EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 18 de mayo de 2016

LUCIO L. MADARIAGA




En general, los poemas aparecen como frases o ideas, directas o metafóricas (suelo pensar primero en los finales y luego construyo hasta llegar de vuelta a ese impulso primero), sobre algo del mundo de las personas y las cosas que me rodean. Eso puede surgir de cualquier sentimiento hacia ellas: ira, odio, tristeza, amor o, lo que más me llama la atención e interesa, cuando algo disloca la continuidad lógica (¿qué sería eso? no lo sé, digamos lo monótono).
La principal fuente de nutrición es la interacción con la realidad, en general como observador distante y callado, que es una forma de involucrarse, también, especialmente por la supuesta velocidad con que ocurren los acontecimientos, la necesidad cada vez mayor de estar pendiente de todo, hablar de todo, opinar de todo, y las distracciones que son deidades. En ese sentido disfruto muchísimo el tiempo conmigo mismo en el balcón de mi casa, que es mi pequeño pedazo de litoral.
Investigo temas según se vayan desarrollando mis intereses, no sé cómo forzarme a cosas en particular. Soy bastante desordenado en eso, me gustan el ocio y la libertad. Me encuentro en un lugar mental en el cual sólo hago lo que tengo ganas y con las personas que tengo ganas, al margen de trabajar, claro. 
Paisaje, filosofía, astrofísica, son mis principales momentos temáticos de concentración. La música me acompaña, pero no me da ideas, sólo me entrego. 
Escribo mucho en la oficina, corrijo mucho en la oficina, me escapo mucho de la oficina. 

Como dije en la pregunta anterior, mis dos lugares de escritura son recreos de trabajo y parado en el balcón de mi casa. En este último es donde tengo mayor interacción con mi cuerpo. Voy, vengo, camino, riego plantas, podo, barro, escucho música, me tomo un mate, me tomo una cerveza, un vino, voy y vengo del balcón a la PC y voy escribiendo y leyendo y corrigiendo de a pasadas. No ocurre siempre, pero me doy cuenta del verdadero alcance de la escritura, del arte, cuando termino algo y estoy nervioso, como semiextasiado, a veces con temblores menores, piel de gallina. Eso me amiga con la escritura. En cambio en la oficina mi cuerpo quieto y mi cabeza en otro lugar, es otro ejercicio, es huída y meditación a la vez. 

La relación cuerpo y arte es la misma que cuerpo y vida. 

En cuanto a citas, desde hace muchísimos años me da vuelta y aparece con cierta asiduidad este poema de Juan Ramón Jiménez:

¡Crearme, recrearme, vaciarme, hasta
que el que se vaya muerto, de mí, un día,
a la tierra, no sea yo; burlar honradamente,
plenamente, con voluntad abierta,
el crimen, y dejarle este pelele negro
de mi cuerpo, por mí!
¡Y yo, esconderme
sonriendo, inmortal, en las orillas puras
del río eterno, árbol
-en un poniente inmarcesible-
de la divina y májica imajinación! 

Y de lo leído últimamente, hay un libro que me resulta terrible y maravilloso en cuanto a la relación arte cuerpo. “La caída hacia arriba” de Cristian Aliaga, que salió por Hilos Editora en 2013. Allí el poeta sentencia:

“El dolor no se puede matar”.
Comulgo con eso.



Poemas: 

la uva liebre

la uva liebre aparece
y se oculta
con aire de siesta por el mandarino 
que ciega su diagonal verano 
podría activar una estrategia
para detenerla un minuto
acá, junto al silencio 
pero el silencio no frena la materia, ni cura 
el corazón y no está comprometido con la luz
la uva tienta y se liebra
cuando vuelo lebowski 
me siento más polvo que nunca 
entre pájaros piojosos tierra húmeda
y tréboles de tres hojas
mientras recorro los ríos que siguen su cauce
entre las uniones de las baldosas
hacia el anonimato
en el ayuno social de una tarde cualquiera
creo en el lateral oscuro de la fruta

(de El aire medio, inédito)


viento de paso

después habrá tiempo
decís sin saberlo
la visita viajera el eclipse
la pausa entre sueños 
acá suena un violín bajo la noche

no te alejes tanto
la cuerda está tensa y dibuja 
una sombra 
si abrís los ojos me vas a ver
temblando soy viento de paso

(de El aire medio, inédito)


la colonia

los ojos de la transición perpetua
presente
no están quietos

ávidos ávidos ávidos cantores de la herida

lanzados en la tarea 
suben a la avioneta con un barbijo en el cuello
atraviesan el alma de la materia
los tornillos bailan como la salamanca

se hace presente ceniza del salto
como una evaporación cuántica
de arriba hacia el centro
es vuelo en el talco

el presente como transición perpetua

ojos ojos imagen de los ojos

todo es un reflejo

(de Baraiba, inédito)



pasto mojado

quién interpreta los músculos
cuál de esos engendros mueve los hilos
preguntabas mientras tus manos se enroscaban
como si esperaras el tren 

quise verte a través de la tela
no parecías de este barrio
había algo demasiado brillante
el algodón olía a quema
se dilataban mis pupilas

qué esa intensidad qué
es viento fuerte que gana un rincón

dame la mano te dije vamos al borde
detrás un hueco
              adelante un abismo
los pies raspaban la tierra

era de mañana en Baraiba

jugamos a vaciar el tanque australiano
nos suspendimos en el pasto mojado

cerramos los ojos

(de Baraiba, inédito)


Parias

Si cogiéramos sin parar
frenética y sin cerebro mente
si todo el día nos dedicáramos a olernos
disfrutar texturas y colores
si nuestros paisajes fueran sudor
y lágrimas de éxtasis brazos piernas que se trenzan
si todas nuestras palabras evocaran
calor placer adrenalina humedad
y reemplazáramos el sufrir tanta vida
por charlas delirantes de madrugada
al sol entre nubes pura inconsciencia
lo ladino lejano sonrisas impenetrables
verde luz marrón gris cofradía
no importarían las estaciones
los cambios de años las fiestas
divorcio afirmo divorcio
humo y brebaje de alcurnia
seríamos artistas mediocres
pésimos en eficiencia
pero dos personas hermosas
parias de toda paridad

(de Materia Oscura, La Pulga Renga, Rosario, 2015).


Lucio L. Madariaga

Soy Lucio, nací el 15 de agosto de 1985 en el barrio de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires. Me crié entre artistas, especialmente poetas.
Mi relación con la literatura siempre fue tirante, por cansancio.
Estudié diversas carreras: Ciencia Política, Sociología, Edición Editorial, Periodismo (de lo único que me recibí). Si volviera a nacer estudiaría Astrofísica, pero por suerte ya nací. Nunca me llevé bien con la academia intelectual, sí con la de fútbol.
Creo en el caos, en el silencio, en el paisaje y en los buenos gestos. Cada vez creo menos en la humanidad en términos generales. 

madariaga_lucio@hotmail.com 



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