EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 22 de marzo de 2016

GERMÁN KRAMER




Usualmente, esto o aquello no detenta alguna cualidad si no digo de antemano “qué porquería”. No es que tenga en gran estima mis críticas, sobrevaloradas mis opiniones. Pero todas las cuestiones estéticas que termino aceptando fueron a priori objeto de burla. Despotrico en lecturas de poemas, en muestras de artes visuales y salgo a ganar la calle apurado. Cuando escucho un determinado género musical, ponele: afro peruano, me pregunto qué parte de mí podría congeniar con semejante batifondo: ninguna, y lo descarto. Me río con la misma irrespetuosa intensidad de la pomposidad decimonónica como del reggaeton. Cuando la luz de la lámpara ilumina las palabras del libro que estoy leyendo acostado en el sillón y va formando frases, ideas, y esas ideas alumbran algún pensamiento atendible en mi cabeza, enseguida lo saboteo. Tomar la dirección inversa a mi razonamiento es una lucha constante, un trastorno de ansiedad generalizado, un embole. Me aferro a mi juicio a partir de una primera impresión, como al miedo de perderlo y canjearlo por otro. 
Después no sé si me ganan por cansancio o abusan de mi desprestigio. Pero de a poco empiezan a surgir afinidades, gustos musicales, empiezo a parecerme a lo que leo, a sentirme contemporáneo del florecimiento de la época. No decir que a transformarse en otra porquería.
Piensa que te piensa el mono que piensa y se pregunta: ¿a través de qué dispositivo de rechazo se manifiestan mis atracciones? Tengo que desarmar ese mecanismo, ver qué hay adentro. Haga lo que haga terminaré convirtiéndome en lo que más desprecio; entonces, observando mis rechazos no debería desconocer mis inclinaciones, examinando mis inclinaciones podría reconocer abiertamente la atracción que me generan.
Pienso en adelante no intentaré cambiar de óptica, me volveré un agradecido entusiasta de todo cuanto he visto y oído. 
Caminando por la vieja arenera de San Isidro vi algo que cambió el curso de la conversación con mis modelos mentales. Era la complexión vital de una forma transformada por el agua o por el fuego. La exaltación del rojo por el verde de los pastizales y sobre todo un componente de crueldad, un ingrediente agreste me llevó a racionalizar poéticamente sobre el origen. Era un pedazo de plástico del tamaño de una víscera, del color de una víscera. Al alzarlo me di cuenta de que era un macizo conglomerado de pequeñas formas fundidas por el fuego. Al girarlo en las manos me di cuenta de que tenía una vitalidad inagotable. Era más que un pedazo de basura arrastrada por la corriente del río. Lo metí en el bolsillo de la campera y emprendí la vuelta. Lo saqué y lo observé meticulosamente. Pasé los dedos por las circunvoluciones de su musculatura. Todavía tenía arena de río en los pliegues. Pastizales-río-arena. Fantaseé con la corriente ancestral del Río de la Plata. Pensé que sólo en lo filosófico y especulativo predomina el mito a expensas del componente histórico y humano. Con la mitad del territorio cubierto por las aguas y la otra por el fuego, el concepto de transformación era el más válido para explicar su esencia, para reducir su ser a un común denominador. Dicho de otro modo, si cargaba ese objeto de sentido, en qué me estaría transformando. 


Entonces, un realismo que linda con la fotografía. Un grito. Una exclamación puramente emotiva por una mengua en la potencia fue necesario para empezar a pensar la representación llana del acontecimiento, donde los actos de violencia se traducen en agresiva vitalidad y sus causas en pinceladas atormentadas. Esa evolución por pequeñas mutaciones coincide con las características de un nuevo trabajo pictórico: el poema.



5 poemas de “La controladora de tráfico aéreo” (inédito)



EL POEMA ESTÁ...
en las olitas que garabateé
con birome negra
sobre una hoja A4
entre
dos poemas autobiográficos 
mientras pensaba
en otra cosa.


Monti

Salimos a tomar: 
mi chica aire 
la mujercita frío 
yo alcohol.
En Monti dice: 
“vivimos poesía y
de vez en cuando
tiramos
un pedazo de vida
sobre un papel”.
Será el fin último de un lugar
producir buenas poetas, digo, 
en el sentido de
prestar testimonio de disconformidad
con su propia historia y geografía?
Me despierto en la madrugada
sin saber a cuál de las dos obedecen
los chirridos pulmonares de padecimiento.
Miro a mi mujer en la cama 
a mi hija en la cuna.
Duermen despreocupadas.
Lo dieron todo durante el día.



ROMA.CLIMA TEMPLADO...
Entre conglomerados humanos
con fines estéticos
pregunté cómo llegar.
“Sempre dritto” me indicó.
Yo entendí “San Pedrito”.
Al principio
nos llevábamos bien.
Después ella aprendió español 
y yo empecé a entender algo de italiano.
Entonces empezamos a pelear.
Lo de siempre.



MI MUJER PERDIÓ A SU MADRE...
La anciana de al lado a su hija.
Cuando se encuentran 
hablan del clima.
Yo las escucho desde la galería
y sonrío
al poder de disuasión 
de las condiciones atmosféricas.




YA ANCIANOS..
Alberto y Mirella 
resolvieron comprar 
un caniche toy
y ponerle Almi.
Cuando Mirella murió
todos comenzamos 
a llamarlo Al.
Cuando Alberto murió 
el perro
se quedó sin nombre.


Obra

a Holderlina (1997) 
Lengualarga y el hijo del hijo de puta (1999)
Mi padre era un oficial nazi (2001)
Delitos leves (2002)
En fábrica (2003)
El Congo Belga (2004)
Solo contra todos (volumen de cuentos) (2006)
Poemas sueltos (2007- 12)
El insufrible Williams Burro (2013)
La controladora de tráfico aéreo (2016)



Germán kramer


Nací en la Ciudad de Buenos Aires, en mayo de 1968. Soy un poeta y artista argentino de la generación del 90. Estudié en FADU, UBA. 
Trabajo en pintura, diseño y escritura con un método que vincula precisión conceptual y soberbia ejecución formal. Mi estilo podría parangonarse con una refinería que funciona a la inversa. El sentido del procedimiento no sería obtener un producto selecto, sino deformar la delicadeza para restituírsela al mineral en bruto.
En 1994 creé el soporte, el diseño, el formato y el concepto editorial de la primera editorial cartonera. Colaboré con la revista Hecho en Bs. As. Actualmente resido en Roma, Italia.



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