EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 4 de abril de 2016

EUGENIA SIMIONATO


Sí, presto atención a las imágenes internas o actos cotidianos, que a veces logro asociar con algún estado en el que estoy. Por ejemplo, algún recuerdo, alguna situación que me llama la atención, y justo algo que observo, o escucho, logra que eso que está adentro, quizás una idea, empiece a crecer y a salir del lugar más “sin forma” en el que estaba. Trato de leer todos los días poesía. O lo que sea. Cualquier cosa que me llame la atención, funciona como un elemento inspirador para la escritura. Los sueños también, los diálogos, el paisaje. Investigo sobre un tema, cuando quiero hablar de algo que desconozco. Pero por lo general presto mucha atención a las imágenes internas, a lo que veo en la calle y lo que eso me genera en el cuerpo, a lo que converso con alguien que me dice algo que quizás no había notado hasta ahora. Me gusta pensar en la palabra “asombro”. Creo que escribir es estar en un contacto permanente con el asombro, con lo inesperado, o con lo que desacomoda la inercia de los días. Estar en ese estado constante de apertura a lo contingente, a lo que puede pasar, sin que haya una voluntad consciente. 
También hay algo que me gusta hacer, de lo que aprendo mucho, es leer entrevistas a escritores, ver cómo ellos también viven el proceso de la escritura.  
Sí, la de cuerpo, es una gran pregunta. Pienso que el cuerpo es justamente el lugar fundamental. Me ha pasado de sentir algo en el cuerpo antes de escribir un poema. Como una señal física de que  algo está por decirse. Todo pasa por el cuerpo, las palabras habitan en un universo sonoro, del cual es imposible sustraerse. Aunque se escriba en silencio, el cuerpo participa siempre en el acto de la creación. Si bien, hay algunos sentidos que permanecen mudos, como el olfato, o el tacto, y tiene más importancia lo que se escucha y se ve, cuando se escribe, todos están participando, de algún modo, porque escribimos con la memoria, y con lo que tenemos más olvidado también, entonces algún recuerdo de la infancia, puede estar ligado a muchos de esos sentidos. Para mí, cuerpo y escritura nunca pueden separarse. Las palabras tienen cuerpo a través de la voz y por medio de la escritura es que pueden hacerse más tangibles. Eso de que tocamos con la palabra al otro, por ejemplo, es así. Se me viene la palabra “resonancia”, entonces. Desde el psicoanálisis, hay mucho escrito acerca de esto, si bien, entraríamos en otro campo, no dejan de estar relacionados. Lacan dice en uno de sus seminarios, que “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. Entonces, podríamos pensar que tenemos un cuerpo que habla, y que cuando no habla también dice. Y en ese “no hablar” es donde el arte tiene su lugar, porque es con lo inefable, con lo que podemos crear algo que nuestro cuerpo desconoce y al mismo tiempo habita. O como escribió Hèlene Cixous: “Mi escritura mira. Con los ojos cerrados”. Quizás a través del arte podemos sentir mucho más el cuerpo que somos y que no sólo tenemos. 


Poemas


SOBRE MI NOMBRE

No entiendo el lenguaje de mi cuerpo
he cabalgado años sobre mi nombre
y ahora soy un jinete ciego
recostado en un jardín envejecido. 
Se escucha un chirrido, como  un coro de ramas
movidas por el viento.
Mi nombre es demasiado veloz
para mi cuerpo. 


ESCRIBIR

No lo vas a saber nunca, dijo, 
y se fue. 
La plaza absorbía mi silencio.
Yo escribía
Para mirar 
lo que a los ojos se resiste
para acercarme a la parte oculta de la flor.
Aprender
cuándo se detiene
cuándo se adelanta.
Dejar partir
Lo que nunca ha venido
Dejar que regrese
lo que siempre estuvo. 

(de: “La noche crece como un río solitario)

EN ESTE MUNDO

Los días caen sobre mis piernas
como la ceniza que salta agujereando
la tela del vestido
y no alcanzan las manos para detener el pequeño incendio,
basta un mínimo error
para que el mundo se deshaga en una chispa
Ya no importa el peso,
la densidad con que una mano entra en un cuerpo y lo transforma
Veo las caras de los transeúntes
apenas conmovidas por el primer gesto
¿Cuántos han dormido y soñado
sin que una pregunta interrumpa el fragmento oscuro 
que se escribe entre las horas?
Debo tener en mis ojos
el sonido de esta lluvia que baja en la noche,
y yo no sé si existe alguien capaz de oír
el golpe de mis ojos cuando caen.


TENÍAS MI EDAD CUANDO NACÍ

Todavía recuerdo las palabras que me trajeron al mundo:
"Casi no te movías. Te gustaba esa oscuridad. Nunca te acomodaste del todo al ruido".
Casi no hablaba. Nunca sentí del todo mi voz. 
Tenía un hueso sobresalido en cada hombro
y no podía dejar de tocarlos, 
contemplar esas formas de la muerte 
era un juego, tocar la dureza.
Me dabas un regalo
como el gato que te regala un ratón o un pájaro orgulloso. 
Envuelta en tu pelo, 
las ondas de tu pelo y el perfume, siempre tu perfume
el maquillaje intacto, 
el sonido de los tacos, tu extraña presencia
llegando, sin ningún paisaje, sin nada del mundo
para contar.
Tenía sed, y me pasabas un espejo.
Era otro el vidrio, otro el continente,
pero daba lo mismo. Algo calmabas.
mi voz indefinida
hija de tu oscura y delicada carne.

(Inéditos)




Estos poemas, menos los inéditos, que aún no están incluidos en un libro en particular, pertenecen a La noche crece como un río solitario, mi primer libro de poesía. Nació en un taller de escritura que hice durante todo el año 2014 con el poeta Diego Muzzio. Lo edité en el 2015, con la editorial chaqueña Ananga Ranga. Es un libro que habla de muchas de estas cosas, referidas a la primera pregunta, las cosas que me motivaron a escribirlo: la infancia, el cuerpo, la angustia, lo que observo, las sensaciones internas referidas al desamparo, a la incertidumbre de tener un nombre. Hoy sigo escribiendo, sin pensar en un libro, me gusta que la escritura me lleve y elija –sin mí- los lugares donde entrar y salir. 
Tuve un blog hace unos años, que por ahora está cerrado. Comparto algunos textos a veces en la red, y me han publicado en revistas digitales (El Sigma) y en papel (Revista Qu literatura y en la revista mendocina de Psicoanálisis: Un hilo rojo) y revistas blog de poesía. También participé en el 2014 de un encuentro de poetas en Buenos Aires  que organizó APOA, y en el canal Acequia de Mendoza, junto a otros poetas,  leyendo poemas propios. Esos videos pueden verse por youtube. 
Dejaré los links y enlaces para quien quiera y esté interesado en leer:
https://www.facebook.com/opcitpoesiaar/?fref=ts
http://eldesaguaderorevista.blogspot.com.ar/2016/03/reportaje-haiku-eugenia-simionato-y-el.html
http://vc-mordiscos.blogspot.com.ar/2015/03/maria-eugenia-simionato.html
http://www.elsigma.com/literatura/poemas-para-abrir-el-cuerpo/12742

mauge_167@hotmail.com

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