EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 19 de mayo de 2016

ANTOLOGÍA FEBRERO/MAYO 2016 - 100 AUTORES - MAPA DEL SITIO II





1






2


La mayor estupidez

¿No es acaso la esperanza
como aquel filete pintado
en un colectivo guatemalteco
que se nos escapa
diluyéndose
tras un vidrio
en la carretera?




3


Pearl

Cuando suena Move over  tomo sol
en la terraza, bajo mi espalda hierve
la membrana plateada impermeable
y el verano y el aceite Johnson
me calcinan la piel.
Cuando suena Move over me pregunto
cuántas cosas podré hacer en esta vida
y concluyo que todas.
Estoy despierta, pero el mundo duerme
su antigua siesta mientras Move over suena
y en el zaguán de un edificio tomado
mi amante palestino
me da un beso. Su lengua asoma
femínea y delicada
entre los pelos negros de la barba
cuando suena Move over.
Pero una chica como yo – y él no lo sabe-
hubiera muerto por besar a Jannis Joplin
entrando a la cabina de un estudio
con manos anilladas y vibrando
a capella Summertime.
Los platillos redoblan las campanas
porque ella sigue ardiendo o porque nunca
lo estuvo más que cantándome Move over
en mis auriculares.
La música es un río que esta tarde
desemboca en su boca que es el cuadro de Munch
y los golpes de bata alejan como un viaje de Roiphnol
cualquier pasado, con excepción del suyo.
Y al sonar de Move over, Janis Joplin
tiene los ojos de mi amiga Carolina, ocultos bajo lentes
redondos y dorados y el pelo revuelto y abundante.
Ella me mira con el verde de esos iris que atraviesan los vidrios
me mira con la fuerza concentrada de ese verde
muriendo en su esplendor
como el amor
mientras suena Move over.




4


19-

sueño mucho despierto, recuerdo mucho,
añoro mucho, invoco imágenes de la vida en otro
tiempo, de cosas simples y ordinarias, ahora posibles.
el mundo de antaño ha sido sustituido por el de hoy.
leer es igual a entonces y escribir también. simular
una dirección, un camino en la incierta huida
hacia el sur. leer es decidir. pero una cosa la trinchera
y otra el matadero. mi apellido continuará
sin terminar en consonante y espero bajar al sepulcro
de manera natural. entiendo que hay dos métodos
para determinar cuánto lleva muerto un cuerpo,
un texto: o bien observando su grado
de descomposición o bien cuán roído está
por las ratas. si estás perdido, quédate
donde estás. alguien te va encontrar.




5


LA VOZ DE TRUENO EN EL PASILLO SE APROXIMA...
Desde los mismos finales de un tubo
La voz de león despierta el deseo
Que parecía dormido 
Como una palta abierta que en lugar de corazón
Tiene un carozo, una piedra descartada
De cerámica verdosa cubierta por  la humildad
De los árboles que amparan 
La idea del comienzo en la semilla  



6

Subsistencia

En Groenlandia un hombre caza sus aves,
escondido en el mismo lugar que sus ancestros.
Coloca las aves en una bolsa de piel de foca,
cose y unta sus junturas,
luego la entierra bajo las rocas
hasta el próximo invierno.

Aquí otro hombre escribe sus poemas,
escondido detrás de sus antiguas visiones,
en la misma persistencia
No guardará ni enterrará nada
Escribirá toda una vida para reunir

una gota de silencio.

Laura García del Castaño





7

I

Cuando mi madre hace un silencio
es porque sobrevuela sus flores
un colibrí de tonos azules.
Las tardes de verano en el patio
con los gatos extendidos a la sombra
de un aromo que crece enorme
suelen tener esa manifestación divina.
El pájaro puede irse y luego volver
construyendo otro silencio.
Yo sólo pienso y contemplo,
así ha sido la vida de mi madre,
un momento detenido tras otro
en el que la muerte se ha querido posar en ella
con la prestancia de un pájaro eléctrico.

Diego Brando




8


Perra

Mi perra se cayó en una pileta de agua de invierno.
Me tiro de cabeza para salvarla.
Pido que alguien maneje hasta un lugar cerrado.
Una compañera quejosa agarra la llave del auto.
A ella le digo, ¿viste para lo que sirve quejarse? Para darte cuenta de que sos un imbécil.
Andá lo más rápido que puedas.
Lloro mientras aprieto la muerte entre mis piernas y mis brazos.
Llegamos a una casa abandonada con una estufa encendida.
Dejo sobre el piso a la perra.
Lloro.
Pero cuando la estoy cubriendo con una manta para prohibir que exhiba su dolor
me sorprende su hocico negro
que comienza a moverse tan despacio como la respiración.




9


Pájaro en el palo

Un pájaro pega en el palo. 
En las avenidas, bajo los árboles, 
en los caminos de cintura, 
quieren saber qué pasa con el cruce 
de un pájaro y un palo, 
qué fue del pájaro después del palo, 
qué quedó del vuelo, dónde 
cayó lo que volaba, qué marca en el palo 
dejó aquello que venía y sacudió el aire, 
quién puso ahí ese palo, cómo fue, 
de dónde vino lo que se estrelló. 
Nadie vio nada, nunca se sabe 
qué música suena 
en el cuerpo de un pájaro 
que pega en el palo.




10


Sobreviviente

Amanezco con el pecho desnudo 
junto a un soldado raso que fuma al sol.
Un bere bere me ofrece su pipa de kif 
los otros tripulantes 
han sido enterrados de pie 
junto a un muro.

¿Escuché, acaso
el ulular de barcos en la tormenta
el gemir de los ahogados
el grito de los niños en el jardín?
Nada salvo el rumor del mar.

Bajo el mosquitero de una cama en Tánger
sigo con la vista la ruta de las arañas.
Me cura el sueño.
Con párpados pesados 
me adormezco al sol
inmóvil quién sabe hasta cuándo.





11


4

Oscuro y tibio
como un genital
es el olvido.




12





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14


LOS DÍAS PERDIDOS

Al mirar una locomotora vemos una máquina Singer
al mirar una Singer vemos la rueda de hierro la rueca
al burro girando alrededor del molino levantando agua.
Al ver el agua vemos el aljibe con su roldana giratoria
al ver el giro de la roldana escuchamos el canto del óxido
al escuchar cantar tocamos el hombro de la amada
tocamos la curva del pez tocamos la seda.

Al tocar el hombro vemos el hilo de las despedidas
al escuchar el adiós oímos el golpe del viento en la velas 
al ver la nave escuchamos la tierra girar en su canto de óxido.
Al oír el giro de la tierra movemos un asno alrededor del molino
al mirar el aspa levantamos el agua y oímos las velas
al oír la nave tocamos el hombro de los peces
tocamos la curva del tren tocamos la seda.




15


Mamushkas


Con el alma cubierta por un cuerpo y una máscara, o varias

deambulo por este puerto, gris y horrible como todos los del Este
pensando en alguien, como una especie de mamushka
que contiene una persona dentro de otra y otra y otra

al fin de cuentas, quien inventó esa muñeca

debió tener una idea parecida
lo que quizás no supo, es que en nosotros el número tiende al infinito

como un lienzo con capas superpuestas que solo muestra la última

una sonrisa que encubre el odio
un torturador mimetizado en buen vecino
un texto que oculta algo

así vamos por la vida

disfrazados camaleónicos agazapados
todos impostores

el ruido de un coche doblando en el muelle me distrae

y hace que mis pensamientos se desvanezcan
intento volver sobre ellos, pero ya no puedo

el mundo parece ser otro, no el mismo que segundos atrás

ni siquiera recuerdo el nombre de quien ocupaba mi cabeza
o como llegué hasta acá
en unas horas subiré al barco y dejaré este lugar.

Lo que hace la nostalgia no siempre es volvernos tristes.





16

      

A Tani, a Macky


PODRÍA SER LA ÚLTIMA TARDE AQUÍ...
o tal vez el tiempo se detenga sin pedir permiso.
El cielo es allá afuera, casi árido,
y esta casa se esfuerza en su tarea de abrigar,
de sostener lo suyo.
Las risas de los hijos quiebran
el volumen que permite entender las voces;
la mirada llega sola a cada personaje
y la historia es la misma y otra a la vez.
In the mood for love*: insiste
la palabra a través de la muerte.
La música multiplica el instante
y casi invita a olvidar cada tono.
Pero el secreto es un hoyo
pequeño en un muro que brota.




17

Extractos de “Mágico Hermoso Profundo”


Cuando alguien levanta
los brazos así
es que quiere tocar el cielo.
En cambio si alguien se ubica
en una posición plegable
es que quiere ir
al fondo de la tierra.
Si alguien gira en círculos
casi sobre el mismo eje
y extiende los brazos
hacia los costados
en línea recta
es que quiere
expandirse o explotar.
Hay que prestar atención
cuando alguien hace eso
significa que la consecuencia
no puede determinarse.
Si alguien va caminando
y de golpe trata de doblar
el cuerpo por la mitad
y le sale sin querer
hacia el lado de la espalda
eso queda muy raro
a nivel visual
pero significa que se siente
con confianza.
No lo decepciones
tratando de entender
qué le pasa.




18


ESTÁ ACOSTADA EN UNA HAMACA PARAGUAYA...
La mirada perdida en un tiempo que no está
en un hombre que se fue
en una hija que eligió olvidarla
Lleva el tabaco a la boca
Fuma
Mientras lanza el humo que puebla su cuerpo viejo
deja que un brazo cuelgue por fuera de la tela que la sostiene
Los dedos amarillos
de esa única mano a la vista
aferran un cigarro que se consume empecinado
La ceniza cae
persistente
De repente asoma su cabeza y mira
la alfombra gris coloreando el piso verde
Un largo y agudo quejido se escucha entonces frente a
cada resto de fuego esparcido
como si fueran esquirlas de una vida pasada
acorralándola





19








20


Santa Pelagia de Antioquía
(8 de octubre. Ermitaña. La apodaban la Venerable)


Un día me hablaron de un Dios que bajó del cielo.
Me dijeron que una palabra de Su boca
levantaba a los muertos del sepulcro,
que Su mano detenía y desataba la lluvia.

Me dijeron que Su sangre era más dulce que la miel.

No quiero probar la almendra negra de la muerte:
voy a repartir mis bienes y mis joyas, 
voy a ocultar mi nombre en un nombre de varón.

Kirie eleison, Christe eleison, Kirie eleison.

Mis pies se hunden en el borde del desierto.




21


La misma hebra


Las poetas arman lazos entre ellas, tejen matras, ponchos, 
se pasan recetas, 
acomodan un mundo en femenino a propia hechura
Liliana Campazzo, Coser con agua


Tejer con agua
la distancia
que separa
mi corazón               del mundo

¿y qué es el mundo?

Tres niños
juntando los colores
entre los pastos
y una madre que cuelga
la hebra teñida al sol
en el verdor de Dalcahue.

La misma hebra

trenza Carmen
en sus muñecas de mimbre
bajo los dioses tutelares de Pachacamac

la misma hebra
moja el mar chilote

¿y qué es mi corazón?

Un huso de madera
que gira en sus días redondos
un hilo claro de agua
en la urdimbre vegetal de las islas

el mar aquí     la piedra aquí


el festón del oleaje
que cose
el dolor del mundo.







22


El método formal

Cuánta oscuridad viaja
en la sangre.

Todo se duplica desde el ojo:
el miedo a la guerra, a estar viva de nuevo,
el diario de Tolstoi diciéndome
no recuerdo si limpié el desván.

Hoy empecé a ver doble
nuevamente:

el cuerpo habla
si lo dejan. 




23

Existe un mundo

donde todavía están conmigo
mis muelas de juicio
la llave del viejo departamento
las fotos de mi infancia
todas las cosas que perdí, refulgentes
como el oro, que brilla en la noche.
Ay, si viviera en aquel mundo
ya no sería importante para mí
escribir poesía.




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25


Orión

Traduzco a un autor cruel consigo mismo
que me enreda en sus frases; y le presto
la microfibra azul de tinta china
a mi hijito de cinco, Galileo,
para poder seguir una hora más. Dibuja
en hojas color crema un auto enorme
con más de diez ventanas, luego unos helicópteros
donde están su familia cercana y otros grupos
de amigos y parientes. Cuando me entrega
los diseños terminados, planos monocromos,
la hoja de abajo aparece acribillada
de puntitos azules. “Son estrellas”, me dice.
Y empieza a unir rayitas, gotas, manchas
infinitesimales que el azar dejó pasar
a través de la textura porosa
de sus papeles de trabajo, de a poco va
formando una figura. “¿Qué dibujás?”, pregunto.
“Uno las estrellas para armar a Orión”, me dice.
Así es, asombrado me fijo en el muñeco
que levanta su brazo hecho de puntos azules
y que exhibe orgulloso un cinturón notable.
“¿Pero quién te dijo que en el cielo está Orión?” 
“Eso lo sabe todo el mundo”, contesta. 
De pronto la poesía se vuelve adivinanza
o el hallazgo fortuito de unas coincidencias
entre las palabras vivas, un cuerpo que crece, 
y lo escrito hace años. Porque alguna vez
le mostré la Vía Láctea, el chorro deslumbrante
de luces en la noche de las sierras,
a un bebé que no hablaba pero alzaba
su dedito índice. Escribí lo que pensé
y lo que nunca dije, que allá arriba 
había un gigante y que las tres luces
de su cinto inclinado acá en el sur
tenían nombres de mujeres bíblicas.
Ahora él reconocía mi silencio
y junto a la figura de puntos engrosados
por el flujo de tinta suave y firme
empezó a anotar lo único que sabe
escribir, su nombre en mayúsculas de imprenta:
GALILEO. Guardo la hoja para después,
cuando me tire de nuevo a caminar
sobre el agua imprevista de un poema
y trate de evitar el destino que acecha
en el final de una persecución
inútil. Si alcanzo a demorar la picadura
del escorpión, podré recuperar lo visto
con un nenito alzado mirando el nacimiento
de cada estrella. En la computadora
dejo que cante una contralto, busco
el sentido de su voz, la cacería
puesta en lo alto: “Mi corazón está
en las sierras, no acá, está persiguiendo
a una liebre o a un cuis entre las sierras
adondequiera que vaya”. Con la oda
mística de un compositor estonio
dicha en inglés, despedimos la infancia
porque ahora todo nos habla, Galileo. 
“Quedaron atrás las sierras del oeste
donde nació el valor, país del precio
exacto; donde sea que me pierda, donde
me lleven los años, seguiré amando siempre
la sierra en que tu dedo marcó el cielo.
Adiós a las cañadas y los valles, 
chau bosquecitos y arbustos silvestres,
rumor de arroyos y vertientes mudas.”
Ahora querés jugar, se acabó la hora
del arte. Querés poner canciones
menos opacas, menos trascendentes. “Mi corazón
está en las sierras persiguiendo a un ciervo”
y no espera la flecha del final
ni el aguijón de los ocho minutos
que dura el tema. “En las montañas altas
adondequiera que voy”; que también vaya
entre capas de olvido junto a vos
el hermoso gigante de los cuentos
que sólo atiende y carga a los que crecen. 





26


SON DEDOS DE BABOSAS YO TRABAJO...
el monómero hace baba como si la sal en las aquellas 
la sal mata tus dedos va escalando 
las hojas pulgares las hojas anulares 
las hojas índices se llenan de baba verde ahora 
digan
cómo es cambiar de materia los canteros
salir a flote ver otras llovidas
trepar del sofoque verde por un palo con la casa
levantarse la enagua entre malvones
controlar la musculatura de una lengua en los dedos 

la babosa entre la flor es lengua
la tenés en la boca duerme 
en la concha de tu boca un caracol 
crac de mandíbula y perderá su casa

tu baba y la mía son babas cualquiera
toco tu lengua con los dedos nos besamos
son nuestros besos ese farol de espuma 
como la carne del chajá 




27


3


Silencio.

Soy la niña que tiembla
y tiene
una alegría afásica
en las manos.

Y no lo sé decir,
no sé ponerle nombre
a esta cosa que brilla
y arde en quemadura,
que se calma de pronto
y te mata,
y me salva,
y me muere,
y te es
imperdonablemente muda.





28

CXXXVII

como zumbido ensordecedor
un enjambre de palabras
quiere decir algo ininteligible




29








30


Sentado como un Buda entre las camas de mis hijos

Estoy sentado en la oscuridad
como un Buda entre las camas de mis hijos. 
Estirando cualquiera de mis brazos
podría tocar los bordes de esas camas que, 
en la noche, parecen arcas diminutas
con sus animales en equilibrio en las cabeceras,
una abigarrada Creación fabricada en China. 
Uno eligió elefantes e hipopótamos, 
los animales más grandes y pesados;
el segundo se quedó con lobos
y otros depredadores; así se repartieron 
el mundo de la bestias antes de irse a dormir
como dioses inconscientes. 
Los escucho respirar, moverse, murmurar 
palabras en un idioma pegajoso
que asciende desde la profundidad,
el oscuro temor a las catástrofes: 
fuego, pestes, hambruna, diluvios, 
la propagación del caos en la carne.
Y aquí estoy, sentado en las tinieblas,
entre las dos camas, listo para ahogarme,
si fuera preciso, mientras ellos navegan en sueños 
hacia tierras de promisión.





31


ROMA.CLIMA TEMPLADO...
Entre conglomerados humanos
con fines estéticos
pregunté cómo llegar.
“Sempre dritto” me indicó.
Yo entendí “San Pedrito”.
Al principio
nos llevábamos bien.
Después ella aprendió español 
y yo empecé a entender algo de italiano.
Entonces empezamos a pelear.
Lo de siempre.




32


Coreografía 

Ocho mesas tiene el bar
seis ocupadas
dos vacías
me siento en la séptima
que elijo por ser de las dos restantes
la única que mira a la calle
somos ahora siete mujeres
una en cada mesa
cuatro a la calle, tres
a la nada 
dos leen el diario
una un libro
otra está con un bebé en un cochecito
-me sorprendo de no ser yo la del bebé-
todas mayores de cincuenta
menos yo y la del bebé
no tengo qué leer ni qué escribir
no planeaba venir
anoto esto en la parte de atrás
de la cartilla médica de la prepaga
la puerta se abre, dejando entrar algo del ruido de la calle,
entra la octava.




33







34







35


I


Dicen que una mirada vale más que mil palabras. 
Que mejor mirada en mano que cien ojos volando.
O algo así. 
A veces una mirada vale sólo mil pesos. 
O el humo de la primera entre comillas “su mirada”. 
Y es cierto que la primera vez duele. 
Pero no tiene nada que ver con la mirada. 
Son los ojos los que duelen. 
La mirada es el paisaje de ver. 
Y un paisaje no duele. 
Duele el por qué de ese paisaje. 

Como un hacha hecha de viento   

la mirada “ya no te amo”
ni mirando, te la ves venir.




36


Das Schweigen der Sirenen

Como el Ulises de Kafka,
atados al palo mayor de la soberbia,
nos machacamos los tímpanos
con la astucia de la cera,
confiados en la ciencia del sextante,
mientras la belleza ronca de las piedras
tiembla un momento
justo como antes
que sople la tormenta.

Lo comprendimos tarde:
Todo canto imaginado
sólo puede nacer
de un silencio insoportable.




37


Voy a dejar de ser tan apacible


imperturbable mudo
voy a azuzar las llamas apagadas del corazón / voy a avivar
la luz / voy a morderme el dorso de esta mano
cuando sea lo más tarde de la noche

hasta que esté todo cruzado de sangre de luna oscura
y en mi palma empiecen a aullar las líneas de la vida
no sé si habrá un lobo

pero lo voy a llamar / declarar una guerra
una rebelión perpetua una fiesta
de grito y luna llena




38


Ghost Opera 
   (Tan Dun)
                      

agua
trémolo
redoble de timbal y
agua 
trémolo
gota
GONG
en el seno / cuenco del
agua
trémolo
GONG
vibración que se expande
en el espejo / cuenco / timbal del
agua
trémolo
GONG


Entonces vienen Shakespeare
y Bach
y hablan
sentados frente a frente
frente al cuenco / timbal / del agua
y la luz
como dos Budas 
solemnes
hablan
y Shakespeare dice: "De la materia del sueño / somos."
"Fuga / Fuga de muerte" –dice Bach.




39

En casa

Su abuela iba en tren y soñó la llanura, el manto 
verde y el humo de las fábricas (molinos de viento, 
tanques australianos, de vez en cuando una 
esperanza). Su padre también era amargo, pasó 
la guerra, salió del sótano después del bombardeo 
con el pelo de repente blanco. En medio está ella 
escuchando la historia, el fustín de la noche, 
los gritos y una mujer cantándole a un niño. 
Vestido de negro va el tren y bajo los pies crujen 
huesos, graznan gañotes de muertos. Juran todos 
con bulbos de orquídea en las manos, raíces 
tuberosas de los muchachos. No es ajena la guerra:
su amado se queda en las tardes mirando 
el horizonte, amargo. Recuerda los años de encierro, 
el muchacho que allá adentro lo salvó de la muerte 
sosteniendo su mano. Gente que migra y campos 
de batalla. Testigo de todo, criadilla, escroto, ella 
se ha quedado en casa, mirando pasar el río 
de la patria, la tierra del terror a sus espaldas. 
Las verdades no son sino antiguas metáforas. 





40


Sostiene mi mano derecha
en su mano derecha
la contiene en el hueco
y aprieta mi puño en su puño
pulgar e índice apuntalan esta pluma

Dibujamos unos signos antiguos

Me lleva desde fuera de mi trazo
él es mi trazo
él se aventura, yo lo sigo
pero ya no es a él
es al movimiento y su música
su mano apretando la mía
su movimiento en el mío

Mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo
(el olor agrio de la tinta negra
en mi pequeña nariz)

Volvemos al trazo interrumpido
se elevan nuestras manos
se acortan
se ciñen
se controlan

Dibujamos el idioma

Respira tan cerca
su profunda voz emite algún sonido
como dictando:
más corto, más largo, más reunido

Y entonces me dice:

- Ahora, vos sola

y me abre en un abismo





41


ANTIQUA

Soy una membrana.

Por el río del tiempo,
a través de mi sangre,
este tumulto
este azoro
este límpido cántaro
donde estalla
el metal antiguo
de tu voz.
        
                       



42


1.

Los versos que callaron. Los que no fueron escritos
o siquiera concebidos cuando debieron nacer. Aquellos
que se esperaban y no llegaron, o llegados
no fueron bienvenidos por tardíos. 
Los que se maldijeron, los tímidos o sepultados.
Los malformados y mudos.  Los malnacidos. 
Los que perdimos para siempre entre papeles
o en la madrugada, después del sueño 
y antes de despertar. 
Nada de eso está perdido. 
Todo cuanto pudo ser 
sostiene lo que existe. 
Hay un coro, un murmullo, un mundo susurrado
que dictan lo que dices.




43








44


Güemes y la luna (fragmento)


Lunita mía,
has tratado de prevenirme en tu luz fantasmal de cráteres,
y en el brillo negro de tus jardines de roca,
pero no supe descifrar tu mensaje a tiempo.
Y aquí estoy, atravesado por las municiones del imperio.
Atravesado en mis nalgas.  Infectándome en mi propia mierda.
Luna. Pachamama, llévenme de una vez.
Mis gauchos me dicen que soy la luz y la victoria.
Que no puedo hacer mi voluntad. No puedo dejarlos.
Mis soldados sabrán llevar la revolución hasta el fin.
Cabalgaremos. Queda poco camino.
Ya estamos cerca. Lo sé.
Curarán mis heridas, finalmente.
Y esperaremos todos juntos.
Para entender.




45


EN ESTE MUNDO

Los días caen sobre mis piernas
como la ceniza que salta agujereando
la tela del vestido
y no alcanzan las manos para detener el pequeño incendio,
basta un mínimo error
para que el mundo se deshaga en una chispa
Ya no importa el peso,
la densidad con que una mano entra en un cuerpo y lo transforma
Veo las caras de los transeúntes
apenas conmovidas por el primer gesto
¿Cuántos han dormido y soñado
sin que una pregunta interrumpa el fragmento oscuro 
que se escribe entre las horas?
Debo tener en mis ojos
el sonido de esta lluvia que baja en la noche,
y yo no sé si existe alguien capaz de oír
el golpe de mis ojos cuando caen.




46


EL CUERPO ES UNA CASA...
una casa es una cosa
que contiene otras cosas
como el cuerpo
la tristeza es una cosa
que no tiene forma
y se siente en todo
el cuerpo en todos
los cuartos de la casa
la muerte es una cosa
que le sucede al cuerpo
y también a las casas
pero la muerte no termina
con la tristeza
que se desparrama alrededor
en otros cuerpos amigos
cuando una casa muere
deja un hueco en el espacio
quedan los recuerdos
que no tienen donde ir
ahora mismo
mi cuerpo asoma 
desde la ventana de mi casa
para mirar un avión 
que atraviesa el cielo
perforando las tristes
nubes rosas de la tarde
que empieza a morir




47


LOS CUERPOS PRECINTADOS

Como el reconocimiento
de las víctimas
tras un atentado
o una silueta dibujada
entre cintas,
la huella o evidencia de un crimen.
el área de catástrofe
prolijamente delimitada,
los restos a la sombra
de algo irreparable.
apenas nos sobreviven
las preguntas:
¿Dónde escondemos
los cuerpos del amor?
¿Cómo nos deshacemos
de los cuerpos del amor?




48


Modelo óptico (fragmentos)


1

Ahora soy de cuidado. Una figura de cerámica roja o negra 
de volumen variable y un impacto de hierro. He sido vaciado, 
objeto de cierta consideración, amputado en mi ser doble y a mi vez, dividido. 
Separado 
en pedazos 
de lo íntimo, arrojado 
a esta escena de carnicería de la que soy cualquier cosa 
de irreconocible valor. Caen las piedras en esta ciertamente muy oscura noche. 

La rocosa materia exánime. 
Las prendas desgarradas de mi ser flotan en un agua imposible. 
Ni hambre ni sed ni cansancio. Ni la morada del sueño. 
No sabía que todo esto me esperaba como regalo de bodas. Sabía 
que éste era mi regalo de bodas. 
Que vuelva y vuelva, este regalo. 


La fiesta ha fermentado y desfallece. Cubiertos de joyas, calzan caligrafías laminadas laqueadas cubiertas apenas en los bordes de una costra fulgurante de sangre. No. No. Sin recaída en el lenguaje. Sin alaridos




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50


Cuadratura de la luna

La mitad de mi cuerpo está con Pedro
Es vasallo de aquel dolor que causa nacer y tener ovarios empotrados como un llamado
Un ruido son mis ovarios
Un río/ ya está seco
Pero la mitad de mi cuerpo llama a Pedro y la otra llama a Juan
Pide inspiración, implora por volverse luna o jabón
Desinfectante nocturno o pan picante
Hago un viaje imaginario a la India con mis dientes
Busco al país más grande en muerte dentro de mis camarones
La India es un país tan furioso como las semillas de discordia
Nacen del color del bigote de la noche
Y  dicen que me he levantado sonámbula
Y pregunté por Peter
Que alguna vez fue Pedro, es decir ese hombre angular que no pregunta
Te ama no más por tres minutos y medio y te da la libertad de las oraciones y plegarias a las carreteras
En el ángulo incorrecto de la noche
Aparecen Pavel, Juan el grande, algún otro hombre que besara mi espalda
También hay un coro de hombres mudos que parece romper con su silencio
Mis medias viejas 
La mitad de mi cuerpo está en una calle de la India
La otra mitad firma documentos en México para alquilar un espacio
Donde mi hija sane sus heridas
La mitad de mi cuerpo miente que ya ha muerto
Que se ha dedicado a las plegarias budistas y a reverenciar al samsara
Un dedo mío opina que me muerda la herida más dolorosa
Que busque  el beso olvidado en la ventana
Que recupere el océano que dejara mi marido bajo mis uñas
Mientras tanto la noche cambia de dilema, se vuelve más oscura
Y la otra mitad de mi cuerpo ya no es piel, es luna.




51






52

Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande
la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa,
hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio 
en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo.
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar.




53


V

Cuánto tiempo sostenemos en el aire
un relato vivo,
el silencio que estaba aquí guardado,
tu camisa de cuando fuiste padre, en los años ´70.
¿Soñaste muchas veces con un parque de diversiones?
Había una gran pista redonda, en la que resbalábamos, 
desde ahí se veía una ventana muy pequeña, y un cielo raro
como los de los sueños en blanco y negro
o de los días lluviosos.
Es una fuerza extraña recordar.
Te convido un paseo junto a la laguna blanca,
una esquina.




54


LA PIEDRA

Yo soy el que arroja la piedra,
el que le da su ímpetu y dirección,
el que aporta el músculo y la voluntad.

Ella es la que cruza el aire
y se clava lejos, adonde no se oye
mi voz ni el eco de su partida.

De este lado sólo queda el peso
de una llama que alumbra con leves
parpadeos. Del otro lado

está el misterio de la tierra nueva,
los muros cada vez más altos
de la nueva edificación.

Pero de eso nada sé: allá no pueden
mis ojos, ni mi oído alcanza
a entender su voz. Sólo he visto

que la piedra partió: clavada está
en alguna parte, adonde no llega
mi voluntad, ni la imaginación.





55


En mi cama de hospital sueño con tigres

En mi cama de hospital sueño con tigres.
Una brisa de jungla en la ventana 
agita las cortinas. A la tarde
un vago resplandor
naranja y verde:
algo anda en el aire y enseguida se va.




56

EH...
tú, 
pájaro,
esos ojos
no son tuyos
no te rías de mí,
que no entiendo las bromas
que me juegan ustedes a menudo

no es verdad
que tu pico se quedó
en un beso que nunca terminaba
y había que volar de regreso
y te fuiste no sin antes encargarle a tu pico:
“no abandones este beso,
besa, pico, besa siempre,
aunque yo no esté”




57


¿HAS VISTO EL FUEGO...?

¿has visto el fuego
entre la nieve
los pájaros
en los ladridos
del humo?
venían
hacia nosotros
enviaban sicarios
éramos
el nido que se escarba
la ventana que se ciega
el paso perdido
más allá del cerro

las balas
olían a huerto
tras la lluvia



58


SÉ QUE LAS CONSECUENCIAS PRÁCTICAS DE LA DESESPERACIÓN...
a menudo resultan un equívoco muy pálido.
La voz de alguien 
silabea nuestro nombre desde la cima de un faro
mientras navegamos en un carguero de lata
y soñamos con valor de sandokanes.
Trato de escribir su signo, apenas  
la espesura y la espera 
demasiado nunca.

El nieto del vecino
muerto sobre una calle de la niñez,
la boca como una propaganda de dentífrico
y el mensaje, los bandoneones aperrunados
que le gruñen a la inocencia;
no se puede bajar el barrilete 
se enredó en los cables,
algún tironeo produce chispas
que se apagan mucho antes de llegar a nosotros.




59


vi el horizonte

en corrientes lo vi
por primera vez
y mamá me explicaba
nunca se termina es algo
que nunca se termina
y yo en la galería
miraba concentrada
y no entendía bien
lo que me decía mamá
una línea ¿la ves?
muy lejos
yo veía lejos árboles
y más árboles
no veía línea
pero sí veía algo
que no tenía fin 
entonces me concentraba
la miraba a mamá y decía
lo veo al horizonte sí
era una línea amarillenta
frágil y llena de
huecos que la congestionaban pero
yo le decía
sí sí
veo la línea sin fin mamá
¿es el horizonte?
sí ese es el horizonte
lo último que podés ver
y yo veía sí
que se hacía de noche
y de noche se ve mejor
claro me dijo
es que para ella era todo tan claro
eran tantos los puntos
que armaban
ese horizonte




60


SON VIOLETAS...
Son violetas
rosas y blancas
las flores
y ahí quedan,
coloreando.

No advertimos
cómo amustian
hasta doblarse
rendidas
entonces sí,
las quitamos.
Asustan.

Bastan
diez pesos,
ajados, marrones
y al florero
de Taiwán,
las reinas
del perfume.




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Los pies en el aire      

Bienvenidos a lo insoportable
la carne ha dejado de ser humana
es la carne del pedido
la imposible carne

la vida no prefiere el aire invisible

bienvenidos

bienvenidos
señores
a bajar de los aviones

es urgente señores del decir

digamos
que muy urgente

los muertos no quieren ser muertos
desaparecen
para el pedido

y no vuelven
a menos que

se haga carne lo que sólo fue voz
voladora
trashumante

señores, señores
del aire bajensé

desde lejos no se ve la carne 





63


Te digo: en el sueño
en una ciudad de vidrio y jardín
futurista
te digo: había un botón
como acá, en este mensajeador (mensaje de amor, masaje de amor alternativamente corrige el corrector, este señor que no entiendo pero que a veces se ilumina como una pepita en la lengua)
Había un botón en la ciudad de vidrio
nítida
lo presionaba.
Por un lugar como chimenea al cielo
ascendían incontables corazones. 
Te digo: podía elegir el color.
Primero rojo, después probaba azul y verde.
Era hermoso.
Se poblaba el cielo de corazón.
Me decís: corazones como nubes.
Exacto, así lo vi.
Me decís lo que sueño como si estuvieras 
ahí, conmigo.
Te cuento: sabía yo en el sueño que era vida en ese momento que
si agarraba un corazón
de esos que volaban
algo maravilloso ocurría
algo distinto para cada quien
definitivamente maravilloso.
Sucedía, sin embargo,
-sabíalo en el sueño que era vida así-
que agarrar un corazón era
definitivamente, prácticamente,
imposible.
No importaba.
En el sueño que era vida por un instante
yo me preparaba
elegía un color
buscaba amarillo
me alistaba, tomaba aire, fuerza.
Me decía: presionás y salís.
Preguntaste con buen tino: ¿volabas?
No, te aclaré. Corría, a toda velocidad
Corría como un animal veloz, intocable.
Y ya no supe qué pasaba en el sueñovida. 
Corría y corría en el aire. Transparente. 
Observaste, con precisión absoluta:

Hay que agarrar un corazón y correr.
Tan cierto, pensé.
Tan real y sueño: lograrlo.
Hay que agarrar un corazón y correr. 
Entonces, me di cuenta por vos
de lo que se trata este sueñovida:
recuperar el corazón perdido que vuela entre nubes
ese propio que dejamos ir
hasta que decidamos correr a buscarlo
correr a sentir todo de nuevo
en el tiempo mínimo de cada latido 
que poseemos, regalado.

Agarrá tu corazón, corramos.





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Fragmentos de “La ruta de los hospitales”


[…] Tenés diez años. Los diseñadores de autos pensaron en vos y en mí. Mirame desde el asiento del copiloto, que ha sido diseñado para vos. La distancia entre el asiento y tus rodillas, semicubiertas por la pollera del uniforme. La altura del espejo retrovisor en el que, si tardo demasiado, te mirás, tu rostro, detrás los árboles, más allá de la ventanilla. Detrás de los árboles, siempre, alguna dependencia de un hospital donde yo estoy trabajando, de donde saldré para dar fin a la espera. Mirame, aunque no estoy. Un cocinero me pregunta por un menú. Insisto para que todos los cocineros no se saquen los birretes blancos. Tienen el pelo transpirado, se les pega a la sien. No se debe cocinar así. Las reglas son simples. No se debe cocinar sin birrete. Todas las personas deben pasar, al menos, un día completo en un hospital. Tenés diez años, ya lo entendés. Tenés esta ruta, la ruta de mis hospitales: Muñiz, Roca, Español, Británico, Fiorito, Gandulfo, Fernández. Las clínicas son como las primas ricas, un poco tontas. Es en los hospitales donde vos y yo sabemos que los diseñadores de autos pensaron en vos a la hora de construir un asiento de copiloto. No es lo mismo esperarme ahí. No te bajes. O sí. Es lo mismo. Yo confío, nunca te vigilo. No confío en vos. Confío en el hospital, en que te cuidará, en que no podrás salir. En que alguien, una enfermera, una mucama, me avisará si estás en la otra punta, recorriendo pasillos, mirando a través de puertas entornadas –no mires ahí, la elefantiasis es horrenda, no olvidarás esa imagen-, caminando bajo el sol en la explanada donde está nuestro auto, con el libro que estabas leyendo abierto, desnudo, sobre tu asiento.  


[…] Escuchá: corté pollos, en la espaciosa y húmeda cocina del Muñiz, recién recibida, porque no sabían bien cuáles eran las funciones de una nutricionista en esa época. El primer día, entonces, me mandaron a cortar pollos. Al día siguiente lo llamé por teléfono al Dr. Escudero, el fundador de la carrera, a la Escuela de Nutrición. “Hagalo”, me dijo, “siempre hay que atravesar un palacio de hielo, querida”. Dijo, esa mañana, con su voz ronca, que siempre había que pagar el derecho de piso, que ya me encontrarían la función que me correspondía, que era una carrera nueva. Pero en realidad hablaba de los palacios de hielo. Es que de pronto, cuando menos se lo espera, una se encuentra en una inmensa estancia helada, sentada en un banco, construido también con hielo.
“¿Consigo un hombre?”, “¿Busco un trabajo?”, le pregunté a mi madre cuando mi padre murió y ella estaba desesperada. “¿Atravieso palacios de hielo?”. 
-“¿Pollos?”- me preguntó el Dr. Escudero. 
-“¿Hombres?”- podría haber preguntado, pero él era uno de ellos, y era médico, y era además el fundador de la carrera, de modo que no lo hizo. 
En los palacios de hielo se pierde la razón. Entre esas paredes vivas, lívidas, no hay mayor soledad. Sí, se pierde la razón. Luego, ya lo aprenderás, se la recupera. 
Corté pollos durante semanas. Así empezó el Muñiz, el hospital único entre todos los hospitales. De modo que cuando te hable de él, de los quince años que siguieron después, vos siempre verás lo mismo, verás el origen, y solo entonces, verás la parábola del tiempo, el despliegue singular de aquello contenido en un punto preciso, en ese dibujo inocente pero verdadero que arman los relatos de superación. 

[…] Aquello que no es dolor es sustancia entre los pabellones del Hospital Español de Temperley. Estoy en la cocina, vos deambulás por el hospital geriátrico, cruzás el camino bordeado por moreras, te parás, te estirás en puntas de pie, arrancás una mora madura, de un rojo arterial, la mirás un instante antes de comerla. De alguna manera, ya entendés el mecanismo que te acompañará durante tu vida, y que  consiste, fundamentalmente, en esa conciencia que te desdobla del camino de moreras y te permite gozar en el acto de morder una mora no como si fueras otra, sino como una extensión alucinada, una suerte de continuidad borrosa de vos misma. Más tarde, regresarás lentamente por la franja de sombra hacía mí, que siempre confío en que las entrañas de cualquier hospital te devolverán sana y salva. 
En un hospital, una mora es la sustancia. La sombra del camino, también. No podrás ejercer reserva alguna sobre esa sensualidad, y siempre querrás que te espere, que alguien lo haga, una espera sensata, inmensa, a la altura de esa exigencia, cuando quieras volver.     




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Hemisferios

En vida fue casi mudo.
Muerto y abierto
el cráneo
encontraron una nuez.
Y abierta la nuez
al medio
encontraron un poema.




67


No hay el para qué

Late, corazón
de pájaro o persona,
no para volar ni caer, ni tener
o perder. No hay el para qué sino el cómo, y un sentido.

A Matilda




68

T-800: cyborg 

Acá al lado hubo un terremoto de ocho
coma ocho grados en la escala de Richter
mientras yo dormía. Yo dormía con la tele
prendida y soñaba intrascendencias importantes
como algo muy de amor con alguien en particular
y no sé bien qué pasaba pero era bastante hermoso
y la tierra acá al lado se movía; se sacudía
a todos de encima mientras yo hacía cosas
que implican amor
y aunque no sé bien qué eran
nos sacudían.

Estamos ahora somos ese futuro
del mundo en ruinas con llantas quemadas
en calles vacías. A veces es difícil dormir
aunque sea de noche todo el tiempo.
A veces es difícil dormir. A veces es difícil.
Dormir de noche todo el tiempo.
Estamos en el futuro ese, el que se imaginó
James Cameron calculo que en 1983
cuando hizo Terminator,
la uno.

El terremoto destruyó medio millón de viviendas
y después hubo un tsunami. Veo las ruinas por la tele
y también leo el nombre del océano.
Los desastres naturales
son de suceder mientras duermo.
Me voy a la cama
y todavía hay réplicas.




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VI


hablamos de poesía
con mi padre
con él justamente
que nunca habló 
de poesía

tampoco hablaba
mucho pero conmigo
ese día sí

se nos escapaba
la noción del tiempo
habíamos dejado
la ciudad
para festejar 
el fin de un año
y el fin se esfumaba

un padre es lo mejor
que te puede pasar

si era mudo y te habla
ese día te ganaste el cielo

me preguntó acerca
de la traducción 
le dije que no era mío
el paisaje de la nieve
pero que las palabras
en mi lengua eran tan
verdaderas como aquellas 
originales lejanas
y la nieve también lo era

me dijo que él 
no sabía nada 
de aquellas palabras 
en búlgaro que se debían
haber pronunciado 
cuando él era bebé
me preguntó si sabía
dónde quedaban
esas palabras

no contesté

él dijo que tal vez
se deslizaban  
en algún poema
anónimo




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Fragmento de la Novela New Pompey

Acaba de morir mi madre. Acabo de separarme. Acabo de renacer entre los restos de una vida destrozada y no hay nada bueno en eso. La casa está a oscuras. La única luz proviene de los tubos al rojo de un calefactor eléctrico que no calienta una mierda. El frío es más que una sensación física. Arrastra recuerdos. Mi madre vivió acá, sola, los últimos diez años de su vida. Los inviernos debieron de haberle resultado terribles. No prendía las estufas a gas porque tenía miedo de morir asfixiada por una pérdida. Se las arreglaba con este aparato inservible, un montón de pulóveres superpuestos y las lámparas de la casa prendidas a full, porque ella creía que la luz entibiaba el aire.
Cuando me vine a vivir, horas después de su muerte y de haberme convencido de que no había forma de salvar mi relación con José, lo primero que hice fue probar las estufas. Abrí la llave de paso de la más grande, que está en el living, y prendí un fósforo. Una corriente de gas aspiró la llama y la pantalla se encendió con un fuego azul. Hice lo mismo con la que está en el comedor, el centro neurálgico de la casa, el lugar donde había latido el pulso de una familia extraña, nunca desgraciada pero tampoco feliz. Una familia sin hambre, con techo, sin demasiadas alegrías, y que se había ido disgregando de a poco por la incomprensión que nos separaba con tabiques de orgullo herido. Mi padre nunca entendió mis debilidades ni mis elecciones. Las tomaba como reflejos de una carencia interior de la que él se consideraba inocente. Mi madre, si bien tuvo piedad de no confesarme jamás que la había defraudado, se empeñaba en cantar loas al primo Eduardito, el doctor Eduardito, ejemplo viviente de lo que un buen hijo podía llegar a ser. Yo no tardé en darme cuenta de que no los amaba. A mi padre, el día en que advertí que ya casi no me dirigía la palabra, que me evitaba como se evita el recuerdo de una ilusión rota; a mi madre, cuando le dije lo que me pasaba por dentro y se desangró en lágrimas, en mocos, en gemidos de bronca y dolor por la normalidad perdida. ¿Ellos me amaban? Supongo que sí, pero de una manera que a mí no me servía.





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Última metáfora sobre la realidad

La realidad es un mazo
de cartas de Tarot
dispuestas en hilera
boca abajo
aguardando la mano 
que destape finalmente
su verdad.

Pero no hay que elegir 
una cantidad preestablecida
de cartas al azar
y ordenarlas según
figuras ancestrales
que algún otro
muy lejos de mí — o de vos
previó para leer
nuestro destino.

No.

Lo que hay que hacer
es darlas vuelta 
a todas
desparramarlas
en un caos alborozado sobre el paño
y mirarlas fijamente
fijamente
hasta que cada figura
se alce de su lecho de cartón 
y comience a despertar
en una danza propia.

Que muestren 
todas su verdad 
en la precisión 
de cada movimiento 
y podamos ver así
las figuras combinarse
unas con otras
por afinidad
por propia voluntad 
combinarse
también con el paño, con el aire,
con la mano que ahora elige 
ciertas cartas
— viendo lo que elige
y entonces, 
no es el azar sino
la necesidad
precisa de cada movimiento
la que nos fabrica 
en su combinatoria 
mágica y real 
la actualidad de un destino
convincente.



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La idea del frío

Veintisiete grados bajo cero. Leo el número con el menos adelante en la pantalla eléctrica frente al McDonald’s, en la plaza Púshkinskaya. VEINTISIETE–GRADOS–BAJO–CERO, repite mi cabeza y convierte el número en palabras, las palabras no llegan a convertirse en idea, no puedo hacerme una idea de tanto frío en mi cabeza, no sé qué parte de mi cabeza está aún en funcionamiento bajo estas condiciones extremas, mi cabeza, que no hay gorro ni abrigo que la abrigue de este frío que es materia, porque el aire a esta temperatura se convierte en materia pura, en algo que abraza con cientos de brazos de manos heladas, manos diminutas que se pegan a la cara, a los resquicios donde la lana, la tela, el cuero, la piel de algún animal convertida en tapado no llega, no cubre. Soy un oso abrigado entre cientos de osos que a esta hora de la mañana caminan por la calle a ritmo de película en cámara lenta, de tarjeta postal navideña. A esta temperatura los rusos son más rusos y lo festejan con silencio, un silencio conforme, una constatación de que así debe ser, de que nada es seguro en esta vida salvo el invierno, que viene una y otra vez para recordar que el frío es ancestral a Rusia, que el mundo está en orden cuando la pantalla frente al McDonald’s anuncia que la temperatura superó los veinte grados bajo cero, el límite a partir del cual un ruso se atreve a decir que hace frío. Hay más de cuarenta expresiones para definir a la nieve en ruso, pero para el frío hay una sola. Jóladna, afirman con un movimiento de cabeza, el idioma es menos exclamativo, es más directo. Jóladna, que puede traducirse como: ES frío, HAY frío, o simplemente frío. Jóladna, afirmación y después silencio.
Camino entre desconocidos que no se miran entre sí porque miran para adentro, como si el aire helado de la calle fuera el preámbulo de una misa, la ceremonia de ser rusos. Es frío este día después de la clase de ruso, hay frío mientras camino sobre una masa de hielo hacia la parada del tranvía, el crujido de la nieve bajo mis botas: botas de cuero revestidas interiormente con piel de oveja, medias de lana tres cuartos, medias bombacha, camiseta térmica, remera de lana, pullover, abrigo de cuero y piel, bufanda, gorro y orejera de polar. Debajo de todo eso estoy yo. No puedo dejar de sentirme un sándwich puro pan, soy el poco fiambre que queda de esa cosa en la que me convertí cuando me vine a vivir a este país, a esta ciudad que con la primera nevada se transforma en un pueblo de calles sin asfalto, con veredas que son túneles entre montañas de nieve, cuando el aire es una masa en silencio y nadie habla en la calle. El único sonido es el chirrido del tranvía al hacer la curva, el freno, la gente que sube en silencio como en una procesión. Hay lugar y asiento para todos en este día de invierno cuando el mundo está en orden, donde no hay borrachos, ni olores, ni calles sucias, grises calles de asfalto tirado como por olvido, un asfalto ahora inexistente bajo el manto de nieve, lo único que aquí parece crear un orden natural. Alientos de frío salen de las bocas de otros pasajeros, de mi boca, vapores de calor que se condensan en el aire suben desde los kioskos de la plaza, de las chimeneas de las casas, como otros alientos de otras bocas, un concierto silencioso de vapores. Todo respira frío y tranquilidad esta mañana, la gente y las casas, los árboles y los objetos, todos y cada uno protagonistas del mismo aire. Estoy sentada junto a la ventana, el tranvía avanza muy lentamente, como con cuidado, un cuidado nuevo, insólito. Los edificios bajo el cielo azul límpido parecen aun más limpios, contentos, sonrientes las ventanas reflejando el sol, que hace resaltar las superficies blancas, porque todo lo que está quieto es blanco. Siento calor en la cara, el sol calienta mi piel, es una caricia cálida en medio de tanto frío. Cierro los ojos.
Y cuando los abro, estoy en otro mundo, un mundo que es este mismo pero en otra escala, una escala aumentada de la realidad o enajenada por la irrealidad, porque empezó a nevar y los copos en el aire iluminado se separan en mínimas partículas que quedan suspendidas en el espacio, como el polvo en el reflejo del sol en una mañana de verano. Pero no es polvo, son partículas minúsculas de hielo perfectamente reconocibles, se me acercan como ínfimos platos voladores, chocan contra el vidrio y desaparecen en puntos que no llegan a ser gotas. Me arrimo a la ventana y los miro de cerca, flotando ingrávidos en el aire. Y entonces, aunque no pueda creer lo que ven mis ojos, los veo: son dibujos de nieve, uno, dos, cuatro, se multiplican en el aire, flotan sin peso en esa masa fría y luminosa. Cada una es un dibujo diferente, son infinitas las formas, son simétricas, translúcidas, cerradas en sí mismas, perfectas, tienen una vida que no dura nada, pero hasta la nada dura más tiempo en esta mañana bajo el sol de Moscú. Las veo y quisiera jugar con ellas, hacer dibujos en el aire, flores de hielo en la ventana, combinaciones de mandalas rusas, ornamentos orientales sin principio ni fin. Pero me quedo sentada en mi asiento y no hago nada. Todo sigue igual, cada uno está en lo suyo: la abuelita con sus dos bolsos llenos de botellas de cerveza vacías dormita en su asiento individual, un hombre con gorro de piel como un zorrino tiene la vista fija en un punto frente a él, una chica sonríe mientras lee un libro, el conductor, arropado como un prisionero del Gulag, cambia la velocidad. Quiero decirles que miren los dibujos, es un espectáculo para los ojos, sólo hay que acercarse un poco. Pero no digo nada, me quedo callada. Entonces, veo que soy la única que repara en ellos, quizás me fue otorgado por un rato el don de ver como a través de un lente especial, de meterme en una dimensión diferente. Entiendo y sonrío. Sé que es un regalo, un mensaje, un misterio. Y lo agradezco en silencio.




74


1

Tomé las armas arremetiendo
ametrallando contra los vidrios del
supermercado chino. Se dispersaron
como hormigas y todo chorreó de las
góndolas y patinaron y el horror fue
brillante. Afuera es la mañana. Sin
sospechar lo contrario el ritmo de los
pasos se condensa en los brotes de
estación. Confirmo el asco humano en
el cuello de la camisa a cuadros. Con
esta cuchilla no se puede cortar. Las
articulaciones resisten en la bolsa de
consorcio colmadas de esperanza. A
buen entendedor un tenedor
biodegradable de bolsillo. Me
adelanto a la ficción. Lo que digo es
otra cosa. La raíz del árbol cuelga a
destiempo. El claro en la ventana no
ayuda a ordenar cromáticamente los
números primos. Dudo del comienzo.
Lo que rige es la corriente incolora
filtrándose en el lagrimal más animal
de todos. Para que respire. Repito.




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ANOREXIA

Cuando pienso en vos diciéndome Faca, basta Faca
me veo a mi mismo diciéndote
la gente joven no mira televisión, Male.
¿Dónde quedaron  tus ganas de vivir, flaca?
Sos espectacularmente prolija, perfecta, me decís
tenés altas ojeras Faca, ¿por qué no te vas a dormir?
y yo te miro desde mis ojos hundidos y te digo
la gente joven no duerme, Male.
Tenes todo pulcramente recortado:
el pelo, las cejas, las uñas, los músculos, el cerebro.
Con esa boca de sangre me decís
Faca, estás manchas significan que tenés mala circulación
pero no me entendés:
a la gente joven le fluye la sangre, Male, no importa eso de la circulación.
Male, vos y tus huesos tienen que aprender a vivir y dejar vivir.
Viví y dejá vivir.




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SOL DE BÚKARO

La avenida Córdoba, en Buenos Aires, tiene algo especialmente desolado. Pocos comercios, pocos restoranes y un tráfico tan constante como estancado. Siempre me pareció aburrida y un poco peligrosa, una especie de límite, un lugar ausente y tenebroso.

La conocí bastante tarde, cuando recién me mudé a la ciudad: yo venía de La Plata primero y después de Lanús. Claro, había transitado antes la avenida Córdoba pero es distinto cuando uno está de visita o trabajando, no le prestaba demasiada atención, no sintonizaba con esa vibración baja y oscura de su asfalto. Cuando me mudé, desde la casa de mi mamá en Lanús a Caballito, en la ciudad, tenía 29 años: ya había vivido sola antes, con intermitencias, en varios lugares. Los años 90 fueron un desastre de poco dinero, mucho trabajo y demasiado movimiento. Era comienzos de 2001. Que se iba todo al demonio quedó claro cuando nos alquilaron, a mí y al amigo con el que iba a convivir, un departamento hermoso, de estilo, por 400 pesos o algo así, un precio vil incluso entonces. Ese año iba a terminar con otro momento límite: en diciembre de 2001 y enero de 2002, mi amigo y yo, los dos periodistas, trabajamos para un italiano de la RAI que venía a documentar el default, la crisis, el corralito, la miseria. Lo llevamos a clubes de trueque con resaca. Lo vimos humillar a la viuda de un motoquero muerto dándole dólares como si se tratase de lingotes de oro. Una noche, a propósito, no lo despertamos mientras en la calle ocurría el cacerolazo que haría caer a Rodríguez Saa. Le hablábamos en inglés: hubiese sido mejor si encontraba guías locales que dominasen el italiano, que hay miles, pero la competencia entre todos, entonces, era feroz. Él nos trataba como a pobres gentes, como a pordioseros y nosotros lo despreciábamos, aunque hacíamos para él cosas despreciables, como buscar algún descendiente de italianos que viviese en la miseria para que él pudiese hacer dúplex con sus parientes italianos ricos que le insistían volvé, volvé.

Nunca vi el programa terminado. Mi amigo sí y asegura que es un papelón.

Pero no quiero hablar de ese límite ahora. Quiero volver a la calle Córdoba y mi primer año en la ciudad. No sabía mucho qué hacer ni encontraba demasiadas cosas que me gustaran entonces aceptaba cualquier propuesta y todas las noches después del trabajo compraba cerveza y vino y así pasaban los días y eran todos parecidos y casi todos horribles. Yo no tomaba demasiada cocaína ya, lo hacía de vez en cuando pero intensamente. De más chica podía pasarme días encerrada y tomando pero en mis primeros años en Buenos Aires lo hacía de manera más errática, casi aburrida.

Muchas de esas noches insomnes las terminaba, con algunos amigos y otros desconocidos en un boliche de la avenida Córdoba que se llamaba Búkaro. El lugar, en apariencia, era un kiosko, un maxikiosko —la diferencia es que se puede entrar, no es sólo una ventanita a la calle— que se abría como en una especie de pasaje secreto, es decir, uno seguía caminando dentro del maxikiosko y se convertía, detrás de una abertura sin puerta, en un local con música —¿había una especie de jukebox? no recuerdo—, mesas de pool creo y barra. Pasé muchas madrugadas ahí y me acuerdo de muy poco. Del túnel, un pasillo donde algunos se metían a tener sexo a oscuras —varones casi todos, aunque una vez se metió ahí una amiga y salió llorando porque le robaron la campera—. De unas chicas travestis que, en el baño, contaban cosas graciosas y atroces. De negarme a bailar porque odiaba la música. Pero no recuerdo el color de las paredes ni del piso, ni a qué altura de la avenida quedaba, ni la cara del kiosquero ni el o la de la barra ni tampoco de esa música que me parecía detestable y que no podía bailar (yo no bailo lo que no me gusta, ni siquiera borracha: la música es lo más importante de mi vida y ni perder la conciencia me quita la seriedad con la que me la tomo. Es una tara importante).

Recuerdo, sí, que tomábamos cocaína ahí. No brutalmente, no sobre las mesas: eso podía ser hasta peligroso, supongo, aunque entonces pensaba que era una especie de decoro, una regla de elegancia. Ahora sé que era para cuidarse de la policía y de algún zarpado —y había muchos— que podía ponerse pesado o violento en el mangueo. O por quién sabe qué interna de minidealers. Tomar cocaína me había gustado mucho cuando empecé a hacerlo, en la adolescencia. Me gustaba la falsa energía, esa luminosidad de neón en el cerebro, la charla histérica, la bestialidad de la situación, de toda la situación, especialmente la física. Pero a esa altura, y desde hacía rato, no me daba ningún placer. Era vicio, adicción, compulsión. Me daba miedo cada bajón, me arrepentía de cada confesión trasnochada, me ponía a llorar si se me volaba la bolsita o si se caía o cualquier otro accidente.

Una noche tan intrascendente e intensa como las demás —en esa época aprendí que ese dúo es posible— me metí en el baño del Búkaro a tomar un tiro, como tantas otras noches. Cuando iba a encender la luz, me di cuenta que no hacía falta. En el baño era pleno día. No tenía techo, el baño. Y el sol brillaba en el cielo de otoño totalmente solo, sin nubes, en medio del azul más límpido que se pueda imaginar. Por la posición, debía ser el mediodía. Yo creía que, como mucho, serían las 4 de la mañana.

Ese sol fue mi límite. No fue una revelación ni me caí de culo como San Pablo de camino a Damasco pero recuerdo que me sentí muy patética. Muy sola y muy triste. Y la diferencia entre lo que de verdad pasaba y mi reloj tóxico resultó en una especie de asombro, una especie de shock. Me tomé el tiro igual pero en vez de quedarme en el Búkaro salí a caminar. Despacio, porque siempre me sentí mal con el cuerpo acelerado y de merca. Caminé por Córdoba, casi vacía y hostil bajo el sol de ese domingo al mediodía; yo no tenía hambre, si un poco de sed de cerveza. No me acuerdo adónde fui: seguramente tomé el 132 hasta mi casa.

Fue la última vez que tomé cocaína. No pienso en el sol de ese día como una especie de llamada de la vida: el sol mata, es desierto, es deshidratación, es una estrella cercana que va a morirse y matarnos, es la crueldad del verano con sus olores, es la migraña y la ceguera. No fue eso: es que me di cuenta que era tarde. Que no quería pasar otro mediodía en un baño con cocaína color rosa dentro del papel celofán de los cigarrillos. Que ya estaba bien de estar triste y aburrida, que era vanidoso y obsceno estar tan obsesionada conmigo misma. Así dejé de tomar, en seco. Después, por un tiempo, no soporté ni el olor de la cocaína. Ahora se me pasó. El Búkaro cerró: creo que mataron a un chico ahí adentro, a cuchilladas, y nadie encontró el cuerpo hasta muy tarde, o les dio miedo llamar. No sé cuándo fue. Busqué la noticia pero no está online o no la encuentro. Lo que sí me enteré es que Búcaro, en el argot de Córdoba (Córdoba, España, no nuestra provincia mediterránea) quiere decir “porrón”. Un retazo de información inútil. Ahora me pregunto, sin embargo, si ese muerto habrá existido. Si el lugar de verdad se llamaba Búkaro o nosotros lo llamábamos así. Y me impresiona cuántas vidas perdí y olvidé en mi propia vida.  



77


la carta de tuñón

me desperté cinco veinticinco………..la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco……..
salgo a las siete voy a hablar de poesía llevo el libretón meridiano la cross poemas y un libro de cardenal ………………………… la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco .......
………………………………………………………………………………………………………………………………
si la noche me acostó
entre cena de arroz
& valpolicella
fue porque la lluvia
elevó la fiebre
de la tarde
en el invernadero
de la casa de campo
de tomás jofré
………………………….. la carta que tuñon llevaba en el bolsillo del saco …………….hay cierta dificultad en explicar porque hoy miércoles 14 de agosto la niebla ocupó el lugar de la resaca y todo lo que me rodea es limpio y fresco y la bruma es ahora en el estómago con + dificultad en el cráneo que la resaca del día anterior cuando al fin pude desayunar sano & celestial como trapense ………………………………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…..solía bajar gradualmente el pie en el acelerador la ruta desierta hacia mercedes
los fiambres del lugar…decía……………………………………………………………………………………….
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…..tomé el subte a las ocho y cinco hasta la estación callao……………………………………………..
y caminé con el frío en las manos y la cara y pensaba………………………………………….
………………………………………………………………………………………………………………………………….
la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco…………………………………………………………….
………………………………………………………………………………………………………………………………….
por qué perón le envió un comentario a leónidas del libro el saboteador arrepentido ……….
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
……………………………..sonó el teléfono me dicen que en la cuarta de palermo gana perdomo
………………………………………………………………………………………………………………………………….
se hacen cortas las tardes cuando acompaña el vino la lluvia la desmenuzada charla
de mulitas quesos y la revolución libertadora…………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………………………………………………….
……..los reyes católicos y nietzsche son las piezas fundadoras del nacismo………………………..
……………………………………………………………………………………………………………………………….
las figuras
los naipes y las figuras
los palos de los naipes
y las figuras
heraclio fournier
la figura de las barajas
el juego de cartas
………………………………la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco……………………………..
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
en el subte
una señora me habla de dios con énfasis
mientras la escucho
creo en dios
y después también
…oh!...la iglesia…
.……….la iglesia…
fui a misa varias veces y volví………………………………………………………………………………………..
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
……………………………………………..decía que el queso + el salame de mercedes son excelentes
………………………………………………siempre & cuando lo acompañes con valpolicella……………
………………………………………………………………………………………………………………………………….
apenas entramos a la casa de campo
las tres primeras mesas
las ocupan
un grupo de parroquianos
que juegan al truco
….tantean con porotos….como antes…………………………………………………………………………..
……………………………………..…el sol o la silueta del sol o los brazos y ojos del sol a esa hora
……………………………………………………..parecía que se filtraba por las ramas de los árboles
……………………………………………………………………………………………& acomodaba los naipes
…………………………………………………….hacía trampa………………………………………………………
……………………………………………………………………………………………………………………………….
…y dios es la luz que nos da la esperanza al salir a trabajar…………………………………………….
…………………………………………………………………………………………..decía la señora del subte…
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…………………………………………………soldados de la segunda guerra usaban máscaras de gas 
que dick vio en dios cuando se le presentó en un cuarto de cielo…………………………………….
…………………………………………………………………….…tu misión es perdonar a los pecadores…
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…………………………..la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco……………………………….
…………………………………………………………………………………………………………………………………
se conocieron en una calle
de berlín
un viernes a las cuatro y cincuenta y siete de la tarde
dora kaplán & herbert selpin
a los dos días fueron al cine a ver ladrón de bicicletas
y salieron abrazados….beso tras beso……………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…los condenados sueñan con fantasmas tan heridos como ellos
y  nunca están solos un pedazo de celo los acompaña a todos lados………………………………….
………………………………………………………………………………………………………………………………….
…la intensidad de este breve romance quedará marcado en la historia……………………………..
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
…………dora y herbert se instalaron en un hotel de budapest……………………………………………
…………………………………………………………………..…la carta que tuñón llevaba en el saco……… ………………………………………………………………………………………………………………………………….
almorzaban tarde en alguna taberna iban al cine en la última función……………………………..                                ………………………..evitaban la multitud…………………………………………………………………………..
cenaban en el hotel …. paseaban por la ciudad…………………. beso tras beso………………………          …………………………………………………………………………………..dejaron sus oficios sus funciones                                                                        
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco……………………………………………………………..
………………………………………………………………………………………………………………………………….
queridos dora y herbert:
la tarde que nos conocimos en alexanderplatz
fue el inicio de lo que para el poeta es
materialización de la metáfora de la pasión
jamás voy a olvidar sus voces
envueltas a años luz de la realidad cotidiana
y no me preocupa que el mundo pierda
a un artista con destreza y
al puño imantado de cambios revolucionarios                       ………………………………………………………………..
creo que viajo a mediados de agosto
para alojarme en el mismo hotel de budapest
nos encontramos
para volver a hacer realidad ese maravilloso poema………………………………………………………
…………………………………………………………………………………………………………………………………
la carta que tuñón llevaba en el saco
nunca partió a su destino
al enterarse que a ella la ejecutaron en moscú
él se ahorcó en una cárcel de berlín ……………………………………………………………………………….
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
…camino agotado al primer café…………………………………………………………………………………..
………………………………………………………………………..ella lleva una mariposa atrás de la oreja
…………………………………………………………………………………………………………………………………
…………………………………………………se cruzan en mi cabeza tomás jofré la señora del subte y …………………………………………………………….la carta que tuñón llevaba en el bolsillo del saco
…………..…………………………………………………………………………………………………………………………………..14 de agosto 1974                                                                                          



78


El río impersonal

Mis días son largos
porque mi tiempo no es el tiempo
de los relojes y los calendarios.
Un día para mí dura siglos
porque soy muchos hombres.

Soy muchos, pero entre ellos
se desconocen o desprecian
o acaso ignoran quiénes son
sustancialmente.

Soy muchos hombres
pero la máscara que uso
es siempre la misma.

Diego Rodriguez Reis



79


El sueño de los niños


Fiebre, no perturbes sus sueños 
sus alegrías
melodías silbadas las tardes de sol.

Acaricia sus nostalgias blancas
como sus voces
la memoria de sus melancolías.

Acaban de morir de una distracción, 
fiebre,
de un diente, de un puñal atolondrado.
Han sido asesinados en el corazón de sus fábulas,
se hallaban en ellas
cuando el crimen se perpetró entre el vivir
y el desfallecer.

Supieron protagonizar hechos de sangre,
lo sé. 
Menudencias domésticas descalzas 
entre el patio y el baño, 
era carnaval
en la vereda de baldosas rotas, rojas,
en el umbral de la puerta verde con mirilla,
estrecha
como ese pasillo oscuro donde las formas
nunca terminaban de disolverse.

Fiebre, no delires sus ojos de pánico,
bajo cielos rasos que caen
en una oscilación monstruosa y opresiva.

Hay una fatiga y un sudor 
que inoculan en la almohada el
escalofrío de sus médulas.

Sudor,
por qué volviste a tu lugar de origen
tan lejos del mío, tan lejos de mí
sin decir adiós te fuiste
al pequeño país de oriente. 

Por qué morir en este sueño
sin haber antes aprendido el arte
de olvidar.

Comporta una muerte minuciosa 
del sufrimiento
demorarse en este ofuscado sentir,
en el retrato de lo triste de esta estupidez tan niña.

Lo que colma, oprime
hasta que el tiempo quiera o deje de querer.
Es como estar sujeto a la certeza
de no conseguir nada sino a cambio de nada.

Alas de una mariposa muerta entre tus labios.

Fiebre, 
has pasado la noche en vela,
tus niños muertos ya no sueñan con despertar. 
Apenas corren se elevan en su carrera a ras del suelo 
sin pensar por un instante en detenerse
en esa esquina,
en esa esquina a la que temen llegar
saben que el terror espera en la encrucijada.

Se alejan 
y se pierden en la sed, 
en el deseo, en los albores de la vía láctea.
Se alejan del primer amor tan 
y tan lejos
como el bosque lo permita. 
Allí el aquelarre,
resplandores en la piel amada,
suave como el agua pueda serlo,
perdida ya 
en el anhelo de arder hasta extinguirse
en el sueño de una reparación.

Qué palabra breve sin embargo
con sus cuatro letras gastadas.
Por qué te fuiste lejos,
lejos de aquí,
tras el haz de luz que se lanza siempre en persecución
de la primera sombra.

Fiebre, abandona esta vigilia, 
el perímetro de las extensiones más intensas,
las diáfanas existencias de un fuego que nos quema
tan lejos ambos de ambos,
flotando en la atmósfera de un olvido precoz.
Duerme, en las orillas de tus aguas,
bajo tus temblores, fiebre,
ya duerme sin mí.





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POTRILLO MÍO DESPRENDIDO DE MI GRUPA...
volcado de mi flanco 
cuando entra la noche y dormido me nombrás
porque en tu sueño hay risas 
y también monstruos de espanto 
hasta allí llego yo disipando
con mi espada de San Jorge 
cortando males en tu nombre 
con mi melena de león macho /de madre hembra
soy la cabeza de Goliat cuando te pienso 
y en ella caben todos los instantes/
Potrillo mío desprendido de mi grupa
pozo de luz en las entrañas
pulmón resuello - sístole diástole
hagamos de cuenta que nada sabemos 
de la tiranía del tiempo
del verdugo compás de los momentos
mientras toco el poema 
con las ocho letras de tu nombre
y afino cada una de sus cuerdas
Hijo/el miedo es un animal enfermo de rabia ladrando por la casa
cada madrugada vuelvo a ahuyentarlo 
para que no nos toque 
para que no nos muerda
Potrillo mío desprendido de mi grupa
pulmón resuello - volcado de mi flanco.




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los días van comiéndose las sobras
y con los recuerdos de las sobras hemos construido
esta ciudad / este abismo de palabras / fotos
para perdernos en el trayecto de regreso
¿a dónde iremos antes? / ¿hasta dónde
el lento bocado del miedo / la trampa
de lo que vemos interminable en sus bordes?
pronto / los platos caen al suelo y estallan
y el dibujo / mandala / abandona nuestro
punto de vista /
y somos en uno de los aros
concéntricos parte que viaja en el desarme /
perdida unidad / oh pasado / un silencio
que baja la cabeza y sigue / acomoda
el cuello de su abrigo para afrontar
el frío próximo / los años




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1.                         

mi vida como liebre lleva una bala
está en apuros y mira
entre las margaritas aplastadas y el granizo
cómo levanta el día sus alas de la hierba
en este punto de la llanura que desaparece 
entre el miedo y la luz
donde el árbol solista canta muy despacio




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Culebras y sapitos

dejar 
a los hijos hoy
que busquen comida
en el fondo de la casa
que no pidan 
nada a nadie
solos
aprendan a cazar 
pequeños animales
algo fácil
una laucha por ejemplo
culebras y sapitos
después de pasar 
todo el día agazapados
en el filo del sol
casi invisibles ya
de tanta blancura 
radiantes
abandonar el cuidado 
dejar lo conocido
que suceda 
la maleza
lo oscuro sin sentido
que crezca 
del lado de los malos
como charcos 
en el patio
llenándose de agua 
cuando llueve 
o quizás no




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FRAGMENTO DE  LA OBRA “CASI QUE NO ESTÁ” REPRESENTADA EN ELEFANTE CLUB DE TEATRO DURANTE 2012/1013 BAJO LA DIRECCIÓN DE MELISA FREUND

7- Construyen un cuarto en la terraza. Planes para un futuro juntos  

El: dejamos de ir juntos al supermercado

Ella: ir al supermercado se transforma en un plan insoportable

El: vos no soportás que yo me detenga un segundo de más a comparar precios

Ella: Te ponés tenso con el precio de la carne. Evalúas el precio por  kilo de la carne, los quesos, y me cago de frío en la góndola de los congelados esperando a que te decidas

El: te vas acercando a las cajas y me dejás solo

Ella: te digo que ya está bien, que es suficiente. Que no necesitamos nada más, que cualquier cosa volvemos

El: me decís que cualquier cosa volvemos, te digo que prefiero comprar todo de una sola vez

Ella: una vez por semana se repite la misma secuencia. Un día te quedas quince minutos comparando el precio de las galletitas dulces y me voy a hacer la fila de la caja. Me pongo en la de futura mama

El: te metés en la cola de futura mamá para hacer más rápido

Ella: te estoy queriendo decir algo, y no te das cuenta

El: no me decís lo que me tenés que decir más que con indirectas. Hacés la fila para discapacitados y cuando estoy llegando con el changuito lleno me incomoda, te veo de lejos, y me escondo en la góndola de los electrodomésticos

Ella: decís que deje de mentir, que es injusto que mienta para hacer más rápido. No entendés que te quiero decir algo. Que es un juego para contarte algo que nos pasa

El: no entiendo el juego

Ella: cuando toca mi turno dejo pasar a la gente porque no llegás. Me ofendo, me angustio y salgo del supermercado. 

El: Veo que salís del supermercado,  sigo caminando como un zombie  entre los electrodomésticos. Me paro frente a un televisor  y consulto cualquier cosa para disimular que lo que quiero es perderte de vista, que desaparezcas, que si lo de la fila de futura mamá es para contarme algo que nos pasa, para darme una noticia, no quiero saberlo, no quiero enterarme. Un idiota…

Ella: te dejo solo en el supermercado y me voy al departamento. Te espero, y tardás demasiado, me inquieto, me pongo nerviosa, me prendo un cigarrillo sin salir al balcón, le doy dos pitadas y vomito automáticamente. Tardas mucho. Te espero como dos horas. Me preocupo y a la vez no. 

El: una rubia adolescente flaquita muy flaquita se me para al lado y me mira

Ella: tardás en llegar

El: la miro

Ella: ¿qué decís?

El: Me siento un perverso pero no puedo dejar de sentirme atraído. Dejo el changuito lleno y me acerco a hablar con ella

Ella: llegás a las dos horas transpirado, agitado. Me contás una historia.

El: me dice que le gusto. 

Ella: extraña. ¿Qué pasa con la chiquita?

El: Nos besamos frenéticamente entre las heladeras y lavarropas semiautomáticos

Ella: y yo en casa vomitando

El: mientras la acaricio tengo flashes 

Ella: ¿De qué? ¿Flashes de qué? Es mentira. Lo que decís es mentira. Inverosímil

El: te imagino en el auto, manejando y llorando. No puede ser, vinimos caminando al super no puede ser, me digo, mientras le meto los dedos a la rubia que se deja y me habla al oído. Empiezo a ir yo solo al supermercado, no venís, y lo agradezco. Me encuentro una vez por semana con la chiquita entre las góndolas, nos besamos, nos tocamos. Un juego

Ella: soñás con eso. Pero es mentira. Aunque me vaya te quedás igual comparando precios por kilo. Querés imaginar una vida mejor y más aventurera, pero no te sale. Tu naturaleza es la de quien se emociona ante la oferta semanal y cargas el chango de latas de arvejas, y de garbanzos que nunca abrimos. Todavía están en la alacena. Fijate. (El se queda inmóvil. Pensativo)


El: En la cocina todavía hay latas de jardinera sin abrir. Las latas que no se consumen me dan tristeza. Me hacen acordar a nosotros. 



87


III

PLIEGO ORIGAMI

Y DESDE SIEMPRE
CUANDO EL FRÍO CORROE LOS TOBILLOS
OIGO UNA FEROZ CARCAJADA
DESPARRAMANDO EL ROSTRO SECRETO DE LAS COSAS

YA MUY LEJOS SE HA IDO
LA TAN CURIOSA AUTÓMATA
CONDENADA A SU SUERTE
DE PAPEL DE ARMAR

SIN EMBARGO
ÉSTO QUE AHORA CALLO
NO ES MÁS QUE EL BALBUCEO DE SU CORAZÓN
ATRAVESADO PARA SIEMPRE
EN LA TRAMPA DE MI BOCA.




88

MIENTRAS PELO LAS CEBOLLAS... 
que pondré en el horno
pienso: no quiero ser post
ni escribir postliteratura, ni leerla
ni mucho menos estudiarla
no quiero definirme por haber 
llegado tarde a una fiesta
a la que creo, no fui invitada
estudiar el pasado, asumirlo
pero a la vez comenzar…

algo se me tiene que ocurrir
a pesar de la caída del muro
de la caída de las torres
de las caídas y de los caídos

de nuevo buscar mi palabra
y que no sea ruido de fondo
el resto que se irá por la cañería
cuando lavés los platos
                     
en cambio, ofrecería un banquete

o acaso, quienes nacimos a la mitad del siglo
¿no pagamos ya bastante por  todo?
¿cuándo vamos a festejar 
el simple triunfo de estar vivos y en pie?
¿para cuándo entonces, el poema mayor?




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Paisaje invernal - Sesshu

En tus ojos un paisaje invernal
de nieves
y espesas brumas,
una sima profunda
y brotes congelados
-como lágrimas escurridizas-
de almendros y cerezos.

La vida en blanco
y suspiros rojos.





90


Del libro de Paraguay


¿Agrega Paraguay a Paraguay el libro?
¿Palabra Paraguay país alude?
¿De libro sale Paraguay entero?

¿Dice Paraguay, si libro dice?
¿Habla Paraguay en libro dicho?
¿Libro Paraguay lo dijo?

Letra alude, 
                    ¿si hunde en tierra? 
Dice tierra, 
                   ¿a letra acude?
Letra evoca, 
                     ¿tierra esconde?


¿País sabía lo que letra dice? 
¿País en tierra letra esconde?
¿País en tierra sabe letra?
¿Palabra tierra ya sabía? 




91


Conduciendo en medio de la noche

Ahora que el coche comienza a hacer un ruido raro
y el agua está llegando a la altura de las luces que vacilan
comprendo cuántos errores he cometido en las últimas horas.

No presté atención al alerta que daban en la radio cuando partí por la mañana.
No le hice caso a mi amante
cuando me dijo que no me largara a la ruta con esta tormenta. 
(Ella ya no quiere saber nada conmigo,
pero hubiera preferido que pasara la noche en el  sofá).
No quiero recibir un llamado a medianoche avisando que te hiciste papilla, dijo.

Pero hasta un cobarde como yo es temerario cuando se siente despechado.
Ahora la lluvia arrecia 
y sólo circulan de frente los camiones de gran porte.
Lejos de mejorar, la situación empeora cuando bajo la cuesta
y después de un último parpadeo las luces se apagan.
Alrededor todo es oscuridad y agua que golpea.

Salir fue un error,
volver fue un error,
seguir fue un error.

Me pregunto si esta evaluación 
no se aplica también a lo que hice en el día de ayer,
a la última semana,
al mes, al año entero
y al resto
de mi vida.






92


Sea food

De espaldas sobre la noche
sentí que un tiburón se me acercaba
desde la profundidad de un mar
oscuro y cristalino

A punto de morderme eligió
la voluptuosidad de mi mano
y puso el hocico sobre
el hueco de mi palma

Mi cuerpo inerme
lo acompañaría en su descenso
suave y silencioso
tiburón enamorado

Mi cuerpo blanco
demasiado blanco
mis ojos olvidados
del último terror.




93


La parte más negra

Un día aparece 
y uno siente 
que todo 
terminó.

Se pudo fingir hasta ese momento 
pero ya no podrá hacerlo
ni por un segundo más.

No es una mancha que se expande.
Un gas que asfixia.

Es una sensación de luz cortada.
De parabrisas estrellado 
por una piedra en el camino.

No quedan huellas.

Uno no sabe quién es ni dónde está.

Te arrancan los ojos, 
te cortan la lengua, 
te tapan los oídos, 
te despellejan vivo.

No hay referencias en ese vacío.

Al rato, como si alguien 
encendiera la luz,
la parte más negra se esconde, 
es decir, adelgaza 
tanto como para hacernos creer
que desapareció.

Los que estamos en el ajo
sabemos que esto no ocurre.

Una vez que se presenta 
nunca más deja de hacerlo.

Esto pasa de vez en cuando, 
por eso vuelven a aumentarme 
la dosis.



94


25

Piense que el occidente es cromático,
me decía, mientras pescábamos
en el alto Paraná. Si pinta, por ejemplo,
alambre retorcido, o si pinta enredaderas,
la tierra de Siena o lo que use para pintar,
ha de darnos en el pincel materia que sangra.
Usted no puede tocar impunemente la materia.
Para los chinos la materia es pensamiento.
Pero recuerde usted que el occidente es cromático.
El occidente es físico. El occidente ha hecho libros
cubiertos de cálculos. Usted no puede así no más
pintar. Encarne, vuelva a probar, tire ese bagre.




95


la uva liebre

la uva liebre aparece
y se oculta
con aire de siesta por el mandarino 
que ciega su diagonal verano 
podría activar una estrategia
para detenerla un minuto
acá, junto al silencio 
pero el silencio no frena la materia, ni cura 
el corazón y no está comprometido con la luz
la uva tienta y se liebra
cuando vuelo lebowski 
me siento más polvo que nunca 
entre pájaros piojosos tierra húmeda
y tréboles de tres hojas
mientras recorro los ríos que siguen su cauce
entre las uniones de las baldosas
hacia el anonimato
en el ayuno social de una tarde cualquiera
creo en el lateral oscuro de la fruta




96


IV

La silueta delgada del cedrón 
que aparece en el jardín 
tiene formas que se parecen 
a la forma de mis ojos. 
Veo a través de mí el cedrón:
El entorno se modifica 
mirado desde adentro 
como algo que recuerda 
vagamente a una planta 
y ya no es cedrón ni planta;
sólo alguien
que huele a tierra mojada, 
alguien que se parece a mí 
en su guerra con la tierra 
para desertar y crecer 
fuera de sus límites.




97


FRAGMENTO DE BRUJAS DE CARUPÁ:

Así que Jésica se pone enojada y camina más rápido que mami antes y ahora mami camina más despacio que mami antes y se me pone al ladito y me hace cara de qué hambre esta Jésica, qué estúpida, y la deja irse un poco y mami me hace mano en el hombro.
 –Ahora vamos a poder hacer más cosas porque mami se decidió a hacer su trabajo.
 –¿Vamos a ser ricos?
 –Creo que sí. Todo depende de mí.
 –Mami…
 –¿Qué, hijo?
 –¿Se puede ser rico sin plata?
 –No, hijo. Si no tenés plata y te creés rico por tener cosas del corazón, como hijos o discos del Puma, entonces la gente te trata de estúpida y de maldita y se aprovechan de vos. Como lo de las zapatillas grandes, ¿te acordás?
 –No, mami.
 –Bueno. Ahora vamos a ser mejores personas porque vamos a tener plata y la gente mala te va a tratar bien porque te van a tener miedo.
 –¿Y si me dicen cosas, mami?
 –¿Qué cosas te pueden decir?
 –Lo de que sos bruja y cosas de gritar.
 –Fácil. Si te dicen eso y lo conocés, me decís el nombre y voy y lo hago mierda. La próxima vez que te digan algo como insulto, yo voy a ir con la verdad. Que soy bruja y puedo hacerles daño. Y si la próxima vez te dicen lo mismo, seguro van a estar bastante malditos y los dientes no van a estar o la cara se les habrá deformado o las piernas no irán para el lado que corresponde. Y ahí nos vamos a reír nosotros. ¿Qué vas a comer hoy?
 –Pizza.
 –Pizza, entonces.
 –Te quiero mucho, mami.
 –Yo también, hijo. Para siempre. ¿Dónde se metió Jésica?
 –En el lugar de mucha gente y comidas. Ahí.
 –Bueno. Ella sabe que vamos para el patio de comidas. Si está turuleca y se hace la cristiana, entonces que no venga. Si viene, le convidamos pizza. Si no quiere, que siga pataleando.






98




99

  En la mecedora (12.08.11)

     Los fantasmas del día irrumpen en la casa de la que se está yendo. Revisan habitaciones, alacenas, escondrijos de la que nunca vendrá. Se miran, preocupados y temerosos de la respiración pasajera que cae sobre la alfombra como piedra de la mano. Luego, quedan solos, en la sala adormecida, observando el balanceo de la mecedora de caoba, con refuerzo lumbar y manchas de sangre, que poco a poco se va secando.

José María Pallaoro



100


ESCRIBO DOS O TRES PALABRAS Y MIRO MIS MANOS...
nada ha cambiado

atentas a veces cansadas presienten un verso
destejen el tiempo buscan revuelven
y nada

sucede cada tanto
como si una raíz oscura o sombra
de hilachas de red las ocultara

ellas que saben el secreto de tu hondura
se preguntan
el destino de un poema que pasó de largo
un sol que todavía duerme en otra parte

las miro mientras persiguen rastros de metáfora
entre las astillas de una hora caída de improviso
nada ha cambiado

deciden el final de la jornada
me llevan a tu lado

buscan su casa


Gabriel Impaglione




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