EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 14 de mayo de 2016

EDUARDO REZZANO



La mayoría de las veces no parto de ideas ni de imágenes, sino de las propias palabras; escribo cuando un grupo de ellas me toma por asalto y me propone un desvío. Para que se dé esa situación me ayuda estar atento a lo que las palabras dicen más allá de lo que se quiera enunciar con ellas, y no desde un enfoque psicoanalítico, sino escuchándolas como si tuvieran una vida propia que no se dejara capturar en el enunciado.
En el momento de escribir no tengo sensaciones físicas, casi podría decir que me olvido del cuerpo —de la misma manera me olvido también del tiempo—. Hasta me pasa que adopto posiciones ridículamente incómodas si darme cuenta.



Cinco poemas de Nocturna, el libro que publicaré este año


Invitación

En algún lugar un hombre
de proporciones inusuales
golpea una puerta verde

Nuestra puerta que
es blanca
vibra se retuerce
y suelta dos astillas
sobre el felpudo

Abrimos y no hay nadie
pero recogemos un
sobre verde

una invitación a un juego
al que preferiríamos no jugar



Niña del puerto

Ella se pasea
con una estaca clavada
en el hombro izquierdo

sin darse cuenta al parecer
de que la observan
con horror

Tratan de discernir
si es una herida vieja
o todavía sangra

pero ella canta sin dolor
u ocultándolo
o con otro dolor no físico
y secreto

La importunarán con preguntas
hasta que hable y se explique
“¿qué quieren saber?” dirá

sin dejar de pasearse
con una alondra muerta
en una cesta de paja



En dirección al campo

Con mi carro de guano
voy cruzando la ciudad
y las chicas de sociedad
me chistan en los balcones

Contesto tocándome la visera
tantos honores
mientras el verano se anuncia
cargado de muerte y espanto

¿Por qué digo esto?

Porque con la sangre
de una gallina
escribieron en mi pared
que me abstenga
de pronunciar tu nombre

que soy maldito una vez más


Sea food

De espaldas sobre la noche
sentí que un tiburón se me acercaba
desde la profundidad de un mar
oscuro y cristalino

A punto de morderme eligió
la voluptuosidad de mi mano
y puso el hocico sobre
el hueco de mi palma

Mi cuerpo inerme
lo acompañaría en su descenso
suave y silencioso
tiburón enamorado

Mi cuerpo blanco
demasiado blanco
mis ojos olvidados
del último terror


Vasos comunicantes

En un bolsillo una llave
en el otro una puerta
mal cerrada que deja
entrever el puente
de un buque ballenero

El buque vuelve a casa
los marineros duermen
y la puerta rechina

“Tengo que decirlo”
interrumpe María
de este lado del mundo
“algo huele a cachalote
en tu entrepierna”

Se lo dice y se aprieta
contra su pecho
frágil y agitada coraza
para escuchar el ruido
de las refinerías



Eduardo Rezzano


Nací en 1968 en La Plata, donde vivo actualmente. También viví en otras ciudades y eso fue muy bueno para mí. Escribo poesía, compongo música y toco la batería. Publiqué los libros Ningún lugar, Gato barcino, no fábulas, Caligrafía y Alcohol para después de quemar.
erezzano@gmail.com
http://eduardorezzano.wix.com/eduardorezzano
http://eduardorezzano.blogspot.com.ar/


https://eduardorezzano.bandcamp.com/

No hay comentarios:

Publicar un comentario