EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 20 de mayo de 2016

MARIO NOSOTTI




Escribo casi siempre de mañana. Hace poco más de un año instalé una mesita frente a un ventanal que da al jardín. Casi siempre levanto la vista y oteo ese paisaje doméstico. Verde, agua y luz. Necesito esa luz. Ver las plantas que apenas zarandea la brisa. No hacer foco. Estar como colgado en ese ámbito difuso me predispone. Como si me quedase atento ante un estanque o como si acechara ante el azul nublado de un agujero en el hielo. Si vengo trabajado en un poema largo, una serie donde ya hay cierto clima, trato de retomar el hilo. Pero sin obstinarme, dejando que la deriva de ese día me lleve descubrir lo que le corresponda. Las instancias de escritura pura en mi caso son las menos; escribir es casi siempre corregir, probar, tachar, direccionar. Ese fondo del que hablaba antes es en realidad el vacío donde instalar una cadencia tonal. Casi siempre es retomar –o reponer- un ritmo lo que me lleva a escribir. En la rítmica se va estructurando la discursividad (los temas, las imágenes, el pensamiento). Entonces la motivación viene casi siempre de la música maleable  de lecturas previas o frases escuchadas al azar. 

Hay veces, cuando el poema está saliendo, en que empiezo a tensionarme a la altura de los hombros. Hay evidentemente un esfuerzo y una lucha de fuerzas. Una atención que requiere estar a la altura; pero sé por experiencia que no se puede forzar. Es como sostener un hilo y a la vez dejarlo derivar, tironeando un poquito cada tanto. La experiencia de la pesca o de remontar un barrilete podrían ser símiles bastante adecuados. Por eso cuando escribo tengo a mano café o mate –y últimamente agua, para no enloquecer!-. La intermitencia de ingerir líquidos es un desvío de la atención, un ocupar el cuerpo en otra cosa, pero en el fondo todo lo que ocurre es el estado necesario para que la escritura avance. Hay gente que no puede pensar estando quieta, sentada, tiene que caminar. En mi caso me paro, voy al baño, entro un rato en alguna red social, hago un llamado, vuelvo. La verdad es que me distraigo bastante. Ritmo, secuencia, atención-distracción…se trata de encontrar un movimiento, y es ese movimiento el que crea un cuerpo determinado, un mecanismo capaz de alumbrar un discurso. En la escritura manuscrita, o cuando aún se escribía a máquina, la relación con el cuerpo era distinta. La levedad táctil de la computadora versus la presión urgente y el golpeteo de una máquina de escribir probablemente tengan algún tipo de correlato en la escritura. Cuando uno escribe, cuando uno toca el piano, cuando - como diría Deleuze- uno es afectado y se afecta a sí mismo en la entropía de una actividad, es como si apareciera un tercer cuerpo, el de esa práctica, cuya fisonomía no puede reflejarse en nada. No pasa todo el tiempo y dura poco. Creo que la alegría que conlleva es la de la potencia que ha encontrado su cauce.     


Poemas


CON LA PIEDRA AL OÍDO
dos chicos     hablando por teléfono
al borde de un talud de obra camino
provincial     el viento se llevó los hilos      
el mar cercano dejó la intermitencia  
el va y viene de un agua    los vincula 
monólogo fluctuante     que se enrolla
en un hueco de piedra    lo lleno en lo vacío
de un entender que cuesta  y a veces
naufraga un diapasón que arrastra
secretos incrustados y dientes de león 
prendidos en el sweater negro 
y el pantalón



POR CADA SUEÑO DE LA LEVEDAD                                              
se cruzan las alarmas de los santos
ellos trazaron su circunferencia
y miraron adentro.

Una forma consiste
en otear a lo lejos y escribir
lo que se ha recogido no se sabe dónde.
Otra forma es trabar una lucha
elevarse pisando
salientes y hendiduras
asentando la uña del zapato.

Tengamos la ilusión de recoger
después hay sólo hilos, yeso.

Con eso nos metemos y eso 
nos da la gracia.

Los santos botan lámparas
que a poco los consumen.

Así entran a la noche inmensa


ES UN IMPACTO OSCURO
casi ruina del holgado mantel.
Lo vegetal afuera en algún lado.
El cuarto que se inunda con el polvo
solar. La mañana es lugar que busca
y me dice sentate, escribí.
Una chapa ventana mitad óxido
y mitad puntos negros de soldadura
el marco con bisagras para ver
caracteres mecánicos de un libro:
bastardos del pensar que somos
los hijos no buscados de algún modo
son lo que más deseamos.
Pero yo no quería perderme
más allá de la dura
persistencia del acto
leer por levantar una mirada
y ver esos contornos de sombra sacudirse
o vibrar.
De pronto siento que algo me acompaña
la soltura del agua en los reflejos
por el piso engomado. Se oyen rumores
lejos. Casi todos trabajan
y hasta pájaros cantan
recordando que apenas soy un punto
de la línea que sigue.




REPRUEBO EN LA MEDIDA
en que se agota el circulo animado
camino mientras sopla la botella
esa donde el calor ajusta   el mundo
a su árido verdor

mi padre y yo
como series fabulosas caminamos
mientras el viento hincha las botellas
y la cara del otro se deforma
con total transparencia (de si?).

Nunca pude mirarlo
sin mover
la borrita del fondo 
sin que el viento agitara
la suave temerosa desconfianza
una entrega imperiosa
imposible a mi género
había embadurnado la quietud.


Pero. Hay una urdimbre
que sin duda delata
nuestra unión imposible
detrás de aquélla piedra evaporada
yo traté de ordenarla
abriendo las varillas
a lo frío del día

ver el original
a costa de traddire
el sedimento.

Dónde la monosemia de esos ojos
que me intentan cruzar?

También él siendo joven
se puso a revelar fotografías.



De El proceso de fotografiar


Mario Nosotti


Nací en San Fernando, provincia de Buenos Aires, y vivo desde chico en el barrio de Florida. Edité la hoja de poesía Música Rara (2004-2006) y colaboré con distintas revistas culturales. Publiqué  los libros de poesía Parto Mular (Editorial Último Reino) en 1998 y El proceso de fotografiar (Viajera Editorial) a fines del 2014. En ese mismo año gané la Beca del Fondo Nacional de las Artes por un proyecto de investigación sobre la obra de Juan L. Ortiz. Actualmente colaboro con el suplemento Radar libros (Página 12), la revista Ñ (Clarín) y la revista Los Inrockuptibles. 














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