EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 25 de mayo de 2016

ESTEBAN MOORE

foto: Lucia Moore


En el acto de escribir surge aquello de lo circundante que me ha llamado la atención, la ciudad, el paisaje urbano.  También esa  palabra, ese fragmento de un verso, una frase de un texto cualquiera; los restos de una conversación cotidiana. Esto por lo general  puede ser la materia que produzca esa primera pequeña iluminación de la que se desencadenará, inicialmente, el contrapunto de voces y sonidos que habitan y son requeridos por el poema. 
Ecos que inician entre sí un intercambio íntimo que se corresponde con aquellas otras voces que habitan las páginas amarillas, subrayadas y anotadas, de libros envejecidos  que nos aguardan en nuestra biblioteca personal. A aquellos murmullos que no podrás erosionar de tu memoria, “Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends [...] wir trinken und trinken” correspondiéndose con “All changed, changed utterly: A terrible beauty is born” o con “por fervor de la mente, el valimiento/ de no ser copias serviles sino formas, /purificada acentuación de formas”. Presuntas consignas para ese juego que crees controlar: “el susurrado aullido de sus preguntas/ preguntas que no requieren respuestas inmediatas/quizás tan sólo -nuevas preguntas/ así ellos/ frasean su respuesta –en el armónico plisado de unos sonidos”. Sólo sonidos girando en el vacío, buscándote la lengua, siempre, persiguiendo eso que está por verse en la palabra.
Sí, investigo, si se considera la lectura como investigación. Es decir la obligación de leer tu propia tradición y la de otras literaturas. Alquilo películas, mayormente clásicos  y escucho  mucho Mozart, Beethoven y Wagner.

Salvo el dolor en las articulaciones, tengo hemocromatosis genética, mi cuerpo no me brinda otras sensaciones. 



Poemas 


Ángeles caídos



                          “city of fallen angels" 
                            Pintada mural/Silver lake/ L.A. 


Borracho de alcohol 
y desesperación
Dylan con sus aullidos estremece la noche
Vallejo tose en un conventillo parisino
la noche se extiende en los hemisferios
en México Lowry
oculta sus visiones zoológicas
en las abrasivas lenguas del mezcal
viajando  sobre el chirrido de un tren de carga
Kerouac canta ronco vómito tras vómito
las bondades del agrio vino californiano
Bukowski resbala y cae
en la noche brillante del Sunset Boulevard
en la trastienda de una farmacia de turno
Carver abre una botella de licor clandestino
mientras una vieja con un perro ridículo
espera el preparado
que tranquilizará sus tormentas
a esta hora de la madrugada
quizás alguien se esté preguntando
qué sucede
bajo el ardiente sol de los parajes sureños
en el extremo de Oriente pálido de luna
En una jaula iluminada por reflectores
Pound murmura palabras
que sus carceleros no comprenden
Michaux cubierto de noche
en un cementerio de Cuernavaca 
se deja volar en sustancias
sin entender la magia del paisaje
en una ciudad que lo desconoce
Julio Huasi
decide por mano propia
abrazar las tinieblas
otros en el pico de una botella
apagan los exactos compases del corazón
En un sitio donde todos cantan la belleza
de las ondulantes mujeres junto al mar
alguien bebe risueño su caipira
absorbe el oscuro aroma del azúcar
el rancio perfume de pobladas axilas
la imaginada fragancia de una flor
pleno sabor deseado
nosotros desde Montevideo observamos
el cielo cargado
Los modos cambiantes del tiempo
no conocen la amabilidad de tus deseos
se desplazan imperturbables
a través de las cordilleras los océanos
las llanuras
cruzan el poniente
someterán a cada uno de aquellos
que intenten penetrar sus polos de radiación
a las pequeñas 
obsesivas cuestiones cotidianas
Perlongher viaja en un  automóvil
que se desliza
hacia los suburbios
su destino
una capilla donde frente al altar
en el círculo de energía otorgada
ante los ojos 
del sangrante cordero de Dios
un sacerdote administra la esperanza
sí y…
qué dones qué palabras mama
en su desesperada desilusión
en qué aguas alimenta esa fe apresurada
Padre Nuestro…
que estás en las sacrísimas alturas 
comienza la  invocación inútil
su único consuelo
la voracidad de Dios
Al viento en el río
voces extrañas
en el río al viento
desconocidas almas en pena
Aquel que elige 
en la pobreza del exilio
el nombre de Sebastian Melmoth
recuerda una esposa los hijos tan amados
añora ese mundo al que no podrá regresar
infantilmente recuerda la redondez
de su colección de fina porcelana
el color de Londres bajo la luz del otoño
anota en su cuaderno:
poseo la tranquilidad de los objetos perdidos/
soy un hombre que ha vivido su tiempo/
en simbólica relación con el arte/
ya no se avergüenza en las calles
cuando alguien murmura a sus espaldas
o grita Fingal O’Flahertie ooo ooooooohhhhh
él repite en voz baja mansamente:
el dolor es un momento demasiado prolongado
Tampoco imaginará de Joyce
el calembour lanzado en 
The Ballad de Persse O’Reilly:
Fingal Mac Oscar Onesine Bargearse Boniface
a quién se le ocurre
Ortodebarcaza Carabonita
Las sombras
su proyección geométrica
permanecen 
quién o qué
erosiona la forma que envuelve
grabará en la historia
las marcas del pudor ajeno
Alguien recuerda
el eclipse de  luna de Lu T’ung
la figura del cielo el emperador
la visión de sus ojos
apagándose en la belleza terrenal
la luna el ojo nocturno del cielo
devorada por la tremenda boca del sol
y de la terrible ejecución
de este poeta que amó las alegorías
en el 835 año del Señor
No tienen nada que decir
Pregunta una voz ajena
El gran círculo gira sobre su propio eje
Las primeras luces del alba
Penetran profundos pliegues abismales
Las imágenes fulgentes
Se repiten
Una y otra vez
En la superficie bruñida
Qué podrán decir en México
en Montevideo en Buenos Aires
que no haya sido cantado en el Occidente
en Venezuela en el extenso Brasil
en el muerto Oriente perdido
donde los magos
buscan por el firmamento
la luminosa trayectoria de una estrella
la develación del secreto
Auden
en vísperas de un nuevo año
propone un brindis alza su copa
elevo dice
en el agrio aroma del licor
el peso de los planetas
la mutabilidad del universo
no busquemos en el pasado
edenes ilusorios
menos aún
la seguridad de las jerarquías
el siglo nos presentará
las imaginadas ruinas
Rimbaud arrastrará
su gangrena de oros
El cuerpo de Alejandra
sus oscuros labios de sangre quieta
callarán la última palabra

                                                                       A Yeyé in memoriam
                                                                       Custozzagasse 5, Viena, 1994.




Viejos papeles


Un sábado por la tarde
dedicado a la limpieza de la baulera   a poner en orden trastos viejos
descubrí entre unas cajas de cartón un  paquete envuelto en  papel madera
                                       atado con  grueso hilo de cáñamo  
         oscurecido  -----empolvado  por el tiempo


Al abrirlo
encontré algunas cartas de mi abuela -recetas de cocina
facturas amarillentas de comercios que ya no existen
prospectos médicos
                    recortes de diarios
                       -principalmente de la página de avisos fúnebres
         -estampitas de santos
  [entre otros tantos registros
      de su ordenado  universo doméstico]
y varios cuadernos
correspondientes a sus últimos años de vida
      en los que anotó en prolijas columnas
      sus gastos --semana a semana
        en el mercado --la panadería
                -el pago del periódico
  las cuentas  de medicamentos
                -del pedicuro
                -del oculista  --de sus médicos


También estaban asentadas las sumas que donaba regularmente
                 a la parroquia de San Patricio
a estas entradas  les sigue la  leyenda:
         " le dejé una botella de whisky al párroco"
                    y el  precio correspondiente de compra
Testimonio fáctico de una estrategia personal para  ganarse un lugar
                                                                           en  el cielo






La fotografía


El marco de plata trabajada de unos 14 x 10 cm.
         estuvo olvidado dentro de un sobre
     en uno de los cajones de un mueble
              vaya a saber cuántos años


Hasta que un día fue descubierto por una de mis hijas
       quien  sacó de él una vieja fotografía
         lo limpió --le dio brillo
    y lo utilizó para colocar la foto de su novio
                     -ya no recuerdo cuál-


Esa fotografía antigua -de color sepia
                 de una mujer joven y una niña
 con  largos vestidos  --abrigos con cuellos de piel  
    sombreros --de fines del  XIX o muy de principios del XX
        botines acordonados - tacos casi imperceptibles
            anduvo dando vueltas por la casa
                                   --habitó rincones sin luz


No se quién volvió a encontrarla  y la dejó sobre la mesa del comedor
                                 entre un montón de papeles



 Una tarde de domingo con lluvia
                      decidí poner orden y archivarlos
     entonces llegó mi turno de enfrentarme con esa imagen
                               la miré detenidamente
               -----me inquietó  la adustez de los rostros
                            la tristeza  en sus miradas
                         
                     

 En el reverso mi abuela había escrito
                                    /era su letra no había dudas/
            en tinta negra  y con pluma fuente
" Tiíta Flo y Helen Kathleen,
quien murió de fiebre escarlatina,
a los once años de edad, en St Cloud , París"
 (Aunty Flo  & Helen Kathleen, who died when 11 years old,
 of scarlet fever,  in St Cloud, Paris)
Tenía  también el sello algo borroneado del fotógrafo
            Gilbert Frères  (peintres photographes)


Quiénes eran
      esa  mujer joven  y esa  niña
            retratadas en las afueras de París
   Qué hacía esa fotografía antigua
                   entre los recuerdos familiares
          --ya desaparecida
              la generación de nuestros abuelos
                    nunca  llegaré a saberlo


Quizás alguien en un suburbio dublinense
       o en algún pueblito en el condado de Longford
tenga una vieja fotografía de una joven pareja
      sonriendo ante la cámara
en un estudio fotográfico de Buenos Aires
       o en la rambla de Mar del Plata
y se esté haciendo preguntas similares a las mías





"Mirá eso, pronto  no lo volverás a ver"





 El  sol arde en los rastrojos de trigo
                rebota en  la ruta ---------------forma espejismos en la distancia
Estábamos  saliendo de la  curva anterior al cruce de la laguna
                         la cupé se afirma decidida en  la larga recta
  repentinamente mi padre comienza a bombear los frenos  
                                                   antes de clavarlos
                     Las cintas chillaron  en las campanas
                                             las gomas quemaron caucho
   y casi me golpeo contra el parabrisas
                      cuando con un volantazo firme
                              bajó a la banquina poceada
                       casi gritando: “Mirá eso, pronto no lo volverás a ver...”
Eran Martín Gálvez y   Degregori –el viejo- como lo llamaba  don Cancela
                     reseros de oficio
           montados en caballos  bien mantenidos -un colorado de troncos        
                        negros y un tobiano
Arreaban por la cuneta  una tropa  de vacas gordas -30 y pico  o quizás 40
                     -algunas machorras en el lote
   “Las llevan a lo de  Cardoner...
                                         hoy   -hay remate especial...”
dijo mi padre al tiempo que levantaba su brazo  para saludarlos
                      luego de ser correspondido
                             se calzó con firmeza el panamá de ala angosta
   acarició  dos o tres veces  con la punta de la bota  gastada
el acelerador de la  Chrysler
                            -----una baturé descapotable  del 36 – 6 en línea
                           -con radiador de aceite
                y   llantas de rayos----------------
        que  rugió ronca  antes de morder  nuevamente el concreto de la 205
Primera ----segunda          --el bramido del motor flotaba puro
                                en la mañana caliente
tocó la palanca de cambios  -punto muerto --aceleró en vacío
                          -antes de enganchar la directa
       me da un golpe de vista y  comenta  satisfecho
                                    que estaba  tirando los cambios sin usar                                                                                                                          
                                                                                   el embrague
clava los ojos  en el cemento y el cielo de nuestro horizonte inmediato....
                     .......y nos perdemos hacia el futuro


Esteban Moore


(Buenos Aires en 1952). Poeta, traductor y ensayista. Dicté cursos y seminarios en distintas instituciones y coordino  talleres de escritura creativa. Integro el consejo de redacción de la revista Prometeo del Festival de poesía de Medellín, Colombia, soy corresponsal de la revista Poesía, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Mi obra ha sido parcialmente traducida al inglés, italiano, alemán, lituano, portugués y Albanés e incluida en diversas antologías. La Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela distinguió mi labor poética otorgándome en 2012 la condecoración Alejo Zuloaga.
En poesía publiqué: La noche en llamas (Buenos Aires,1982); Providencia terrenal (Buenos Aires,1983); Con Bogey en Casablanca (Buenos Aires, 1987); Poemas 1982-1987 (Buenos Aires,1988); Tiempos que van (Buenos Aires,1994); Instantáneas de fin de siglo (Montevideo, Uruguay, 1999, mención Honorífica Premio Municipal de Buenos Aires); Partes Mínimas (Mar del Plata, Argentina, 1999); Partes Mínimas y otros poemas (Buenos Aires, 2003, segundo  premio de poesía, Fondo Nacional de las Artes); Antología poética (Buenos Aires, 2004, Colección Poetas Argentinos Contemporáneos, Fondo Nacional de las Artes),  Partes Mínimas -uno/dos- (2006,Córdoba, Argentina); El avión negro y otros poemas (Buenos Aires, 2007, Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias), Veinte años no son nada (2010, Córdoba, Argentina), Pruebas al canto (2012,Córdoba, Argentina), Poemas 1982-2007 (Córdoba, Argentina, 2015).




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