EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 10 de abril de 2016

ALICIA SILVA REY




Escribo para superar el trauma de la lectura. Leo con el cuerpo enclavado en el cuerpo de un texto. Atravieso cuerpo a cuerpo una trama cualquiera que me arrebata literalmente los sentidos. Desde un manual de minería hasta otro de arquitectura, un film, un viaje en colectivo. Voy deambulando por cuerpos disímiles recorriendo extramuros, arrastrando mi carrito de vagabunda textual. Cuando el shock de la lectura me ha superado - la lectura es casi siempre el motivo de mi escritura y solamente leo a fondo aquello que me captura a fondo - es posible que escriba. 

V.g. : 

Circare *

Versión 1

I- Un cuerpo sale de su escondite antes de atacar.
II- Un cuerpo es el instante del ataque.
III- Un cuerpo sin hambre ni sed ataca llevado por la curiosidad de sus sentidos.
IV- Un cuerpo: no ya como estancia de un alma.
V-  Circare: en latín, andar, girar alrededor.
VI- Ahora seré la fiera que pacta, en la oscuridad de tu cueva, con tu pasado animal; una versión precipitada y retórica de tu muerte.
VII- Este poema es una cacería.
VIII- Te libo. Te saqueo.
IX- Te hago presa de un combate mortal.
X- Mis huellas descifran tu cuerpo, que me falta. Tu piel, tu carne, tus huesos, que me faltan.
XI- Como a letras leo tus huellas que se precipitan en mí.
XII- La búsqueda sin paz de mi olfato corre como un perro  tras el oponente de mí que sos vos.
XIII- A mí misma me contemplo, cuando me ignoro detenida ante vos, al acecho.
XIV- Contemplo a la fiera que en mí enmudece cuando caigo hacia atrás por la vía del delirio o del sueño y alcanzo tu alma que no me confía ni su nombre.
XV- Se acecha siempre de manera solitaria, invisible a causa del camuflaje, en el fondo de las cuevas donde se habita y al ritmo de los desfiladeros.
XVI- Se conocen, efecto de la observación, los puntos anatómicos mortales.
XVII- ¿Y porque mi ceguera es producto de la infatuación, te atrapo pero tú me devoras?

* Deudas: Pascal Quignard, "Morir por pensar (IX). Versión libérrima y mestiza del Cap. XV, Teoría y cinegética.

Escribo poesía y narrativa como si escribiera teatro pero con los recursos del delirio o del sueño. Así es que hay puesta en escena, personajes, atmósferas. Hay modalidades de habla. Hay pensamiento, ideas, distorsión conceptual, alteración de la percepción, sufrimiento corporal, deseo y goce o caída del deseo en el puro goce. 
V.g.:


Modelo óptico (fragmentos)


1

Ahora soy de cuidado. Una figura de cerámica roja o negra 
de volumen variable y un impacto de hierro. He sido vaciado, 
objeto de cierta consideración, amputado en mi ser doble y a mi vez, dividido. 
Separado 
en pedazos 
de lo íntimo, arrojado 
a esta escena de carnicería de la que soy cualquier cosa 
de irreconocible valor. Caen las piedras en esta ciertamente muy oscura noche. 

La rocosa materia exánime. 
Las prendas desgarradas de mi ser flotan en un agua imposible. 
Ni hambre ni sed ni cansancio. Ni la morada del sueño. 
No sabía que todo esto me esperaba como regalo de bodas. Sabía 
que éste era mi regalo de bodas. 
Que vuelva y vuelva, este regalo. 


La fiesta ha fermentado y desfallece. Cubiertos de joyas, calzan caligrafías laminadas laqueadas cubiertas apenas en los bordes de una costra fulgurante de sangre. No. No. Sin recaída en el lenguaje. Sin alaridos.



Pero ustedes me preguntan por la vinculación entre lo que escribo y mi cuerpo. Respondo que escribo ritmando materiales como quien construye una casa. O algo mucho más pequeño, una canilla de jardín. Los objetos se acumulan y se desagregan. Me han dicho algunos lectores del impacto casi físico que algunos textos míos les causan. No siento mi cuerpo más que como una masa de huesos, plumas, hormas, vidrio, jugos vitales, lengua auditiva, materia en suspensión, en descomposición. Atmósfera que se cierne sobre sí misma como un agua bautismal.

Creo que finalmente voy siempre desde el cuerpo de la lectura al de la escritura. Algunas veces encuentro mi cuerpo real en ese recorrido. 

Orinaría contra el viento.
El río ancho como un mar 
había vomitado esa playa
-Se fue. Acá está. El buquecito-

Buques entran salen de la rada, 
carne viva de lo arrojado y lo perdido

Sobre la arena gris, de pie, 
chorro ámbar claro salpica 
(El buquecito Acá está Se fue) entre 
rodillas separadas
Junto a sus puestos de semillas
sobre la tierra de la calle Sarmientos
unas mujeres vio, orinando
como olvidadas o perdidas 
en el olor acre y pesado

Pero abierta desnuda sola
(-Se fue. Acá está. El buquecito-)
lamía sus lágrimas ardientes
herida hendida en el olor
de su carne anfibia orinante



Kafka es un gran observador de las actitudes de los cuerpos, de toda clase de cuerpos. Habría que hacer performances siguiendo las coreografías de sus personajes inmóviles. Un arte Butoh de la escritura kafkiana. 


Se danza ahí sobre los rieles de la música. 
Se danza con la naturalidad de la música que es tocada 
en una guitarra neutra. Desplazamientos centrífugos. 
Una mano marca el lugar de un pliegue, lo graba, anticipa su caída circular en torno de unos pies. 
La mano no reposa, imagina un vaivén que despliega un hilván. 
Se cose o cuece en esa danza  con gestos de hilandera. 
Un cuerpo hace uso de sus tentáculos, los cuellos tuercen bajo cabellos; lo que reposa, ya no ondula ni acecha.

Natatorios, campos de fragmentación.


Alicia Silva Rey


Cuando era chica, en un jardín conocí una flor. La dueña del jardín, pronunció el nombre "aljaba" para designarla: "Ésta es una aljaba", dijo. El arbusto evanesció delante de mí conmigo. La niña comenzó a hilar "aljaba aldaba aljibe abalorio moldura lentejuela...". Desde entonces dejé de saber el nombre de esa flor pero retuve la fragmentación unitiva de lo vivido y su metonimia incesante. (Quilmes, 1950).

amsrey@hotmail.com

Fb: Alicia Silva Rey
   


1 comentario:

  1. cada día descubro un poema , una frase, una palabra que me devuelve a la condición de ser humana, gracias por estos regalos cotidianos.

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