EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 30 de marzo de 2016

MARÍA TERESA ANDRUETTO


Siempre se trata de perseguir una imagen, un poco como si estuviera en el cine (un cine interior) sumida en una emoción o una curiosidad intensa. En narrativa, el origen  es casi siempre externo, algo que vi o escuché y que me perturba o me inquieta seguramente porque articula con algo mío que aún desconozco. En poesía es siempre algo que comienza dentro de mí, un recuerdo personal, una conmoción que busca cauce y que en el proceso de escritura se va “enfriando”, hasta encontrar su punto de cocción. En cuanto a investigar, lo que llamaríamos un trabajo previo de investigación, jamás; de eso se encarga la vida, el propio cuerpo en sus percepciones y experiencias, pero a veces regreso a ciertos libros que siento afines (casi siempre afines no en los asuntos sino en las formas) con lo que estoy escribiendo/buscando. Siempre estoy muy impregnada por las lecturas, por la palabra de otros y muchas veces esos otros con sus vidas y/o sus palabras han sido el origen de un libro (Cesare Pavese para Pavese y otros poemas, Patti Smith para Sueño americano, Beatriz Vallejos para Beatriz…) Se trata de una pelea con las formas, de una materia cruda que va en busca de elaboración. En ocasiones el buceo en los distintos géneros se da porque no puedo resolver lo que busco por un camino y entonces me cruzo a otro, pero también puede suceder que un asunto, aun habiendo sido ya escrito, siga pretendiendo otros cauces. ¿Ejemplos?: un episodio de infancia convertido en un poema de Kodak, el poema de Kodak convertido en cuento ilustrado para los más chicos, el mismo episodio como base de reflexiones en torno a la escritura para leerlo en un encuentro de poetas, fragmentos de ese mismo texto ingresando como reflexiones de la protagonista de Lengua Madre….
Por lo general al comienzo de un proyecto de escritura no tengo mucho más que una imagen muy fuerte y el deseo de explorar qué pasa (qué me pasa también) en relación a esa imagen.  Pero enseguida hay/sucede una suerte de plan, aunque no se trate tanto de una planificación sino más bien de un cauce que, a partir de cierto texto, toma la imaginación. Podría dar ejemplos: en algún momento surge un primer borrador de un primer poema (Arroz con alcachofas, de Palabras al rescoldo, o la primera versión del poema Pavese, del libro del mismo nombre, o Hamaca en Kodak) e inmediatamente (se me) aparece la idea de una serie: poemas sobre comidas/poemas como foto-escenas de la propia vida/poemas-relatos en torno al padre biológico y al que se quisiera padre literario.... También me ha pasado eso con ciertos proyectos narrativos: Cacería por ejemplo es una serie de cuentos con mujeres. Escribo uno, después aparece otro, en algún momento pienso que podría hacer un conjunto de cuentos o de poemas de ese tipo y me vuelvo más receptiva a esos asuntos y a esas formas. Se me aparece pronto la idea de conjunto, de libro. Me parece que así, bajo esa modalidad suelen trabajar los artistas plásticos. Se trata de un camino de exploración (la serie puede tener que ver con lo formal o con lo temático o con ambos aspectos) que no se agota en un solo texto, que tiene su tiempo de existencia en mí y después se diluye como interés de escritura.
La voz narrativa, incluso si se trata de poesía, es uno de los aspectos de la escritura que más me interesa: la posibilidad de ser otro, de ser desde otro. Ese travestismo de la mirada es algo que está íntimamente ligado a lo relativo de toda verdad, a la imposibilidad de alcanzar una certeza que sea a la vez propia y del otro. Pienso que esto puede verse, por ejemplo,  en las voces de madre e hija que conversan, en el poema Visita, de Kodak.
Entre las ideas que sostienen la escritura, hay siempre una tensión muy fuerte entre seguir las formas y romperlas. También encuentro un paralelo entre mis libros de poemas y mis libros de narrativa, creo que Kodak, Stefano y Lengua Madre pertenecen, por ejemplo, al mismo universo. Son libros un poco hermanos en su elección de sencillez, transparencia, un cierto tono.
Los trabajos/ la vida tienen un peso enorme. Todo lo que uno vive/hace es de una importancia crucial para la escritura, hace la escritura o mejor dicho, la escritura se hace con eso. Hay una corriente que va desde el mundo y los oficios, hacia la página. Así las lecturas y la escritura de lo que no es poesía, el dolor con respecto a ciertas cuestiones, la relación intensa con muchas personas que nada tienen que ver con el ambiente, el asombro ante lo mucho o lo poco que vemos y el trato con alumnos que en mi caso siempre ha estado muy cargado de afectos, han ido dejando su marca en lo que escribo.
¿Sensaciones al momento de escribir? Todo pasa por el cuerpo y es en el cuerpo donde siento que un texto que voy haciendo va por buen camino o naufraga por inanición. La poesía y la ficción, sus escrituras (y su lectura) pasan fundamentalmente por el cuerpo pero luego a eso casi siempre le sigue una mirada si cabe más intelectual, más racional, por aquello que dijo Drummond de Andrade “eso que piensas y sientes, eso todavía no es poesía”

Poemas

Patti S. / 1975/ Photograph by Robert Mapplethorpe

Yo quería grabar un álbum que hablara de caballos
y te pedí que me sacaras una foto para la tapa. 
Una foto que haga historia, dije, y vos hiciste ésa 
donde yo no era hombre ni mujer. Habíamos dormido 
demasiado. Me puse aquella ropa que era como un uniforme, 
en la calle y en el escenario. Nada de asistentes, 
dijiste, quiero un triángulo de sombras. La luz 
ya había muerto entre nosotros. Me pediste que me quitara 
el saco porque te gustaba mi camisa blanca 
y yo me lo puse al hombro, como Sinatra, y lo sostuve 
de un extremo para que no cayera. El álbum 
empezaba con esa frase que solía decirte por las noches: 
Jesús murió por los pecados de alguien, no por los míos 
y la frase que hubiera cabido en boca de mi madre 
se mezcló con la canción de una chiquilla suicidándose.


Teresa A. / 1975/ Foto de archivo

Yo quería mandarle fotos a mi primo de Italia 
y te pedí que me sacaras una con la minifalda nueva 
y las sandalias de corcho. Una donde me vea linda, 
dije, y vos hiciste ésa donde estoy apoyada en la pared 
que da al patio de baldosas. Yo quería ser flaca 
y odiaba tener tetas, pero el pelo me caía sobre la frente. 
Quiero una foto que haga historia, dije, y vos hiciste ésa 
donde me veo todavía sin dolor. Me puse el vestido 
de salir, como un uniforme de viernes o domingo. 
Necesitás  ayuda, pregunté, y vos dijiste, sólo 
un poco más de luz. El domingo estaba yéndose a otra 
parte, pero nadie había muerto todavía. Me pediste 
que cruzara las piernas y yo me apoyé sobre la tapia, 
como una actriz de pueblo. Después le mandé a mi primo 
una carta con esa frase que me da vergüenza recordar  
y la frase que podría caber  en boca de mis hijas, 
se mezcló con una historia de catecismo 
sobre las bodas de Canaá.

Patricia Lee

Flota Patricia Lee sobre la vereda, 
como un poema de Rimbaud. Es de oro la luz 
y sin embargo ella sabe que puede no alumbrar. 
Cuando era chica quería ser poeta. Tenía al niño 
genio de la mano, pasaba con él su temporada 
en el infierno. Saludaba el ojo bizco, camino 
del templo a los vecinos, pensando que su palabra 
no era para esa gente. Algún día volveré 
y seré millones, se decía, cantaré en estadios, 
estudios, festivales, y aplaudirán los músicos 
del mundo, no esta gentuza de pueblo. Cuando 
era chica quería ser famosa. Más tarde quiso ser 
la monja de Calcuta. No la maldita, no la artista 
consumida, no la puta, sino la que llora al hermano 
muerto, al marido muerto, a los amigos. Ya no hay 
distancia entre los sueños y la vida. Por eso canta 
en la noche en los estadios, los estudios, los rincones 
de su casa. Canta Patricia Lee y mientras canta 
la maldicen los bizcos y los genios, gritan camino 
del templo los poetas, Volvé a tu casa, Patti, 
volvé a tu casa. Pero Patti lee, 
Patti Lee…. 



Hostería en las sierras/ Otoño de 2007



Mi música es para esta gente
Ludwig van Beethoven



Tras la ventana del hotel caen las hojas amarillas, 
flotan semimuertas sobre el agua de la piscina, 
como en un cuento de Cheever. En la memoria 
alguien arrastra una silla hacia el agua sucia, 
sin embargo es de oro esta luz y ella sabe que puede 
no verla más. Cuando era chica quería ser pianista. 
Iba con otra de la mano, iba con El clave bien temperado 
bajo el brazo, hacia una casa de la calle Francia. 
Saludaba camino del conservatorio a los vecinos, 
pensando que su música era para esa gente. 
Alguna vez tocaré preludios en un teatro, se decía, 
y aplaudirán los vecinos, la buena gente 
del pueblo. 
         
                           Historia de vida suya, pero remota.


Más tarde quiso ser como la puta de Fassbinder, 
ésa que hacía feliz a todo el mundo. No la maldita, 
no la estrella incandescente, no la artista consumida, 
sino la monja de clausura, la que alivia al peregrino, 
la que no le quita a nadie nada. No hay distancia 
entre lo íntimo y lo público, las calamidades 
históricas convergen con las privadas. La buena 
gente asesina a los débiles y mantener abierta 
la herida es la única esperanza.


                            Historia de vida remota, pero suya.

Cuando escribe en la noche, crece el murmullo 
de tantos y tantos que vienen llegando, un torrente 
que avanza y se dilata, que grita Go Home, 
Go Home, necesito un lugar en el mundo. ¡Y ella 
que no quería quitarle a nadie nada!





Patti and me


Tuve escarlatina, escalofríos,
estremecimientos y estrabismo.
Soy dark, soy heavy, soy freak,
soy punk. Soy testigo
de Jehová.



Interior con amigos

Cuatro los botones de tu abrigo
y los cables colgando en la habitación 
vacía como tus piernas flacas y la luz 
fría del fluorescente.

Tres los poetas malditos, los hijos, 
los amigos y vos colgada de las nubes, 
se diría, siendo libre.

Dos las botas de caña larga sobre el piso 
la mirada bizca y el pelo suelto 
desprolijo colgando del cielorraso
como tu amigo.

Todo es precario, está por hacerse, 
menos tu erotismo que se 
desvanece.




En casa

Su abuela iba en tren y soñó la llanura, el manto 
verde y el humo de las fábricas (molinos de viento, 
tanques australianos, de vez en cuando una 
esperanza). Su padre también era amargo, pasó 
la guerra, salió del sótano después del bombardeo 
con el pelo de repente blanco. En medio está ella 
escuchando la historia, el fustín de la noche, 
los gritos y una mujer cantándole a un niño. 
Vestido de negro va el tren y bajo los pies crujen 
huesos, graznan gañotes de muertos. Juran todos 
con bulbos de orquídea en las manos, raíces 
tuberosas de los muchachos. No es ajena la guerra:
su amado se queda en las tardes mirando 
el horizonte, amargo. Recuerda los años de encierro, 
el muchacho que allá adentro lo salvó de la muerte 
sosteniendo su mano. Gente que migra y campos 
de batalla. Testigo de todo, criadilla, escroto, ella 
se ha quedado en casa, mirando pasar el río 
de la patria, la tierra del terror a sus espaldas. 
Las verdades no son sino antiguas metáforas. 


María Teresa Andruetto



Me crié en un pueblo de la llanura cordobesa junto a un asilo de enfermos mentales que en épocas de mi infancia era el más grande de Sudamérica.  Ser hija y nieta de inmigrantes, el paisaje de la llanura y El Asilo han sido marcas importantes. Las palabras aparecen para nombrar lo que falta y en ese sentido reconozco dos faltas que me nutrieron: los relatos idealizados de mi padre acerca de Italia y de su familia y amigos a los que nunca ya más vio y el deseo de escribir no realizado de mi madre. Tempranamente me apasionaron tanto los episodios de vida de la gente común que me rodeaba como las historias en los libros; también tuve un temprano registro de la música del habla, de las diversas hablas que iba descubriendo. Fui desde chica una lectora muy intensa; después la universidad, que me enseñó a leer en relación con el contexto. La escritura apareció muy pronto, como un vicio o un consuelo, en cambio el deseo o la necesidad de  ser escritora llego recién hacia mis treinta años. Los primeros libros salieron después de mis cuarenta años; siempre me pareció un regalo de la vida publicar y ser leída, ahora ya por muchas personas. En estos últimos años llegaron los premios, los viajes, otros muchos regalos…

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1 comentario:

  1. Brillante María Teresa, con la sabiduría e intensidad de las grandes escritoras de nuestro tiempo. Un gusto leerla siempre, Gus.

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