EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 21 de mayo de 2016

SEBASTIÁN OLASO




En general escribo a partir de confusiones. Hay algo que capto mal y me lleva a un espacio de escritura. Por ejemplo, escucho una parte de un diálogo al pasar y me quedo pensando en un contexto posible, o escucho mal una letra de una canción, o, como soy miope, veo mal algunas cosas en la calle.
También me pasa con las lecturas y el cine. Si en un momento, algo me llama la atención, a veces leo (o miro) desde una hipótesis que se me disparó, y el texto o la película no van hacia donde yo hipoteticé, de algún modo, yo sigo apostando por ella, sigo con atención algunos conceptos para ver si mi hipótesis está en la trama y ya llegará.
Todo eso se va conectando con experiencias o lecturas anteriores, con deseos, con frustraciones, arrepentimientos, momentos de dicha, y de ahí surge el primer incentivo de escritura.
Investigo de modo irresponsable y caótico, pero sí, voy buscando antecedentes, respuestas, puntos de vista en textos literarios, textos periodísticos, canciones, películas, entrevistas, conversaciones con gente de mi entorno.
Pero también es habitual que yo no esté buscando nada y el estímulo "irrumpa". Durante un tiempo estuve intentando escribir algo poético sobre la mirada de quien avasalla al otro, lo hiere, lo estafa de algún modo, y luego se maneja por la vida como si fuera el perjudicado. Yo lo ejemplifico en las personas que se aprovechan de otros, y luego andan diciendo que esos otros les tienen envidia, cuando en realidad les han perdido la confianza, están heridos o enojados.
No encontraba el modo de abordar el texto hasta que me encontré en un bar y escuché "qué mal que baila el mar". Venía de la música ambiente, era una canción bastante fea de Sergio Dalma que decía "bailar pegados es bailar, igual que baila el mar con los delfines". Pero yo estaba concentrado en otra cosa y de pronto irrumpió un "qué mal que baila el mar". A los diez minutos se estaba armando en mi cabeza lo que luego fue el poema LI de Tiranía del desborde, que es ese texto que yo venía buscando (está entre los textos que adjunto). A su vez, adjunto también el poema LIV de este libro, que juega con una intertextualidad con el tango "Nostalgias", con letra de Enrique Cadícamo.

No tengo una sensación física en particular en el momento de escribir. Sí en el momento de descubrir que voy a escribir sobre eso. Volviendo al punto anterior, es frecuente que esas confusiones, esas lecturas, esos diálogos, esas escenas, esos episodios biográficos, me lleven a un suspiro, un alzamiento de cejas, una lágrima. Hay situaciones que me cambian la respiración cuando las recuerdo, o me dan una risa que podría ser cómica, piadosa, sorprendida, resignada o de enojo conmigo mismo, según el caso.
Sin embargo, al escribir, no suelo repetir esas respuestas físicas. Sí es probable que pierda la noción del tiempo (y eso quizás podría considerarse como una respuesta física).
Mi relación con mi cuerpo es pésima. No hago ejercicio (y me pone de mal humor la sola idea de entrar en un gimnasio), como mucho, a la noche me resisto a dormir y a la mañana me resisto a despertarme.
La relación entre el cuerpo y el arte suele estar presente, incluso por negación.
El ejemplo más convencional es el de los bailarines, luego está el ejemplo menos convencional pero sí elocuente, que es el de los actores. Los narradores (o dramaturgos, o guionistas) suelen tener esa relación con el cuerpo, el uso expresivo, al crear personajes, aunque no pongan el propio cuerpo para representarlo.
También creo que es importante (y forma parte de la relación del cuerpo con el arte) el uso expresivo de la voz, de los gestos y de la mirada, y que hay quienes pueden expresarse magistralmente cuando callan, se quedan quietos o usan recursos de "no expresión".
Me gusta mucho el uso poético del cuerpo en el Canto II de Altazor, de Vicente Huidobro. Aquí pongo el enlace a una página Web donde está el canto completo: http://www.vicentehuidobro.uchile.cl/altazor_canto2.htm



Poemas 


Para sangrar o volver, poema V

De caminos dibujados en la luna,
de espacios fértiles y de túneles viejos,
de gargantas con aromáticas hierbas
que envuelven la palabra,
de llantos de tibia candidez, de sonrisas
de animal, de puentes por los que van y vienen
los que no pueden quedarse,
de parajes, de cartas, de saliva,
de ojos que miran hacia el mar cuando esperan
con impaciente silencio,
y quizá,
quizá también de cerraduras que ya no abrirán
ninguna puerta,
quizá de marionetas que estáticas repetirán
para siempre el adjetivo final,
quizá de toda esta madera que flota
entre perros hambrientos y cereal abandonado,
esté intentando escaparse mi voz
para ya no girar en esta boca,
para ya no moverse sin remedio
de sur a norte,
de pared a pared, de palabra en palabra,
para ya no buscar entre tanta arena y tanto ombligo
los imperfectos rituales que soporta la tierra.
No hay otra cosa que residuos en este pobre universo
sin mitades. Y mi voz que renueva su fe
allí donde la herida se me escurre entre los dedos.

(en Control sobre mis ojos, Yaguarón Ediciones, 2006)



Creo de crear (fragmento)


Cabeceo.
Es mi estrategia más temible, y sin embargo, la estrategia más artesanal
de mi catálogo. He conocido a mujeres con olor a pimienta en los talones.
He conocido miedos que usurparon mi cuerpo de león. En tu cuello
conocí la caída de un imperio. Siento miedo por las plantas de tus pies y
cabeceo, a tus plantas rendido. Onírico. Irónico. Itinerante de anagramas.
En tus uñas palpita el recorrido de este miedo: Parte de mi beso en la
pimienta de tu paso y trasciende la barrera de tu nuca; se dispersa por los
arcos de la luz y así amanece la ciudad, con mi miedo pisoteando
polvaredas. Lloro después por el óxido erre hache que abandona los
surcos de mi cráneo; y me abandonan también los sueños que median mi
trayecto, y me abandonan también las cámaras del sol. Ya no serán
oníricos tus pechos en mi fiebre, ya no, mujer, ya no. No puede ser esta
sutura una escena de amor para tus labios. Esta sutura nace de mi beso
que absorbe la pimienta de tu piel y me exhibe gitano de tu hora; me
exhibe cabeceando, sangrante, prosaico y a tus plantas rendido, mujer,
como un cadáver grotesco.
Pero aclaro:
Conozco páginas que exaltan los grises de tus codos, el declive genital de
tus rodillas, la urgencia espermática del precio de tu vientre. Adivino tu
edad en los vaivenes de la siesta y abandono los hijos para leerte abierta
y borracha de mi texto. Te sujeto y encuadro la risa de tu epílogo. Al
borde de la lámpara (aclaro), queda latente el nudo de mi oculta
geografía.

(en Control sobre mis ojos, Yaguarón Ediciones, 2006)


Tiranía del desborde, poema LI

Burlémonos del mar obsecuente que se arrastra y se brinda sin reclamar un beso.
Riámonos del inconsciente del mar, ese ente que inconsciente se asusta de sus
propios fantasmas enterrados bajo mil paladas de agua. Escribamos fábulas
acerca de un personaje sombrío que sólo mira hacia afuera, que intenta escaparse
de su fuente. Postulemos que el hombre que no se quiere, no quiere. Pregonemos
en todas las esquinas, que todos sepan que hay alguien, quizás una mujer, que
olvida la arrogancia de lo inmenso. Hagamos una, dos, cien caricaturas de nuestro
mastodonte que se agita para ver si es cierto que está vivo, que va y viene como
quien mendiga un abrazo, que no se planta en su lugar, que no reclama su poder,
esa marioneta impresentable que cada vez tiene más sed de una caricia maternal,
y gritemos qué inocente que es el mar que confía en nuestra máscara, qué mal
que baila, qué asimétrico, qué rústico, qué inseguro que es el mar. Y alejémonos
con ironías bien pulidas. Y cuando no pueda oírnos, digamos orgullosos que si
nosotros fuéramos el mar, pobre la arena, pobre la tierra, pobre el aire, que si
nosotros fuéramos ya no el mar sino una ola del mar, pobre el pescador, que se
cuiden los botes y las islas, que si fuéramos ya no una ola del mar, que si apenas
fuéramos la espuma de una ola, ahí sí que seríamos temibles, que con sólo
blandir una burbuja todas las rodillas clamarían piedad y todas las alas se batirían
en fuga. Y volvamos a la orilla, amenacemos al mar con fina inteligencia,
mintamos, traicionemos, humillemos al mar, robemos los tesoros, vaciemos los
músculos del mar, quitemosle todo. Hagamos una hoguera con la historia del mar.
Y echémosle la culpa.

(en Tiranía del desborde, Vinciguerra, 2009)



Tiranía del desborde, poema LIV

Que tiemblen en el aire las rosas moribundas,
hermano.
He encontrado buenas tierras
en el jardín sin ella.
Ya me rebajé, ya le pedí,
ya le lloré, ya le dije.
Las buenas aguas,
hermano,
los buenos fuegos
me librarán de los pétalos,
del hedor,
de los símbolos,
de la basura,
de los parásitos del abandono.


(en Tiranía del desborde, Vinciguerra, 2009)



Contra Dios y marea, poema XV


Alas, hilos, olas.
En estas tres palabras todavía cabe
casi toda la poesía.
En estas tres palabras todavía cabe
casi todo el deseo,
casi todo el delirio.
No. No debe ser suficiente.
Tiene que haber algo más.
Tiene que haber otro rincón,
otra trinidad, otro salto al vacío.
Un salto al vacío donde las alas no se anuden,
donde los hilos no atrapen la marea,
donde las olas no ayuden a volar.
Tiene que haber un pequeño paraíso
en alguna parte,
en alguna coma, en algún paréntesis valiente.
Tiene que haber una grieta
por donde se cuelen
los soplidos más inesperados,
algún mundo de músculos abiertos
y zapatos que conozcan el camino.
Tiene que haber multitudes
con los pies manchados de pureza.
Sí. Tiene que haber poesía
hecha de voces orgullosas de su coro.
Voces sin alas, sin hilos, sin olas.
Voces de tierra fértil y espaldas anchas.
Voces de pan.
Voces de victoria.
Tiene que haber.


(en Contra Dios y marea, Vinciguerra, 2016)



Nací en San Nicolás en 1968. A los trece años, cuando terminó la dictadura,comencé a asistir a un taller literario y a participar de un grupo de escritoresjóvenes de San Nicolás, en el que yo era el menor.En 1985 terminé la secundaria. En 1986 me mudé a Buenos Aires para estudiar la carrera de Letras (no la terminé) y comencé a participar de diferentes talles, como el de Liliana Heker o el de Nicolás Bratosevich.En 1989 y 1991 participé de las bienales de Arte Joven en poesía y en narrativa.
Entonces me convocaron para participar en una colección de libros con textos de
la segunda bienal.Durante aquellos años, los noventa, trabajé como liquidador de impuestos y de sueldos en diferentes lugares. El último lugar fue el área de Recursos Humanos de un supermercado; era lo más parecido a un buque factoría que uno pueda imaginarse en tierra firme. Murió mi madre, después me casé, con mi esposa buscamos un hijo que nunca llegó, luego murió mi padre. Me divorcié, me despidieron del supermercado. Mientras tanto, en esa maraña de situaciones personales y nacionales complejas, yo seguía escribiendo, concurriendo a talleres, soñando con ser escritor. A partir de que perdí el empleo, ya separado, sin hijos, sin padres, comencé a buscar un trabajo de liquidador de sueldos y, casi sin pensarlo, también decidí dictar talleres literarios. Lentamente fui dando talleres en diferentes lugares, desde hospitales hasta centros culturales. En 2006 tomé coraje y publiqué mi primer libro de poemas. También me vi cerca de tomar la decisión de publicar un libro de cuentos, pero no llegué a tanto. La idea de volver a liquidar sueldos quedó descartada. A lo largo de los años siguientes se fueron dando las condiciones para que dictara cursos en diferentes lugares y para que mostrara mis escritos. Luego comencé a trabajar como corrector de estilo de traducciones y como coordinador de editorialpara material pedagógico, que es parte de mi trabajo actual. En ese marco escribí también poemas y cuentos para niños. Mi libro de cuentos, todavía inédito, había
sufrido algunas modificaciones y decidí darle un tiempo más antes de publicarlo. Participé en encuentros literarios, antologías, cafés, trabajé también como asesor y corrector en un par de editoriales. En 2009 publiqué mi segundo libro de poemas y volví a enamorarme. En 2011 nació mi hija, Clara. En 2016 se publicará Contra Dios y marea, mi tercer libro de poemas. El armado
de un libro de cuentos sigue esperando su turno.




2 comentarios:

  1. Excelente Seba, sopla, navega como el viento, se mece como la marea, siempre ebria. Abrazo.

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