EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 30 de abril de 2016

DANIELA PASIK



Contar mi procedimiento de escritura, y que se entienda, creo que es más difícil aún que escribir. 
El inicio en general tiene que ver con algún estímulo externo, que puede ser desde la sonoridad de una frase hasta un paisaje y la sensación que me provoca; pero también una imagen, sobre algo que veo en el mundo y se traduce en mí como una foto que es crónica, de alguna forma, de un sentimiento. También películas impensadas, como Terminator, y lecturas, más que nada de cosas improbables. 
Por ejemplo, en una época, me inspiraron mucho los textos de química y física, y leí (y escribí) mucho sobre desastres naturales o catástrofes como bombas nucleares.
Escribir, para mí, empieza antes de agarrar la birome o el teclado, es en general cuando algo me hace cierta cosquilla en la mente; siento como una luz en el entrecejo que me alumbra, pero también me encandila, y quiero que se quede y a la vez que se vaya. Después, cuando agarro la lapicera, el cuerpo deja de existir, puedo escribir en las posiciones más incómodas sin darme cuenta, sólo noto el cuerpo cuando termino de apagar esa incandescencia, porque estoy más tranquila y puedo notar que por ejemplo la espalda me pide que la estire, o el entrecejo que lo afloje, y la mano que la relaje. 
Luego, al cuerpo lo pienso mucho a la hora de leer. Cuando corrijo mis propios textos trato de que sean orgánicos, que de alguna forma repercutan en algún lugar físico del que lee. Un lector que imita lo que lee en una descripción casi sin darse cuenta, un lector que sienta una cosquilla puntual y específica de inquietud o calentura, en la distintas zonas de la panza y la espalda: esas son dos de las cosas que más me gusta que me pasen cuando leo y que más deseo lograr generar con lo que escribo. 
El ejemplo máximo de esa sensación orgánica en la escritura, que hace que el lector ponga el cuerpo mientras lee, creo que es el principio de Lolita, de Vladimir Nabokov. Es tan perfecta que funciona incluso traducida. Va en inglés (que es in-cre-í-ble) y en español también, entonces. Es maravilloso cómo la boca hace lo que estamos leyendo, casi sin tener consciencia, incluso sabiendo que lo va a hacer y tratando de evitarlo, lean y noten cómo mueven la lengua:

“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.” 
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta."


Poemas


T-800: cyborg 

Acá al lado hubo un terremoto de ocho
coma ocho grados en la escala de Richter
mientras yo dormía. Yo dormía con la tele
prendida y soñaba intrascendencias importantes
como algo muy de amor con alguien en particular
y no sé bien qué pasaba pero era bastante hermoso
y la tierra acá al lado se movía; se sacudía
a todos de encima mientras yo hacía cosas
que implican amor
y aunque no sé bien qué eran
nos sacudían.

Estamos ahora somos ese futuro
del mundo en ruinas con llantas quemadas
en calles vacías. A veces es difícil dormir
aunque sea de noche todo el tiempo.
A veces es difícil dormir. A veces es difícil.
Dormir de noche todo el tiempo.
Estamos en el futuro ese, el que se imaginó
James Cameron calculo que en 1983
cuando hizo Terminator,
la uno.

El terremoto destruyó medio millón de viviendas
y después hubo un tsunami. Veo las ruinas por la tele
y también leo el nombre del océano.
Los desastres naturales
son de suceder mientras duermo.
Me voy a la cama
y todavía hay réplicas.




Lo que hago                                             

Tengo que terminar de limpiar el patio
la cocina el comedor mi pieza el baño
el cuartito de arriba cada cosa
para no romperme en pedazos hago
una lista de tareas: pongo cera, quito cera
pulir, lustrar. Rasqueteo, paso el trapo, baldeo
acomodo las ideas mientras se seca el piso
clasifico rotulo doy vuelta las sillas barro el mundo
con la escoba, funciona
el método y entonces creo.

Soy como una pista de patinaje
sobre hielo mantengo la disciplina
la casa ordenada y la calma, todo brilla
enceguece y raspo la mugre del techo
que cae sobre mí.

Ojalá sienta
la pirueta en la superficie dura, oiga
el frío del acero que corta, vea
el tajo tan limpio perfecto prolijo y no pueda
cerrarlo me resquebrajo necesito
sostenerme en pie.



Natural                                                                                                           

Pido un aplauso para la planta
que crece en la escalera
que baja hacia la costa
que bordea el estanque.

Este podría ser un río, un bosque
y yo el vacío es un puño de bichos
de luz quemados, enterrados
resecos más atrás.

Grito una arenga de arbusto, vamos
falta muy poco para llegar al agua.

El sol está acostado en mi pecho
podría ser que el suelo sea cielo
no importa, floto y primero llega
el olor a café hace frío el viento arrasa
me levanto no hay de dónde agarrarse
tambaleo busco a la planta
florecida en el cemento le hace falta
creo
un abrazo.




Extraño                                                                                                        
Para M.S.

Cuándo fue que me fui
endureciendo hasta perder
la capacidad de hacer dibujos
de las cosas en cuadernos.

Nosotros dos fuimos una casualidad
constante dijiste que éramos postnucleares, creí
que ibas a resistir como las cucarachas
horrible indestructible aerodinámico
igual a mí que te hice ventana
cuando eras mi espejo.

Una vez inventamos un hijo
de papel celofán lo chamuscamos
le dimos forma con fuego
hasta amarlo ponerle nombre, creí
que eso nos hacía ser los padres
de algo estábamos atados.

Cuándo fue que me fui
adaptando hasta perder
la necesidad de buscar
la fiesta perfecta yo quería
ser nosotros dos en un rincón
y afuera el mundo.

Un día el hambre nos avisó
que hacía falta salir vos no escuchaste
el mensaje porque filtrabas
las llamadas del contestador no teníamos
celulares dispositivos electrónicos nada
igual siempre me encontrabas
en las esquinas entre la gente y resistíamos
como las cucarachas nosotros dos.

Salí sola y me quedé encerrada afuera.
Ahora veo la mancha de humedad en la pared
tiene forma de problema a resolver, creí
que iba a poder transformarla en un juego.
Cuándo fue que me fui no encuentro
a mi multitud me perdí en el mundo no resistieron
la guerra nuclear ninguno sobre todo vos
y entonces corro aterrada cuando se ilumina el cuarto
soy un bicho raro que persiste
como el insomnio. 



Daniela Pasik

No soy buena para las autobiografías, nunca sé si sobran o faltan datos, siempre me arrepiento después de haber puesto humor o de haber sido demasiado seria. Soy porteña, me gusta el río, tengo tatuado en un brazo un verso de  Juan L. Ortiz y en un hombro un esqueleto de pez. Vivo con mi hijo y dos gatos. 
Trabajo como periodista desde hace ya muchos años en medios locales y publiqué algunos libros: dos de investigación (Hacerse, 2010, Grijalbo y Porno nuestro, 2014, Editorial Marea), dos de poesía (Historia de una chica que se enamoró de un pez, 2009, Editorial Funesiana y átomos, 2011, Editorial Tiramisú), una novela (Inicio, 2011, EDUVIM) y varios cuentos en distintas antologías de todas las calañas. 
Doy taller literario, tomo café en taza grande, abandoné por el momento algunos blogs que me duraron años y ahora escribo cosas en cuadernos, azulejos y  servilletas de bares, entre otros soportes. 
Salvo el primero, los otros tres poemas son inéditos, y todavía los sigo toqueteando. 





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