EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 22 de abril de 2016

SILVIA CASTRO

Niño con netbook


Cuando se transitan muchos kilómetros para vivir, las ventanillas mueven el mundo o lo detienen. Viví mis primeros años en un territorio extenso, helado y uniforme a simple vista. Mis afectos quedaban lejos por exilios políticos o familiares. Soy de una familia de gente que se las toma. Arraigo al escribir, en el momento en que el paisaje se queda quieto, o se entuba para poder entrar en detalles, tomar oxígeno. Puedo escribir en cualquier sitio, de cualquier modo, y siempre lo hago fragmentariamente. Después en algún momento llega la inmersión y edición. Prefiero hablar de edición y no de corrección. Con la fotografía es igual, es importante el momento de la toma, y se hace con todo el cuerpo. Me gusta treparme, colgarme, tirarme o pasar incomodidades si es necesario. Luego viene una etapa no menos agitada, de relectura de la imagen, decisiones de edición y armado de series. 

Niños mineros potosinos


Desconfío de toda comodidad, por eso trabajo desde muy joven, muchas horas, todos los días, con gente vulnerable y talentosa, en sitios discontinuados de todo privilegio. Mi escritura se alimenta de eso también. Cuando me preguntan en qué soy licenciada respondo que tengo una maestría en villa. Tengo debilidad por los obreros que escriben, como Erri de Luca o Kike Ferrari, que son los últimos que leí.
Viajo a pueblos con la cámara y la notebook. Por lo general, escribo antes, y al llegar compruebo lo escrito en la geografía, como una anticrónica. La cámara tramita lo no verbalizable.

Uno piensa el cuerpo como si ese cuerpo no fuera uno. Uno piensa el arte desde ese extraño estar y no estar. Me miro los pies y pienso “yo también soy estos pies”. Cuando escribo en la computadora se me hinchan los pies. Me tiro en la cama boca arriba, levanto los pies, los miro y recuerdo que estoy ahí, en esos dedos y uñas. Al lado están los libros. Mi biblioteca está al lado de mi cama y cerca de la terraza. No soy una poeta de escritorio. Prefiero que haya mucho cielo arriba de lo que escribo, arriba de mis pies.

Pies en el aire



Silvia en el Parque de la Memoria.

El aire es todo lo que no es cuerpo, pero tampoco. Tengo un saxo que toco muy mal. Escucho jazz todo el día. Atiendo a la respiración para escribir. Respiro como Darth Vader cuando me angustio y eso me calma. Camino por la calle sonando a lado oscuro.  A veces escribo sin aire, a veces me sobra y tengo que ventilar. Me gustaría tener un agujero en la espalda como las ballenas. Como las cámaras. Hay fotos que se sacan sin respirar, con los codos clavados debajo de las costillas, por lo general cuando no abunda la luz, para evitar desenfoques.
Si tengo que elegir un solo autor, sin duda es Lucrecio. Este Lucrecio: 
“Y a qué distancia esté de nosotros cada cosa, su imagen nos lo hace ver y nos da el medio de discernirlo. Pues, al ser emitida, al punto impele y empuja el aire interpuesto entre ella y los ojos; todo este aire fluye a través de nuestros ojos, despeja, por decirlo así, las pupilas y pasa. He aquí cómo apreciamos lo que dista cada cosa; y cuanto más aire es empujado adelante por la imagen, cuanto mayor es la corriente que roza nuestros ojos, más distanciado nos parece estar el objeto; pero entiéndase que todo sucede con gran rapidez, de modo que a un tiempo vemos lo que el objeto es y cuán lejos se encuentra.” (De rerum natura. Libro IV)



Poemas:


El tendal      (de Puelches)


me estoy tocando
digo al aire

me estoy tocando
a ver si estoy

todavía no es la muerte
pero escucho 
los golpes que pega en la ropa

al otro lado 
el cuerpo responde

por todo lo hueco
pasa el Salado

los ojos se secan
como los caracoles

desierto blanco
sin lágrimas
lagañas de yuyo

no sé donde termina el viento
el río llega hasta acá 

sal de la casa
me dice

las antenas se disuelven 
en el aire caliente

borrosa y sin voz
la corriente 
cabe en una cuchara


Gomería      (de Puelches)

la foto detuvo el cuentakilómetros
la chica de Good Year
abandona la pared
cubierta apenas
con dos parches negros

ningún agujero es de este mundo
por eso los clavos
a la larga
la dejan caer

el afiche pesa más que la herrumbre

como los pechos con la edad
el almanaque del buen año
orejea por los bordes

el pudor amarillea y la sonrisa
detenida en el acto
no es para la foto ni para el cliente


ella no es de este mundo
como tampoco lo es 
el agujero en la cámara

en la batea 
respira el exceso
corcovea hasta entregarse
como una ballena 



Haces de luz      (de El lado manco)

Cómo se puede no hacer
lo que no se hizo.

No hubo pasado  mejor.
No hubo una vez.

Sin embargo te recuerdo
tomando de mi mano
el vaso gigante.

El agua rota en su llave doble.

Un dolor para cada umbral.

Vestida de encaje
la carne
mide la forma.

Estoy haciendo milagros con la sensibilidad.
La línea está bebida.

Sólo baila y mide la forma.

La foto es el principio del  fin.
Me toma el tiempo.



Los pies en el aire      (de El lado manco)

Bienvenidos a lo insoportable
la carne ha dejado de ser humana
es la carne del pedido
la imposible carne

la vida no prefiere el aire invisible

bienvenidos

bienvenidos
señores
a bajar de los aviones

es urgente señores del decir

digamos
que muy urgente

los muertos no quieren ser muertos
desaparecen
para el pedido

y no vuelven
a menos que

se haga carne lo que sólo fue voz
voladora
trashumante

señores, señores
del aire bajensé

desde lejos no se ve la carne 

Silvia Castro


Nací en General Roca, Río Negro, en 1968 y vivo en Bs. As desde 1993. Soy bibliotecaria en Abasto, donde vivo. Trabajo con niños, docentes y escritores. Coordino un ciclo de lecturas y entrevistas a poetas en el Centro Cultural de la Cooperación y estoy en la organización del Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro, de Buenos Aires. Soy poeta y fotógrafa. Colaboro con reseñas en algunas publicaciones. Integro varias antologías. Debo a Alberto Muñoz buena parte de lo que soy como poeta. Mi obra hasta hoy se detalla a continuación.
Libros de fotografía: Anagramas, Sphera, Pehuén, Abra, Sin párpados, La soga de la ropa, Caja china y Dulce Aldea/Copahue 
Libros de poesía: La Selva Fría (En Danza, 2006), Tura - X ejercicios de Poesía Rubik (El Suri Porfiado, 2012), Isondú (El Suri Porfiado, 2014)
Libros inéditos: Puelches, El doble de la nada (Lago Epecuén) y El lado manco.
Mail: lejanaeslareinay@gmail.com
Blog: http://silviaocastro.blogspot.com.ar/

1 comentario:

  1. Bellos poemas, un gusto leer cuando se siente el compromiso desde la escritura con lo social, con lo que nos rodea o invade, abz Gus.

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