EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 7 de mayo de 2016

DIEGO RODRIGUEZ REIS


Personalmente, tengo un vínculo muy fuerte con mi propio mundo onírico o con las imágenes entrevistas en la duermevela. También con esos diálogos o palabras sueltas pescadas en el aire, sin saber bien de dónde provienen. Carteles, notas, la palabra en lugares inesperados. No suelo investigar, específicamente, pero creo que todo lo que un poeta percibe (películas, música, libros, el transcurrir de su vida misma) va a parar a ese otro mundo, interior, del cual él mismo se alimenta.
Mi momento de escribir está muy desparramado en el tiempo: en primera instancia escribo en papelitos sueltos, en servilletas, en papel borrador. Suele ocurrir que entre el chispazo inicial del poema y la versión “definitiva” pasan semanas, meses. Me cuesta escribir sentado, escribir quieto. Para mí, la escritura está relacionada con el movimiento.


Poemas

No figuración

Hay un código de luces
que no sabe de sombras.

Hay un atareado rumor
que no conoce el viento
y que sin embargo lo espera.

Hay, a veces, lluvias sabias
y distancias sensibles al recuerdo.

Hay ecos simples,
efímeros, mortales
como los hombres
que saben que aguardan.

Hay
silencios de savia
ahí adentro.




Carrousell

Días blandos
pendientes del verano,
árbol
maduro de días.

Días cálidos
para crear o recrear,
para conservar,
para confesar,
para correr
y refugiarse en los días.

Para usurpar pensamientos al azar
y amortajarlos
entre susurros sin sentido,
para girar.

Para vagar en círculos,
días blancos
de un blanco blando,
elíptico de tan blanco,
días vagando, girando días...

Días informes
hamacándose
barranca abajo del cielo,
días como riberas
al borde del atardecer.

Soles, soles, soles
y en medio de la siesta,
días dentro de días...

Días unimembres,
hipálages, hipérboles,
días semánticos
de sonidos, perfumes y relieves.

Días
redentores del tiempo,
inocentes, impersonales,
días sábanas con sabor a sol,
envolviendo,
alimentando,
salvando
sin fin
días, días, días...


El río impersonal

Mis días son largos
porque mi tiempo no es el tiempo
de los relojes y los calendarios.
Un día para mí dura siglos
porque soy muchos hombres.

Soy muchos, pero entre ellos
se desconocen o desprecian
o acaso ignoran quiénes son
sustancialmente.

Soy muchos hombres
pero la máscara que uso
es siempre la misma.


Estación

El hombre no tiene
marcas ni cicatrices:
es uno más
en el andén.

Lleva un bolso al hombro,
la espalda levemente inclinada
por el peso.

Uno más entre muchos 
a mitad de camino de la vida,
viviendo a expensas del tiempo.

La verdad
va mintiéndose
de a ratos, deconstruyéndose
entre retratos y muebles,
entre retazos del antes
y restos del porvenir,
armando
desde la ficción o la esperanza
(los recuerdos
sobran o duelen)...

Uno más en la estación
viviendo a expensas de la vida,
pagando a la vida con vida,
uno más
a mitad de camino del destino.

Uno sin marcas
ni cicatrices visibles,
la espalda doblada por el tiempo
(lo que más pesa
es lo ausente)...


Pertenecer

Luces sombras
claroscuros
infinitas lunas e infinitos soles
girando
sobre cuerpos peregrinos.

Tierra elemental y asfalto artificial
bajo pies
calzados o descalzos
yendo
de lo evidente a lo increíble
de lo concreto a lo abstracto
de la indefinición a la ambigüedad.

Ir nomás
queriendo siempre
atarse
a algo o a alguien.

Querer ser
sin ciclos
y pensar
que hay tantas cosas
de las que nunca deberíamos escribir
ni aún hablar...

De calles celestiales a cielos subterráneos
ir de barrio en barrio
de ciudad en ciudad
errando mudando mutando
sin ser
al fin y al cabo
nunca
de nada ni de nadie.

Andar
vivir así
sin raíces
desde el primer llanto
universal
hasta la última


Nací en el barrio de La Boca y crecí en General Roca (Río Negro). Publiqué el poemario “Lo Levemente Ajeno” (El Suri Porfiado Ediciones, 2013); y los libros de cuentos “El Charco Eterno” (El Camarote Ediciones, 2009) y “Correspondencias secretas” (2015). Actualmente vivo en Villa La Angostura (Neuquén), “El Jardín de la Patagonia” donde formo parte del grupo literario “Alamberse!” y dirijo la Revista de Cultura “Rescate”.

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Facebook: Diego Rodriguez Reis

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