EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 17 de abril de 2016

JONIO GONZÁLEZ


Foto: Daniel Mordzinski


En general se instala un estado de alerta como respuesta a alguna imagen o verso que surge de forma espontánea, sin razón aparente. Cuando empiezo a indagar, esa imagen o verso suele asociarse, ahora de forma menos espontánea, a veces incluso inducida, a algún recuerdo, vivencial o sensorial (de ahí el motivo, creo, por el que la primera versión de un poema suelo escribirla a mano), y esos recuerdos a paisajes o situaciones de infancia o juventud. Todo ello produce en mí una suerte de estado de ensoñación (no sé de qué otra manera definirlo) en el que la imagen o el verso inicial va desarrollándose, multiplicándose, autoalimentándose, y casi siempre acaba remitiendo a la historia, a las consecuencias de la historia (o de la realidad objetiva, si se quiere), tanto en lo personal como en lo generacional. Al paso del tiempo, también, a la vida como agonía en el sentido de contienda. Todo esto genera una especie de proceso dialéctico, no sólo entre versos, sino entre poemas; por eso desde hace tiempo suelo concebir series de poemas, o incluso concebir estos en el contexto, más o menos abstracto, de un libro futuro, como si los ecos de unos y otros se fueran convocando para crear voces complementarias. En este sentido, nada me inspira más que las palabras mismas, las imágenes recordadas, esos ecos muchas veces informes. En medio del silencio más perfecto posible.
Como he dicho, los recuerdos guardan relación no sólo con vivencias sino con meras imágenes, muchas de las cuales me acompañan desde siempre y van apareciendo cada tanto en mis poemas (la moneda, el oro, la hierba...). Son como claves de algo que en ocasiones hasta a mí se me escapa. Pueden simbolizar una cosa u otra, dependiendo del texto, y de manera muchas veces autónoma, o automática. Esas imágenes, esos recuerdos, esas vivencias históricas se traducen en ideas pero también en sensaciones, en emociones. El empleo del bolígrafo y el papel parece ponerme en contacto más íntimo con ellas. Luego, una vez dado por acabado el texto, lo que suele ocurrir cuando el propio texto quiere (mi control sobre el mismo se remite en la práctica a una especie de transición entre el verso inicial, espontáneo, y el remate, también espontáneo pero como producto del desarrollo del texto mismo, casi siempre contradiciendo mis posibles planes al respecto), lo vuelco en el ordenador y procedo, sobre todo, a recortar aquello que me parece superfluo, esto es, que obstaculiza esa transición entre la idea inicial y el final del poema.


Poemas:


ALIBI

no estaba lejos 
aquel resplandor alado
aquel susurro de luz
que ponía fin a todo
(avísame cuando se hayan ido)

y yo
aferrada al pasamanos
como el liquen
que muerde las rocas
me apartaba
del silencio
para regresar
al silencio

me desvanecía como la hierba
en el estrépito del fuego



(de Últimos poemas de Eunice Cohen, Plaza y Janés, Barcelona, 1999)


¿HAS VISTO EL FUEGO...?

¿has visto el fuego
entre la nieve
los pájaros
en los ladridos
del humo?
venían
hacia nosotros
enviaban sicarios
éramos
el nido que se escarba
la ventana que se ciega
el paso perdido
más allá del cerro

las balas
olían a huerto
tras la lluvia



EN EL REFLEJO DEL SOL...

en el reflejo del sol
tras una nube
has encontrado por azar
el mismo cielo
de los libros de tu infancia
y has respirado el aire
que en el monte grande
dispersaba el humo
de las fogatas
entre el que bailabas
mientras se acercaba la noche
con su rumor de grillos
su temblor de luciérnagas
sus ídolos
y su desierto


(de Ganar el desierto, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009)


I

se han sentado a dialogar
bajo el calor
sobre la razón de las horas
la extensión de los minutos
el contrato divino con el tiempo
han reunido los pedruscos
del agravio
en un montón calcinado
y han callado
ante el paso de una nube
¿cuánto ha tardado
en surcar el cielo?
¿cuánto le llevará
convertirse en lluvia?


IX

fingimos
inventamos la eternidad a cada paso
la alegría y el dolor
el nombre de la tierra que pisamos
la historia de sus gentes
hasta llegar al centro del castigo
la revuelta
al lugar donde ciegos y milagros
deciden la batalla


XXVIII

la elocuencia es un estuario

también la máscara de la piedad lo es
y la prisa por burlar
la inteligencia del que acecha

la urgencia de matar
y ser amados


(de La invención de los venenos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2015)


Jonio González


Nací en Buenos Aires en 1954. Fundé con Javier Cófreces la revista de poesía La Danza del Ratón, integré con él y con Miguel Gaya el Grupo Onofrio de Poesía Descarnada y resido en Barcelona desde 1983. He sido durante años crítico de jazz y como tal he dado conferencias e integrado los consejos de redacción de las revistas Lateral y Cuadernos de Jazz. Como poeta he sido incluido en diversas antologías, las últimas de las cuales Una antología de la poesía argentina (Santiago de Chile, 2008), Doscientos años de poesía argentina (Buenos Aires, 2010), Antología de poesía argentina de hoy (Barcelona, 2010), Poésie récente d’Argentine: Une anthologie possible (París, 2013) y La doble sombra (Madrid, 2014). He publicado, entre otros, los siguientes poemarios: Onofrio. Grupo de Poesía Descarnada (con Javier Cófreces y Miguel Gaya; Buenos Aires, 1978, reeditado en 2008), El oro de la república (Buenos Aires, 1982), Muro de máscaras (Buenos Aires, 1987), Cecil (Buenos Aires, 1991), Últimos poemas de Eunice Cohen (Barcelona, 1999), El puente (Vic, 2001; Buenos Aires, 2003), Ganar el desierto (Buenos Aires, 2009) y La invención de los venenos (Buenos Aires, 2015).

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jogonzalez@edicionesb.es
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