EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 12 de abril de 2016

MARÍA DE LA PAZ GARBEROGLIO





Hay un lugar que es la nada y hay una casa de colores raros: la memoria. En la memoria hay palabras amontonadas haciéndose lugar.
Con el cuerpo hago cosas raras que nadie ve. Y de todos modos me sostengo, entre las cosas sueltas, entre las cosas descoloridas.
Espero una palabra disfrazada. Cuento la historia de alguien que vive en un libro vigilado por un pájaro.
Alguien más escribe, viaja vestido con mis palabras. Me muevo contra el viento, encuentro la casa. 


En el gran mundo como en una jaula
afino un instrumento peligroso.”
Enrique Lihn

I

A veces uno es fuerte.
Vientos desconocidos
hablan en voz muy alta,
se comen las manzanas,
¿otra vez?
No es un destino,
alguien sobrevive
para hacer una seña
con las manos.
Es el presente. 
Es el miedo bueno.


II

Continuamos con los viajes
de marzo. Lluvia.
¡Yo estaba en un poema!
Allá, junto al bosque de bambú.
Y palabras muy fuertes
me cercaron.
¿Me conocen?, pregunté.
Es lo bello de cada día
lo que irrumpe,
vaivenes.


III


Otra vez en mí,
con y sin el lenguaje.
El vestido de la normalidad,
el año.
A veces, un animal 
que se siente rodeado
me pide ayuda.
Esto también 
se volverá recuerdo.

Otra vez el sol claro,
anuncia que veremos pasar 
la primavera
en una mano.


IV

Saludar la memoria de los peces, 
dice el pescador.
Vender las cosas de una espera. 
Ser, de la mañana, guardián
que trabaja en el silencio.

Deseos 
que se presentan
en la mitad de un sigiloso sueño.


V

Cuánto tiempo sostenemos en el aire
un relato vivo,
el silencio que estaba aquí guardado,
tu camisa de cuando fuiste padre, en los años ´70.
¿Soñaste muchas veces con un parque de diversiones?
Había una gran pista redonda, en la que resbalábamos, 
desde ahí se veía una ventana muy pequeña, y un cielo raro
como los de los sueños en blanco y negro
o de los días lluviosos.
Es una fuerza extraña recordar.
Te convido un paseo junto a la laguna blanca,
una esquina.

María  de la Paz Garberoglio




Soy del ´75, vivo en Buenos Aires, publiqué Museo, La ruta del bien y Lo cómodo de vivir.


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