientras la belleza ronca de las piedras
tiembla un momento
justo como antes
que sople la tormenta.

Lo comprendimos tarde:
Todo canto imaginado
sólo puede nacer
de un silencio insoportable.



La lámpara


Esta lámpara que ignora
los tórridos anaqueles de Alejandría
y sólo sabe iluminar
mis medias sucias,
se debate esta noche,
con luz tenue,
entre medio vaso de vino
y un adjetivo manoseado
por todos los poetas del mundo.


La noche americana


I

Viendo el cráter que dejó la noche
nos disponemos a escapar
con la lengua desafilada por el éter.
Nunca se está demasiado solo.
Es una lección para aprender
mientras rifamos nuestra cara en los espejos.


II

Salí a dar de pastar a mis caballos
y me encontré en una selva oscura.
Así comienza la comedia de los hombres.
Después nos enredamos
en disputas cotidianas
fulgiendo u opacándonos
según la hora del sol,
según la sombra.
Basta olvidarse la luz encendida
para que acabe como tragedia.


III

Es de noche, repito.
Ya se quebró
la madera que apuntalaba
el fuego.
Un montón de cenizas
sobre el borde del mundo
en algún lugar del sur.
Y, sin embargo,
algo brilla,
verdaderamente.


Emilio Teno



Nací en Bahía Blanca el 10 de mayo de 1978. Despunté varios vicios entre ellos el de escribir. Frutos de esa maña son un puñado de canciones, alguna obrita de teatro, cuentos, muchas novelas empezadas  y mancadas hacia la página 30 y unos cuantos poemas. Algunos de ellos están en El tiempo que nos toca (Renacimiento; Sevilla, 2004) y La noche americana (Letra Sudaca; Mar del Plata, 2014).

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