EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 10 de junio de 2016

ADRIANA PETRIGLIANO







No sé si existe en mí un procedimiento de escritura, creo que sí existen infinitos instantes que hacen que la escritura aparezca, así, de manera irreverente, imperiosa, necesaria. Sucede algo, cualquier cosa -por estos días, por ejemplo, en que mi naranjo explota de naranjas- que hace que la poesía necesite salir de algún cauce secreto y llegue a mis cuadernos o a mis papeles sueltos... después, todo. Ese todo que construye los días: la realidad, los miedos, los deberes, los afectos, las presencias y las ausencias son también los grandes generadores.
En cuanto al resto, leo, veo películas, voy al teatro y escucho música, y coordino talleres de creación literaria, lo que hace que de manera constante realice búsquedas que alimentan esos “procedimientos” de escritura. 
Otro de los procedimientos, descubierto hace pocos años, es la fotografía. Atrapar momentos, paisajes, rostros, ayudan en esa búsqueda constante y observo que la mirada entonces es más honda sobre las cosas, es minuciosa y tiene el plus de la eternidad…ahí va a estar quieta para siempre mi mirada.
Aquí también lo que sucede es extraño. En algún punto difícil de precisar (en la piel, sobre la piel, dentro de la piel) algo se instala al momento de escribir. Es imperceptible, es tenue, es un apenas. Sucede allí en el cuerpo, que parece necesita liberarse de esa extrañeza y la única manera posible es la escritura. ¿Pero será así o es la única manera  de decirlo?  A veces siento que de manera excesiva lo que sucede a mi alrededor me provoca…provoca mi necesidad de escribir. No puedo ser indiferente a las cosas, sean éstas importantes o superfluas…y muchas veces reniego de esta supuesta “sensibilidad” que hace que la poesía aparezca, irreverente, imperiosa.


SUSURRADORES


Comencé a susurrar poesía en mis talleres y luego, fui llevando esta actividad a las escuelas que me invitaban a dar talleres de creación. De a poco, y con un grupo de amigos poetas, nos animamos a llevar los susurros a lugares abiertos, a la calle, a bares…y en otras oportunidades, fuimos invitados a Festivales o Ferias.

Siempre sucedió lo mismo: una especie de revolución increíble, un contacto diferente con la gente, un mirarse desde lugares únicos e irrepetibles…y esos pocos minutos de susurro, lograban despertar algo así como sentirse hermanos de repente. Sentir la cercanía del otro como nunca antes…no sé si servirá, pero tuve la necesidad de escribir sobre esta actividad, y esto es lo que siento:


Te susurro./
Te pido una pausa pequeña. y pido que me dejes susurrarte un poema.
Es una casi nada. Es una brevedad.
Será un puñado de palabras que se deslizarán por el túnel oscuro de este tubo.
Que llegarán,  en casi caricias o casi lugares que lamen tus oídos. Que arriesgan el camino oscuro de ese túnel sólo para llegar vos.
Te susurro a vos, que no te conozco. Que no sé quién sos.
No sé tu nombre. No sé tus muertes o tus vidas a cuestas.
Te paro en la calle, en cualquier calle y a cualquier hora (aunque la única hora posible del susurro fuera la del crepúsculo).


Te susurro a vos en un casi acto de amor que entre desconocidos es profundo. Es tan hondo. Es un apenas mirarnos a los ojos.
Es un decir tímido e incrédulo de magia. Te susurro al oído y entonces sucede.
Sucede que el susurro que es apenas nada casi…se alza sobre los dos.
Sobre vos, el desprevenido, el desconocido, y sobre mí, que te busqué. Te elegí desde la nada..
Te toqué apenas, te rocé la piel o no…te miré a los ojos digo, como quien mira lo más profundo de los pozos o la noche y bastó.
Como dicen los rezos de la fe…”una sola palabra bastará para salvarnos”
Entonces el susurro fue a salvar en su solo instante a:
Las prisas/las dudas /los dolores/las rupturas/ las palabras amargas de la mañana/ el sabor agrio en la boca sin los besos/ las deudas/los corazones rotos/ los olvidos/ las promesas quebradas/ las boletas vencidas que ahorcan/ los números que nos aprietan la garganta/ las miradas perdidas para siempre/ y a los vivos y a los muertos que llevamos encima…
Un susurro que hace que las palabras suenen como el aleteo de los insectos desorientados del verano.
Que suenen como olas absurdas de esos mares lejanos que deseamos con un deseo salvaje y primitivo.
Que suenen como el crocante despojo de las flores secas.
Que suenen como papeles amarillos que apretamos en  el lugar del corazón…


Un susurro que hace que seas de pronto, parte de mí, parte de mi boca cercanamente lejos de tu oído, que seas parte de mi piel por un instante mínimo. Que nos reconozcamos. Vacíos de pronto. Vacíos. Lejanos. Y tan cerca como nunca volveremos a estar.
Después. Hay un después de haberte susurrado.
el abandono.
Me voy.
Llevo conmigo los susurros y tu asombro. Llevo los susurros a otro oído.
A otro desconocido que será el amor profundo por apenas una nada de tiempo…
Eso es susurrar poesía.
Eso es ser susurrador…
Una casi nada.


Una imposible magia que es posible cualquier tarde o noche... en cualquier calle y cualquier oído…



Poemas


EL HASTÍO

el hastío
y tus poemas que llegan
que se desploman
y me dicen que desde atrás/de lejos
me vienen las preguntas
y este no saber jamás los para qué
el hastío/de ver cómo y de qué manera
los sueños se deshacen/ se hacen/ son
y puedo nombrarlos y los toco
y aún así
el hastío/ la falta/ la fuga/ la ausencia/el desamor/ la cobardía
las infinitas camas vacías que van dejando los que mueren
y los que no se atreven
el hastío
la lista prolija de recuerdos que pasamos en limpio
un domingo oscuro y blando
la posibilidad siempre latente de las preguntas que se caen
y los secretos
que fueron vidrio siempre y lastimaron
el hastío
lo que quieren de mí
lo que comen de mí y mastican
para escupir indiferentes
lo que puedo dar y lo que quiero
lo que guardo prolijamente también
y nadie sabe de mí
y el hastío/ el cansancio/ el deseo de atravesar el tiempo
ir hasta atrás
volver y des/ vivir
y des/ nacerme.


SEGUIR

fue la noche que se hizo tira oscura sobre el cielo
o fue una pausa
un detenerse suave
o fue una sombra
sé que fue la ausencia
y los cuchillos cayeron sobre la misma carne uno por uno
y el desangrar fue un hilito espeso
no sé si fue tu voz apenas áspera de tardes
o fue tu mano que se hizo lejanía

no sé si fue como un crujido de tules de vestidos antiguos
como la nada de los días que siguieron

porque eso es la muerte finalmente
quedarse así
y mirarte a los ojos
y saber que nunca más nos miraremos

no sé si fue la noche únicamente la que se hizo tira oscura sobre el cielo...

después fue lo habitual
lo acostumbrado
dejamos solos a los muertos
y seguimos.


LOS DÍAS SOBRE MÍ

I

Un día
El día
Tuvo otro color.
Fue el más oscuro.
Fue el más claro.
Duró como un millón de días
Y duró casi nada.
Un día
El día
Se estiró cuanto pudo
Como serpiente tibia
Y el mismo día
Duró un minúsculo aleteo.
Un día
El día
Se detuvo en la exacta tristeza
Y fue cayendo
             Profundo
Oscuro
Roto
Silencio y nada
Y se vació en sus horas
Dentro mío.
Un día
Ése día
Enterraba a mi padre.


II


La noche que se fue mi madre
(¿a dónde, si en realidad estaba muerta y quieta…?)
Volvió a vaciarse el día dentro mío.

Desde entonces, lo único que hago es buscar horas
Antiguas
De infancia
De barro
De lluvias
De leche caliente
Pero ningún día
De los de hoy
Las tiene.



PLANES

voy a comprarme una sillita de pino/ 
voy a marcar Italia en todos los mapas disponibles/ 
voy a destejer tejidos para tener qué tejer/
voy a escribir una lista de sueños/ 
voy a comprar un pasaje de ida solamente a Roma/ 
voy a nombrarte mucho/
voy a dejar al miedo afuera/
voy a pagar en cuotas algo rojo/
voy a subirme a tacos imposibles/ 
voy a repartir semillas/ 
voy a acostarme entre pequeños bosques/ 
voy a mirar 700 veces la luna cada noche/ 
voy a robar gajos de esas flores/ 
voy a decirle a Pedro que crea en las estrellas/ 
voy a volver/
voy a olvidarte/ 
voy a gritar que supe tu nombre/
voy a plantar el mar en mi ventana/ 
voy a caminar descalza sobre vidrios/ 
voy a decirte de mi odio/
voy a descubrir en Roma mis recuerdos/
voy a desnudarme y reír mientras lo haga/
voy a tomar lluvia en tacitas azules.
voy a romper mi D.N.I.
voy a ser nadie.



LOS BORDES DEL PARAÍSO

Vivir en La Rioja supone una rara magia, un extraño encantamiento.
El paisaje es áspero, rugoso. Yo juego a veces, y afirmo que aquí están los bordes del Paraíso.
Vivir en La Rioja supone largas ausencias de lluvia y cielos azules de otro azul, y cielos rojos de Zonda que seguro es hermano de los vientos de Luvina…
Vivir aquí supone enfrentar el contorno de la montaña y saber que de ella depende este silencio sonoro.




A veces, busco desesperadamente sombras o verdes, o los grises de aquella ciudad que dejé cerca del río, pero entonces apenas encuentro esa montaña que como dijo hace poco un amigo poeta, me separa del mar…
Fue un verano  soberbio y despiadado el que me ató a esta tierra, a veces tan inhóspita y otras tan visceralmente entrañable.
Fue La Rioja la que me prestó el escenario en el que escribo, pero no es ella la que aparece en mi poesía. Y sin embargo, por extrañas razones que apenas puedo vislumbrar, necesito, para escribir, la insolencia del verano, la eterna y detenida  pausa de la siesta, la lejanía de lo cierto y lo palpable…o la noche que cae rotunda como en ningún otro sitio, sobre los patios de mi memoria…
Y necesito ver, cada tarde y desde mi ventana, cómo se esconde el sol sobre los bordes  del Paraíso.



Adriana Petrigliano

Nací en la ciudad de Buenos Aires, cerquita del río marrón de Borges. Vivo en la ciudad de La Rioja, cerquita de montañas que siempre son azules. Escribo y coordino talleres literarios. Susurro poesía por la calle con un grupo de “susurradores”  Publiqué de manera artesanal: Poemas para la tarde de otro siglo (2000); Cebollas en juliana (2001); Papelitos para Pedro (2001). Actualmente se encuentra en Imprenta el libro Los días sobre mí.



1 comentario:

  1. Me gusta tu poesía, tu creatividad, como decís, tu irreverencia, me da ganas de que alguna poeta me susurre poemas al oído...

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