EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 24 de mayo de 2016

MARCELO DÍAZ



No creo en un procedimiento literario en términos formales únicamente, es decir como una forma precisa del lenguaje, para mí además se trata de una emoción, un estado y una percepción sobre el vínculo borroso entre la lengua, el mundo y la experiencia.  Me detengo en imágenes puntuales y sigo su recorrido como si cada imagen fuese parte de una totalidad, registro escenas de películas, a veces busco subtítulos y armo montajes, escenas de libros, subrayo pasajes y los releo una y otra vez, y los modifico, me demoro en la relación entre el texto y el celuloide, escucho el habla cotidiana, a otros escritores hablar sobre la escritura,  y a críticos, no los que escriben en términos de juicios valorativos, sino más bien me identifico con aquellas lecturas sobre escrituras que se preguntan por el modo en que construimos significación mediante la lengua. Hay temas que vienen por sí mismos, otros parecieran pertenecer a una especie de sincronización entre mis búsquedas personales y determinadas narraciones, temas y escrituras que circulan en diferentes ámbitos de la cultura y de manera recurrente para traducirse en un determinado verso o poema.

Cuando escribo siento que mi voz se desdobla y a la vez se integra a la escritura. La emoción atraviesa la distinción entre lo real y lo ficticio, es una zona de contacto en el que la imaginación se materializa y con ella la voz adquiere la forma del cuerpo o el cuerpo, para decirlo en otros términos (a la inversa) se termina por textualizar en modo de poema. A veces considero que el lenguaje como materialidad tiene sus limitaciones, pienso en cómo otros artistas logran atribuirle un sentido performativo a la lengua al integrarla a otros escenarios, hay obras que tensionan el universo del discurso y lo llevan al límite, interactúan con diferentes materiales y las palabras parecieran quedar boyando como sucede, por ejemplo, con las piezas de silencio de John Cage. En mi caso la lengua es el punto de partida y también es el punto de llegada de todo lo que escribo y a veces imagino que lo que veo lo percibo desde una suerte de ojo de buey a lo lejos y en miniatura. Me acuerdo de las visiones de Werner Herzog en Conquista de lo inútil: “Jadeantes de niebla y agotados se yerguen en este mundo irreal, en una miseria irreal, y como yo, como en la stanza de un poema en una lengua extranjera que no entiendo, me encuentro profundamente asustado”. A lo mejor la escritura es una crónica de ese estado a mitad de camino entre lo que definimos por realidad y aquello que es pura invención mental con una intensidad que se desborda en múltiples direcciones y planos a la vez.



Poemas


Teoría de la pérdida
a M.R

Suponía que sería de noche
cuando el hilo eléctrico de tu voz desapareció
atrapado en un auricular como de plata.
Decimos sujetos a interpretación.
¿Qué cambiará ahora si enciendo un reflector
entre dos ciudades separadas por mil kilómetros
para reafirmar una marca en el asfalto
parecida a un hombre sentado en la autopista
ensayando una llamada nocturna?
Digo, por ejemplo, somos el campo de fuerza
de un agujero negro o como la espera
a punto de sacudir la quietud de las rocas.
Voy hacia ti, hasta aquí llegamos. Hablo
del boomerang de los afectos extraños
que en su viaje de regreso nos trajo lejos.



Monólogo de Donnie Darko

En algún punto del jardín descansa un motor diesel.
Yo no era nadie en el universo
pero dibujaba accidentes aéreos.
Esa era mi particular manera de estar integrado
a la vida de los aeropuertos
hasta que leí el texto sobre una dimensión invertida
que cambia o duplica las historias personales
escrito por un hombre disfrazado de conejo.
Viajar por el tiempo es una tarea abstracta
como imaginar una antena portátil
dentro de la bóveda celeste o calcular la trayectoria
de la turbina de un avión cayendo al abismo.
Quizás existió un proyecto distinto para mí
entre las diferentes opciones de la oscuridad.
Temprano pasaré de ser el fogonazo
de una bengala a la última grabación de una caja negra.



La estación

Por un instante el planeta es una estación de servicio.
Me hablaron sobre su núcleo,
un corazón incandescente y amarillo
como la capa de Flash Gordon.
El auto necesita un cambio de aceite,
pero no nos detenemos.
Cruzamos el campo
igual a la tapa del disco de Led Zeppelin.
Pienso en una película de ciencia ficción
mientras en el horizonte
las naves espaciales
relampaguean distantes.




ME LLAMAN ÖTZI

El aire es frío y duelen los ojos
junto leña en un bosquecito congelado
ayer un bisonte cayó al agua
atrapado en un candado de hielo
su cuerpo sellado quizá
espera el auxilio de un dios
semejante a mis tatuajes.
Estuve ahí entre la nieve
la boca de una fosa me atrajo
hacia el fondo ennegrecido.
Quería hablar sobre animales
perdiéndose como en un escalofrío
entre diminutos puntitos nevados.
Lo único que perdura es el invierno.

                                                                            a Mauro Cesari



Marcelo Díaz

Soy docente e investigador de nivel superior y universitario en Río Cuarto, Córdoba. Escribo en mis tiempos libres y cuando doy clases armo borradores mentales que transcribo apenas llego a mi casa. Publiqué los libros de poemas La sombrilla de Wittgenstein, Newton y yo, El fin del realismo, Bosque chico, y El astronauta. Recientemente fui seleccionado por el FNA para participar como Becario en el área de Letras por un jurado compuesto por Luis Guzmán, María Negroni y Florencia Abbate. 
marceloddiaz@hotmail.com 

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