EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 7 de marzo de 2016

GABRIEL MARTINO


Autorretrato con Sagitarias

No tengo más ritos que los que implican preparar los materiales (en este momento uso casi exclusivamente acrílicos). 
Trabajo en el medio del lugar común de la casa, ubico el caballete hacia la mejor luz de esa hora, generalmente la mañana. Lleno una lata de duraznos en almíbar con agua del río;  y comienza lo que importa: la mano se mueve, prestidigitadora, como la vara de zahorí, sobre los frasquitos y los pomos y elige uno por alguna causa, una relación misteriosa que guarda con el ojo, y de la que yo, que en este caso sería la conciencia, quedo al margen. Trabajo sobre tela, sobre tablas o sobre fragmentos que trae el agua (a veces modifico su forma, tallo una cara).
En cuanto a la frecuencia: cuando estoy en algo, cuando hay un dibujo que me entusiasma (el dibujo es la señal de largada, es la verdad del asunto, el carozo. Sin dibujo no hay nada, no me funciona desparramar la mancha. Me gusta que en el cuadro terminado se vean trazas de lápiz. Los colores serían el escondite del dibujo, algo no del todo dable a los otros, mi secreto) trabajo todos los días y a veces muchas horas. Pero puedo pasar meses sin hacer nada. El invierno funciona como una especie de letargo, la linfa se ralentiza como en los árboles.
Trabajo parado, valsando alrededor de lo que hago; me acerco, me alejo. No me perturba la presencia de mi compañera. En cierto momento de la faena prefiero no responder preguntas que requieran mayor elaboración.




Aloe

 Es imposible saber de dónde viene lo que viene. Uno es una antena total. Si quiero dibujar algo específico como un pájaro busco fotos de ese pájaro: en este momento, por ejemplo, trabajo en un boyero (es negro, con el pico blanco), sostiene en sus manos una guadaña. Se trata de un autorretrato; me gustan las herramientas cuya evolución las ha llevado a un dinamismo insuperable. ¿Cuántos miles de años tiene en sí una guadaña? Para aprender a usarla como se debe miré atentamente videos de viejos españoles que me enseñaron a “picarla” a golpes de martillo. Pero también guardo la escena de “La cinta blanca” de Haneke,  esa curva que describe la hoja por el aire. En la única novela que escribió el uruguayo Morosoli: “Muchachos”, el viejo patrón le enseña al protagonista a pararse, a usar sólo los brazos para no terminar reventado. Todo eso es investigación, involuntaria, para entrar en la coreografía de la herramienta, hacer la mímica necesaria para ser el guadañador de hace miles de años, para usarla bien, sacarle provecho. A la hora de hacer esa curva invertida con el lápiz todo eso estaba ahí, en ese haz. Me dio alegría ver una guadaña, mí guadaña. Porque  no se trata de la real, sino de la traducción de una guadaña. (Cézanne, Benjamin o Couve dejaron dicho bastante a este respecto).





Manzana



Pintar o escribir funciona para mí como un fogonazo. Hay un entusiasmo fulminante, se quema en su propio despliegue de energía. Puedo aprovechar cierta estela de calor que deja; pero cuesta retomar el fervor, la creencia en lo que se estaba haciendo y se abandonó.  Se pasa junto a lo inconcluso y hay una culpa en no terminarlo, en no haber “huido hacia adelante”, porque uno es el responsable de esa criatura deforme, inconclusa, a la que no puede terminar de amar. Esa misma culpa me lleva a darle un cierre, quizá eran dos tonterías las que le faltaban. Lo termino, me libero de ese lastre;  pero no deja de haber la sensación de ser el falsificador del propio entusiasmo. Dentro de ese período de gracia (y nunca me refiero a los resultados, sino al venturoso proceso) hay mucho trabajo, horas de esclavitud; sólo que soy un esclavo con fe, al menos durante ese breve lapso. Uno cree, mientras lee, en el dios de la Commedia o de La fe de nuestros padres.









El maravilloso waterful

Me interesan las formas, por eso, cuando más arriba hablaba de la importancia del dibujo me refería a su carácter nucleico. Mientras no pinto dibujo hojas y hojas. A veces hago una línea, generalmente una curva y después otras y puede que surja algo. Otras, en que sé, o tengo una idea de lo que quiero hacer, busco una mano hasta que la encuentro. Hay algo postural humano que me interesa. En general, a los que me rodean, mi compañera, amigos, o a los vecinos les gustan mis plantas o animales. Cada año pinto un aloe, por ejemplo, cada verano; debe ser un pariente lejano, o la forma que tendrían las circunvoluciones de mi cerebro si quedaran expuestas a las corrientes de aire.  Pero el hombre es mi reincidencia.
Mientras trabajo bailo. Por eso estoy de pie, pinto con todo el cuerpo.
Cuando pinto desaparezco y se aplaca esa violencia hormonal controladora, masculina que es tan detestable. La casa se armoniza. Participo del movimiento de los árboles, la respiración del monte, el comportamiento de las mareas.
Dentro de mi lata de duraznos agito el pincel como haría un señuelo en el agua más grande.
Hay una sensación fugitiva, undívaga, inapresable y sobreadjetivada: semejante a la que me producen algunos autores italianos: como ir tras la Ángelica de Ariosto y de Boiardo. Siempre a punto de alcanzarla. Pero esa insatisfacción es necesaria; la creencia de que hay un sitio alcanzable, óptimo, más allá de las necesidades del cuadro y la propia inhabilidad, nos impulsa a perpetrar el siguiente, mediante el que quizá nos acerquemos un poco más a la posibilidad de mirar de frente, directamente a los ojos, al misterio.

Gabriel Martino







Nací el 7 de octubre de 1975 cerca de las siete de la tarde. Seguramente eran dibujitos los que hacía con la yema del dedo en las primeras sábanas. Ilustré algunos libros. Trabajos que recuerdo: repartí comida, hice guardias para una inmobiliaria, fui cadete en una empresa atestada de milicos, recogí la viruta de las tornerías bonaerenses con un Ford 600. Vine a vivir a la isla (delta de San Fernando) y  me enamoré, todo al mismo tiempo, hace cuatro años.
Mail: gabrielmartino75@gmail.com
https://www.facebook.com/gabriel.martino.520
Blog:http://gabrielmartino.blogspot.com.ar/






1 comentario:

  1. "Mientras trabajo bailo. Por eso estoy de pie, pinto con todo el cuerpo". cita textual

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