EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 20 de mayo de 2016

GABRIEL IMPAGLIONE




La escritura aparece, se revela aquello que comienzo a identificar como balbuceo del poema, y sobreviene la tarea de cortar – pulir- tirar- agregar aquello que dicte la razón (a veces mezclada con más de lo mismo que le dio origen). Luego de un tiempo – tal vez prudencial o no-  vuelvo a esos apuntes, los siento en el aire, les soplo el polvillo, pienso imágenes, entrelíneas, metáforas. Cuando creo que ya no queda mucho por hacer, y no me fastidia el resultado, entonces pasa a un archivo o poemario a dormir su sueño hasta que un día, quien sabe, se comparta. Todo aquello que lo compone es todo aquello que soy. Mi ahora y mi historia, y toda la historia que me forma, las lecturas de diarios o libros o carteles en la calle, lo escuchado en cualquier parte, inclusive en mis rincones interiores, el universo de las ideas y mis ideas, las rabias, los amores, el silencio,  el arte en todas sus expresiones, las preguntas, todas las preguntas.
Cuando el poemario es razonado antes de que aparezca,  y se proyecta con una línea temática definida,  busco lecturas, estudio, investigo. Fue el caso de “Goujón” / breve cronología de las injerencias yankis en Latinoamérica. (actualmente en imprenta en Venezuela), donde tuve necesidad de investigar sobre el intervencionismo norteamericano en América Latina – año por año- para construir una cronología de la que partir con poesías, comentarios, etc.

No me he preguntado en profundidad sobre la relación del arte con el cuerpo, en la poesía, en el acto de escribir poesía. Aprovecharé la inquietud para aprender, estar atento.
Sí tengo memorias de vínculos fuertes con mis antiguas experiencias teatrales. Allí el cuerpo es el instrumento. En la poesía, no. Digamos no con la misma intensidad, claro.
Sobre el particular recomiendo leer al gran maestro de Teatro C. Stanislavski (El trabajo del actor sobre sí mismo).

Pero el cuerpo está, expresa, juega con sus placeres y dolores en el papel. Sí, el cuerpo está. En la soledad de la escritura dialoga. Me viene a la memoria La oda a mis piernas, de Pablo Neruda; contemplación y vivencia se expresan en el papel.

Este asunto lo definiría con estos versos que escribí hace algunos años:


ESCRIBO DOS O TRES PALABRAS Y MIRO MIS MANOS...
nada ha cambiado

atentas a veces cansadas presienten un verso
destejen el tiempo buscan revuelven
y nada

sucede cada tanto
como si una raíz oscura o sombra
de hilachas de red las ocultara

ellas que saben el secreto de tu hondura
se preguntan
el destino de un poema que pasó de largo
un sol que todavía duerme en otra parte

las miro mientras persiguen rastros de metáfora
entre las astillas de una hora caída de improviso
nada ha cambiado

deciden el final de la jornada
me llevan a tu lado
buscan su casa


Otros poemas:


Música

A veces las palabras regresan del país
de tus manos y hablan de crepúsculos
de ríos caudalosos y cipreses
que alzan altas columnas de luz victoriosa

A veces en mis labios encuentro señales
del big bang
espirales de aire lunar que multiplican
naufragios de mí mismo

Yo recuerdo una música
que viene desde el fondo de todas las cosas

Donde comienza tu infinito hundo mi boca


Ósea

mi ester y tu nón
mi ti más tu bia
mi occi y tu pital
los metatarsianos
tu fé y mi mur
mi yun más tu que
tu fron y mi tal
los lenticulares
tu pero y mi né
mi ilión y tu pubis
cada parietal
los metacarpianos


Como el toro

Como el toro
acorazado en su doble proa
convoca la sangre en el golpe
y lanza
los vértigos a partir del aire
El ojo como un trueno
Los sangrientos ríos atraviesan su país oscuro
y son de plata roja
Enceguecen aquellos resplandores
nutren a la turba furiosa     a la humillación
del hombre

Como el toro
   cercadas por los siervos de la gleba que blanden
sus tristes herramientas
    bajo una lluvia de peces marchitos
    con un pie en tierra desheredada y otro pie
sobre piedra gastada por un río muerto

Como el toro
estas manos condenadas a la arena
recuperan de la tiniebla cada palabra
echan al viento el puño desnudo
multiplican tu nombre sobre el agua.



Ellas se parecen 

pero
solo una
hunde en el viento el puño incorruptible



Esta sombra de mano que corre por la hora

es rayo del galope
abre niebla su erizada crin de halcones rojos
y salta por los bordes de la fuerza

esta sombra de mano que huye de la nada
desafía tormenta y desasosiego
escribe tu nombre busca el reparo de tu mano


Gabriel Impaglione


Poeta, periodista, nací en Villa Sarmiento (Morón) Argentina, el 15 de enero de 1958. Radicado desde 2004 en Italia. Editor de la revista de poesía Isla Negra.


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