EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 15 de mayo de 2016

JORGE AULICINO




¿Si puedo contar mi procedimiento de escritura? No hay un procedimiento fijo, esto creo es igual en casi todos los autores. Pero digamos que paso gran parte de mi tiempo frente a una computadora y en algún momento se me ocurre que es hora de escribir poesía, en lo posible. Casi siempre tengo previamente la idea de un libro, de una serie, de un conjunto, cuyo núcleo emocional también tengo más o menos claro. Pero no es nada hasta que el comienzo dicta no sólo el tono sino el rumbo general.  A veces fantaseo que el libro se va a titular de una determinada manera y logro que el material se ajuste a esa idea de título. A veces ese título resulta ser sólo el nombre, privado, personal, de lo que intento aludir. Tal vez ni siquiera resulte mencionado. Ni siquiera aludido. Hasta este punto preveo o planifico las cosas, no más. Intento conducir el libro, pero no puedo hacerlo completamente. No quiero hacerlo completamente. La poesía es ocurrencia en el primer sentido de la palabra: es un hecho no íntegramente previsto y a veces totalmente imprevisto. No es que use la escritura automática, para nada. Lo que al final nos va a gustar o no gustar de un libro es la forma que tomó de una manera que parece autónoma. Pero sólo parecerá autónoma o arbitraria. Sus conexiones tienen un sentido. Y son conexiones que “deben” estar, no caprichosas asociaciones “libres”. No busco material sobre el libro pero sí pienso todo el tiempo, antes de ponerme a escribir, en un paisaje, casi siempre en un paisaje. Un escenario. Ese escenario puede luego estar mencionado o no, pero lo que suceda sobre él será totalmente asociativo, producto de relaciones que se establecerán de una manera poco clara para la consciencia.

No tengo idea de nadie que se haya referido al cuerpo y su relación con el acto de escribir. El escribir es una angustia. No es un sufrimiento, sino una angustia, una tensión física. Uno tarda en escribir como quien tarda en meterse en una pileta. Hay un cambio del medio ambiente total  y brusco cuando uno se mete en el agua. Lo mismo pasa con el hecho de escribir. Cambia la temperatura, la densidad del medio circundante. Necesariamente eso debe impactar en el cuerpo. Por eso se demora uno. Al mismo tiempo, esa angustia y ese cambio de ambiente es como si formara un cascarón transparente. Cuando pienso en esto, siempre me acuerdo  de un poema de César Fernández Moreno, que alude a motivos más generales, tal vez, y que termina: “Yo aguanto, agachado en el huevo de la angustia”. 
La presión seguramente es como la que siente un buzo, pero uno no puede medirla, ni tampoco debe medirla. Se escribe. Se ruega que salga bien. Que la “ocurrencia”, ocurra. El cuerpo disfruta finalmente.

Poemas


AHORA, LAS COSAS QUE NO SON FUNDAMENTALES PARA MÍ

Ahora, las cosas que no son fundamentales para mí
forman una difusa legión, como ciertas veces las sombras en el día.
Son, entonces, las cosas realmente importantes y casi siempre inaccesibles.
Ahora, llueve sobre el río: no hay nada más inútil que esta lluvia sobre al agua.
Tal vez nada más fascinante, por otro lado.

Papá se achicó con los años. Aunque no podía contener su ira natural
y tampoco descuidaba su pelo ni su cara, hablaba a veces en italiano
y se mostraba atento a muchas cosas que para él antes no eran nada.

(Inédito)


SE DECÍA

Se decía: el tiempo es bueno –no habían comenzado las matanzas –:
me refiero al paso tranquilizador de los Ford a bigote
por el fondo nacarado de una postal de balneario.
Siempre apacibles los tiempos pasados de la nobleza burguesa,
y aun de la burguesa plenitud de los barrios “un poco alejados”.
Siempre apacible la infancia, en los suburbios incluso llena de
misterio.
En este momento yo comienzo a retroceder, me tomo de una estaca,
miro un muelle tormentoso, no es de acá, es de alguna novela, de
algún sueño.
Aquí esperan jornadas de invierno y calor, con las llaves prestas para
volver
a casa, con la santidad del gato, con los libros que se doblan y
deshojan.
Nada, absolutamente, nada más, y el regreso imposible.
Habíamos, lo saben, preparado el sacrificio: era perfecto, pero algo
salió decididamente mal. La víctima propiciatoria tenía recursos.
¿Por qué es tranquilizador el tiempo de los objetos viejos?
Hemos sido capaces de arrancarle la angustia de lo irrecuperable.
Son un modesto paraíso atravesado de brillos pequeños
pero palpables que ya no pueden fructificar en el futuro.
Y eso no nos causa desazón, sino el acostumbramiento
a que los siglos pasan y fijan siempre en sus cielos
la posición hacia la cual, si hubiésemos avanzado, quizá,
todavía, habríamos alcanzado esas planicies auguradas
por las letras de interminables novelas, sobrevoladas
por halcones, con un trepidar, un gusto de tormenta
decididamente mágica: algo que nos recibiera, angélico,
diciendo: Y tú, y tú, baja la mirada, olvida la letra.

(De El capital, Buenos Aires, 2010; inédito y luego editado en Estación
Finlandia. Poemas reunidos, Ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires,
2012)


ROBINSON

Deberías comprar una silla. El sillón está hundido, el cuero roto,
el almohadón se hunde en el sillón. Pero estás solo. Y si esto
en sí mismo es un canto - ¡solo!, no tenés criado, ya no vas a las casas
de anticuarios - lees sobre la guerra que perdieron los turcos
en una nota ilustrada con una foto que el National Geographic
te pinta convenientemente de marrón...

-La casa, un mundo, una conquista, un cuerpo, una fortuna *-

No me iré de esta ciudad, mamá, ni de casa
Hace unos cincuenta y cinco años me regalaste el libro de Defoe
Y es tu planta, no la de Viernes, la que pisa, fantasmal, mi casa
por donde pasan sin cesar los muertos, los napoleones, los alucinados,
las conquistas, los mosqueteros en tropel, y aquellos fantasmas
Bonaparte mira por las ventanas, y como no dan a la calle,
se vuelve hacia los días de Elba: Eh! qu’aimes-tu donc, extraordinaire étranger? **
Callo y lo miro: eras al fin y al cabo un contemplativo.
Che ti dice il paese, Napoleón?
Y en la sonrisa de gato del gran hombre se dibuja una respuesta
que no llega a pronunciar.

* Salinas
** Baudelaire

(De El Cairo, Ediciones del Dock, 2015)


ASI COMO LOS MEROVINGIOS DECAYERON Y DEGENERARON

Así como los merovingios decayeron y degeneraron
en bebedores, idiotas de ambición, menores,
así la tarde ha pasado de un raro castaño general
a un gris vidrioso y caliente atravesado por insectos
que dan vueltas alrededor de dos luces ahí no más, en un balcón
cuyos bordes están herrumbrados, y recién me doy cuenta.

(Inédito)


CETRERÍA

¿Qué saben hoy de tu propósito la hez de los atrios,
el violador, el impune, el manco, el sudoroso idiota,
el que corta el teléfono con furia, el que llora?
¿Y qué sabe el que sabe, el que derramó vísceras,
las unió con electrodos, las puso a freír,
gritó de placer al descubrir la fórmula,
al ver las natas del hipotálamo,
la explicación de la tos o del estornudo?
¿Qué saben de tus voces encapsuladas en nuestro corazón
los que duermen en un banco, los que fueron muy lejos,
los que se mueren en el subte, los que muerden el freno,
y aquellos que trepan a las torres de alta tensión porque es su trabajo?
¿Dónde está el fulgor? ¿Quién lo buscaría en la historia conocida,
en el homicidio reprimido, en la basura del mercado?

Y sin embargo, cualquier sonido en la floja madrugada
podría llevarnos a tu abismo certero.
Un pensamiento cualquiera, liberado de su noria,
en el aire del búho que alejó el sufrimiento.

(de Hostias, Ediciones del Dock, Bs.As. 2004)


25

Piense que el occidente es cromático,
me decía, mientras pescábamos
en el alto Paraná. Si pinta, por ejemplo,
alambre retorcido, o si pinta enredaderas,
la tierra de Siena o lo que use para pintar,
ha de darnos en el pincel materia que sangra.
Usted no puede tocar impunemente la materia.
Para los chinos la materia es pensamiento.
Pero recuerde usted que el occidente es cromático.
El occidente es físico. El occidente ha hecho libros
cubiertos de cálculos. Usted no puede así no más
pintar. Encarne, vuelva a probar, tire ese bagre.

(de Libro del engaño y del desengaño, Ediciones en Danza, Bs. As. 2011)



Minibiografía
Nací en Ciudadela, provincia de Buenos Aires, y viví allí toda mi infancia y casi toda mi adolescencia. Era un barrio de trabajadores y clase media, muchos de ellos inmigrantes o hijos de inmigrantes italianos y españoles. Desciendo yo también de italianos y españoles inmigrantes. Escribo desde los ocho o diez años. Escribía prosa en ese tiempo. Me formé leyendo gran parte de la biblioteca de mi padre, un obrero textil, primero anarquista, luego comunista. La biblioteca, en literatura (y también en ideas) estaba basada en el siglo XIX. Leí gran parte de la narrativa del siglo XIX antes de cumplir 18 años. Luego empecé con la poesía, no sabría decir por qué. No fue para seducir a las chicas, seguro. Era porque descubrí que de la prosa me gustaban más los climas que las tramas. Me formé en los talleres de Aníbal Ponce y Mario Jorge De Lellis. Este último era un taller auto-gestionado, no tenía coordinador fijo, mucho menos maestro. Y era gratuito, claro. Una especie de asamblea ambulante de poetas (ambulante porque tuvo varias sedes). Luego empecé a hacer periodismo en los periódicos del Partido Comunista. Luego me di cuenta de que escribir era mucho más difícil de lo que suponía. No se podía hacer sin conocimiento del idioma, de la cultura, de la literatura, del arte, de la ciencia, de la política, de la historia sobre todo. Luego siguió la dictadura, un repliegue en las casas para los que no se exiliaron. Y luego vinieron libros, amigos nuevos y viejos, revistas, nuevas discusiones. Mi bibliografía está disponible en el sitio web Estación Finlandia. Me jubilé del periodismo hace tres años.

Y aquí es cuando El Infinito Viajar debe agregar algo: Jorge Aulicino es Primer Premio Nacional de Poesía 2015.

Sus libros se encuentran en su blog: Estación finlandia

4 comentarios:

  1. Qué placer leer a Jorge Aulicino en El infinito viajar. Muchas gracias.

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  2. Buen texto sobre el oficio.

    Linda la mini biografía.

    Gracias.

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  3. Gracias a vos por tu lectura y tu comentario.

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