EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 17 de abril de 2016

BEATRIZ VIGNOLI




Fragmento de un dibujo de Aníbal Brizuela

Cuando trabajo en soledad, me deprimo y mi serotonina disminuye como la de un animal derrotado en combate singular por el territorio, a lo que sobreviene una ligera euforia y entonces (como el animal que necesita orientarse a través de indicios para buscar y hallar una madriguera nueva, y cuya serotonina disminuye para facilitarle precisamente esto) presto atención a esta realidad del modo en que los psicólogos cognitivistas llaman “búsqueda de patrones”, que más bien parecen encontrados sin haberlos buscado, ya que la búsqueda ha sido inconsciente. Es un procedimiento similar al que usaron los astrónomos para elaborar el mapa celeste de las constelaciones. Walter Benjamin usaba este método en su trabajo crítico y lo llamaba así, constelaciones. Carl G. Jung hablaba de “coincidencias no causales”. Estas líneas entre puntos me sirven como borradores que a veces uso y a veces no. Lo que más me nutre en mi propia escritura es el diálogo, que se nutre a su vez de lecturas. Una lectura no está completa si no se la comparte con alguien y ambos pueden crear su propio pensamiento a partir del múltiple encuentro entre personas, y entre la lectura y esta realidad, que se da todo en una colisión simultánea cuando el momento creativo es verdaderamente creativo. Lo que decanta de eso es la obra de cada cual. Puede haber obra o no, de última eso es apenas la excusa que habilita socialmente a vivir de la mañana a la noche buscando detalles tontos y a la vez extraordinarios. La obra es solo una de las excusas: las otras dos son la traducción y el periodismo, que me dan de comer. 
Investigar me encanta, pero en mí la investigación funciona como un arte en sí mismo, una práctica autónoma que satisface mi curiosidad. Lo mismo me pasa con la charla, el diálogo. Navegar en Internet y después comentar los hallazgos con alguien de espíritu afín, de noche y con una cerveza de por medio o caminando por una plaza, encontrando a cada paso cosas que de pronto significan, es algo hermoso, y ni hablar de si tenemos a mano nuestros Iphones y la búsqueda trasciende la soledad de la PC. Y a los sueños les doy muchísima bola, me encanta contarlos. Qué o cuánto de todo esto va a parar a la obra, no sé.
Con los años cambian las hormonas y con ellas cambian las sensaciones. A veces, al principio, cuando aparece la emoción, cuando “viene” desde adentro o desde alguna parte eso por decir que aún no tiene forma (pero que ya tiene algo así como un color), lo que siento es o era como una guitarra eléctrica, como lo que se siente al escuchar al palo un rasguido de Jimi Hendrix, esa sutil trepidación que no hace diferencia entre el cuerpo y el alma. Yo no creo en esa distinción occidental tan tajante. Ni entre cuerpo y mente, ni entre mundo e individuo, ni entre humano y animal. Es una división inventada por los médicos de nuestra cultura, que estudian cadáveres. Ayer me dijo alguien sabio que existen dos realidades, que hay continuidad entre las dos y que lo mejor es vivir en ambas. Por dos realidades se refería a esta realidad cotidiana y a la que otrxs llaman lo sobrenatural. Quien así me habló no era un gurú reverenciado ni vestía una túnica blanca, sino ropas viejas y vive en un hospital. Occidente (que incluye a Oriente, en la actualidad globalizada), Occidente tortura todos los días a sus sabios, a sus visionarios, a sus iluminados. Luchar por que deje de hacerlo es la tarea que más me ocupa en este momento. Los locos, las locas, y también algun@s de nuestr@s poetas, son los únicos que saben la verdad de lo que es vivir esa otra realidad. Muchos desvarían por el dolor que esa experiencia les produce. Quienes han abierto esa puerta y estado realmente ahí y podido volver, cuentan que no es nada lindo ni fácil. Por eso un autor que puedo recomendarles es Aníbal Brizuela.
A modo de cita y también como ilustración artística de mi participación en este proyecto, adjunto un fragmento de uno de sus dibujos, donde es inseparable el dibujo del texto de la misma forma en que son inseparables el cuerpo y el alma.


Poemas:

No todo cielo es azul
No todo cielo es azul. No sólo pena
en los asuntos de la pluma. También Mercurio fluye
en los campos que amamos. También la risa. Es posible
en las magias del aire sustentarse. No hay alquimista pobre.
La guerra y el alma son uno: las pasiones alegres y el canto.
Soy tu lealtad. Mantengo entera tu alma
en algún lugar que puede no ser, pero está.

(Del libro Lo gris en el canto de las hojas, 2014, Baltasara Editora, Rosario)


Suite Bengala, 3

El verano se queda. Se lo siente en las puertas
pintadas de verde oscuro,
se lo huele bajo este cielo de agua pesada:
nada ancla en la palabra. El viento
no tiene sombra.
(Del libro Bengala, 2009, Bajo la luna, Buenos Aires)


En la Sexta

Cuando andamos en la tibieza con mi gato
él se pone delante, y me cubre del mal;
en la fina línea entre los mundos
los gatos son la infantería del alma.

Mi gato tenía un compañero, el Negro,
que en la sexta noche del octavo mes
se murió peleando contra un fantasma:
el de alguien a quien abandoné en su agonía
y que no quería irse sin llevarme.

Nuestro pequeño héroe descansa
en cunita de tierra bajo el pasto
de nuestro antiguo barrio lleno de sol.
Sus pelos son nuestro lugarteniente.
Sus huesos son la estaca de nuestra carpa.

Del hombre dividido que fue su rival
apenas tengo el recuerdo.
En la jauría humana no confiamos
ni mi gato ni yo;

de la humana jauría
me cuida mi animal.

(inédito)


En mi cama de hospital sueño con tigres

En mi cama de hospital sueño con tigres.
Una brisa de jungla en la ventana 
agita las cortinas. A la tarde
un vago resplandor
naranja y verde:
algo anda en el aire y enseguida se va.

(Del libro Almagro, 2000, Editorial Municipal de Rosario)


Mi nombre es Beatriz Vignoli. Nací en 1965 en Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina, donde vivo y trabajo como traductora de inglés y escribo desde 1991 en el suplemento Rosario/12 del diario Página/12. Escribo poesía desde 1977. Curso estudios en Bellas Artes. He participado como expositora o como curadora en muestras de artistas argentinos en Rosario y Buenos Aires. Los años de mi formación como poeta coincidieron con una dictadura cívico-militar a la que algunos opusimos una resistencia casi secreta generando espacios culturales “subterráneos”. Publiqué dos ediciones de autor en 1979 y 1980, otra en 1995, y no volví a publicar libros hasta el año 2000, cuando obtuve una mención con recomendación de publicación por la Editorial Municipal de Rosario en el concurso Felipe Aldana, para mi libro Almagro. Hoy tengo publicados en mi país unos 20 libros de poesía, novela, relato breve y crónica. Poemas de mi autoría integran antologías de poesía argentina publicadas en Reino Unido, Francia y España. Desde 2016 milito en el Movimiento de Usuarios y Trabajadores en defensa de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657.
lavigiliayelviaje@yahoo.com.ar 
cc a: beatriz.vignoli@live.com.ar 
(Lo gris en el canto de las hojas — mi libro de poesía publicado por Baltasara Editora en 2014)


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