EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 20 de marzo de 2016

JOAQUÍN VALENZUELA





Las imágenes, tanto internas como externas son casi siempre el primer disparador de mi escritura. A veces prevalecen unas sobre otras, generalmente las externas, pero al escribir se funden en una única imagen que va quedando plasmada. Las voces que escucho a diario también son motivadoras, y a veces esas voces traen evocaciones, entonces entran al ruedo los recuerdos. Y supongo que llego al borde de cierta ficción al mezclar todo, llego a mi imaginario. Rara vez recurro a los sueños, salvo que me despierte con alguna palabra o verso en la boca. No investigo ni hago lecturas previas. La lectura me sirve como motivación, leo y me dan ganas de escribir. Veo películas y voy al teatro, puedo rescatar imágenes, movimientos o formas del decir.
En relación al cuerpo (nunca me lo había preguntado hasta ahora, gracias por despertar esta inquietud) siento oleadas de excitación ante el impulso de crear y oleadas de tranquilidad a medida que veo resultados. Más allá de que esos resultados inmediatos luego formen un poema. En general dejo bastante “en remojo” las cosas.
No escucho música cuando escribo, aunque no me molesta si algo surge y hay música de fondo, pero prefiero el sonido ambiente.
Me gusta mucho Alberto Muñoz, por su inmensa variedad de registros:

"Mirar a un gato encerrado/ Simplemente para verificar la eficacia de la frase "aquí hay gato encerrado" encerré un gato. La llave del candado la guardé en un cajoncito de la cómoda y me desentendí del experimento durante 24 horas. Al día siguiente, fresco, sin ambages, procedí a comprobar lo que desde un principio suponía: en la habitación no había ningún gato; la literalidad resulta hueca; se promueve esa expresión porque el misterio es lo único que no aburre en la vida". (Alberto Muñoz)



Poemas

son dedos de babosas yo trabajo
el monómero hace baba como si la sal en las aquellas 
la sal mata tus dedos va escalando 
las hojas pulgares las hojas anulares 
las hojas índices se llenan de baba verde ahora 
digan
cómo es cambiar de materia los canteros
salir a flote ver otras llovidas
trepar del sofoque verde por un palo con la casa
levantarse la enagua entre malvones
controlar la musculatura de una lengua en los dedos 

la babosa entre la flor es lengua
la tenés en la boca duerme 
en la concha de tu boca un caracol 
crac de mandíbula y perderá su casa

tu baba y la mía son babas cualquiera
toco tu lengua con los dedos nos besamos
son nuestros besos ese farol de espuma 
como la carne del chajá 

de doméstico (Ediciones en Danza, 2009)


--HHHHH--


viejas que lavan con jabón blanco en pan 
entre las ramas en los patios 
debajo de las parras 
en tanques de cemento o piedra 
en las bombas de agua o en 
lavaderos de chapa 
de los bañitos del fondo 

con palanganas de aluminio 
con un balde al lado 
verde

en todos lados remojando camisones 
enaguas de cintura algún conjunto claro 
las cortinas de los comedores 

de a poco y sin fuerza
prendas finas

con las manos en el agua
recién levantadas

viejas muertas con aretes de colgar 
como cúpulas de iglesia o 
como pasas de uvas

remojando una sábana en
leche de jabón donde por ahí 
se cae un palito de una planta 
o una mosca chica que se mantiene
haciendo pie en la nata de los bordes


--HHHHH--


se besan a tres narices
le coloca un 
huevo o cigota le 
fecunda flotas globos pompas y
la besa de papel le hace un 
hueco mar adentro
donde la lengua baja lejos le 
coloca la hueva entre 
serpientes de saliva en 
las cuerdas consonantes de manera que 
cuando ella diga cosas como
amor o derivados también suene 
un chasquido tintineo

se recuestan boca arriba y
vuelven le insufla un 
aire fronda fortalece la
materia entre esa
carnecita epitelial y ya
no aguantan tanto él 
se abre de brazos ella avanza con 
las dos riendas lenguas 
sueltas pareciera
que traga pero todo 
quedará en suspensión por
más que el viento 

en breve surgirán declaraciones
llantitos de una lágrima bucal
que cuidar todo el otoño

de Varamientos Pampa (Ediciones en Danza, 2011)


--HHHHH--


la cocinera

hay algo de matadero en cada luna
esta noche por ejemplo 
acabarán con tus cajas tus sobrinos terceros
alguien cuide la libreta de teléfonos 
la última lista de compras las estampas
y vimos: 

rodar entre los bollos de hilos de atar pizzas 
las medias sin estreno el nylon canela 
las flores de lana y escuchamos 
algo de motosierras al ropero y 
ponderaciones varias al inmueble 
como el poco olor a humedad ambiente a pesar de 

por lo demás todo fue como 
final de fiesta
vasos por el piso 
niños que entraban a 
desparramar papeles niñas 
con pelos mariposa deletreando 
el nombre de un jarabe sin abrir 

y el círculo de admiradores 
de la kenwood semi profesional 
perdida como nunca y batidora


--HHHHH--



¿Y qué van a decir de nosotros los puentes? ¿que pasábamos? 
¿nos veían pasar? 

con sus ojos miles de remaches. Un reflejo
en la última gota de acero antes del sello del óxido en los párpados. 
¿que nos cubrían?

con su capa agujereada su cúbito radio al aire
pelados
huesos cables 
tendones donde se posaban siempre pájaros en
negro que cuando cruzábamos 

se abrían por fin de frío sentían el aire en los 
canales de las alas y nos llovían en punto
termómetros? 

de La casa del deshielo (Huesos de Jibia, 2013)

Joaquín Valenzuela


Nací en Dolores, provincia de Buenos Aires, en 1971. Publiqué los libros de poesía: Actividad Física (2007); doméstico (2009); Varamientos pampa (2011) los tres por Ediciones en Danza, y La casa del deshielo (Huesos de Jibia, 2013). En narrativa publiqué la novela Mandarse a mudar (Ruinas Circulares, 2014). También hago escultura e intervenciones en música electrónica y video. Se puede acceder a mis textos y demás desde mi blog http://deanumeros.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario