EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 12 de marzo de 2016

MARISA NEGRI


El Nautilus de Marisa Negri en El Delta

Hay una voz interna que se despierta siempre que ando en algo. A veces es una pequeña frase que me ronda o un tema en particular. 
El paisaje se da por inmersión; todas las ventanas de mi casa dan al monte, escribo escuchando el ritmo del pájaro carpintero sobre el fresno, el viento en las hojas, el río. 
Y a la vez, este delta se superpone al de mi infancia; los frutales, los bailes en el Club Felicaria, las horas de lectura bajo un mosquitero de tul rosado que mi padre colgaba de las casuarinas.
Cuando esta voz ha crecido lo suficiente, se impone a cualquier otra actividad y allí comienza otra etapa, la de ir en busca de eso que ya está adentro pero aún no tiene forma.

La serie de poemas que estoy escribiendo comenzó con un rastro de un sueño: desperté diciendo “tejedoras de Dalcahue” y acepté ese llamado. Al poco tiempo estaba sumergida en el mundo de los telares, los Quipu, las tejedoras Chilotas que había conocido en un viaje, o las Redeiras de Getaira que son llamadas para reparar las redes de pesca sobre los muelles.

***

Escribir siempre me facilitó la transmigración. Salir del cuerpo familiar hacia otros mundos. Recuerdo el impacto de leer Museo Salvaje (Losada,1974) en donde Olga Orozco dedica un poema a cada parte de su cuerpo:
"Este cuerpo tan denso con que clausuro todas las salidas /este saco de sombras cosido a mis dos alas. El cuerpo como cárcel del alma, algo que podía dejar atrás a través de la escritura."
Como todo en mi vida, ese vínculo cambió cuando dejé la comodidad de la ciudad y me vine a construir "Nautilus" en El Delta.
Estamos lejos de lo civilizado, el verde avanza y es imposible de disciplinar, aquí hay que aceptar que el hombre no maneja nada, el ritmo lo imponen la vegetación, el clima o las crecidas.
Hacer una casa, aprender a martillar y a serruchar, esa “alegría del músculo” abrió otra dimensión del aquí y el ahora.
Mucho de lo que escribo va tomando cuerpo mientras nado, o amaso, o tomo mate en el muelle, y esa fuerza insiste, hasta que es necesario llevarla al papel o al teclado.


Poemas:


Tejedoras de Dalcahue


Otilia Bahamonde
La lana es la vida.
Es el arreo con silbido y buen perro hacia la esquila
y el hilado torcido para la resistencia
los más antiguos no están
y nadie quedará cuando nos vayamos yendo.

Madrecita tejía ponchos bordados que no alcancé a aprender
roble, canelo, pello pello

tenía doce años cuando  todo empezaba.

Madeja cruda teñida con barba de palo
tiene que hervir para que tome el color.
El punto ceñido  apacigua el viento
las agujas nunca se dirigen al pecho

Antes había más fiestas
buscaban a mi padre que era músico y tocaba
bailes antiguos
hacían cazuela de gallina
bailábamos cueca y pericona

La lana tiene que hervir
se le pone maqui para que nazcan los colores.

Yo nací en la casa
había matrona y se llamaba Doña Pérez
hay que ir al río a lavar
por acá somos solo mujeres las que tejen
y dicen que más allá tejen también los hombres
acá no se pasa hambre porque tenemos papa
íbamos a mariscar a pata pelada.

Este telar es igual que fuera una guitarra
hay que cardar el poncho para la suavidad

los domingos es fiesta en Dalcahue
y salen los tejidos de la casa.


Teresa Reyes

Mi padre esquilaba con la oveja
amarrada en tres patas
y entregaba a las mujeres de la casa
el puro vellón con su grasita
que las mujeres hilaban sin lavar
sobre un huso de palo.

Las jóvenes juntábamos los colores
en la naturaleza;
del chilco las flores para el rojo y la planta para el
verde claro
otro verde suave la menta
pero el color que requería más destreza era el amarillo
había que treparse a los manzanos y quitarles el musgo.
Detrás del árbol más alejado de la casa
esperaba el Ramón con la tarea cumplida
me entregaba el manojo de hierbas
y una manzana brillante.
Así nacían los colores
yo le daba la fruta de mi beso
y encendida regresaba a la casa.


Vitalia Guenteo
                                                a Liliana Ancalao

tomar el uso y hacer la hebra
era costumbre del vivir antiguo

los hilados eran de un solo color
todo era blanco
o todo era plomo
o todo era negro

los colores se urdían en la cabeza

pero los niños
a quienes no se dejaba fuera de las cosas
tocaron el vellón con el fruto de la murra
después de la mermelada

y así nació el morado

las viejas vieron
todas las hojas daban los colores

el mechay , el amarillo
y el azul lo hacía la madera
se iniciaron entonces
en la ciencia del teñido

en un perol de aluminio
hervían cáscara de árbol
flores de dalia
orujo de manzana


en días largos se tejía en el patio

la casa era una sola
los niños no se dejaban fuera de las cosas
vendían los tejidos en la escuela

para comprar zapatos.



La misma hebra


Las poetas arman lazos entre ellas, tejen matras, ponchos, 
se pasan recetas, 
acomodan un mundo en femenino a propia hechura
Liliana Campazzo, Coser con agua


Tejer con agua
la distancia
que separa
mi corazón               del mundo

¿y qué es el mundo?

Tres niños
juntando los colores
entre los pastos
y una madre que cuelga
la hebra teñida al sol
en el verdor de Dalcahue.

La misma hebra

trenza Carmen
en sus muñecas de mimbre
bajo los dioses tutelares de Pachacamac

la misma hebra
moja el mar chilote

¿y qué es mi corazón?

Un huso de madera
que gira en sus días redondos
un hilo claro de agua
en la urdimbre vegetal de las islas

el mar aquí     la piedra aquí


el festón del oleaje
que cose
el dolor del mundo.



Rederas de Getaira

un ojo en la niebla otro en el hilo
el nudo nos trae a la vida
cuando suenan las sirenas de los barcos
y el pez cae
si el daño ha sido grande
si fue anchoa o sardina sabemos
hay que tejer malla fina y nos emplean a todas
en redes de bajura no hubo hombres nunca



sobre la traína extendida las sillas pequeñas
el ovillo de nylon, la aguja
el punto cosido a la red
la voz enhebrada en las voces
la mar es la mar
nuestro oficio es unir lo que sangra
para que haya alimento


Marisa Negri


Nací bajo el signo de San Juan y por eso cada aniversario es una muerte y un renacimiento. Tuve muchas vidas. En esta soy profesora en una escuela rural de El Delta y empecé a estudiar bibliotecología por amor a una biblioteca abandonada. Creo en los misteriosos hilos que se tejen entre las personas, en todos los planos posibles de la existencia, en la poesía, en el amor, en la naturaleza.

marisanegri@gmail.com
Blog: Marisa Negri

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