EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 26 de marzo de 2016

JAVIER SALEH




En la escritura lo que viaja es mi cuerpo. Un montaje de brazos y piernas puestas a disposición del papel. Se desplaza nada metros. Y sin embargo se mueve. Como una roca quieta. Como un paisaje debajo del casco de moto. Hay una verdad chiquitita que se encuentra. Peregrinación del lenguaje, mucho antes que el lenguaje. Como un poco atrás del cuerpo. Como dice un proverbio del motociclismo: Yo no hago la ruta, ella me hace. 
Si la poesía no está en una jerarquía superior a ninguna otra jurisprudencia, porque justamente es una jerarquía más de los infinitos modos de ser en el mundo, la poesía fue uno de los tantos modos que yo elegí. También soy motociclista. Y viajero existencial. 
Como viajar, cuando se escribe, uno es parte del paisaje, hay ya un acorde (que no siempre está acorde a las circunstancias) sonando, chocan de frente el jazz atonal con el heavy más extremo, voy de John Cage hasta Judas Priest sin escalas, paseo por los callejones de Fritz Lang, los guiones de Tarantino, siento el tic tac de David Linch, la neurosis de Fellini, la épica de Stanley Kubric. Leo, y cuando termino de leer a Heidegger sigo leyendo a Heidegger a cada cucharada por segundo. Todo es parte de mi cuerpo, todo se internaliza, y cava. Profundo cava. Y vuelvo a leer, de tres de a cuatro libros, no hay límite de géneros: filosofía, la Biblia, una revista porno, una novela o poesía, la sensación de San Lorenzo en el 81 o el “la” 440 haciéndome señas. Escribo con los muchos que empujan sin estar, los muchos que no estando, niegan la ausencia. Es un ejercicio de estar alerta al detalle. A sacarle el jugo al viento. Leer y leer. Mucho. Pero mucho. Viajar mucho. Pero mucho. Poner el cuerpo en la ruta. El cuerpo en el papel. Como si fuera un ataúd vital. 
No creo en la inspiración. Investigo todo, aunque luego de eso no quede nada en el papel. Creo en la uvanización de la cosa. En la escalonización del cuerpo. Esa llegada del camión que choca de atrás. El accidente construido. La deconstrucción de lo que escribo aún mientras escribo. Juego a la investigación arqueológica a cuchillazos quirúrgicos. Es que también soy periodista, no puedo evitarlo, no quiero evitarlo. Elijo que no. Me lo tomo en serio, pero siempre como un juego de seriedad. Es sólo poesía dirían los Redondos.  
Por eso me interesa el juego en la escritura. Una vez puesto todo en la mesa, todo lo que soy,  hacer con eso otra cosa, casi otra cosa sin manchas de aquello que soy. Pongo el cuerpo y la memoria del cuerpo en la mesa antes de escribir pero la palabra cuerpo nunca pasa el tamiz. El cuerpo queda afuera para escribir casi siempre. Se transforma en otra cosa. No es una bandera, sólo es la biografía de cómo escribo yo, hasta el yo de hoy. Por ejemplo hay un libro que recomiendo y por ende una poeta: Amansalva de Emilce Strucchi. Donde el cuerpo se hace carne en el libro. Hay un poema que cierra el libro anterior La luz es otra cosa, y que abre  (la poeta hizo la repetición adrede) Amansalva: 

como quien sale al mundo por vez primera
ella extiende límite a su llanto:
la ronca huella
no su calor

y busca el rostro con los puños cerrados
se acerca a ciegas a su boca
y a ciegas
se aproxima a conocer el pecho
hasta olvidarse el cuerpo en los brazos del hijo

para ser murmullo
el olor gutural
y un estallido que asesine la región del simulacro
ese bocado de humanidad que le arrancaron a un hueco del destino
por donde un ala sangra su parte de fracaso
y no hay quien tenga recuerdo de su origen:
ninguna foto
para testificar tantos preludios
abrazados a heridas implacables
(o ciertas)
cuando era alondra y desbordaba el canto

como quien regresa con mi fe intacta
para reconstruir su muerte en paz
curvándose sobre estos pies difusos…

a mis espaldas se alzan voces

susurran
un delito anterior

del libro Amansalva de Emilce Strucchi, ed. Deldragón, 2006. 

Es que hay una picazón a la hora de ser poeta. Mi cuerpo se aleja de esa prepotencia del artista por sobre el que no, esa falsa sensibilidad. En mis viajes, he visto mucha sensibilidad en la gente sin estudios, en la gente sin Gelman. No siento en la piel esa sensibilidad artística para el arte, distinta de la sensibilidad médica que debe tener el médico, el psicoanalista (en lo suyo), el artesano (en lo suyo), el plomero en su vínculo con su cliente.  

No todo es poesía, me digo, como no todo es ingeniería ni todo es amor. Y una montaña es una montaña, me advierte siempre Spinetta. Sin poetas no hay poesía. Sin hombres no hay mirada poética. Poner el cuerpo también es una forma de mirar. Un poema es un hecho, un viaje es un hecho, un pullover tejido es un hecho. Un edificio hace la realidad, un árbol plantado, un gen xy, un idioma extranjero, un campo de concentración. Pero todo ismo está lejos de la libertad. Por eso escribo con lo que viajo, con el yo de la cosa. La brújula construida y la lupa propia. Una mirada perfecta es el último bastión de la ceguera. El arte como mirada. Desde ahí escribo, sobre eso me paro, y futbolísticamente “le hago cuerpo” a la vida. 


(Voyeur con lentes de descanso)

I

Dicen que una mirada vale más que mil palabras. 
Que mejor mirada en mano que cien ojos volando.
O algo así. 
A veces una mirada vale sólo mil pesos. 
O el humo de la primera entre comillas “su mirada”. 
Y es cierto que la primera vez duele. 
Pero no tiene nada que ver con la mirada. 
Son los ojos los que duelen. 
La mirada es el paisaje de ver. 
Y un paisaje no duele. 
Duele el por qué de ese paisaje. 

Como un hacha hecha de viento   

la mirada “ya no te amo”
ni mirando, te la ves venir. 



II

El grito está en la mirada,
el dolor sale por los ojos 
no en el hematoma del silencio.

Otros ojos darían la retina entera por un cambio, 
miradas que cambian la vida de otras miradas.
Miradas que matan por una mirada a otra mirada.
El mal llamado punto de vista. 
O punto de mirada. 
Futuro pañal de dos miradas que se miran,
otra lombriz de nombre Borges.


III

Perímetro del ojo en ella metros
sostener la mirada
lo corpiño del ojo.
Si uno pudiera con tester de mirada 
saber cuánto me quiere ella en su te quiero. 

Indescifrable
como ojos cerrados
impares ante un gol de equipo contrario 
el árbitro apuntando el centro de la cancha
o un diagnóstico desfavorable
médicamente 
o platónica:

el orden de los amores
no altera el poeducto. 


IV

Todo mirar es una noche rota con ojos descalzos
La magia de los miles de conejos que ya no están en la galera. 
Una mirada perdida (luego se le dio otro nombre al adjetivo).
Una especie de mirada oculta, 
la mirada oculta en frente siempre de Lugano 1 y 2. 

Un proceso de organización ocular de la mirada.
Lo que solemos llamar golpe de mirada, 
de silencios, de pensamientos metidos dentro de esos silencios. 
Dentro de lo negro del silencio. 
Claramente es una mirada sin interruptor. 
Poética. 76 balcones y 220 Volts. Claramente. 


V

Pero no, sí, es verdad 
que una mirada vale más que mil palabras
y que todo depende del cristal con que se mire.
El uso de anteojos de sol
por ejemplo:
puro humor negro de la mirada. 
Y no es lo único negro. 
La mirada o el mirada no se sabe. 
Como ese fogón de lo indecible
que generalmente todos sabemos. 
Generalmente. 
Y entre comillas, generalmente, 
no de “en general”. 
Y no militarmente.

(Inédito, del libro también inédito pronto a salir en Mayo)

“Viajar, pues, tiene que ver con la muerte. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca. Quien viaja no posee la almohada en la que apoya la cabeza ni el techo que le resguarda. Y así comprende que nunca se puede poseer verdaderamente una casa” dice Claudio Magris.

Evidentemente me quedé pensando en el título del blog. Me atrae siempre en un poema la búsqueda de un título. Creo que es un todo ajeno, incluso al poema que antecede. Me gustan los títulos que tienen vida propia. 

Es que hace unas semanas regresé (el verbo es inexacto, no existe retorno de lo que queda tatuado en el cuerpo) de mi viaje en moto a Ecuador. Es más fácil no leer en Feisbuc que llegar en moto a Quito. Cuando hablo de llegar, me refiero al cuerpo llegando. Llegado. Como si fuera posible. Ya que no se conduce una moto, se es motociclista. Como no sólo se escribe poesía, se es poeta. Viajando (quise decir escribiendo) existencializo la muerte, trato. Y vaya que puse el cuerpo. Bajé 7 kilos en dos meses. Es que el camión de frente tensa cualquier seguridad. Como la escritura. 
Pero no es el sufrimiento y el esfuerzo lo que me convoca. Es la experiencia del durante. Todos ansiamos ser pingos en cada preciso instante nuestro. El instante es nuestra cancha. 
He dormido varias veces abrazado a la moto, apoyando la cabeza en los mapas. He pasado inviernos sin más que papeles escritos sobre el colchón, mirando la hora a las 3:00 am, a las 3:01 am, y a las 3:02 am y así hasta los gallos de Pedro. A veces escribir es tener insomnio. Quedan pocos fósforos pero la oscuridad se come sin hambre. Desde ahí escribo. Duele en la introspección no escribir. Viajando uno escalona la ruta de abrazo en abrazo. En los dos meses de mi viaje en moto a Ecuador (por decir unidades de tiempo, por decir coordenadas) se notó en la ruta el desabrigo de cada despedida, que para nada es físico. Así como se siente el cuerpo cuando no se escribe durante algún tiempo.
Nunca la ruta fue tan solitaria, y no por eso menos asfaltada. La experiencia queda en el cuerpo, la sumatoria de los viajes largos se siente en cada final de hueso. Despedirse es imposible. Irse lo es. Siempre es un viaje de ida. Al igual que la escritura, un viaje no tiene nada que ver con un paisaje, es la moto sobre el paisaje, es la muerte que alrededorea todo lo que importa. Pasa lo mismo en el papel. Escribir, sólo escribir, no tiene nada que ver con el poema. Hay un detrás que lo sostiene. Una historicidad de lo escrito. Que como toda foto en donde uno aparece solo, nunca se está solo, porque alguien la sacó. Es todo lo que ponemos en la mesa. Se inventa una mesa que no está. 
Volver, quizá sea una palabra. Escribir también. Sigo intentando el viaje de ida en cada cosa que  escribo. Y preguntándome no cuándo vuelvo. Sino, a qué. Pero lo único que se resbala es el pasado. Aunque la ruta lo actualice constantemente. Porque una frontera nunca queda atrás. Nunca. La poesía tampoco. 

Javier Saleh


Nací en 1976 en Boedo (una idea que insiste). Soy escritor, periodista y poeta. Me inicié en el arte con  “La Contradicción” un programa de música y literatura en la Radio Comunitaria de Caseros en 1998. Con el grupo de poetas “los 12 Griegos” fundamos el Taller de Poesía autogestionado “La Mesa Cuadrada” y desde 2002 al 2006 nos apropiamos de gestionar la poesía en diferentes casas, gratuita y horizontalmente. Junto a Marcos Bentos creamos “Cero Coma Nadie”  un programa de radio que incluía periodismo, literatura, cine y música y que luego sería la semilla del proyecto artístico La Hernia de Sísifo : un grupo multiartístico de 10 integrantes que en forma gratuita desde el 2009 recorrió el país durante 5 años rompiendo todos los cánones de los tradicionales ciclos de poesía. Dicto talleres de Radio y de Escritura. Estudié Ingeniería Mecánica y Filosofía. Pero sigo siendo Nada. Doy clases de Física, Análisis Matemático y Dibujo Técnico en Escuelas Secundarias. Recorrí en moto (solo) toda la república Argentina, Uruguay, sur de Brasil, toda Bolivia, centro y norte de Chile y en el 2013 cumplí lo que creí mi máximo sueño: llegar a Cuzco en mi Kawasaki Ltd 454. Hace dos semanas acabo de llegar del viaje más largo en moto y otra vez en solitario: 14 mil kilómetros desde Ciudadela a Quito ida y vuelta. Soy hincha de San Lorenzo y militante de la vuelta a Boedo.  

En Feis: Javier A. Saleh
turcofiel@hotmail.com
http://laherniadesisifo.blogspot.com.ar/
http://cerocomanadie.blogspot.com.ar/
En Feis: Hernia D.Sisifo
Video del Documental de La Hernia de Sísifo:  
https://www.youtube.com/watch?v=0IuqevoBNXE



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