EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 10 de abril de 2016

YAMILA BARRAZA





Creo que el único rito -siempre presente- es el mate. Sola o en el taller con amigos y colegas, de día o de noche, trabajando con pinturas o cerámica, el que nunca falta es el amarguito.
No hay un tiempo del día ni una continuidad en el día a día, o sí, si contemplo los intervalos de quietud como vacío necesario para volver al soporte: tela, papel o arcilla.
Transité años la pintura. Exploré óleo, acrílico, tintas y collage. Y otros tantos años de cerámica pasando por el modelado y la técnica del torno. La búsqueda del barro surgió de la necesidad imperiosa de llegar a la tercera dimensión involucrando, aún más, el cuerpo.



En la pintura tiendo a pararme cuando el soporte es grande. Alejarme, observar y retomar con aire renovado. El cuerpo está en la obra y más presente en el trabajo con la arcilla. Fue con ella que redescubrí mis manos, parte aletargada hasta entonces por vivencias pasadas. Ahora son dadoras de vida al barro, a la tierra, a eso de dónde venimos.
Casi todo surge de las vivencias. Son imágenes que pasean sin un rumbo cierto dentro de mí. Surgen de recuerdos de infancia, viajes por el país y Latinoamérica, y otros tantos viajes a mi interior envolviendo sensaciones y sentimientos cual huracán. Hay una serie, en particular, que surgió de unos sueños que tuve entre el 2012 y 2014. Soñaba en colores. Me despertaba y las imágenes volvían a mí y así las describía en mi libreta. Poco a poco fueron sintetizándose hasta que decidí llevarlas al papel. Los más significativos pasaron a tela. 
En general,  no hay boceto. La imagen está ahí hasta que se anima a brotar. Como una semilla. Y ahí comienza el proceso desde el color y la forma. En el último tiempo trabajé con acrílicos y tintas, buscando las formas desde lo aguado, velado, superpuesto. Dentro de esa sutileza se inmiscuyó el collage.



Aprendo y disfruto de mirar.  Pasear al aire libre, detenerme en la naturaleza; recorrer museos y exposiciones; y observar lo cotidiano. Las fotografías son un disparador. Tengo álbumes de todo: eventos familiares, paseos por la ciudad, paisajes de los viajes   -un transitar entre el mar y montaña- de obras de artistas descubiertas en exposiciones.  Todo eso va formando una biblioteca interior a la cual recurrir al momento de pintar o modelar. El teatro y la música también están presentes. Lo folclórico fue tomando mayor fuerza y su búsqueda continua a través de la danza, que desde hace un año , estoy explorando. Me agrada pintar con música pero la verdad es que al concentrarme me aíslo de todo, hasta de la música. Aunque pienso que muy por lo bajo debe seguir haciendo de las suyas.
La obra me invade. Al terminar una obra, y colgar los pinceles o las estecas, el cuerpo se siente pesado, como si la energía de uno saliera del pincel a la tela. Y con la arcilla aún más: los dedos son un hundirse en la materia y dejarse llevar. Es una terapia de relajación. Suelo entrar en un estado de ensimismamiento del cual salgo por el llamado insistente de un amigo acercando un mate.
Hace cuatro años que una médica me observa clínica y hematológicamente, registrando los vaivenes del cuerpo y de la mente, y ha llegado a la siguiente conclusión: "te recetaría viajes y que sigas creando y bailando lo que te gusta"







Yamila Barraza 


Nací en la ciudad de las diagonales, La Plata, donde se toman micros para ir a cualquier lado. Amo viajar desde que tengo recuerdos. A los 18 años me vine a estudiar a CABA y me quedé. Hoy pienso en irme a la montaña y construir mi casa-taller a orillas de un río. Ese fue siempre mi sueño y la imagen que viene a mi cuando me preguntan: "¿cómo te ves de grande?", ¿más grande? Tengo 37 años, recibida de Ingeniera Industrial y comenzando la carrera de ceramista. La pintura y la cerámica me acompañan desde mi niñez pero fue en Villa crespo donde formalicé el tema concurriendo al taller de mi maestra y amiga Ana Adjiman durante unos 10 años. Se sumó el taller de modelado cerámico y torno a cargo de Lucía Perez y Laura Tirelli. Vivo cerca del parque, el Centenario, en unos 23 m2 repletos de color, objetos y cuadros. Hay quienes me llaman la Ingeniera hippie. Tengo una familia que me apoya en todo lo que emprendo, y unos amigos de fierro que acompañan siempre.



1 comentario: