EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 29 de mayo de 2016

MARCELO DUGHETTI


Mis sueños afilan sus cuchillos, me estremecen como el sonido del agua en la pila de una iglesia, es decir, el silencio sagrado. Me confunden. No sé si serian buen material de trabajo. Aunque yo no desdeño ninguna de las posibilidades referidas en la pregunta. Me refiero  a las vivencias externas e internas, el Ego, Inconsciente Personal e Inconsciente Colectivo. Los sueños son producidos por estos dos últimos estratos de la mente y también son mi juego de abalorios. Después hay un paisaje que no es el paisaje conocido por ejemplo en la casa de mi abuela paterna había una ciruelo, el ciruelo gobernó con su belleza la salida de la casa durante años luego se seco por diferentes circunstancias. Yo he visto en películas árboles cercados por la inundación, ahogándose pudriéndose y una de las estaciones que detesto es el verano lo que hierve y extermina. Pues bien en un poema conjugo ese recuerdo hermoso del árbol relacionado con una parte buena de la infancia y lo acoplo a las imágenes de destrucción del agua hirviendo y del árbol pudriéndose para hablar de la llegada de la dictadura o de cualquier gobierno neoliberal. El cine es una fuente insuperable. Recuerdo una película muy simple y hermosa sobre un pintor que luchaba por capturar en su patio los contrastes de los matices de luz sobre un membrillo. El tipo todos los veranos se tomaba el trabajo de captar sobre el mismo árbol las diferencias que marcaba la luz. Bueno, yo comienzo un poema hablando de ese pintor. 
Es cierto que el árbol visto en la infancia es el árbol que siempre veremos en todos los árboles  la infancia imposible como la mía que no fue para nada idílica  y que a pesar de todo me dio piedras en mitad del río donde pararme para salvar el cuero. Esos recuerdos entran en el barro de los poemas por ejemplo el poema “El viejo” del libro inédito Galgos de sol. También investigo sobre temas que me apasionan por ejemplo para escribir El Monte de los arboles sogueros leí mucho sobre el suicidio además necesitaba exorcizar ese demonio de mi propio corazón, no encontré otra manera para conocerlo y sosegarlo que a través de la poesía. Ese libro igual que todos mis libros ya casi no existen en ningún lado, tiradas muy cortas, material efímero en fin la nada misma, arena entre los dedos, voces apagadas. Satélites imperfectos que son abandonados en el cosmos de lo que se escribe y emiten su señal débil hasta que un día un chisporroteo quema el equipo trasmisor y se callan para siempre. Si se encuentran con uno por favor envíemelo me gustaría tenerlos de recuerdo. De todas maneras sigo la poesía como el perro a las ruedas de los autos. O si querés como el insecto que con sus antenas de fábula intenta leer el mundo. En un mundo donde prima el matar a los otros creo que la comprensión, el sentirse un insecto nos hace menos soberbios más permeables a los posibilidades y por supuesto a la magia de aprender. Distinto es si te sentís un elefante. La  poesía es revolucionaria por eso,  por que intenta comprender.

En una entrevista difícil de encontrar, la esposa de Miguel Hernández cuenta que Miguel se iba a escribir a la montaña como si fuera a pastorear, que salía umbrío y volvía angelado. Bueno básicamente antes de la primera línea la sensación es de agobio, pasan días en ocasiones semanas y hasta meses sin que pueda encontrar la línea que me permita comenzar el poema. Luego sobreviene una tensión como si se electrificara el cuerpo y ya no se puede abandonar hasta el final. La corrección es posterior allí ya no tengo esa misma sensación. Lo que sucede es mi relación agónica con la poesía. Otros sienten una felicidad y en cierta manera un amor más saludable. En mi caso me obsesiono por capturar la pieza del jugador fantasma. el fragmento que me permitirá construir el rompecabezas. En ocasiones ese fragmento es claro. Hay tres poetas en los que pienso ahora Vallejo, El conde de Lautremónt  y  Artaud 



Poemas



compré jabón blanco
lavé mi chaqueta
con un cuidado ritual
mañana
a las seis de la mañana
se reinicia el ciclo

trabajo

sucedo sin gloria

a la diez como un trozo de pan con queso
escondido tras el armario 
guardo un grillo en la cajita de las llaves
que abren los anaqueles
amurallados de libros
los niños de la escuela me llaman por mi nombre
y cada vez que me nombran
me bendicen
entonces abro la caja del grillo
y lo escucho llamar, llamar y llamar
con tal insistencia
que ni los satélites pueden ser sordos

he amado tanto…

perfume de jabón blanco
la chaqueta 
se agita en los alambres
como un pentagrama hermoso
la noche y su música
breves en el mirador de la terraza

soy 
un hombre solo.

De Galgos de sol –inédito

***

El viejo

el hombre con la manta en los hombros
y el facón cruzado en la cintura
el de un litro en el almuerzo
y un litro en la cena
de tan así que le decían torino
por el litro para arrancar
ese que durmió en colchón de chala
hasta que Evita pasó con el tren de la fundación
el que no se arrodilló en la iglesia
porque "yo a ese mocito de la cruz lo conozco bien"
el de lo cuartetos gringos
y las manos reventadas de tanto cargar ladrillos
el del caballo 
el del toro
el de las alpargatas negras
y la fusta con mango tallado
el que me levantó sobre sus hombros un día
para que viera a Horacio Guaraní 
en la navidad gaucha
y me compró un choripán en el club de los Cafaratti
y se puso a tomar parejo y a mirar por la ventana
cagada por las moscas
el desfile de paisanos endomingados
y lloró casi sin darse cuenta
de ese agüita maricona que le ardía los ojos
que ni la cal de la obra le podían quemar
ese que estaba quebrado por un recuerdo
y que de tanto sufrir subió al cielo doblado
por el cáncer y la rabia
pero no se arrodilló
porque "yo a ese mocito de la cruz lo conozco bien"
ese se llamaba Mercedes 
era mi abuelo.


De Galgos de sol, inédito


***


el joven
que se ahorcó en el subnivel,
usaba zapatillas rojas
tipo flecha.

tenía tres monedas de un peso en el bolsillo.

una moneda de fuego en la garganta.


 De, El monte de los sogueros


***


que nadie camine
por el monte de los árboles sogueros.

los hombres
se ponen negros y se hinchan.

las moscas
abrigan los ojos de los desesperados.

el viento
los respeta, apenas los inclina.

yo paseo con mis cinco metros de soga al hombro
desde aquella orilla tiende sus brazos
mi hija.

De El monte de los sogueros



***


escribía
con la soga al cuello.

con la soga al cuello
compraba tomates y cebolla,
armaba la ensalada con la soga al cuello.

con la soga al cuello salaba su carne,
ponía la mesa, exprimía un limón,
prendía el televisor, besaba a su hija, 
y sonreía
con la soga al cuello.

todo eso 
y más,
sin que nadie viera,
el elemento,
la sustancia.

cuando la soga 
trepó a la viga
todos golpeaban su frente
como si hubiera sido posible salvarlo.



De El monte de los sogueros



Marcelo Dughetti


Como todos fui bautizado con un nombre, un dios y el agua. Marcelo Dughetti Trabajo en una escuela doce horas diarias. Soy un cuervo embalsamado en el anillo de un gigante. Padre soltero Tengo una hija que me extraña y eso es bueno. Trabajo y reviento. Amo y reviento.
Escribo y reviento. Como y reviento. Nada de lo que me dan se cobra barato. Y a nadie dejo pasar sin cobrar peaje. Alma mezquina, dicen los muchachos. Nací como Charly sin poder y con Videla allá por la década del ‘70. Mis padres no se jugaron por nada. Mis hermanos hicieron lo que pudieron. Aprendí los rudimentos de un oficio inexplicable leyendo a un herrero. Supe algo más sobre la amistad y otras ciudades gracias a Sebastián Pons, Alexis Comamala. Adrian Romero  Leandro Calle A ellos agradezco estar de pie. Mi brújula ética son las Madres de Plaza de Mayo. El lugar en el que vivo, está rodeado de poetas, soja y leche.
No soy feliz. La psicóloga me dice que insista, que algún día… 
Publiqué algunos libros de poesía y narrativa. Hay un mar de desaparecidos que viene a buscarme la memoria y no puedo comer sin sentir asco cuando siento todas las bocas que caben en la mía. Suelo caminar hacia el horizonte para bajar el colesterol y alcanzar lo que me falta.











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