EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 18 de mayo de 2016

MARCELO LEITES

foto: Carolina Turletti

Digamos que el primer movimiento proviene de una imagen que es una mezcla entre lo que está afuera y lo que está adentro; una cruza, por ejemplo, entre ciertas imágenes naturales y su correspondencia con imágenes internas. Así se construye una imagen mental nítida, que empieza a circular por adentro mío, hasta que en algún momento, generalmente días después, surge el primer borrador del poema. Otras veces parto de una idea, o de un verso de otro poeta. La música y la pintura o fotografía también funcionan, pero sólo como disparadores para transformarse en otra cosa, que es lo que ocurre siempre en la poesía: las palabras son sólo un puente para algo que está más allá de las palabras.  
La escritura depende del estado emocional en que esté ese día. Pasa de la exaltación, euforia o alegría a la desolación, melancolía, angustia, con otros estados intermedios. Y todo eso provoca agitación, aumento o disminución de los latidos del corazón, ansiedad, inquietud, la necesidad de caminar aunque sea alrededor de la mesa donde estoy escribiendo; pero también puede pasar lo contrario: que sienta una extraña calma, que me encuentre relajado y en paz, con un espíritu contemplativo. Indudablemente el cuerpo influye, sobre todo en el tono emocional que luego tendrá el poema. No obstante no investigué en particular sobre este tema. Recuerdo sí, con esta orientación, a Antonín Artaud. Que trabajó tanto ese tema en relación con el teatro y lo teorizó en “El teatro y su doble”. Me acuerdo que en mi paso por el teatro estudié ese texto y es sorprendente esa propuesta radical de Artaud de que el actor puede prescindir de la palabra y sólo usar su cuerpo. Pero no como lo haría un mimo. Sino, usar el cuerpo para expresarse y la voz como su caja de resonancia. Gritos, gemidos, sonidos guturales, susurros, la voz como una extensión del cuerpo, pero sin palabras, sin usar la semántica, sino, en todo caso, la fonética.
Y aquí hay un ejemplo del mismo intento que hizo Artaud en un breve poema que también se compone de neologismos que sólo funcionan como sonido (evidentemente habría que leerlo en francés, pero sólo cuento con la traducción de Alonso, que es la que transcribo):

rutararatararatara
ataratatara rana

otaraotarakatara
otararatarakana

orturaorturakonara
kokonakokonakoma

kurburakurburakurbura
kurbatakurbatakeyna

pesti anti pestantumputara
pest anti pestantumputra


Poemas:

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE VIEL

Los sauces están quietos.
La luz se filtra apenas entre sus hojas.
Estoy sentado bajo su sombra.
El mundo parece detenido.

Sin embargo es sólo una ilusión:
El movimiento es imperceptible.

Un jilguero vuela en círculos
sobre uno de los sauces
hasta pararse en una de las ramas.
Un niño corre hasta la orilla del río.
Pasan dos mujeres conversando animadas.
Pasa un hombre con una pala al hombro.


Y de pronto las ramas de los olmos
empiezan a moverse
según una vieja melodía.


Los juncos se balancean 
y parecen a punto de quebrarse.


Basta un poco de fe
para mover el mundo.

(Inédito)



SPARTACUS

Frigia baila con Espartaco.
Gradualmente se quita la malla
y queda desnuda.
Gira, corre, camina, torsiona su cuerpo
alrededor de Espartaco.
Lo envuelve, lo cerca, lo roza con sus pechos
y sus movimientos son sólo una promesa
que se aleja cuando él quiere tocarla.
Espartaco gira alrededor de Frigia
con saltos cada vez más insinuantes
hasta quedar él también desnudo.
Los dos esclavos bailan
lejos del poder de los romanos
un Adagio que tensiona la orquesta
hasta el límite de las cuerdas
hasta el límite de los cuerpos
hasta el límite del deseo
pero los movimientos tienen la ingravidez
de las gotas de agua desprendiéndose
del tallo delicado de una planta
y se frotan las manos y los sexos
oyéndose respirar agitados
mirándose hasta perderse en el otro
se huelen se tocan se lamen
y sudorosos vuelan por el escenario.
Espartaco sabe que la muerte se acerca,
¿Qué escuchas en el Adagio? ¿La música?
¿El movimiento de los cuerpos
su ruido de fondo
o sólo lo que está en la superficie?

(Del libro “Ruido de fondo”, basado en el segundo movimiento “Adagio” de “Spartacus”, ballet con música del compositor ruso  AramKhachaturian)




              LÁPIZ

Gradualmente se deshoja
en pequeñas virutas marrones.
Aparece la punta del grafito.
Más pequeño, el lápiz escribe:
Con este olor a madera
te devuelvo la escuela 
del guardapolvo blanco.
Las bolitas en el piso de tierra.
Las piedras de la payanca.
Los amigos que se fueron
O se borraron.
Una maestra que vendía
cara sucias en el recreo.
El sacapuntas insiste para afilar
aún más el trazo.
Y vuelven 
la isla del tesoro de Robinson 
y el mar de la ballena blanca 
con Gepeto adentro.
Y Alicia se pierde en el reino del revés 
y Nippur de Lagash es el héroe 
que ha dejado su tierra
en busca de paraísos artificiales. 
Finalmente el lápiz dibuja 
los contornos
de una niña pecosa 
que se llamaba Laura
era pelirroja
y no estaba 
adentro del libro
de Petrarca.

(De: Resonancia de las cosas)


IV

La silueta delgada del cedrón 
que aparece en el jardín 
tiene formas que se parecen 
a la forma de mis ojos. 
Veo a través de mí el cedrón:
El entorno se modifica 
mirado desde adentro 
como algo que recuerda 
vagamente a una planta 
y ya no es cedrón ni planta;
sólo alguien
que huele a tierra mojada, 
alguien que se parece a mí 
en su guerra con la tierra 
para desertar y crecer 
fuera de sus límites.

(De: El margen de la aldea)


IV

Ahora que no hay resquicio
con un poco de luz,
cuando las valijas esperan
otro puerto donde anclar,
y es demasiado tarde
para empezar y demasiado
temprano para el final,
que las paredes del mundo están
a punto de asfixiarte y la sabiola
te zumba de tanto andar,
que ya sería hora que madurés,
que pasó tu cuarto de hora
y no sabés si valió la pena
si hiciste todo lo posible
para ver el sol después de la lluvia,
ahora en la hora del salto
hacia la cima, que no era otra cosa
sino un puente un gran puente
con los demás y con el mar que llegaba
hasta tus pies, que podrías darte
el lujo de usar un lenguaje hermético
y no esta cháchara transparente,
que cumpliste cuarenta años y te cuesta
hablar de algo que no seas vos mismo
y el tiempo te apremia, el tiempo
de las últimas miradas sobre las cosas,
ahora cuando todo parece
irremediablemente perdido,
camino
hasta tu pócima
¡Oh, tanque australiano!

(De: Tanque australiano)


Marcelo Leites

Mis primeros contactos con el arte, fueron a través del teatro estudiantil y vocacional, como actor y director de obras de dramaturgos célebres, tipo Priestley y Shakespeare; abandoné después el teatro porque requería una energía que decidí entregarle por entero a la poesía. Pero con el teatro aprendí que “poner el cuerpo” es esencial en el arte, incluso en la poesía. Sobre todo cuando uno la lee. También aprendí a leer mis poemas. Cuando los leo, hago una interpretación del texto, que no llega a ser una teatralización, pero tampoco es una lectura plana y monocorde; sino una lectura hecha con los matices y pausas que creo necesarias para captar más la atención de los oyentes. Publiqué cuatro libros de poemas, “El margen de la aldea” (Ed. Río de los pájaros, Entre Ríos, 1992); “Ruido de fondo” (Trópico Sur, Asunción del Paraguay, 2001); “Tanque Australiano” (Gog&Magog, 2007) y “Resonancia de las cosas” (Ediciones en danza, 2009) y he sido publicado en algunas antologías, de las cuales, la más importante es una reciente, editada en España: “Poesía de pensamiento –Una antología de poesía argentina” (Endymion, Madrid, 2015). Ahora estoy escribiendo el quinto, que provisoriamente se llama “Adentro y afuera”. También soy crítico literario y tengo algunos ensayos publicados, como “La música de la poesía”; “Cuatro poetas entrerrianos” y “”Poesía y estilo”. Mi estética oscila entre el objetivismo y el impresionismo, para decirlo rápida y brevemente. Creo en la poesía como nutrición de impulso para capturar la belleza que está detrás o al borde de todas las cosas.
leitesmargen@hotmail.com
http://ustedleepoesia2.blogspot.com.ar/
https://web.facebook.com/marcelo.leites.7

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Diana, con casi un año de retraso, veo tu comentario, pero bueno, no quería dejar que pasara más tiempo. Un gusto.

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