EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 27 de marzo de 2016

FABIÁN IRIARTE



Mi procedimiento de escritura de poesía no es un procedimiento. En cambio, puedo llamar “procedimiento” a la actividad de ordenar una cantidad de textos que he escrito, en formato de libro, cuando tengo la suerte de poder darlos a publicación. Escucho música, voy al teatro, miro películas, pero nunca lo hago con la finalidad determinada de inspirarme para escribir un poema. Si eso ocurre, es por un impulso involuntario. Una vez que reconozco ese impulso, por supuesto, lo afino y me concentro en él. Tampoco suelo investigar un tema para escribir poesía, sino detalles de un tema: fechas, nombres de objetos o acciones, lugares. No siempre uso la información que obtengo de manera directa; a veces la deformo, la desordeno, efectúo cambios a los datos factuales, si me parece que lo requiere la “lógica” propia del poema que estoy escribiendo. Tengo tendencia a prestar atención al “inscape” (paisaje interno, según la expresión de Gerard Manley Hopkins) más que al externo, a pesar de mis esfuerzos; el peligro es la abstracción. De la realidad externa, me atraen los paisajes, los fragmentos de conversación (que pueden resultar poéticos, absurdos, cómicos) y algunas formas y colores de objetos que me llaman mucho la atención. Me gustaría saber mucho más de pájaros y flores, de plantas y animales, pero sé muy poco.
Constantemente tomo notas de frases que escucho, combinaciones de palabras que se me ocurren, versos que compongo en mi cabeza. Si hay algo que pueda llamar “procedimiento” en mi escritura, es esa forma de escribir. Voy acumulando esos materiales, que no tienen o parecen no tener relación entre sí, hasta que una vez, un día, parecen llamar mi atención. Es como si escuchara una señal que me indica que hay una relación entre dos o tres o más de esas frases anotadas, de esos versos o imágenes, de esas palabras sueltas, y entonces debo (lo siento como una obligación) “ponerlas en orden”. A menudo se vuelve una tarea un poco frenética, que no puedo detener por miedo a perder los poemas que surjan de ese trabajo. Cuando termino de hacerlo, la sensación es de alivio y de cansancio extremo. Entonces, la relación de la escritura con el cuerpo es mediúmnica; uso esta palabra a pesar de que sugiere “inspiración”, que es un concepto que no describe lo que sucede cuando escribo. No estoy comunicándome con los dioses ni con espíritus, sino con el “paisaje interior” que emerge de la confluencia de lo visto, lo vivido, lo pensado y lo sentido. El poema es el resultado de llevar ese paisaje a una página por medio de las letras, por medio del idioma de que dispongo, que a veces es suficiente y otras, no. Otra sensación que tengo (que es, evidentemente, sólo una sensación) es que durante todo el proceso de escritura (la mano moviendo la lapicera o apretando las teclas del tablero de la computadora, la espalda un poco inclinada hacia la mesa, el torso un poco tenso, la vista concentrada en el movimiento de las letras y la mano) el cuerpo permanece tenso, como si no hubiera otra cosa que la escritura misma. Escribir poesía cansa. Pero es un cansancio que empieza y termina en una gran felicidad.

Fabián O. Iriarte


Poemas:


The crying game

concentrando toda la atención
en un pequeño detalle de la vida

mientras cerca un animal
te devora la noche



Pittura
tres / jan saudek


por el fuego va una flota de fantasmas
poseídos de no sé qué sed

o de qué cuerpos for spirits when they please
can either sex assume or both y me iré
sí me iré y sera como para siempre

no te dejo ni una promesa en las
sedas del recuerdo anulada el silencio
palpable el aire en pliegues ver
abrirse la rosa del orgasmo

justo antes
de la caída



Promesas en el urinario público
(love’s labour’s lost)


no quedará la fiebre ni la imagen
caníbales / espejos

la única definición correcta de estos
sexos / son dioses / extinguidos
tapaban tu desnudo urgente

rosas en desorden / entre tus uñas
y un clima de esplendor / tacto frontera

pedían lo imposible / fugitivo
resolver juego de sombras




Adiós a las cosas


esta es mi taza
cuántas tardes de invierno

no es que esté rota
es que ahora es primavera



Loas a la vista


No es cierto lo que dicen,
que lo malo entra por los ojos.

El veneno ya estaba adentro.
Y uno mira.


Meister Eckhart


La flecha me alcanzó cuando yo estaba menos preparado para sentir sus puntas de dolor. Lo agudo de su mística dulzura. Yo estaba todo abierto, pero a veces lo esperado te sorprende.



Voy a dejar de ser tan apacible

imperturbable mudo
voy a azuzar las llamas apagadas del corazón / voy a avivar
la luz / voy a morderme el dorso de esta mano
cuando sea lo más tarde de la noche

hasta que esté todo cruzado de sangre de luna oscura
y en mi palma empiecen a aullar las líneas de la vida
no sé si habrá un lobo

pero lo voy a llamar / declarar una guerra
una rebelión perpetua una fiesta
de grito y luna llena


Fabián O. Iriarte


Nací en Laprida, provincia de Buenos Aires, en 1963. Resido en Mar del Plata desde 1979. Obtuve un PhD in the Humanities en la Universidad de Texas en Dallas (1999), y enseño literatura inglesa & literatura comparada en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Me otorgaron el Premio Alfonsina de literatura (2004), el 2º premio del Concurso Osvaldo Soriano de Poesía (2006), el 2º premio del Concurso de Poesía Casa Museo Olga Orozco (2013) y el Premio Lobo de Mar en literatura (2015). 
Entre mis libros de poesía se cuentan guaridas de huir el mundo (Melusina, 2000), la intemperie sin fin (Melusina, 2001), La mudanza (Gogol, 2009), Devoción por el azar (Bajo la Luna, 2010), Cuentas por saldar (Ediciones en Danza, 2010), Las confesiones (Huesos de Jibia, 2012), La Caja P (Ediciones del Dock, 2012), Litmus test (UNL, 2013) y El punto suspensivo (Letra Sudaca, 2014).
iriartefabiano@yahoo.com



1 comentario:

  1. QUE HERMOSA POETICA, TAN SIMPLE TAN INTIMA TAN LABORIOSA QUE COMO BIEN DICE FABIAN LO DEJA MEDIO DESECHO PERO FELIZ. ABRAZOS

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