EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 1 de mayo de 2016

CLEFFA TAKAHASHI



Me gusta ver películas y escucho música, como todos, me gustan las dramáticas como Requiem for a Dream o  Mr. Nobody y, aunque me encanta Jared Leto, no las relaciono con mi escritura. Mi obra se basa en las vidas que me rodean y la mía. Así y todo, es obvio que se ve influenciada, quiera o no, por muchísimos factores incontrolables.
Hago investigaciones sí, un montón, porque me encanta la ciencia y sostener lógicamente mi ficción; sobre química, biología y medicina principalmente.
Quizás mi recurso expresivo preferido es la sinestesia, imágenes sensoriales aquí y allá. Y el cuerpo…en el cuerpo está todo y no hay nada, está uno también. Amo mi cuerpo. Hago acrobacias de piso y aéreas (trapecio y telas) hace tres años y es algo que me encanta, se siente como volar, y cualquier moretón o quemadura que me haga entrenando vale totalmente la pena.
Pero si hablamos de sentir, no hay nada más copado que sentirse deseado. Y por ahí empiezan las cosas. Nada, estos son algunos de mis poemas ahora, vean ustedes como está mi cuerpo y el de otros en todos…

Poemas

ANOREXIA:

Cuando pienso en vos diciéndome Faca, basta Faca
me veo a mi mismo diciéndote
la gente joven no mira televisión, Male.
¿Dónde quedaron  tus ganas de vivir, flaca?
Sos espectacularmente prolija, perfecta, me decís
tenés altas ojeras Faca, ¿por qué no te vas a dormir?
y yo te miro desde mis ojos hundidos y te digo
la gente joven no duerme, Male.
Tenes todo pulcramente recortado:
el pelo, las cejas, las uñas, los músculos, el cerebro.
Con esa boca de sangre me decís
Faca, estás manchas significan que tenés mala circulación
pero no me entendés:
a la gente joven le fluye la sangre, Male, no importa eso de la circulación.
Male, vos y tus huesos tienen que aprender a vivir y dejar vivir.
Viví y dejá vivir.
(Anorexia, “PROXIMAMENTE”, aún inconcluso)

32:
Lunes a la mañana con mi voz de dinosaurio convaleciente y el sin aliento que me dejan los tres pisos hasta el salón, llego y les digo
“buen día chicas”
con la mejor cara que puedo -aunque estoy seguro de que me veo como si me hubiera arrollado un camión para luego tirarme en una mesa de disección de investigadores extraterrestres que me mataron y  revivieron mil veces; todo durante la madrugada atestada de sueño sin descanso en mi cama-
Tengo el café caliente en la cabeza y el calor de las escaleras; digo buen día, me desarmo en la silla y trato de convencerme de que será
un no mal día.

(32, “Las Aventuras de Florilú y Cabrilú”, primera edición 23 septiembre 2015)




Puta:

« Me estoy volviendo viejo.
Anoche soñé que me inyectaba con tu perfume. Cuando desperté, lo único que quería
era fumar.
Sé que el humo te desagrada, pero te extraño, y sé
que no vas a volver.
Envuelto en mis sábanas, me arrastré hasta el balcón.
Aún estaba oscuro, pero quién sabe, quizá no era temprano.
Quizá, dormí dos días seguidos. O tres. O meses.
No entiendo el tiempo que paso sin ti.
Tendido en el suelo, escuché al viento hablándome de
todo lo que te robaste;
me relata mi estupidez.
Intento matarme despacio y de forma discreta con estas drogas,
no puedo alejarme de tu recuerdo
y cuando pinto
hago arte con dolor
porque es todo lo que siento.
Quebré mis lápices favoritos, los que quedaban desde entonces.
Me arremangué y me tapé los ojos. No quiero ver nada que no seas tú.
Lloré. »

Kieko


(Puta, “101: Memorias de un pianista”, primera edición 2013)



Nací en 1998 en San Miguel de Tucumán, y me mudé a Rosario en 2001. Me gustan tanto las letras como las ciencias duras; disfruto de leer  desde ciencia ficción como  Ray Bradbury, o el realismo fantástico de Cortázar;  hasta informes de la OMS sobre neurociencia o técnicas de laboratorio para determinación de diferentes drogas.
En 2013 publiqué mi primer libro, de poesía, “101: Memorias de un pianista”, tras haber sido la ganadora del concurso Felipe Aldana organizado por la Municipalidad de Rosario ese año.
A fin de este año voy a recibirme de técnica química, me fascina la ciencia y me encanta darle un toque nerd a mis creaciones. Mi meta es ser Biotecnóloga y Neuróloga, trabajar en investigación respecto del funcionamiento  del cerebro y sus reacciones frente a determinadas sustancias y situaciones.  Más allá de esto, la literatura es para mí una parte importante de mi vida que no pienso abandonar. El plan no es dedicarme a la literatura científica, sino que me gustaría mantenerme  en la línea de la ficción, con algunas trazas de química, física, lo que salga de mi corazoncito.
Hoy tengo 17 años y mucho más que leer, mucho más que aprender, y algo que enseñar que de a poco va creciendo y tomando forma.


Para continuar leyendo:

http://elinfinitoviajar.blogspot.com.ar/2016/05/cleffa-takahashi.html

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