EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 22 de abril de 2016

KARINA MACCIO





Presto atención a todo, pero esto es como decir nada. En este último tiempo, la sonoridad y la música son fundamentales para mí. Sonoridad puede ser el mar, el ruido del viento en el follaje, cómo pasan a lo lejos los autos o cómo en la madrugada ladra un perro sin parar. De los puntos que mencionás, últimamente escribo muchísimo a partir de “dijiste tal cosa”, y eso me activa, la frase, la línea de diálogo, me vuelve como un boomerang que me golpea hasta que logro escribir qué me pasa con ella. No sueño demasiado ("tengo en mí todos los sueños del mundo" diría Pessoa), pero cuando lo hago generalmente me lleva a la escritura. Escucho música de todo tipo, veo todas las películas que puedo, me encanta ir al cine, también al teatro, pero consigo hacerlo menos. Leo un montón, disperso y fragmentado. Leo porque tengo que preparar clases y siempre encuentro algo que me devuelve a la escritura. Leo porque soy editora y porque coordino un taller literario. Leo, leo y leo. Un tema sobre el que investigo es el amor. Lo esquivé en mi poesía durante años, y un día me dije, Basta, ahora sumergite en este lugar, pozo común y veamos qué sale. Ahí estoy. 

Cuando escribo siento una diversidad de sensaciones. Generalmente tengo ansiedad, me late fuerte el corazón, a veces me da escalofríos, a veces me acaloro como si estuviera corriendo. Definitivamente mi respiración cambia. Me agito. Me emociono. Muchas veces es como si estuviera soñando, estoy en otro plano, reviviendo una situación que me lleva a la escritura pero que sin embargo no es lo que queda plasmado, eso no me interesa. Es encontrar ese detalle o ese quiebre, esa intensidad que es lo que impulsó a escribir en primer lugar. 
Cómo no preguntarse por el cuerpo y el arte, por el cuerpo y la escritura. No lo dije yo, no sé quién fue, pero para mí escribir es como hacer el amor, ese grado de intimidad con la lengua y las letras, con la hoja que se va poblando. Ese grado de exasperación, de prueba y error, esa exposición absoluta. Ese riesgo. Encontrarse con otro tan fuertemente te lleva a un borde. Implica salirse de uno mismo. Perderse y volver a un lugar que ya no es el que era. El cuerpo tocado es otro. La lengua tocada es poesía. 
Voy a recomendar la lectura de Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke. Es un libro maravilloso, hecho de cartas, que también me encanta que así sea, ese género íntimo, en el que Rilke intenta dar su visión a un joven que intenta escribir versos. No sé si es sobre la relación entre el cuerpo y el arte, va más hacia la vida y el arte, pero en definitiva: la vida nos ocurre en el cuerpo, no?

Va un fragmento:
¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser signo y testimonio de ese impulso. Entonces, aproxímese a la naturaleza. Entonces, intente, como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde.


Poemas inéditos:


La risa como una cascada de notas que se deslizan desde tu boca al pecho

Tu corazón las empuja hacia mí
Una a una, como mariposas efímeras, me besan
me rozan
me dan su vibrar
las alas son lenguas tenues
resbalan en mi piel
recorren los accidentes fortuitos que me ocupan
una electricidad me enciende
un fueguito empieza
a crepitar
Tu sonrisa es la caricia más larga que tengo
anidada en mis poros
contagia el chisporrotear subterráneo
de amarilla a naranja voy
me hago roja cítrica rubí
la risa ronronea, ruge, rutila
encandece este cuerpo que llevo
me abrasa de lluvia fresca, ambarina
río y ardo
río y quemo
río estallando en rocío estelar 
me hago agua en tu voz, sobre vos
me hago agua para deslizar, degustar
agua que empapa risueña resuelta
agua de río correntoso, rápido río voy
reís y río
río enloquecido
reímos listos rompientes
acantilados nos rasgamos riendo
reímos en la cumbre de la ola del río
nos mareamos de risa ondulada 
el agua es múltiple
arroyo, cascada, mar
el río es siempre
reír sin parar
en la risa el tiempo se espanta
se detiene obnubilado
a ver tu cara luminosa
tu cara hecha de sol que un poco cubrís 
con tus dedos
entrecerrás los ojos
encandilado 
absolutamente expuesto a la luz
tu alma entre las pestañas
relumbra
hay horas sin fin en el reír
horas estrellas de un cielo celeste que las oculta
pero son nuestras
este conjuro del río
hecho de tu risa y la mía
detiene el invierno, lo triste de vivir
por años solos
sin saber que ese río era real
sin saber que nuestras letras eran notas
gotas que chocan, suenan, se mezclan
río nube muy volada
con risa rotunda y redonda
reina esta música tambor
burbujeo crocante que me sisma
alumbra diáfano este amor
nuestra lluvia etérea de río.


*** 


Cuando pienso que todo acabó

recién empieza.
No sé ver etapas. Nadie sabe.
Es un efecto de la ficción, qué orden le das, es efecto del relato. 

Reparemos tu ficción, dijo el analista. Bien podría haber sido un chino de otro siglo que contara historia simbólicas. 


Ella se quedó con esa frase. Imaginó:

Una hermosa, labrada, cajita china de porcelana. Sutil, casi transparente, la porcelana deja ver adentro otras cajitas, aún más pequeñas que la primera. La cuarta o la quinta tiene un magullón: un borde cascado irrepable. Se golpeó. Se diría: está dañada.
Cuando sucede eso con una taza de té, me da mucha pena tirarla. Su borde raspa. Es de extremada falta de cuidado ofrecerla para que de allí beban. Descortés, desprecio. Por eso, la tengo identificada. No me deshago de ella, pero la aparto, la voy corriendo de las demás. Yo la reconozco pero la aíslo para que nadie la use por error. No me deshago de ella. Me da tristeza arrojarla a la basura, completa como está, inhabilitada por esa cascadura. En algunos caso, la reutilizo. La regenero llenándola de lápices, lapiceras, elementos de escritura, hasta tijeras y correctores. Vuelve a nacer. Las dos, siento, nos sonreímos. No hay mejor lapicero que ella. Guarda todo, sostiene con elegancia, despliega con soltura. Es otra. Feliz, ella, yo. El golpe permanece, no se ve. Habría que examinarla de una forma inclemente. 

Reparemos tu ficción.


Si yo supiera, para empezar, cuál es, qué trama me interesa, que vida realizo aún sin querer. ¿Alguien sabe? 



*** 


Si pudieras sentir lo que se arremolina en mi pecho cuando te veo conectar y luego

te pierdo
indefectiblemente
te pierdo
si pudieras en cada célula de tu cuerpo vibrar con los latidos de este corazón disperso
diversificado en brazos, manos, pelos, en la punta de los pies
si pudieras comprender el abrazo de todos los días, la sonrisa con la que me levanto y te dedico, aunque me duela el alma, esa primera sonrisa es para vos
Si supieras que a pesar de cada tropiezo, de las infatuaciones fantásticas, de las llegadas tarde, de los gritos y los altibajos, cuando me decís 
vení
voy
Si me miraras más detenidamente, te darías cuenta de que te espío, de que quiero descubrir lo enigmático de tu deseo
te quiero complacer hasta que digas basta
y quiero descostillarme en risas hasta que sea el único sonido en tus oídos
como un mar que te arrulla
y así te duermas fresco, acariciado, envuelto en sueños de tu propio poder.
Si supieras que no quiero llorar pero a veces me sale
mucho me sale
busco esa mirada de Te entiendo, o 
mejor
Te abrazo
A veces quiero que me abraces sin estar pendiente del tiempo, de los hijos, de los padres
Quiero que me abraces 5 minutos como si fueran 10 años
ser lo único en ese lapso
tu sangre que fluye alborotada
el mundo es tu cuerpo buscando las ondulaciones del mío
quiero que susurres mi nombre secreto
que mi respiración se vuelva tornado
y el olor a verano animal de tu cuello me penetre completa
que sea amarillo, así me vuelvo 
puro color
manta alma una sensación de esas
que te dejan plácido y me deleito
con tus ojos extraordinarios entrecerrados
tu lengua reposa como degustando un sabor inexplicable 
Si supieras que aunque no lo logre todo (no logre nada) 
todo
hasta lo más incierto lo hago por eso
por regalarte mis horas
quizás así contaras estas lágrimas con cuidado
no se acaban es verdad
no son tuyas es verdad
pero me arruinan la visión, me atragantan me alejan en un río correntoso
me voy
entonces te extraño
el agua derramada es de mi cuerpo
me seco ahogándome
es tan injusto
no poder aferrarme a tu mano
dejarme ir
desperdiciada.

Si supieras (...) (...) (...) 

pero no. 
Quién sabe, por dios!

Saber es lo más difícil porque hablo de lo que está adentro y no se ve. 

Saber es pasar por alto la frase lógica, ir más allá, como cada tanto me sucede en
poesía
esa puerta escondrijo que a tientas empujo
para sonar más
como aquello natural
(las hojas se mueven, chocan entre sí al son del viento: follaje, decimos, cantan los árboles, bailan sus ramas, alteran la luz)
suena el aire
no lo puede evitar.

Ahora estoy 

abandonada de mi naturaleza: 
indefectiblemente 
te pierdo
derivo.

Ojalá algo te raspe al caminar 

y encuentres 
sepas que es
mi letra en tu pie.

*** 


Te digo: en el sueño

en una ciudad de vidrio y jardín
futurista
te digo: había un botón
como acá, en este mensajeador (mensaje de amor, masaje de amor alternativamente corrige el corrector, este señor que no entiendo pero que a veces se ilumina como una pepita en la lengua)
Había un botón en la ciudad de vidrio
nítida
lo presionaba.
Por un lugar como chimenea al cielo
ascendían incontables corazones. 
Te digo: podía elegir el color.
Primero rojo, después probaba azul y verde.
Era hermoso.
Se poblaba el cielo de corazón.
Me decís: corazones como nubes.
Exacto, así lo vi.
Me decís lo que sueño como si estuvieras 
ahí, conmigo.
Te cuento: sabía yo en el sueño que era vida en ese momento que
si agarraba un corazón
de esos que volaban
algo maravilloso ocurría
algo distinto para cada quien
definitivamente maravilloso.
Sucedía, sin embargo,
-sabíalo en el sueño que era vida así-
que agarrar un corazón era
definitivamente, prácticamente,
imposible.
No importaba.
En el sueño que era vida por un instante
yo me preparaba
elegía un color
buscaba amarillo
me alistaba, tomaba aire, fuerza.
Me decía: presionás y salís.
Preguntaste con buen tino: ¿volabas?
No, te aclaré. Corría, a toda velocidad
Corría como un animal veloz, intocable.
Y ya no supe qué pasaba en el sueñovida. 
Corría y corría en el aire. Transparente. 
Observaste, con precisión absoluta:

Hay que agarrar un corazón y correr.

Tan cierto, pensé.
Tan real y sueño: lograrlo.
Hay que agarrar un corazón y correr. 
Entonces, me di cuenta por vos
de lo que se trata este sueñovida:
recuperar el corazón perdido que vuela entre nubes
ese propio que dejamos ir
hasta que decidamos correr a buscarlo
correr a sentir todo de nuevo
en el tiempo mínimo de cada latido 
que poseemos, regalado.

Agarrá tu corazón, corramos.



***


No te pasa que después de esa montaña de caricias, paladeos, apretones, trenzados de brazos y piernas, te sentís raro?
No sé, como que algo te falta

Algo falta siempre


Pero después del abotonarse sin fin, de encontrar donde encajan y lucen tu cuerpo el mío, como si habláramos de engarces perfectos de piedras preciosas, no te pasa que eso que falta

se nota más?
Me invade
Me levanto en el extrañamiento de mí
No entiendo qué estoy haciendo
Dónde estás
Por qué no puedo besarte
En tus marcas hay consuelo y lo odio
Es una ambivalencia desastrosa:
Este muslo posee las huellas de tus dedos pequeñas sombras de una estadía que ya siento lejana
Recorro esos morados como si desprendieran restos que pudiera recolectar
(yo, la ilusionada niña del cántaro roto)

Entonces me quedo en palpar y oler, olerte en las partes recónditas 

Cierro los ojos para contemplar absorta el rewind de la escena
Me quedo mirándonos
si pudiera de afuera
Una película
Pronto parece irreal y se desvanece 
La película se quema
¿Es nuestro calor? Ese derretirnos completamente hasta que el cuarto es un despojo de arroyos y charcos, colinas de sábanas, maderas desperdigadas, pedazos nuestros como piñas, caídas al azar acá y allá, esperando otra lluvia para germinar?
Sin embargo, ese paisaje no existe
más que en nosotros
conformación alucinada
llamarnos vos y yo juntos
en realidad quiénes 
innominados andamos, iniciales
iniciáticos de la lengua
¿no te pasa sentir cada palabra en la boca del otro? 
Digo "lluvia" y no pasa nada
Decís "lluvia" y el conjuro funciona:
llueve en mí
me refrescás
así con "tanto", "basta", "más"
así con cada diminutivo que redondeás
perlas que cultivás para darme, excitarme
Tanto Basta Más

Más Más Más    Basta 


Más

Tanto 
Tanto Más

Decís: Vamos


Tenemos que ir

ir es irnos de nosotros
Asiento, qué puedo hacer?
Ese esfuerzo de ir es muscular
Adentro me trizo completa, cae la montaña de astillas, se apila en mis pies, el corazón el pecho vuelto vidrio
esquirlas que pinchan, que no puedo mover
Escribo: No te pasa que después...
No puedo ni decirlo
mirá si no coincidimos, la pregunta implica eso
mirá si nada de esto te pasa
Y resulta
que estabas pensando parecido
sintiendo igual 
y te escucho decirlo
tan distinto
el acento nos convoca
en tu boca la mía o al revés
la sorpresa dorada de coincidir

No te pasa que parece imposible

pero es?



Karina Maccio


Soy escritora, editora, apasionada por la traducción y profe de semiología en el Carlos Pellegrini. Dirijo Siempre de Viaje, talleres de lectura y escritura, y Viajera Editorial, dedicada a la literatura contemporánea, especialmente a la poesía. Amo organizar encuentros donde la poesía brille y sea un viaje. 

Publiqué Ocre, Amarillo vol1 (Textos Intrusos); Mis Peores Poemas de Amor/My love worst poems (SV ediciones; traducido por Annie McDermott, Viajera); Diario de la Transformación (Viajera); La Pérdida o La Pérdida (Viajera); Impresos en rojo (Gog y Magog); Ferina (La Bohemia); Lestrygonia (Aurelia Rivera); Pupilas Estrelladas (Siesta).

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