EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 26 de mayo de 2016

VERÓNICA LAURINO

Foto: Edgardo Juarez


Al escribir poesía y también narrativa puedo ver que son distintos los procedimientos. Por ejemplo, para escribir una novela, debo disponer de un tiempo, de paciencia y necesito enfrascarme, tener mi cabeza sólo en eso, vivir con esos personajes; en cambio, la poesía, surge con mayor libertad y espontaneidad.
Pero puede ser también que mientras esté escribiendo una novela algo pase y que se dispare un poema. Esta provocación puede ser casual: una conversación, una imagen mientras estoy caminando o también puedo buscar esa provocación, por ejemplo tengo autores que me despiertan ganas de escribir y entonces los invoco. 
Trabajo de bibliotecaria y tengo una rutina laboral desde hace muchos años, y luego, las obligaciones cotidianas que tenemos todos (que también pueden ser muy inspiradoras); y es por eso que siempre he tratado de que la escritura sea un espacio de libertad, donde no me sienta obligada a tener que cumplir determinados plazos, dejo que la escritura fluya cuando ella quiera, estoy en estado de atención pero no cumplo horarios ni días para escribir. 
Noto que viajar en colectivos estimula mi espíritu poético, y también el paisaje rural me resulta muy estimulante.
En el caso de las novelas, a veces tengo que investigar determinados temas o nutrirme de información extra literaria, pero trato de no apabullarme, porque eso se nota y le resta fluidez narrativa.
Algunos libros los escribí en colaboración y eso también me resulta muy enriquecedor, porque una ya no se siente tan sola; me gusta compartir y ver cómo se arma una obra con las distintas miradas. 

Escribir me da mucha felicidad y eso el cuerpo lo percibe como un estado de bienestar. 
Hago yoga desde hace muchos años y trato de que mi cuerpo y mi mente estén bien; y eso me parece fundamental para escribir y para todo, pero de todos modos no veo una relación directa del cuerpo con mi escritura. Podría ser el acto físico de escribir con la mano o preferir escribir estando acostada, o ayudar a destrabar las ideas saliendo a caminar, pero nunca me he planteado mucho el tema de la relación del cuerpo y el arte.

Poemas

El campo


El colectivo y la ruta
la ventanilla
una pantalla gigante.

Antes de llegar al paisaje natural
hay que atravesar
los suburbios.

En su voracidad inmobiliaria
crecen los 
satélites
prolongando 
         agonías.


II 

Y al fin
aparece el campo
vastedad de la llanura
la nada puede serlo todo.

Algunos sembrados,
otros cultivos, vírgenes. 

Orillas de arroyos o
márgenes de un río poderoso.

Territorios en los que la ley
no impera.


III

Bajo
y deambulo
por un camino
de tierra.

Descubro un bañado,
ese desperfecto
de la llamada agricultura
sólo violado por los 
              cazadores.


IV

Admito:
admiro la perfección de la totora
                              aterciopelada.

Me dejo sorprender
por el color fucsia
de los huevos
caracoleros.

Matices casi urbanos.

Y ese
milagro de las flores silvestres. 



Pequeñas escenas diarias

1

Banderas multicolores
las sábanas tendidas de un hotel alojamiento

2

El amarillo incomparable de la montaña de azufre
en contraste permanente con el gris de las chimeneas


3

El otoño en tu casita de campo
la carabina lista y
la seducción de la muerte

4

Una mujer acarrea un bolso
va dejando un caminito de azúcar
en el supermercado

5

El grupo de adolescentes
se divierte en un pequeñísimo 
parque infantil

6

La anciana lucha, incansablemente
con una bolsa plástica, enredada en su bastón.




http://sonidosderosario.com.ar/salon-de-lectura-audios.php?audio=48|Laurino,%20Ver%F3nica

Verónica Laurino




Nací en 1967 en Rosario y soy bibliotecaria.
Empecé a escribir en 2002 la novela “Breves fragmentos” que recibió el primer premio del Concejo Deliberante de Rosario.
Luego en 2006 sale el libro de poesía  “25 malestares y algunos placeres” (Ciudad Gótica), y otro libro de poemas: “Ruta 11” (editorial Vox). En 2009  “Comida china” (Alción) en coautoría con Carlos Descarga y en 2011 editorial Signar publica la novela infanto juvenil “Vergüenza” escrita junto a Tomás Boasso.
Algunos de mis textos figuran en distintas Antologías: “Nada que ver”(caballo negro y Recovecos) “Maternidad”(ediciones Presente) “El libro oscuro” (Bajo la luna).
En 2013 sale “Los jardines del Infierno” por editorial El erizo y también un libro de poemas “Sanguíneo” que escribí junto a mi primo y poeta Fernando Marquinez por editorial Baltasara.
Este año con una ayudita de Espacio santafesino salió el libro para niños “Paren de pisar a ese gato” de Libros silvestres y además de escribir me gusta dar largos paseos en colectivos de larga distancia, salir a caminar y cuidar mis plantas.




1 comentario:

  1. Un placer leer tus poemas Veronica¡¡

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