EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 9 de junio de 2016

GONZALO UNAMUNO





Cuando me siento a escribir creo (finjo) saber hacia dónde ir. Algo sin duda vinculado a la exasperación me da la señal: es tiempo de hacerlo, de emprender el duro viaje. La calma circunstancial que me genera el acto de escribir  de a poco empieza a contrariar mi mano, que garabatea contra esa lógica que originó el principio. Empiezo a desmembrar el pasado que condujo la idea, los eventuales apuntes, y vuelvo a perder el horizonte, aunque ya habiendo avanzado. Entonces, cómo no, vuelve la desesperación. El cero. El cuerpo que escribe conmigo lo padece todo. Se alimenta a destajo, se desatiende, no abandona sus disfraces hasta la última palabra.
Rara vez disfruto de escribir. Nunca lo recomiendo. Su martirio es la mayor forma del amor que conozco.


Poemas:

1

Atravesamos con una ligera rapidez
el camino de una lluvia establecida
por un orden que nos excede.
Me pregunté qué era
esa semejanza con lo gris
que suele traer la lluvia.
Lo gris son las ciudades, dijiste.
Seguimos caminando rápido,
buscando una guarida urgente
porque el agua seguía siendo
el obstáculo inmediato.
Nosotros,
humanidades a las que ninguna gota
les fue destinada.


2

A estarse varado
mejor despedirse y ya,
dedicarse uno a retrazar
la feria alegre de una mentira mejor,
al menos,
u otra verdad,
comprender, súbitamente,
lo que ya no se aguarda,

curioso,
preferible silencio
a tantas voces casi tuyas


3

Algunas veces,
cuando despierto
me aferro a la idea
de creer absurdamente
que algo me pertenece

después,
ya mas neutral,
voy buscando por entre el día
el sueño abandonado


4

Una esperanza

Ya partió ese avión
en el que no embarcaste.
El pálido boceto de un viajero enajenado
descompone sus vagos colores en el negro,
desanima los últimos trazos de un rostro
que tal vez fue tuyo.
Sueña con su revolución un niño
en tu conciencia.
Puede que en otro tiempo
el sobresalto anhelado
diese contra tu vida
aunque no haya evidencias.
Lejos del día en que llegabas
a tiempo al aeropuerto
queda, al menos,
junto al boleto de avión,
la cuenta del café,
y el crimen mensual del inquilinato,
como secreta esperanza en tu haber
el deseo de un buen aterrizaje.


5

Ella se recibe de actriz
y una espesa niebla recubre la ruta
que sobre este micro me lleva a Viena.
No creo que sea importante no poder estar cerca suyo
ni que sienta falta de mí, o acaso algo.
Su primer papel de recién recibida
constituye en sí una novedad:
Llenar de luz lo imposible,
que es esta noche,
y en cada asiento vacío,
como un fantasma,
darme la sensación de no estar solo
en medio de una oscura,
intimidante nada.


Gonzalo Unamuno

Nací en la ciudad de Buenos Aires, en 1985. Soy autor de los libros de poesía De otra luz y Distancia que nadie ocupará y de las novelas Acordes menores para Marion Cotillard y Que todo se detenga. Militante, peronista. De Independiente y del whisky.

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