EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 21 de mayo de 2016

ÁRBOL - MAPA III



Compilación: Selva Dipasquale

Segregamos frases como otros animales 
hacen cera o cultivan hongos bajo tierra 
o braman, croan, mugen



Esta entrada contiene las citas y libros recomendados por algunos de los autores entrevistados. Iremos actualizando este mapa a medida que avancemos en las publicaciones. 







2

En cuanto a autores o referencias que pueda aportar, pienso por ejemplo en la inmovilidad y la resta de Beckett en su escritura, su silencio activo y ordenador de un universo que se adivina como la imposibilidad de ir más allá del balbuceo, que ya estaba en Kafka. Pienso también irremediablemente en Artaud y su cuerpo como catalizador de un mundo expresivo potenciado en el dolor y la exaltación. Y aunque más visibles, y cercanos, tenemos a Viel Temperley y a Pizarnik, entre muchos otros, porque al escribir…¿quién no pone, no expone el cuerpo como reflejo de su esencia más totalizadora  (Santiago Espel)



3

Proust tenía la idea de que su mente trabajaba mejor si no comía, mientras que Hemingway descubrió, a principios del siglo XX, que el hambre afilaba su mirada y capacidad de discernimiento.  (Santiago Robles)





5

Voy a recomendar la lectura de "Cartas a un joven poeta" de Rainer Maria Rilke. Es un libro maravilloso, hecho de cartas, que también me encanta que así sea, ese género íntimo, en el que Rilke intenta dar su visión a un joven que intenta escribir versos. No sé si es sobre la relación entre el cuerpo y el arte, va más hacia la vida y el arte, pero en definitiva: la vida nos ocurre en el cuerpo, no?
Va un fragmento:
“¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser signo y testimonio de ese impulso. Entonces, aproxímese a la naturaleza. Entonces, intente, como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde.” (Karina Maccio)

.

6


Si tengo que elegir un solo autor, sin duda es Lucrecio. Este Lucrecio: 
“Y a qué distancia esté de nosotros cada cosa, su imagen nos lo hace ver y nos da el medio de discernirlo. Pues, al ser emitida, al punto impele y empuja el aire interpuesto entre ella y los ojos; todo este aire fluye a través de nuestros ojos, despeja, por decirlo así, las pupilas y pasa. He aquí cómo apreciamos lo que dista cada cosa; y cuanto más aire es empujado adelante por la imagen, cuanto mayor es la corriente que roza nuestros ojos, más distanciado nos parece estar el objeto; pero entiéndase que todo sucede con gran rapidez, de modo que a un tiempo vemos lo que el objeto es y cuán lejos se encuentra.” (De rerum natura. Libro IV) (Silvia Castro)


7


Un libro que me gustaría recomendar y compartir con ustedes es el de Wassily Kandinsky, De lo espiritual en el arte, ya que me reencontré con él hace un par de días atrás y es un libro maravilloso para leer. (Silvana Lacarra)


8

 Con respecto a la relación entre cuerpo y arte, pensé en Artaud. En su opinión acerca de cómo el cuerpo es castrado y reprimido por la cultura. Él planteó una oposición entre "cuerpo atómico" - explosivo y poético- frente a un "cuerpo anatómico" -clasificado y jerarquizado-, un cuerpo yendo hacia la muerte y en el que las personas se sienten encerradas. Quisiera actuar y escribir con el cuerpo atómico. (Celia Iribarne)




10

Cuando me preguntás acerca de la relación del arte y el cuerpo, me viene a la mente una frase de Artaud: "No ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible".. (Leandro Alva)




12

 ¿Un autor? ¿Un texto? ¡El Dante! ¡La Divina Comedia! Ahí tenés un viaje al arte a través del cuerpo, o del cuerpo a través del arte. (David Wapner)



13

Los locos, las locas, y también algun@s de nuestr@s poetas, son los únicos que saben la verdad de lo que es vivir esa otra realidad. Muchos desvarían por el dolor que esa experiencia les produce. Quienes han abierto esa puerta y estado realmente ahí y podido volver, cuentan que no es nada lindo ni fácil. Por eso un autor que puedo recomendarles es Aníbal BrizuelaA modo de cita y también como ilustración artística de mi participación en este proyecto, adjunto un fragmento de uno de sus dibujos, donde es inseparable el dibujo del texto de la misma forma en que son inseparables el cuerpo y el alma. (Beatriz Vignoli)



14

Hay un poema de  Czeslaw Milosz que habla de la poesía  y de la muerte física:  “…Liberada de los fantasmas de la psicosis,/ de los gritos del tejido que perece,/ de la agonía del empalado, // Vaga por el mundo,/ para siempre, clara.” (Rafael Felipe Oteriño)




16


Hay un fragmento de un libro de Patti Smith que para mí refiere a eso. A la llegada de ese pulso de la poesía, y de su manifestación:
“Cuando era pequeña, mi madre me llevaba de paseo por el parque Humboldt, junto a la orilla del río Prairie. Tengo recuerdos borrosos, semejantes de huellas dactilares en platos de cristal, de un viejo cobertizo para barcos, una glorieta circular, un puente de piedra con arcos. El río desembocaba en una vasta laguna y en su superficie presencié un milagro singular. Un largo cuello curvo se alzó de un vestido de plumas blancas.
“Cisne” dijo mi madre, percibiendo mi emoción. El ave golpeteó el agua resplandeciente con sus grandes alas y alzó el vuelo.
La palabra en sí apenas dio fe de su grandeza ni transmitió la emoción que me produjo. Su imagen me generó un deseo para el que no tenía palabras, un deseo de hablar del cisne, de decir algo acerca de su blancura, la naturaleza explosiva de su movimiento y la lentitud con que había batido las alas.
El cisne se fundió con el cielo. Me esforcé por hallar palabras que expresaran mi noción de él. “Cisne” repetí, no enteramente satisfecha, y sentí un cosquilleo, un anhelo curioso, imperceptible para los transeúntes, mi madre, los árboles o las nubes.”
Éramos unos niños, Patti Smith, Lumen, 2010.



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Recomiendo el libro: “Que no muera la aspidistra” de George Orwell,




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Una de las autoras peruanas que ha investigado sobre cuerpo y escritura es Rocío Silva Santisteban, en un artículo escrito en “La insignia” que se llama “Escribir como mujer”: http://www.lainsignia.org/2001/febr... . Y la otra, es una escritora china, Linanhuang, de quien me impresionó el articulo que copio a continuación. http://blogs.elespectador.com/habla...  (Julia Wong Kcomt)




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Deudas: Pascal Quignard, "Morir por pensar (IX). Versión libérrima y mestiza del Cap. XV, Teoría y cinegética.
Kafka es un gran observador de las actitudes de los cuerpos, de toda clase de cuerpos. Habría que hacer performances siguiendo las coreografías de sus personajes inmóviles. Un arte Butoh de la escritura kafkiana.  (Alicia Silva Rey)



21

Lo más lúcido que he leído con respecto a la relación entre el cuerpo y la escritura es un ensayo de Mónica Cragnolini que se llama “Del cuerpo-escritura. Nietzsche, su "yo" y sus escritos”. Aquí cito un fragmento: “¿No será que en lugar de ser sujetos que "nos expresamos" en la escritura, es la experiencia misma de la escritura la que nos constituye? ¿No estaremos deviniendo [lo que somos] al escribir, más que escribiendo lo que hemos devenido?(…) La escritura no es -solamente- el "relato" de las experiencias vitales: en un sentido nietzscheano, ella misma es una experiencia de vida. Porque quien escribe cuando escribimos es nuestro cuerpo con sus fuerzas, que siempre son, al mismo tiempo, las fuerzas de los otros que se intersectan con las propias. Fuerzas propias-desapropiadas de la escritura: entonces, no se escribe con el cuerpo, sino que es el cuerpo el que escribe y se escribe”.(Javier Galarza)



23

 Lacan dice en uno de sus seminarios, que “las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. Entonces, podríamos pensar que tenemos un cuerpo que habla, y que cuando no habla también dice. Y en ese “no hablar” es donde el arte tiene su lugar, porque es con lo inefable, con lo que podemos crear algo que nuestro cuerpo desconoce y al mismo tiempo habita. O como escribió Hèlene Cixous: “Mi escritura mira. Con los ojos cerrados”. Quizás a través del arte podemos sentir mucho más el cuerpo que somos y que no sólo tenemos. (Eugenia Simionato)



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Un poeta en el que para mí está muy presente el cuerpo es Konstantinos Kavafis, quizás no en relación directa con la escritura poética pero si cómo tema, desde el erotismo o la nostalgia del erotismo propio al cuerpo ajeno, a su vigor joven, como objeto de deseo hacia quien están destinados esos versos, a veces como puentes para volver al pasado. Para mí en ese sentido es una escritura muy carnal, muy concentrada en el pasaje transitorio del espíritu por la materia.




Recuerda cuerpo




Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron;

no sólo las camas que tuviste,
sino también los deseos que brillaron abiertamente
en los ojos que te vieron;
las voces temblorosas, que algún obstáculo frustró.
Ahora que todos están en el pasado,
parece como si en realidad te hubieras
entregado a esos deseos.
Cómo deslumbraban.
Recuerda los ojos que te vieron,
las voces que temblaron por ti.
Recuerda, cuerpo.





Kavafis



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No diría nada sobre la voz porque, entiendo, ya se dijo todo… prefiero las palabras de Osip Mandelstan, quien dijo de Ana Ajmátova: “Quien no haya escuchado nunca su voz no conocerá jamás su poesía”.  (Marcela Morel)



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Me gustó ver y escuchar a Arnaldo Antunes, es un percusionista, un domador, un poseído. Se deja ir y a su vez lo que hace necesita de su cuerpo, él es su propia acústica.




Hereditário




Arnaldo Antunes




A cada parto

A cada luto
A cada perda
A cada lucro
O sol que dura
Só um dia
A cada dia
O sol diário
Contra o que for hereditário.



Em cada mira

Em cada muro
Em cada fresta
Em cada furo
O sol que nasce
A cada dia
A cada aniversário
Contra o que for hereditário.
Arnaldo Antunes



OTRO




sobre vueltas

otras sobre otras
órbitas
de un mismo cuando
en cuanto está parado
lado
a lado frente
a frente cuerpo
a cuerpo día
a día a día
de poniente
hasta aurora
ante ahora
de repente
norte en frente.



Arnaldo Antunes






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En cuanto a si me pregunté alguna vez por la relación de cuerpo y arte debo decir que no, aunque mi amigo y maestro literario Diego Sampo me ha hecho referencia a ciertos ensayos que él mismo escribió donde se le daba una clara importancia al cuerpo. (Diego Brando)


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Libros:




Bachelard, Gastón. El aire y los sueños.

Kusch, Rodolfo. El pensamiento indígena americano.
Le Breton, David. Antropología del cuerpo y modernidad.
Nietzsche, Friedrich. Sobre utilidad y perjuicio de la historia para la vida.
Sennet, Richard. Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental.



Un fragmento:




…Ahora bien, ¿en qué forma enfrenta el indígena su vida emocional? Mejor dicho, ¿podrá mostrarnos otros aspectos de la misma, especialmente cuando se trata de los casos extremos del miedo?

Sayres, en un artículo publicado en América Indígena, señala los problemas psíquicos que sobrelleva la primera generación de mestizos de padres indígenas, ya que aquéllos parecieran sufrir, en mayor medida que éstos, el miedo mágico a la infracción de las normas tradicionales, hasta el punto de que se incrementa entre ellos, por ejemplo, los rituales del asustamiento que en el altiplano andino se llama mancharisca. Mancharisca proviene del manchay, que significa en quechua “tener miedo”, el cual, en este caso es atribuido a la pérdida de ánimo.
A esto se refiere la señora Valda de Jaimes Freyne cuando menciona la doctrina aymara sobre el alma. Según ella, el indígena concibe un alma propiamente dicha, (jachcha ajayu), un ánimo (jiska ajayu) que va quedando prendida de todas las cosas y que de esta manera se gasta, y finalmente un kamasa o sombra, o también llamado coraje que también está representado en un animal. Cuando un sujeto tiene un susto y sufre ciertas manifestaciones, como fiebre, o delirios, o lo que fuera, se dice de él que ha perdido el kamasa o el coraje, como se me informara en Tiahuanaco. En este caso es preciso recurrir a un ritual.
Morote Best lo describe para el mundo quechua de la siguiente manera: Si el asustamiento no es grave, se toma una pizca de tierra del lugar donde ha caído la persona y mientras se la come se dice “hampuy, ánimo…hampuy” (vuélvete ánimo vuélvete). Pero si la enfermedad es grave, entonces se la cura con un despacho. Este consiste en incinerar un envoltorio en el cual se incluyen cerca de quince productos, entre otros, piezas de plomo diminutas, plumas de cóndor, papeles de color. Una vez terminado el despacho, “un paciente debe conducir por el suelo y con la mano derecha el gorro, como si fuera una persona que camina, ya que le sirven de pies las orejeras del mismo. En la mano izquierda porta un poco de tierra del lugar en el cual se produjo la incineración y una moneda de un sol. Mientras tanto en la casa del enfermo la luz debe estar apagada y todos los hombres en silencio. En la oscuridad de la morada se podría ver, si la luz se enciende –lo que no debe hacerse-, a un varón que aprisiona la frente del enfermo y a otro que hace lo mismo con los dedos de los pies, mientras se produce el retorno del alma.
Kusch, Rodolfo. El pensamiento indígena americano. Pp 54-55. CAJICA, Argentina, 1970.



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Podría recomendar muchos autores, pero me inclino por Marguerite Duras, El mal de la muerte



(fragmento)




Otra tarde usted lo hace, como estaba previsto, duerme con el rostro en lo alto de sus piernas separadas, contra su sexo, ya en la humedad de su cuerpo, allí donde ella se abre. Ella lo deja hacer.





Otra tarde, por distracción, usted la hace gozar y ella grita.





Usted le dice que no grite.





Ella dice que ya no gritará más.





No grita más.





Jamás de ahora en adelante ninguna otra gritará por usted.






Quizás obtenga usted de ella un placer hasta entonces desconocido para usted, no lo sé.





Tampoco sé si percibe el sordo y lejano zumbido de su goce en su respiración, en ese suavísimo estertor que va y viene de su boca al aire exterior. No lo creo.





Ella abre los ojos, dice: Cuánta felicidad.





Usted le pone la mano en la boca para que se calle, le dice que no se dicen esas cosas.





Ella cierra los ojos.





Ella dice que ya no lo dirá más.





Ella pregunta si ellos sí hablan de eso. Usted dice que no.





Pregunta ella de qué hablan. Usted dice que hablan de todo lo demás, que hablan de todo, excepto de eso.




Marguerite Duras. El mal de la muerte. 1982.








38

Hay dos autores que tratan muy bien los cuerpos, Nietzche en su texto “De los despreciadores del cuerpo” y Deleuze en “El cuerpo de Spinoza” 


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Recuerdo a  Jack Kerouac, acá abajo sus palabras:
"Aquello que Rembrandt o Van Gogh lograron ver en la noche no podrá ser visto nuevamente"
O las palabras de Van Gogh:
"Los cipreses me preocupan siempre, quisiera hacer algo como las telas de los girasoles,
porque me sorprende que nadie los haya hecho todavía como yo los veo."


40

En equilibristas incluí como epígrafe unos versos de Luciana Mellado que dicen "el cuerpo sabe hablar/ y habla". Creo que la poesía y el arte en general son una de las formas en que el cuerpo habla, y toda la obra de Luciana es un ejemplo de eso. Aprovecho para recomendar sus libros –Las niñas del espejo (2006), Crujir el habla (2008), Aquí no vive nadie (2010), El agua que tiembla (2012) y Animales pequeños (2014)– y compartir uno de sus poemas:




lengua afuera de la perra adentro




tu aliento, creación de madera

busca pocos alimentos



esa trampa nunca te hará libre

por más que insistas en belleza



tu hambre viene de lejos

de otro frío
de otra noche



¿podrías jurar que sentís tristeza?

¿alegría?



ahora mismo podés ser la perra afuera

no metafóricamente
la perra afuera



el universo te cabe en una mano

plegado como un origami puede pasar
debajo de todas las puertas



¿estás triste todavía?

¿estás adolorida?



son los ovarios

la sangre que hablan
pero no duelen los ovarios
dicen
y si no duelen
no existen



podés ser la perra ahora mismo

afuera



escuchar el frío podés

escuchar los ojos que miran con otra lengua
otras leyes y sanciones



¿Kafka se lavaría las manos

con jabón blanco?



la higiene es importante




pero el goce no aprecia la limpieza

y sus fríos



la limpieza amansa el cuerpo real

porque le teme



hay que lavar las impudicias

la sangre que no se note
la sangre que no se note



y esos perros olfateando

la entrepierna
siempre
animales



la sangre se escapa porque la perra

es cachorra todavía
no la necesita



la perra está adentro

con un cuerpo dicho
desmejorado
sangra



el juego de la belleza

no tiene apuro



una palabra para decir quiénes somos

no es posible
porque una lengua no se tiene
porque un cuerpo no se tiene



lo que se tiene son cosas

y sólo las cosas pueden ser dichas



la sangre es un aliento rojo

que está afuera y adentro
y no sabe
no espera
no explica
no necesita nada
no está pensando en el cumpleaños de su madre
doliéndose los ovarios



esto es una silla

esto es una letra
esto es un suspiro entre tanta asfixia
legislativa y policial



serás feliz

serás algo
serás alguien
serás normal
serás mujer
bandera



serás el patio de un colegio




y amarilleando crece en la memoria

la noche orinada en un ladrillo
por qué mamá mis riñones no andan
tu padre
el cuerpo de tu padre y de sus padres
y sus padres y padres
vienen con mal riñón



vengo de ese riñón y el tiempo sigue picoteando




tengo miedo mamá

el ladrillo está caliente
y la noche fría



afuera la perra que soy está callada

y adentro
ladra
ladra
ladra




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Para esto recomiendo la lectura de un clásico que no deja de hacernos preguntas, “Ulises” de James Joyce, comparto aquí un fragmento del monólogo de Molly Bloom:
“el sol brilla para ti me dijo el día que estábamos acostados entre los rododendros sobre la puerta de Howth con el traje de tweed gris y sombrero de paja el día que conseguí que se me declarara si primero le pasé el pedacito de pastel que tenía en mi boca y era año bisiesto como ahora sí hace dieciseis años mi Dios después de ese beso largo casi me quedé sin aliento sí me dijo que yo era una flor de la montaña sí entonces somos flores todo el cuerpo de una mujer si ésa fue la única verdad que me dijo en su vida y el sol brilla para ti hoy sí por eso me gustaba porque vi que él entendía lo que era una mujer y yo sabía que siempre podría hacer de él lo que quisiera y le di todo el placer que pude llevándolo a que me pidiera el sí y primero yo no quería contestarle sólo miraba hacia el mar y hacia el cielo y estaba pensando en tantas cosas que él no sabía”  (Manuela Suárez)


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 Muchos autores vienen a mi mente al hablar del cuerpo y de la escritura. Pero ofrezco este fragmento del filósofo  Jean-Luc Nancy, de su libroCorpus, que justamente estuve leyendo en estos días:



      “Escribir: tocar el extremo. ¿Cómo entonces tocar el cuerpo, en lugar de significarlo o de hacerlo significar? Uno está tentado de responder con prisa que o bien eso es imposible (…), o bien que se trata de remedar o de amoldar el cuerpo a la misma escritura (bailar, sangrar…). Respuestas sin duda inevitables –sin embargo, rápidas, convenidas, insuficientes: una y otra hablan en el fondo de significar el cuerpo, directa o indirectamente, como ausencia o como presencia. Escribir no es significar. Se ha preguntado: ¿cómo tocar el cuerpo? Puede que no sea posible responder a este cómo, como si de una pregunta retórica se tratara. Pero lo que hay que decir es que eso –tocar el cuerpo, tocarlo,  tocar en fin- ocurre todo el tiempo en la escritura.

Puede que eso no ocurra exactamente en la escritura, si esta tiene un “dentro”. Pero a orillas, al límite, en la punta, en el extremo de la escritura, no ocurre sino eso. Ahora bien, la escritura tiene su lugar sobre el límite. No le ocurre, pues, otra cosa a la escritura, si algo le ocurre, que tocar. “ (Loreley El Jaber)




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Recordé el poema de Horacio Castillo:



Arte poética




Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto

que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.




Horacio Castillo, Materia acre, 1974





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 Recuerdo el impacto de leer Museo Salvaje (Losada,1974) en donde Olga Orozco dedica un poema a cada parte de su cuerpo:
"Este cuerpo tan denso con que clausuro todas las salidas /este saco de sombras cosido a mis dos alas. El cuerpo como cárcel del alma, algo que podía dejar atrás a través de la escritura."




46

Pienso enseguida en Artaud, claro, pero también en otros. Deleuze es uno que me aguijonea el pensamiento siempre. Ahora mismo estoy leyéndolo y releo y releo “cómo hacerse un cuerpo sin órganos”, escrito con Guattari, en Mil Mesetas (1988) y creo, con esa sensación de esclarecimiento que a veces irrumpe y nunca puedo verbalizar organizadamente, que entiendo algo de ese vínculo.
Quiero compartir una pregunta y una reflexión formuladas en este libro:
 “¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el ano y la laringe, la cabeza y las piernas? Por qué no caminar con la cabeza, cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre. Cosa simple, Entidad, Cuerpo lleno, Viaje inmóvil, Anorexia, Visión cutánea, Yoga, Krishna, Love, Experimentación. Donde el psicoanálisis dice: detenéos, recobrad vuestro yo, habría que decir: Vayamos todavía más lejos, todavía no hemos encontrado nuestro CsO, deshecho suficientemente nuestro yo. Sustituid la anámnesis por el olvido, la interpretación por la experimentación. Encontrad vuestro cuerpo sin órganos, sed capaces de hacerlo, es una cuestión de vida o de muerte, de juventud o de vejez, de tristeza o de alegría. Todo se juega a ese nivel”




49

Nadie sabe todo lo que puede hacer un cuerpo, más allá de uno. Esto es casi una cita de Spinoza, que miraba la habilidad de las arañas, la compleja y poligonal factura de sus telas, y pensaba que no era pensamiento la causa de sus diseños. (Silvio Mattoni)


50



Me gusta mucho Alberto Muñoz, por su inmensa variedad de registros:



"Mirar a un gato encerrado/ Simplemente para verificar la eficacia de la frase "aquí hay gato encerrado" encerré un gato. La llave del candado la guardé en un cajoncito de la cómoda y me desentendí del experimento durante 24 horas. Al día siguiente, fresco, sin ambages, procedí a comprobar lo que desde un principio suponía: en la habitación no había ningún gato; la literalidad resulta hueca; se promueve esa expresión porque el misterio es lo único que no aburre en la vida". (Alberto Muñoz) (Joaquín Valenzuela)



51



Quiero compartir un texto de Abelardo Castillo, de su libro Ser escritor, donde habla de la evocación, citando a Rilke, que siempre me conmueve:



“Consejo para poetas




“Creedme que todo depende de esto: haber tenido, una vez en la vida, una primavera sagrada que colme el corazón de tanta luz que baste para transfigurar todos los días venideros” (Rilke)”




53


John Berger habla en un libro ¨El cuaderno de Bento¨sobre la mirada en el dibujo en relación a la conducción de una moto, ¡hermoso texto! (Margarita García Faure)




56
. Y voy a buscar un libro de Tununa Mercado, que siempre me ilumina: “(…) ganar el espacio de la escritura es un arrebato, palabra cuyo doble sentido (…) dice la índole del acto: por un lado arrebato en el sentido de apropiarse de algo (…) y arrebato en el sentido de rapto, fascinación, perplejidad, estupefacción.” (Florencia Fragasso)


57

El cuerpo como una forma de recepción, de vacuidad, el cuerpo como el lugar para recibir una ausencia (Berger), el cuerpo como existencia bruta y salvaje. Plotino diría que no tenemos cuerpo, que es el alma el que lleva un cuerpo. Entonces, es como manejar una máquina. No creo, vuelvo a Zelarayán, no existen los cuerpos, ¿existen los hablados por el cuerpo? Pienso en artistas que usaron su cuerpo como soporte, como Carlos Leppe (artista chileno), como Alberto Greco, como Liliana Maresca; o los cuerpos de Bacon, de Macció, de Giacometti. Pero también es pensado el cuerpo invisible de Morandi, de Rothko o de Chillida(Ramiro Sacco)




58

 Recomiendo: El Arte de la Performance, Editorial de Arte Gaglianone, 1986


59

Por ejemplo hay un libro que recomiendo y por ende una poeta: Amansalva de Emilce Strucchi. Donde el cuerpo se hace carne en el libro. Hay un poema que cierra el libro anterior La luz es otra cosa, y que abre  (la poeta hizo la repetición adrede) Amansalva: 



como quien sale al mundo por vez primera

ella extiende límite a su llanto:
la ronca huella
no su calor



y busca el rostro con los puños cerrados

se acerca a ciegas a su boca
y a ciegas
se aproxima a conocer el pecho
hasta olvidarse el cuerpo en los brazos del hijo



para ser murmullo

el olor gutural
y un estallido que asesine la región del simulacro
ese bocado de humanidad que le arrancaron a un hueco del destino
por donde un ala sangra su parte de fracaso
y no hay quien tenga recuerdo de su origen:
ninguna foto
para testificar tantos preludios
abrazados a heridas implacables
(o ciertas)
cuando era alondra y desbordaba el canto



como quien regresa con mi fe intacta

para reconstruir su muerte en paz
curvándose sobre estos pies difusos…



a mis espaldas se alzan voces




susurran

un delito anterior



del libro Amansalva de Emilce Strucchi, ed. Deldragón, 2006. 

(Javier A. Saleh)


60

Cuando una palabra sube y baja por el aparato fonador y se enreda en algo y se pierde, se vuelve distinta (Shklovski dixit). 
 Hay un texto de Octavio Paz de El mono gramático que habla de la relación entre el cuerpo y la escritura:
“ El camino es escritura y la escritura es cuerpo y el cuerpo es cuerpos (arboleda). Del  mismo modo que el sentido aparece más allá de la escritura como si fuese el punto de  llegada, el fin del camino (un fin que deja de serlo apenas llegamos, un sentido que se evapora apenas lo enunciamos), el cuerpo se ofrece como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo. Al palparlo, se reparte (como un texto) en porciones que son sensaciones instantáneas:  sensación que es percepción de un muslo, un lóbulo, un pezón, una uña, un pedazo  caliente de la ingle, la nuca como comienzo de un crepúsculo”. (Emilio Teno)



63

dijo Drummond de Andrade “eso que piensas y sientes, eso todavía no es poesía” (María Teresa Andruetto)



64

Es como todo lo que creemos poseer: tan cercano y a la vez tan desconocido ("voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo"), escribió Viel Temperley, acosado por la enfermedad).  (Alejandra Correa)


65

 Recomiendo sobre el cuerpo las reflexiones de Nietzsche, Deleuze, Freud y Lacan y desde la Antropología, las recopilaciones de Silvia Citro. (Carlos Garro Aguilar)




67

. Un libro para recomendar “El cuerpo poético”, de Jacques  Lecoq (Pablo Médici)



68

.
El ejemplo máximo de esa sensación orgánica en la escritura, que hace que el lector ponga el cuerpo mientras lee, creo que es el principio de Lolita, de Vladimir Nabokov. Es tan perfecta que funciona incluso traducida. Va en inglés (que es in-cre-í-ble) y en español también, entonces. Es maravilloso cómo la boca hace lo que estamos leyendo, casi sin tener consciencia, incluso sabiendo que lo va a hacer y tratando de evitarlo, lean y noten cómo mueven la lengua:
“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.” 
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta." (Daniela Pasik)


69


Creo que el autor que me gusta hablando sobre el cuerpo es Didi Huberman: La Venus rajada es impresionante. Otra, es Susan Sontang. (Hilda Paz)



73

 Para la relación de la escritura con el cuerpo recomiendo un taller en Montevideo: “Escribir con el cuerpo”, de Mariana Casares. Ella es bailarina, fue alumna de Mario Levrero, y a sus alumnos les hace bailar una no-danza durante cuatro horas. Después se tiran al piso –ella les pone una manta porque el cuerpo se enfría muy rápido– y escriben lo que les salga. Mariana es maravillosa, han salido libros de sus clases. Yo todavía no me expuse a ese ‘tratamiento’. (Liliana Villanueva)


74


Osvaldo Lamborghini, por ejemplo en El Niño Proletario, que acá convido una parte para mí conmovedora:

“…Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo.
Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo.
Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal.

-Ahora hay que ahorcarlo rápido -dijo Gustavo.
-Con un alambre -dijo Esteban en la calle de tierra donde empieza el barrio precario de los desocupados.
-Y adiós Stroppani ¡vamos! -dije yo…”



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El cuerpo es un espíritu que busca carne pero encuentra palabras (Joseph Brodsky). (Jorge Rivelli)



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Inevitablemente pienso en Artaud, en textos como Van Gogh el suicidado por la sociedad o Para terminar con el juicio de Dios, pero especialmente en esa excesiva y maravillosa nouvelle que es Heliogábalo o el anarquista coronado. En Artaud está siempre presente la eroticidad de los cuerpos, los humores y rumores excrementicios, sus glosolalias están en este orden, como eyaculadas a través del conducto gutural. Hace ya muchos años leí un artículo de Pierre Guyotat precisamente sobre Artaud y su Heliogábalo…, muy revulsivo, “El lenguaje del cuerpo”, donde vinculaba escritura y masturbación, entre otras cosas. La relación cuerpo escritura estuvo presente en gran parte del posestructuralismo: Kristeva, Foucault, Deleuze, etc. El lugar del cuerpo en la literatura, pienso… Rabelais… Sade… O. Lamborghini… Desbordes(Luis Bacigalupo)


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Si de cuerpo se trata en el poema, me gustaría mencionar dos libros, “Mar de Mármara” de Maria Melek Vivanco a quien me unió un cariño muy especial y el libro “Roma” de Lidia Rocha. No voy a citar ningún poema en particular porque sería negarle justicia a ambos libros que bien valen ser leídos en su totalidad. (Sandra Pasquini)


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Con respecto a la relación cuerpo y arte, pienso en esta nota de Alberto Girri: “El poema, substancia del poema. No es indispensable que se vea a sí mismo; ningún objeto puede, ni siquiera el ojo que lee” (Notas sobre la experiencia poética). (Diego L. García)




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A propósito del cuerpo y la poesía transcribo un poema del gran peruano Jorge Eduardo Eielson:


Cuento los dedos de mis manos y mis pies
Como si fueran uvas o cerezas  y los sumo
A mis pesares. Multiplico lágrimas humores
Minuciosas gotas de saliva
En estalactitas tibias y plateadas
Divido uñas y quejidos  agrego dientes
Sinsabores luminosos segmentos de alegría
Entre murallas de cabellos y corolas
Que sonríen y que duelen. Todo dispuesto
En cúpulas sombrías  en palpitantes atados
De costillas quebradas  como si fuera un ciervo
Un animal acorralado y sin caricias
En un círculo de huesos 
Y latidos




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Hay un poema bellísimo de Natalia Leiderman que me interpela porque habla de la escritura y el placer de escribir que hace nido en el cuerpo. Dice así:

los mejores poemas 
los poemas pensados un segundo antes 
de dormirme
de acabar
de morir
seguro fueron los mejores

los poemas que arremetieron
insectos salvajes 
cuando menos lo esperaba

me cruzaron el cuerpo 
de lado a lado
me abultaron la carne

me inquietaron:
un gusano brillante en el cerebro
la eléctrica voz de un condenado

me dijeron estás viva
y después plop
se disolvieron furiosos en el aire.




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Recomiendo Free Play: la improvisación en la vida y en el arte, de Stephen Nachmanovich y Zen en el Arte de Escribir de Ray Bradbury (Melisa Freund)




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Margerite Yourcenar y su Memorias de Adriano: «La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana».  (Mariluz GH)


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Quisiera terminar con una reflexión de Fogwill, cuya literatura es bastante corporal. Decía que ahora se habla del cuerpo, del cuerpo, del cuerpo... Pero cerraba (y cierro) con esto: si no hay alma, no hay nada.  (Fernando Molle)


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Tengo presente un libro de Mihaly Csikszentmihalyi, quien ha hecho estudios de campo para relevar situaciones en las que artistas, científicos y trabajadores de cualquier rubro afirman sentirse totalmente plenos, y su descripción de lo que llama “estados de fluidez” es muy precisa y congruente con lo que me pasa al escribir. 
Recuerdo alguna frase de Saer que dice más o menos así: “el cuerpo avisa: atención allá arriba, esto no da para más”. Teniendo en cuenta esa advertencia que denuncia una disociación para nada feliz, se trata de empezar a dejar de pensar en “el cuerpo” como un instrumento al servicio del intelecto y sentir “mi cuerpo, este cuerpo que soy”. En este sentido la literatura, que me dio todo, también me condujo hacia una pista que estoy siguiendo, últimamente en los libros de Alberto Silva

El cuerpo

“Me planteo una pregunta que tal vez resulte ingenua: ¿somos nuestro cuerpo? ¿Somos, de verdad, nuestro cuerpo? (…) Me atrevo a afirmar que en el fondo no sabemos (en el sentido de que no vivimos) que básicamente y antes que nada somos cuerpo. (…). Si algo resulta convincente de la tradición del Zen (al menos cuando se centra en la meditación sentada) es que asume a fondo esa sospecha. Tal vez nuestro destino dependa de cuán básica y raigalmente vivamos el cuerpo que simplemente somos” (Alberto Silva, Zen 4. El oficio de vivir, Ed. Bajo la luna, 2014, 24-25).

“El cuerpo pensado por el Zen busca ser antiparadigmático (…). La división cartesiana entre cuerpo y mente, típica de la tradición europea, resulta sorprendente para el Zen, para quien la idea de cuerpo es subsidiaria de persona. El impulso de su pensamiento (que narra una práctica ocurrida y, a la vez, anuncia la inminencia de otra nueva) consiste en centrarse en individuos concebidos como sistemas complejos, donde lo físico y los psíquico, lo natural y lo cultural, lo emotivo, volitivo y especulativo se entrelaza, se inter-penetran, ya que la persona (eso que aparece como cuerpo) constituye una red tupida de energéticos impulsos de vida. Y esa búsqueda de superación de dualismo ya enfrenta las usos habituales de la especulación abstracta” (Alberto Silva, Zen 3. Zensualidad, Ed. Bajo la luna, 2013, pp. 243-244). (Pablo Dema)





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Cuando pienso en esto, siempre me acuerdo  de un poema de César Fernández Moreno, que alude a motivos más generales, tal vez, y que termina: “Yo aguanto, agachado en el huevo de la angustia”. 


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En cuanto a citas, desde hace muchísimos años me da vuelta y aparece con cierta asiduidad este poema de Juan Ramón Jiménez:

¡Crearme, recrearme, vaciarme, hasta
que el que se vaya muerto, de mí, un día,
a la tierra, no sea yo; burlar honradamente,
plenamente, con voluntad abierta,
el crimen, y dejarle este pelele negro
de mi cuerpo, por mí!
¡Y yo, esconderme
sonriendo, inmortal, en las orillas puras
del río eterno, árbol
-en un poniente inmarcesible-
de la divina y májica imajinación! 

Y de lo leído últimamente, hay un libro que me resulta terrible y maravilloso en cuanto a la relación arte cuerpo. “La caída hacia arriba” de Cristian Aliaga, que salió por Hilos Editora en 2013. Allí el poeta sentencia:

“El dolor no se puede matar”.
Comulgo con eso.





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Recuerdo sí, con esta orientación, a Antonín Artaud. Que trabajó tanto ese tema en relación con el teatro y lo teorizó en “El teatro y su doble”.
Y aquí hay un ejemplo del mismo intento que hizo Artaud en un breve poema que también se compone de neologismos que sólo funcionan como sonido (evidentemente habría que leerlo en francés, pero sólo cuento con la traducción de Alonso, que es la que transcribo):

rutararatararatara
ataratatara rana

otaraotarakatara
otararatarakana

orturaorturakonara
kokonakokonakoma

kurburakurburakurbura
kurbatakurbatakeyna

pesti anti pestantumputara
pest anti pestantumputra






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 Susan Sontag y la imagen.  (José María Pallaoro)


100

Sobre el particular recomiendo leer al gran maestro de Teatro C. Stanislavski (El trabajo del actor sobre sí mismo).
 Me viene a la memoria La oda a mis piernas, de Pablo Neruda; contemplación y vivencia se 


101

 Cuando uno escribe, cuando uno toca el piano, cuando - como diría Deleuze- uno es afectado y se afecta a sí mismo en la entropía de una actividad, es como si apareciera un tercer cuerpo, el de esa práctica, cuya fisonomía no puede reflejarse en nada.  (Mario Nosotti)
    

102

Sin duda,  “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar es uno de mis libros preferidos. Transcribo  dos de los tantos párrafos que tengo marcados en él:
"Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo". Y: "Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver…Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos". (Ana Danich)







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