EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 13 de marzo de 2016

LUCIANA MELLADO



Nunca son iguales las fuerzas que estimulan mi escritura porque nunca es igual la necesidad que me permite o me obliga a escribir. Sí sé que trato de no resistirme a mi biorritmo de escritura que se caracteriza por interrumpir lo cotidiano y aparecer como emergencia. 
A veces mientras estoy comiendo, entre masticada y masticada, algo se aclara y tengo que escribirlo. Me pongo inquieta, no presto atención a nada más que a eso que vino, y tengo que dejar la comida para escribir. 
Otras veces, muchas veces, antes de dormir algo aparece, irrumpe, y tengo que levantarme y escribirlo. Cuando charlo con alguien, y dice algo que me encanta, o que odio, algo intenso, que me hace repensar algo que estaba escribiendo, o me gustaría escribir, tengo que retenerlo, recordarlo y suelo querer estar sola para anotarlo. Casi nunca dejo la charla pero abandono gran parte de la atención en la conversa por las ganas de escribir. 
Pasa todos los días esto, o casi todos los días, así que ya no me resisto y me acoplo. No me apego a los escritos, así que lo que escribo en estos raptos de urgencia puedo perderlo en algún papel, en un documento que cierro sin guardar, o en una agenda vieja, sin problemas.
Lo que llega, y que después trabajo poco o mucho tiempo, puede venir de afuera o de adentro. No tengo estadísticas al respecto. Mi libro “Aquí no vive nadie” (2010) se alimentó sobre todo de cosas que escuché, relatos de mi abuela y de mi mamá, fragmentos, anécdotas, estribillos que les escuché desde chica y que tejieron fuertemente el relato familiar. En esos poemas fui la testigo. 
El libro siguiente “El agua que tiembla” (2012) fue un desafío de lectura. Me propuse reconstruir ciertas atmósferas que había leído, visto o escuchado (me refiero más a lo musical que a lo verbal). 
Me interesaba trabajar con algunos arquetipos e imágenes primordiales del viaje y del agua. Fui más la hacedora, como una costurera preocupada por la belleza y la funcionalidad de las partes. 
En “Animales pequeños” (2014) fue el precipicio, el cuerpo como resonancia de lo real, fueron los sueños y la imposibilidad de decir(me) con palabras y la desconfianza del decir con palabras a la vez. Fui la sobreviviente. Escribí, no me quedaba otra, y ahí me di cuenta de que otros textos que tenía sueltos eran parte de una misma resonancia, todos se centraban en algún sueño. Después, me acordé, cuando el libro ya estaba publicado creo, que durante un tiempo estuve escribiendo un sueñario, de sueños propios, y de otros que me contaban y me parecían interesantes por algo.
Esta extensa respuesta quiere decir que le presto atención a cualquier cosa para escribir, siempre que ello tenga significado e importancia para el ritmo de mi vida, no controlado totalmente por mí, ni manejado completamente por mis circunstancias. Mi escritura dialoga a veces con cuestiones que leo, otras veces con cuestiones que escucho,  cosas imagino o temo. A veces investigo sobre lo que quiero escribir, a veces no.

Contestar sobre mis sensaciones físicas al escribir, es más difícil todavía, porque son siempre distintas. 

Me interesa mucho la relación entre el cuerpo y el arte. Pienso enseguida en Artaud, claro, pero también en otros. Deleuze es uno que me aguijonea el pensamiento siempre. Ahora mismo estoy leyéndolo y releo y releo “cómo hacerse un cuerpo sin órganos”, escrito con Guattari, en Mil Mesetas (1988) y creo, con esa sensación de esclarecimiento que a veces irrumpe y nunca puedo verbalizar organizadamente, que entiendo algo de ese vínculo. 
Quiero compartir una pregunta y una reflexión formuladas en este libro:
 “¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el ano y la laringe, la cabeza y las piernas? Por qué no caminar con la cabeza, cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre. Cosa simple, Entidad, Cuerpo lleno, Viaje inmóvil, Anorexia, Visión cutánea, Yoga, Krishna, Love, Experimentación. Donde el psicoanálisis dice: detenéos, recobrad vuestro yo, habría que decir: Vayamos todavía más lejos, todavía no hemos encontrado nuestro CsO, deshecho suficientemente nuestro yo. Sustituid la anámnesis por el olvido, la interpretación por la experimentación. Encontrad vuestro cuerpo sin órganos, sed capaces de hacerlo, es una cuestión de vida o de muerte, de juventud o de vejez, de tristeza o de alegría. Todo se juega a ese nivel”


5 poemas (todos son del libro Animales pequeños (Bs. As: La carta de Oliver, 2014)



Normal


La normalidad me acecha

con horqueta de cuero.

Una cabrita dentro de un patio

con lavandas me perturba.

Sobre la falta se teje

un alambrado. 

Los animales pequeños

no tenemos amo
pero el cuerpo conoce
las correas.

Cuando lo necesario

no alcanza,
la fantasía balbucea
su gracia.

Vuelve la sangre

y soy de nuevo
un cuerpo. 

Una cabrita roja

entre las piernas
puede ser cruel
como cualquier multitud.



El método formal


Cuánta oscuridad viaja

en la sangre.

Todo se duplica desde el ojo:

el miedo a la guerra, a estar viva de nuevo,
el diario de Tolstoi diciéndome
no recuerdo si limpié el desván.

Hoy empecé a ver doble

nuevamente:

el cuerpo habla

si lo dejan. 


Rehabilitación


Me descoso en el recuerdo de ese hombre,

en el detalle de lo no visto
porque no lo vi ni pude verlo
del otro lado de la cortina
inmensa.

Me voy a descoser sin la esperanza

de unir luego cosa alguna
en el recuerdo.

Así juego en la verdad

la trampa.

No era ese hombre

el de la barba como un río
ni el del pez que es todo el universo.

El que apagó su fuelle

del otro lado ese verano
era alguien invisible.

Qué calor

para morirse detrás de la cortina.

Juego un juego / verdadero.


No escribo de los respiradores

mecánicos,
qué invento.

Esto me ha sucedido

o le ha sucedido a otro
que es lo mismo.

Porque he nacido sí,

porque me han dado un nombre
y he respirado después
de un golpe seco.

Cuando el pulmón se le agotó

de andar,
el hombre de al lado de mi cama
expiró
for ever

bajo la sábana blanca

bajo la sábana blanca

Todas las sábanas donde vamos a morir

son blancas.


Lo que pica


lo que duele se oculta

en los nombres del cuerpo
aunque tampoco el ardor
en la garganta sea
un eclipse que anuncia
algo importante
el ojo abierto del salmo
que no teme
un borde preciso
entre las sombras
el dolor de la garganta
no dice nada más
que un sí mismo
no cuenta nada
ni da silencios nuevos
no entiende lo que habla
es tan poquita cosa
como la mosca que se ahoga
en la humedad de la tarde
como esas mujeres que dicen
no soy eterna
mientras toman un té
con miel y jengibre


Lengua afuera de la perra adentro


tu aliento, creación de madera

busca pocos alimentos

esa trampa nunca te hará libre

por más que insistas en belleza

tu hambre viene de lejos

de otro frío
de otra noche

¿podrías jurar que sentís tristeza?

¿alegría?

ahora mismo podés ser la perra afuera

no metafóricamente
la perra afuera

el universo te cabe en una mano

plegado como un origami puede pasar
debajo de todas las puertas

¿estás triste todavía?

¿estás adolorida?

son los ovarios

la sangre que hablan
pero no duelen los ovarios
dicen
y si no duelen
no existen

podés ser la perra ahora mismo

afuera

escuchar el frío podés

escuchar los ojos que miran con otra lengua
otras leyes y sanciones

¿Kafka se lavaría las manos

con jabón blanco?

la higiene es importante


pero el goce no aprecia la limpieza

y sus fríos

la limpieza amansa el cuerpo real

porque le teme

hay que lavar las impudicias

la sangre que no se note
la sangre que no se note

y esos perros olfateando

la entrepierna
siempre
animales

la sangre se escapa porque la perra

es cachorra todavía
no la necesita

la perra está adentro


con un cuerpo dicho

desmejorado
sangra

el juego de la belleza

no tiene apuro

una palabra para decir quiénes somos

no es posible
porque una lengua no se tiene
porque un cuerpo no se tiene

lo que se tiene son cosas

y solo las cosas pueden ser dichas

la sangre es un aliento rojo

que está afuera y adentro
y no sabe
no espera
no explica
no necesita nada
no está pensando en el cumpleaños de su madre
doliéndose los ovarios

esto es una silla

esto es una letra
esto es un suspiro entre tanta asfixia
legislativa y policial

serás feliz

serás algo
serás alguien
serás normal
serás mujer
bandera

serás el patio de un colegio


y amarilleando crece en la memoria

la noche orinada en un ladrillo
por qué mamá mis riñones no andan
tu padre
el cuerpo de tu padre y de sus padres
y sus padres y padres
vienen con mal riñón

vengo de ese riñón y el tiempo sigue picoteando


tengo miedo mamá

el ladrillo está caliente
y la noche fría

afuera la perra que soy está callada

y adentro
ladra
ladra
ladra


ladro qué


una perra vieja es también el esternón que suena

todo quebrado
rac
pero no somos Vallejo
y hay una sola lengua
en este solo cuerpo
quién lejos viene
ahora viene cerca
al mismo pozo donde entierro
el dolor
tu perra vieja no está más
para tus ojos
para la yema de tus dedos
para la sombra de la parra
no llorés vos
que no terminás de nacer ni de morir
no llorés
porque no puedo tampoco salir
de estas dos rejas
una cárcel
una lengua materna
y una perra vieja
ladro
ladro porque no sé hablar
ladro porque no puedo encontrarme
me perdí
no sé hablar corro troto corro
lloro digo pero no sé ladrar
esa reja
esa lengua
para adentro
soy una reprimida gramatical
soy una reprimida ortográfica
Bamos Bety
Bamos que llegás a casa
acá estoy yo dónde
quién está qué
volvé
volvé perra
te necesito
y no me pican las manos
no me pican
bolbé
bolbé para que ladremos juntas


Luciana Mellado 



Me llamo Luciana Mellado. Mi apodo afectivo es Tani. Vivo en Comodoro Rivadavia, Chubut. Me gusta leer y escribir. Leo, como dijo en una entrevista Miguel Abuelo, “como rengo en tiroteo”. Escribo como puedo. Viajo mucho. Publiqué cinco libros de poesía: Las niñas del espejo (2006); Crujir el habla (2008); Aquí no vive nadie (2010); El agua que tiembla (2012) y Animales pequeños (2014); y un libro de crítica literaria titulado Cartografías literarias de la Patagonia en la narrativa argentina de los noventa (2015).  

Desde 2008 coordino con Andy Maldonado, mi compañero, un proyecto que se llama “Peces del desierto”, que tiene como propósito principal dar a conocer la poesía que se escribe en la Patagonia argentina.
lucianamellado@gmail.com
Blog: En lápiz negro


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