EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 21 de abril de 2016

SILVANA LACARRA




Por lo general me encuentro de pie y disfruto de la luz natural. Constantemente estoy bocetando y experimentando con diversos materiales que suelen ser industriales.
Mis cuadrados, rectángulos, círculos, líneas y cortes; son de materiales industriales, de plantas de maíz, de hojas de gomero laqueadas, de plástico, de revestimientos, de alpaca, de aluminio, de cortezas de eucalipto, de limonero de Ceilán, de raíz de abedul, de raíz de laurel, de raíz de nogal. Con esos materiales pobres y ricos estructuro silencio, vacío, curvatura del arco, economía de sensaciones, precisión, ritmo, cadencia.



Mi trabajo puede parecer muchas veces pintura pero ha sido siempre escultura. Me gustan los desafíos de la materia, la materialidad, doblegar su resistencia o desplegar sus otras potencialidades.

En el campo sí existe la sobremesa. Yo me escapaba, cruzaba al rancho de Cusy, la nodriza de mi papá. El cruce era un plano verde, el rancho un cubo un poco abollado. Robaba cubitos de azúcar para ella y ella me hacía pigmeos, unos pollos chiquititos, unas esferitas marrones y rojas. Papá esculpía el jardín con sus tijeras, lo hace todavía hoy . Mamá hacía bombones, pequeñas esculturas de chocolate. 

En mi obra existe el aire libre. Mi obra está hecha del espacio exterior y también en un espacio interior. Soy metódica y dispersa, lo luminoso de mí, lo que crea, fluye capilar y riguroso, se construye como una arborescencia, tiene una raíz, un rigor que la empuja hacia un sol y no otro, y se da dones, lujos, se rizoma con rigores metódicos, se busca a sí misma como un desarrollo, como se da la semilla que crece.




Soy de trabajar mucho en cada obra, y en varias al mismo tiempo. 
Todo tiene que ver con la materialidad; me mantengo constantemente realizando investigaciones sobre diferentes materialidades  y de las múltiples formas en que se pueden manipular, sacándoles así el mayor provecho posible. Finalmente de esta forma me veo trabajando en más de una obra a la vez. Con el tema de las influencias, hoy en día es necesario estar al corriente de lo que hacen los colegas, por lo que todo el tiempo estoy recibiendo influencias de otras obras de arte, es un proceso necesario para el enriquecimiento de la obra propia.



Fórmica es un material industrial. La relación que he desarrollado con este material en el transcurso de la última década, se basa principalmente en sus propiedades físicas: su grosor, peso, falta de flexibilidad y color. Todas estas características inducen y provocan mi trabajo . La "falta de docilidad" de la fórmica inspira las operaciones que realizo en ella. Yo diría que la resistencia del material es lo que me motiva, me conduce. El color de la fórmica es el color de la obra, pintar no es posible; cuando elijo una placa de fórmica sé que estoy eligiendo el color de la obra.
La imagen verdadera proviene del material: El laminado plástico, la fórmica, nació como un símil económico de la madera; la clase media lo adoptó no por su calidad imitativa, sino por su pretensión de solidez.



La materialidad es la preocupación central en toda mi obra. Cuando trabajo no trato de desdecir la cualidad de los diferentes materiales, sino que me gusta reposar en la belleza propia del material. Lo contrario a disimularlo. Lo que busco es “exponerlo”. El trabajo artístico está en las antípodas de lo que se considera sólido: avanza a tientas sin llegar a destino o, en el mejor de los casos, simulando las llegadas, fragmentando los destinos. Todo material, expuesto en la abstracción de la obra misma, cuenta un triple sentido: en primer lugar, la historia de sí mismo, develado como materia; en segundo, su historia en y a través de los objetos, donde el material es sí mismo y deja de serlo, al mismo tiempo, sin cambiar materialmente; por último, su propia historia, la que se conjuga a través de su existencia como parte de una cotidianidad que ignora porque no le pertenece: la fragilidad de nosotros todos.

En la marquetería desando el rumbo de mis grandes esculturas de los últimos años para concentrarme en las vetas de los árboles de mi infancia, esos que todavía circundan a mis seres queridos.

Asumo la figuración con una mente signada por el pensamiento abstracto, por la preeminencia de la forma y el color. Dar todo el protagonismo al material,  a la madera. Las vetas imponen su misterio, cargando de sentido esas formas simples.

En mi trabajo está mi cuerpo, van de la mano. Cuando comienzo a trabajar, es mi cuerpo el primero en involucrarse, creo que esa relación entre el cuerpo y la obra es la que enriquece el concepto; al fin y al cabo cada obra es como un hijo, viene desde lo más profundo de nuestra alma y sale al mundo para seguir creciendo, para aprender, para conocer.

Un libro que me gustaría recomendar y compartir con ustedes es el de Wassily Kandisnky, De lo espiritual en el arte, ya que me reencontré con él hace un par de días atrás y es un libro maravilloso para leer.

Silvana Lacarra



Como artista inicié mis estudios en el Instituto Saint Joseph de Bragrado, para luego continuar en el taller de Alberto Cedrón en la Boca. En el año 1997 participé en la tercera edición del Programa para Artistas Jóvenes dirigido por Guillermo Kuitca. Desde ese momento decidí dedicarme en un cien por cien a las artes visuales. A lo largo de mi carrera he realizado diversas exposiciones grupales e individuales tanto a nivel nacional como internacional (Brasil, Estados Unidos, Chile, Venezuela, entre otros), participé de residencias, salones de arte y parte de mi obra se encuentra tanto en colecciones privadas como públicas.

El crecer en el campo, como ya lo he mencionado antes, ha influenciado mi obra de manera permanente, y no sólo aparece en la materialidad o el color, sino también en el concepto mismo de la obra, en su organicidad, su maleabilidad, su calor. Como artista me interesa trabajar y llevar a sus extremos a los materiales, involucrar mi cuerpo en el tacto, el olfato, la vista, el gusto, todos ejercicios que sigo realizando en cada viaje al campo, el de observar, sentir, vivir el entorno, apreciar sus texturas y sus cambios. Como artista me atraviesa la naturaleza, esa con la que crecí, esa en la que encuentro los conceptos para trabajar.


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