EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 3 de abril de 2016

ALEJANDRA CORREA


El cuerpo está constituido por infinitos materiales: algunos comprobables y otros intangibles. Somos una era geológica que mide su tiempo en minutos. Nuestro cuerpo es una tierra macerada, capa sobre capa. Piedras, arena, viento, la frase que cayó en desuso hace una década, las raíces que conocemos y las que se pierden en el ruido de la historia; lo que él dijo antes de irse para siempre; el color del vestido aquel con el que recibiste la primavera (“anaranjado”); la manera de entender el mundo de mi vecina y sus 90 años -a quien  escucho desde mi ventana cada mañana-; el perro que aúlla cuando empieza a llover en la terraza cercana; el olor a las hierbas que viene de los cerros de tu infancia…





El cuerpo es tan denso y corrosible como la historia de la tierra. Y a la vez, poseedor de una dimensión imaginaria e infinita. Lo dicho, lo oído, lo leído, lo que es paisaje, memoria, ritmo, olor, reside en el cuerpo. Es como todo lo que creemos poseer: tan cercano y a la vez tan desconocido ("voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo"), escribió Viel Temperley, acosado por la enfermedad).

El poema (como cualquier otro lenguaje artístico) es el que bucea en esa caja de resonancia que es el cuerpo. Busca la forma en que el mundo nos ha tallado y la forma en la que nos daremos al mundo. 
Tanto en lo que escribo como en lo que recorto, pego, coso, el cuerpo es presencia. No solo en su carnalidad, sino en su condición sagrada de albergar un espíritu. Sé tanto de él como nada sé de él. 

A bordo de mi cuerpo hago este viaje por el tiempo presente.




Poemas

Sostiene mi mano derecha
en su mano derecha
la contiene en el hueco
y aprieta mi puño en su puño
pulgar e índice apuntalan esta pluma

Dibujamos unos signos antiguos

Me lleva desde fuera de mi trazo
él es mi trazo
él se aventura, yo lo sigo
pero ya no es a él
es al movimiento y su música
su mano apretando la mía
su movimiento en el mío

Mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo
(el olor agrio de la tinta negra
en mi pequeña nariz)

Volvemos al trazo interrumpido
se elevan nuestras manos
se acortan
se ciñen
se controlan

Dibujamos el idioma

Respira tan cerca
su profunda voz emite algún sonido
como dictando:
más corto, más largo, más reunido

Y entonces me dice:

- Ahora, vos sola

y me abre en un abismo


Del libro “Cuadernos de caligrafía”


………………….


Mi vecina es sorda
hoy apagó su audífono
y se echó en la cama
decidió desconectarse
Adentro de ella
en su útero
encarnada
anda hace horas a la deriva
sin oír el tiempo
Nada la perturba
teléfonos, golpes o timbres
ni siquiera la desesperada secuencia morse
de su marido que lo intenta todo
para ahorrarse el cerrajero

Él ha ideado
un cartel que baja desde mi ventana
a la de su dormitorio y dice:
"Amalia, prendé el audífono"

Ella navega
su cama ya se hizo barco

Afuera los mares
afuera los muelles
la oigo rezar


….


Eso

Acaba de caer un fruto
un huevo roto y sangriento
vertical y grave

Este pájaro ha madurado

Está en su primavera

Es un tomate fértil
uva yendo hacia el vino

Comparte la ruta de toda carne:
volver a nacer hacia el dolor del mundo

y su cuerpo en donación alimenta al árbol
en el que ahora cantan sus hijos


Del libro Maneras de ver morir a un pájaro.

……..

Vivo
en una gota
de espacio
    sin
         hacer
               ruido






Desde hace unos años, la poesía me fue llevando hacia el territorio del arte visual. La búsqueda fue impulsada por la necesidad de materializar, de llevar al espacio, algunas imágenes. Después de escribir poesía, lo que mayor asombro me produce en este nuevo territorio es el contacto con los materiales y la disposición que requieren del cuerpo.
Trabajo con papeles de todo tipo (cartulinas, libros antiguos, papel de China, de molde, crepe, etc), con telas, prendas de ropa usada (muchos amigos me han regalado algunas), hilos y otros elementos textiles.
No parto de una idea previa muy concreta. A medida que experimento voy buscando el sentido. Es un trabajo que parte del silencio y se va poblando de palabras como mantras. Muchas de las obras que realicé (tal vez todas) tienen como denominador común el cuerpo, pero esta vez en su posibilidad de estar ausente. Ese límite indomable entre lo presente y lo ausente, es lo que parece orientarme. Es por eso que trabajo con el vestido como formato, soporte, objeto, envoltorio, cáscara. Una forma de delinear la ausencia y en ese sentido, bordear lo innombrable, el corazón de la metáfora.
Tengo períodos de muchas horas sentada, horas de pegado y costura. Y períodos de mucho movimiento, de entrar y salir, de tomar distancia. En esos momentos, el Parque Centenario (vivo a una cuadra) es un territorio circular en el que doy vueltas y vueltas.
Tanto cuando escribo como cuando estoy en el proceso de una obra visual, suelo investigar sobre algunos aspectos que puedan alimentar a la obra. Siempre busco por el lado del teatro, el cine, la literatura, las artes visuales, pero no pocas veces noticias de diarios o frases escuchadas al pasar también funcionan como llaves.

Alejandra Correa


Nací y vivo en una y otra orilla del Río de la Plata, en ese lugar impreciso en el que dos aguas separadas por la historia, son la misma.
He sido bendecida (aunque no en una dimensión eclesiástica) por el amor leal y estoy rodeada de afectos, familiares, compañeros, colegas y amigos. Tengo la suerte de ser madre de tres jóvenes que me enseñan tres formas diferentes de ver el mundo.
Me gusta estar quieta y en silencio. Mimetizarme con un paisaje. Pero también estar en grupo y ser parte de una comunidad orientada tras un proyecto común, por eso coordino desde hace 6 años el Festival de Poesía en la Escuela junto a Marisa Negri.
Mi estado preferido es el que se produce cuando estoy de viaje, ya sea sola o acompañada, se parece a volar en globo o a la suspensión de la realidad de un sueño.
Desconfío sistemáticamente de la autoridad y el poder, sea quien sea su poseedor.
Estoy envejeciendo y no lo siento como un error ni lo vivo con decepción: la muerte es una aventura que no me pienso perder, aunque desconozco si es la última.
alejandracorrea@yahoo.com.ar
www.ale-correa.com
www.facebook.com/alejandra.correa1

1 comentario:

  1. Un placer leer y mirar lo tuyo, Alejandra Correa. Escribo y a veces siento la urgencia de darle un cuerpo a la poesía. Hasta ahora no lo he hecho. Gracias por tus obras.

    ResponderEliminar