EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 21 de mayo de 2016

NICOLÁS GARCÍA SÁEZ


Cinco o seis de cada siete días de la semana suelo levantarme muy temprano, cuando aún es de noche. Durante esa leve modorra aún navegan los residuos de la sorpresa y los sueños, que poco a poco se van evaporando para darle su lugar a una duda crucial: ¿mermelada de damasco o de ciruela para las tostadas con salvado? Café o té, casi seguro. Una vez hecho este trámite visito el agua y luego, a la hora de escribir, voy boyando entre la disciplina y el impulso, la chispa, esa idea. Tal vez las ideas sean varias, a menudo se acumulan y tiendo a tentarme con las que evitan los extremos, las menos llamativas. Luego sí, vuelvo a esos márgenes opuestos. En ese conjunto habitado hay infinidad de voces, melodías, ritmos, situaciones, paisajes, personajes, diálogos, recuerdos, ilusiones y etcéteras. De este modo me siento en una silla incómoda (fundamental), busco el silencio, tomo mi cuaderno y comienzo a trabajar

Al estar sentado en esa silla necesito el cuerpo descansado pero incómodo. Descansado para comenzar a pescar en el lago calmo de mi lucidez. O de la cuota de lucidez que me haya tocado ese día. Con el anzuelo adentro comienza el desfile. O, mejor dicho, el baile. Y a la hora de bailar hay que despegarse de esa silla para comenzar a escuchar, e incluso ver, los sonidos que trae el nuevo día. Pájaros bostezando y enmarcando la silueta en penumbras del lomo de un animal gigantesco, y aún dormido, conformando las sierras. El techo de un colectivo casi vacío atravesando algún pretérito o futuro presente desde un balcón, sobre Salguero. O el mar, si hay suerte, aunque en este caso lo más probable es que no exista ni la silla ni la incomodidad. Solo el cuerpo y el ronroneo intuitivo, pleno y leve, festejando el baile de algo que muy probablemente vendrá. Desde cualquiera de esas costas observo el vaivén de las olas, su metamorfosis, y pienso en la archiconocida del Samsa de Kafka, pero también (y que me disculpen los amigos puristas de lo bellamente absurdo) en otra, tal vez un poco más discreta, o más interesante, me refiero a la no-metamorfosis del Berenger de Ionesco. Al fin y al cabo el devenir de los textos (y de los cuerpos) tantas veces se parece a eso.



Poemas



EVOLUCIÓN                                                       

Aquello partió 
bajo la sombra del ombú
con un sapo
y su bella rana
reposando para siempre en el jardín

hubo un gato
con diminutivo célebre
que llegó un día
y al otro se fue
rompiendo pedazos de mi corazón

hubo un axolotl
que en pocos meses
regeneró sus piernas, amputadas
y se deslizó bajo el barro
de una barca oscura mexicana

hubo un lémur negro
que mordió a un gusano
envenenado
equivocado
para alucinar con el cianuro en las alturas de un baobab

hubo un mono loco con coctel
de alcohol frutado
con la espuma en la boca
de un puercoespín
hubo un reno buscando un hongo bajo la nieve

hubo, si, un delfín amarillo
que se adhirió 
también
a mi piel
para multiplicar sus voces

de puntos cardinales
y armar
en una sola pieza, a un animal fabuloso
aquel 
El Único, esencial 
cubierto por el recuerdo de todos los demás


 (del poemario Neptuno y las Faunas)



SUPERHÉROE                                           

En las siluetas eternas
que conforman las sierras
durante la bruma fantasmal
aparecen edificios, las olas, el mar

hay días de silencio 
de suspiros fáciles
vacíos de un abrazo
en la piel, resignada a callar

hay días que transcurren
con el aliento tenue  
de musas tristes tibias
entre sombras fatigadas de andar

van con la capa caída
sin rumbo, sin nada
visita obligada
hacia un pozo con suerte

no se encienden con el rojo del otoño
ni con la (siempre) cursi primavera
de flores altaneras
y laureles poderosos

hay días que vuelan
sin la capa al viento
que aterrizan
entre la oscuridad

pero también hay días
en los que el cielo, la luna, los astros
se ordenan
para fortalecer

a una hormiga que trabaja, sin descansar
y que sueña, animal herido
con volar sobre sierras y viejos edificios
que tiemblan entre las turbulencias del mar


(del poemario Neptuno y las Faunas)



POEMA QUE PUDO HABER SOÑADO UN SORDO

Afortunado al nadar mientras veo 
a la aurora que abanica
el abalorio disperso
de las estrellas

afortunado mientras toco
el agua casi helada
revuelta (pura y bruta)
que ciñe turbulenta a mi piel

afortunado mientras huelo
la explosión uniforme
despejada y celeste
del cielo

afortunado mientras pruebo
el néctar que se diluye
líquido
entre la sed inmensa de mi boca

afortunado
mientras nado
y siento que vuelo


(del poemario Los Sueños Ajenos)



POEMA QUE PUDO HABER SOÑADO UN CIEGO

Afortunado al nadar mientras oigo
al río que ríe manso
y besa a las burbujas
bajando dulce desde las sierras

afortunado mientras toco
el agua casi helada
revuelta (pura y bruta)
que ciñe turbulenta a mi piel

afortunado mientras huelo
la explosión uniforme
despejada y celeste
del cielo

afortunado mientras pruebo
el néctar que se diluye
líquido
entre la sed inmensa de mi boca

afortunado
mientras nado
y siento que vuelo




(del poemario Los Sueños Ajenos)


POEMA QUE PUDO HABER SOÑADO ALGUIEN QUE CAMINÓ POR UN JARDÍN NOCTURNO Y SE PINCHÓ UNA DE LAS PLANTAS DE SUS PIES DESNUDOS CON LA RAMA DE UN ESPINILLO

¡Ay!


(del poemario Los Sueños Ajenos)




Nicolás García Sáez 



Nací a las 13:25, supongo que mientras todo el personal del hospital intentaba almorzar. Soy acuariano (desconozco acerca de horóscopos, pero es algo que siempre me preguntan) y me dedico también a las artes plásticas, la música, el periodismo y la fotografía. Publiqué los poemarios Neptuno y las Faunas (Buenos Aires Poetry, 2014) Los Sueños Ajenos (Zindo & Gafuri, 2015) y, recientemente, Cinco crónicas americanas y un viaje a la Luna (Modesto Rimba, 2016)
Tengo escritos siete libros más (una novela, dos nouvelles, dos de cuentos, una obra de teatro y un poemario)  

Fcbk & you tube: Nicolás García Saéz

No hay comentarios:

Publicar un comentario