EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 8 de mayo de 2016

DOLORES ETCHECOPAR



El impulso a la escritura nace casi siempre del  roce entre la angustia y una especie rara de plegaria o fraseo, entre el grito y un soplo que viene quien sabe de dónde y desmantela al yo atribulado, lo saca de sí. A veces entre el ahogo y su respiro se forma una frase que puede ser el comienzo de un poema o solo un detonante. Escribir no surge para mí de un programa, su origen es intempestivo, la corrección viene después. Puede ser una escena vista con el rabillo del ojo, una foto, una conversación, una manera de llover, las cosas más disímiles pueden detonar ese temblor en el que cada cosa se presenta como si se hubiera zafado por un instante de su nombre y sentido dando lugar al balbuceo de una lengua esquiva y otra. A ese estado acuden distintos materiales, restos de imágenes,  recuerdos,  paisajes, sueños, hay palabras que saltan de un texto que estoy leyendo y entran en mi dicción; algunas palabras vuelven con más insistencia que otras, son las que adquirieron un aura en la infancia, las que custodian el misterio de una presencia.
El cine me resulta muy inspirador, no solo por lo que proyecta, sino también por la disposición del cuerpo que requiere, esa inmovilidad secretamente arrebatada por un viaje hipnótico que ocurre en otra parte y otro tiempo; algo similar sentía cuando viajaba en tren. El cine de Tarkovsky (El espejo!), Sokurov, Bela Tarr, entre otros, me marcaron a fuego. 
Las partículas de todo lo vivido se amalgaman entre sí y con los sueños, y se ofrecen como una materia incandescente a la escritura, pero a veces se apaga y me encuentro vacía y yerma, entonces pienso que ya no volveré a escribir. 

El estado de escritura altera mi cuerpo. La respiración cambia,  escande el ritmo del poema, la mirada se desenfoca, hay acontecimientos en mis rodillas, en el paladar, en las manos, en  la espalda… lo que va queriendo articularse en el poema, lo hace primero en el cuerpo, pero muchas veces el lenguaje fracasa o se retoba,  no siempre consigue volverse conductor de esa corriente silenciosa, visceral.

A propósito del cuerpo y la poesía transcribo un poema del gran peruano Jorge Eduardo Eielson:


Cuento los dedos de mis manos y mis pies
Como si fueran uvas o cerezas  y los sumo
A mis pesares. Multiplico lágrimas humores
Minuciosas gotas de saliva
En estalactitas tibias y plateadas
Divido uñas y quejidos  agrego dientes
Sinsabores luminosos segmentos de alegría
Entre murallas de cabellos y corolas
Que sonríen y que duelen. Todo dispuesto
En cúpulas sombrías  en palpitantes atados
De costillas quebradas  como si fuera un ciervo
Un animal acorralado y sin caricias
En un círculo de huesos 
Y latidos


Poemas:



1.                         


mi vida como liebre lleva una bala
está en apuros y mira
entre las margaritas aplastadas y el granizo
cómo levanta el día sus alas de la hierba
en este punto de la llanura que desaparece 
entre el miedo y la luz
donde el árbol solista canta muy despacio



2.


estuve llamando con el nombre equivocado 
lo que vino habló y habló en una lengua desconocida
abracé la destemplanza y la fruición de los materiales 
de noche al apoyar el oído en la almohada latían  
barrios remotos iluminados como pequeños altares
las palabras despeñaban una y otra vez 
una admonición que no estaba en mí comprender



3.


entonces vi que la ciudad se hundía
y grité después         mucho después
un grito que me llevó de mí hasta el tiempo
y no se oyó
dónde era que yo rogaba por nosotros
los que íbamos
íbamos
con las aguas y las flores y los restos
de una frase a medio decir
porque el No alumbraba ese lugar inmenso  
donde el viento de las palabras 
soplaba sin cesar
y nos apagaba



4.


al alba mataron una oveja los palos de la casa

tan pronto dimos a luz el grito 
dentro de él comenzamos a vivir

se mataba cerca del agua que bebían los pájaros 

¿te acuerdas?

algo imperioso que no existía

una gota de odio 
descendió
horadó la gratitud

vimos las patas del poema

quienes por un instante caminamos
sin defendernos del secreto infinito

quienes vivimos allá
en el viento 
en su breve misericordia

¿te acuerdas?

vivíamos 

con algunas moscas
y un silencio en el corazón 
que provenía de los caballos



5.

el hachazo no se vio 
entró por las hojas y los pájaros
el grito destemplado del chimango 
durante años y sin darse a conocer 
alguien le dejó su sangre intranquila
es mujer dijeron 
sorprende que así
toreada por la muerte
se sostenga 
                                 su balido de oveja negra urgido a salir 
                                 por la boca del matarife



Estos poemas forman parte del libro inédito El cielo una sola vez



Dolores Etchecopar



Fui concebida en Roma y crucé el océano dentro de mi madre. Nací en Buenos Aires en julio del año 1956. Pronto volví a cruzar el Atlántico, esta vez con los ojos y el cuerpo expuestos, hacia la nieve de Estocolmo. Y así durante mi infancia y adolescencia los viajes continuos escandieron mi vida y la volvieron un poco más extraña y desasida. Empecé a escribir tempranamente, como si las palabras pudieran anudar algo de eso que se escabullía en el abandono de los suelos.  Su voz en la mía, La tañedora, El atavío, Notas salvajes, Canción del precipicio y El comienzo son los libros editados hasta el momento. Tengo un libro inédito: El cielo una sola vez, que se publicará este año. Cierto paisaje pampeano fue para mí un lugar en el mundo y sigue hablándome al oído mientras escribo. Estudié filosofía en Suiza y allí nació Marco, mi primer hijo. Con él volví a cruzar el océano por última vez, hasta ahora. Mi hija Camila nació en Buenos Aires. En los años 80 tuve la suerte de conocer a grandes poetas de generaciones anteriores a la mía que fueron muy generosos y me alentaron a seguir escribiendo.  A fines de los 90 formé parte del grupo El pez que habla que, en el bar Beckett, implementó nuevas formas de leer y escuchar poesía. Hace mucho que dibujo y pinto en forma esporádica y clandestina, una actividad que no ocupa en mí el lugar central de la poesía escrita, y quizá por eso mismo conlleva una gran felicidad.  Desde el 2010 dirijo el sello editorial  de poesía Hilos editora. 
E-mail de contacto: doloresetc@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario