EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 21 de mayo de 2016

LISANDRO GONZÁLEZ



Normalmente puede haber algún disparador proveniente de situaciones de la vida cotidiana, generalmente matizadas con algún tipo de percepción particular que se genera en el momento .O también, la escritura, generarse por la recepción de otras expresiones artísticas –música, cine- o de la misma poesía.
Una manera de tributar los textos que se alimentan del mismo arte de manera directa ha sido a través de citas –en general de canciones-, e incluso el título de mi tercer libro “Hobbies de hotel” corresponde a un disco de Marillion.
También tengo un proyecto inconcluso de poemas sobre directores de cine, con textos que siguen una pauta determinada de elaboración.
Por otra parte creo que muchas veces mi escritura puede tener que ver con algunos paisajes mentales que se van generando.
Me ha pasado además tener que escribir sobre algún tema sugerido, como para una serie de antologías temáticas que se vienen realizando hace unos años con un grupo de poetas rosarinos; y en algunos casos, me he fijado yo, alguna estructura formal previa, por ejemplo: poemas con versos octosílabos sin rima o una serie de poemas de cien palabras con idéntico comienzo en cada verso.

La verdad, la relación con el cuerpo, no ha sido una cuestión sobre la que haya reflexionado particularmente. Pero en mi último libro, “Poemas lumbares”, justamente la primera mitad se compone de poemas escritos durante un episodio agudo de hernia de disco (lumbar) que me dejó varios meses inmovilizado en mi casa –salía sólo para el tratamiento- y durmiendo en un sillón.
Más allá de la cuestión catártica de la escritura, respecto a la cual siempre creí que era secundaria, pero que entiendo tampoco hay que subestimarla del todo, ese episodio me permitió, creo yo, desarrollar un tipo de percepción particular dada obviamente la convivencia con la limitación en la movilidad y con el dolor. También se generó una relación especial con mi entorno acotado, ya que estaba casi todo el tiempo en el living de mi casa; soy abogado y pude continuar trabajando desde ese lugar. Y personalmente trazo una línea entre estos poemas con una serie que integró un libro del 99, “Vida de un balcón” de Leña del árbol erguido, donde el balcón de aquellos poemas era un balcón de un departamento interno sin una visión de la calle, mientras que el balcón de la hernia daba a la calle, pero la limitación la tenía yo encima.
En cuanto al proceso de la enfermedad tengo que destacar la paciencia de mi mujer y de mis hijas. Veinte años atrás había sufrido la misma patología y volví a hacer idéntico tratamiento con el mismo médico pero, en este caso, si bien luego de un tiempo puede empezar a llevar una vida más normal, costó bastante más en esta ocasión salir adelante del todo, teniendo en cuenta además que buscábamos evitar la cirugía.
La segunda parte del libro son acrósticos, uno de los cuales precisamente está dedicado a mi traumatólogo. Luego de editado, le dejé un ejemplar del libro en un sobre. Al tiempo recibí un mensaje de una de sus hijas agradeciéndome y contándome que hacía unos meses él había fallecido. Me causó una gran tristeza porque fue un gran amigo. Sigue de algún modo físicamente presente en mi cotidianidad, porque en un momento del tratamiento me recetó un corset, al cual recurro de tanto en tanto cuando estoy un poco dolorido.
La edición del libro salió gracias a un premio provincial.
Luego de conocido el fallo tuve un pequeño intercambio con Silvio Mattoni, uno de los jurados, a quien le conté esta cuestión de la hernia y me dijo que le parecía curioso, ya que él veía un tono luminoso en los poemas. 
Y yendo a lo general, más allá de este episodio, hay quienes refieren que la escritura les genera sensaciones de malestar y esfuerzo pero en mi caso nunca ha sido así. Siempre ha sido algo, digamos que placentero, y los posibles malestares o dolores que haya podido padecer en esos momentos han venido por otras circunstancias.
Sobre la cuestión de los autores y la relación entre arte y cuerpo hay un texto de Paul Virilio, “Un arte despiadado”, incluido dentro del libro El procedimiento silencio, donde aborda críticamente cierta expresiones artísticas extremas, algunas de las cuales, a su juicio, no hacen sino remedar procedimientos nazis. A continuación un fragmento:
…De hecho, con este fin de milenio se cumple ante nuestros ojos lo que la abstracción había intentando comenzar: el fin del arte REPRESENTATIVO y la sustitución por una contracultura, por un arte PRESENTATIVO.
…Finalmente, el “arte moderno” habrá sabido ver lo que, en nuestros días, los medios de comunicación y de telecomunicación llevan a cabo cotidianamente: la puesta en abismo del cuerpo, de la figura, con el riesgo mayor de una hiperviolencia sistémica y del auge de una alta frecuencia pornográfica, sin ninguna proporción en relación con la sexualidad…
Desmesura por desmesura, hoy el acostumbramiento al choque de las imágenes y a la ausencia de peso de las palabras ha trastornado la escena del mundo.
Despiadado, el arte contemporáneo no es impúdico, pero tiene la impudicia de los profanadores y de los torturadores, la arrogancia del verdugo.
… Pero esta repentina SOBREEXPOSICION DE LA OBRA, como de aquellos que la observan, va acompañada de una violencia que ya no es solamente “simbólica” como lo era ayer, sino práctica…
Pero el paso decisivo se daría en 1998, con la exposición “Los mundos del cuerpo”, en el Museo de la Técnica y del Trabajo de Mannhein, donde cerca de 800.000 visitantes corrieron a ver unos 200 cadáveres humanos, presentados por Günther von Hagens.
Este anatomista alemán, efectivamente, ha inventado un método para conservar a los muertos y, sobre todo, para esculpirlos plastificándolos, sobrepasando por mucho el embalsamamiento de las momias…
Por toda explicación, el doctor Von Hagens se respaldaba en la consigna moderna: “Se trata de quebrar los últimos tabúes”.
Luego de ese manifiesto terrorista de Manhein, se opera un desplazamiento: un poco más y se podrá considerar artista de vanguardia a Ilse Koch, esa rubia romántica que, en 1939, había elegido un pequeño valle huidizo, al lado de Weimar.  Tenía, en efecto, aspiraciones estéticas bastante similares a las del buen doctor Von Hagens, ya que hacía desollar a ciertos detenidos tatuados para confecciones con sus pieles diversos objetos de arte bruto, pero también pantallas para veladores… 


Poemas:
1. 

Quizá alguien logre atrapar algo 
del aliento de calles que se despegan de la noche
y con eso alimente las ansias del mundo.

De la misma manera que bañistas
se pierden en la esperanza del agua,
los primeros seres del día

recorren ese escenario
de muerte confusa del día y la noche.
Su equilibrio oscilante.

El espejo de la luna roto
y demás elementos nocturnos en desuso
hablan de lo que ocurre 

cuando el río se agita 
al despertar el dolor
y dicha de los incipientes.



3.

¿Qué imperio inventar
cuando empiezan a crepitar las aguas
del declinar de domingo?

Tan poderosa
corporación del tiempo
pero la del dolor también acecha,

como los ríos que entre el daño y duración
navegan el profundo hueco 
hacia un lunes.

Pequeña dentellada en el nervio 
y otra en el corazón 
—en nervio padre—.

Caminar una mañana de varios días,
tararear con la piedra en mano
y algún ojo en silencio.



9.

El dolor describe 
su línea aséptica
mientras el ruido del resonador

musicaliza.
Luego, en la calle
se recorren lugares donde el dolor

ha tomado antes
formas mucho más sofisticadas
y perversas,

sabido tallar
la marca del diente
en órganos más etéreos y sensibles.

Así el otro dolor, el aséptico
se transforma
casi en alivio.



14.

Dulce mujer de todas las ventanas
blanco pájaro que toca todos los vidrios 
en la búsqueda

para abandonar y clavar luego
algún rayo gris
—suculenta comida de la crueldad—.

No reconocerá más
a ese hombre en la ventana
artífice de noches más grises que el rayo.

Lo verá caminar 
y arrastrar la pierna
pero así y todo ese hombre

al gustar de las manzanas
y gozar de ciertos anticuerpos
se hará inmune a su vuelo.




25.


Ordena con elegancia 
su vida
cuando el día termina.

Pone en un balde arena
en otro cal
y los riega

uno con agua otro con aceite.
Dispone su cuerpo
en rieles de la madrugada

como campo
humedecido de relámpagos.
Se desliza entonces la vida 

en el guante de las horas
o sobre suela gastada
del primordial calzado.

(De “Poemas lumbares”; 2014)



Nací en el año 73. Ese año mi madre me llevó a votar en su panza a Alende-Sueldo y vi la luz “Vendiendo Inglaterra por una libra” de Génesis.
Publiqué, luego, siete libros de poesía, el primero “Leña del árbol erguido” (1994) y el último “Poemas lumbares” (2014). Tres de soltero y cuatro de casado.
Participé de algunas antologías, las últimas “Muerte (Colección Prismática argentina)” y “Poesía de pensamiento. Una antología de poesía argentina.” Ambas de 2015 (buen año en esta materia).
La poesía me ha dado satisfacciones y también algunas frustraciones. Me hubiera gustado ser músico pero no está nada mal esto de la escritura.


1 comentario:

  1. Ud es un escritor con mayúsculas doctor, y cualquier comentario que haga o publque no solamente lo muestra como tal sino que lo confirma plenamente.

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