EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 26 de junio de 2016

JORGE SANTKOVSKY






Siento que hay una línea muy tenue entre sentir que puedo escribir un poema o pensar que nunca más voy a poder hacerlo. Es una cuestión de energía  encontrarnos con los tesoros poéticos que la vida nos regala. Desconozco las razones pero  hay momentos en lo que  incluso el  stress de lo cotidiano o un conflicto filial pueden ser la matriz de un poema.

No ando a la búsqueda del poema sino que todo lo que me ocurre puede ser arcilla de un momento poético. Tanto lo que llega por los sentidos o por medio de la memoria. Un sueño o incluso una pesadilla son disparadores habituales, donde generalmente escribir es una forma de exorcismo.

Como resumió Vicente Huidobro en su Arte Poética:

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.

Lo que me resulta mágico es que esas evocaciones, cuando se reflejan en un poema,  de algún modo, sanan. 

A estas situaciones que me llevan a escribir las llamo semillas. Generalmente, escribo con el primer impulso después viene el  trabajo con una mirada crítica, exigente. No es escritura automática sino que voy reflejando eso que siento y si me disperso busco volver al centro. 
Vivo el trabajo con los versos como una tarea parecida a la jardinería, hay algunas semillas que no germinan y otras que requieren poda y cuidados especiales. Son muy pocas las que se conservan en su estado natural.
Cada tanto reviso y según el caso las unifico si tienen puntos en común para no repetirme. O las descarto si siento que transitan un lugar común.
Guardo todo esto en diversas carpetas digitales, en muchos casos con sus diferentes versiones hasta que tomo alguna decisión. Intento conectarme con el momento germinal, tratando de ser auténtico con lo vivido.
Aún conservo en papel los poemas que escribí en el pasado pese a que muchos de ellos los digitalicé. Ya no escribo a mano pero volver a esos papeles, me pone en contacto con ese que alguna vez fui. Con lo que alguna vez soñé.
Los momentos claves de mi vida los voy dejando reflejados en los versos, dando testimonio de lo que ocurre  para no olvidar  y  evitar  que sigan haciendo reclamos en mi mente. 
Un ejemplo es el poema Fantasmas gracias al que  comprendí la naturaleza de una relación que marcó una época muy dura de mi vida:

Vos y yo sabíamos
o al menos deberíamos haberlo sabido
que aquel día
intercambiamos fantasmas.

Yo cumplí el sueño del territorio
y vos concretaste el objetivo del olvido.


El poema Mi gato está muy enfermo es mas explícito y se basa en un sueño que tuve cuando transcurrían sus últimos días:  
                                                                         


a marco polo
Mi gato está muy enfermo 
                                                           
renuevo su vendaje para evitar que se agusane,
los tumores crecen en su espalda
mientras él se evapora.
A mí que siempre temo lo peor
su temple me estremece,
cuidarlo me recuerda
que debo pensar con mi verdadera cabeza.

No creo que muera nunca
porque mi gato es permanente,
así va seguir
cada día con  mas tumor y menos cuerpo.

Al salir de casa  se vuelve ave
tan  pequeño que cabe entre mis manos
conserva su vendaje
un vendaje de pájaro
su humildad  no descansa
desde sus ojos pequeños me mira
ya no ronronea solo pía.

Hay gente que teme a los gatos
pero las aves son bienvenidas,
una promesa, una ilusión.

Mi gato alado se siente libre
y yo me siento pleno.

Pero el pájaro se escapa
sin intención, voló porque se sintió liviano
libre de la atadura de su cuerpo magro.

O quizás decidió no volver a su cuerpo felino.
Allá arriba, quizás el vendaje sea un signo de nobleza.



El poema A modo de retrato de María Elena Romero…surgió en un viaje con mi familia. El titulo lo encontré cuando visitamos la casa de Ana Frank de quien sobreviven textos y fotos. De María Elena, desaparecida en los años 70, no quedó recuerdo alguno. Y es una situación que este poema intenta reparar:


Ella soñaba hacer el amor con el Che
y contra eso no se podía competir
yo no era un héroe aun
y él solo moraba en la mitología.

Nos supusimos adultos
pero solo fueron  juegos infantiles
nuestros cuerpos inexpertos
no lograron encontrarse.

Ella sabe que ya no está
pero no deja de invitarme
todavía la veo en la esquina
con su mirada paciente
y me pregunto
si el horror ya percibía.

Cuarenta años antes
nuestras armas eran las consignas
y algunos libros apenas leídos.

Así y todo
temerarios desde la cuna
nos rebelamos frente a  las sombras
con inocencia provinciana.
Si ella viera el mundo hoy
con los ojos  con que yo lo veo
me pregunto
de qué color sería su sonrisa.



El texto Rostros surgió en una sala donde practicaba Yoga que estaba poblada de espejos. Mi relación con él no fue nunca muy buena y no comprendía la razón:

Durante años
el espejo ha robado mi rostro.
No lo culpo,
sin duda
yo soy responsable.
Quizás la economía del universo
necesite esos rostros cansados,
sin destino.
Quizás eche de menos al mío.
A menudo
esquivaba el espejo.
No esperaba la dicha del reencuentro.
Cerraba mis ojos robados,
me ausentaba


Consulto toda fuente de información posible cuando estoy trabajando el poema porque entiendo que un poema tiene que tener la mayor precisión.
A veces surgen ideas a partir de mis recuerdos pero tengo que buscar si son reales o sólo producto de la imaginación. Recordaba que había una leyenda de 36 hombres justos que me inspiró el poema, pero no  podía validarla a pesar de que busqué en diferentes libros y páginas de Internet: la historia de los 36 hombres justos por cuya vida Dios nos perdonaba

Cuando el poema se editó, integrando el poemario  La incomodidad,  elegí para el caso  Un puñado de hombres justos: 

Cuando era un niño

escuché una historia
acerca de un puñado de hombres justos
que en cada época
justificaban ante el creador
nuestra supervivencia en la tierra.

Esperé a lo largo de mi vida
encontrarme con alguno de ellos
y lograr intercambiar unas palabras
para empaparme de su sabiduría.

Mi plan era imposible
si un hombre es sabio
lo sensato para él es ignorarlo.

Ellos sufren tanto el aislamiento
que al sentir que tienen algo
que los demás valoran
pueden volverse  presas de su vanidad.

Por otra parte, de saberlo
¿cómo podrían sostener un mundo
donde la justicia es tan incierta?


Más tarde encontré el cuento de Isaac Bashevis Singer que relataba la historia de los 36 hombres justos por cuya vida Dios nos perdonaba. Pero el libro ya estaba impreso por lo que estoy contando la historia de una investigación fracasada. 


¿Es acaso posible vivir sin cuerpo?
¿Porque sería posible escribir sin sentirlo? 
Mi  cuerpo es mi alarma, si lo ignoro se  vuelve y reclama.
Las emociones tienen su correlato en el cuerpo, a menudo antes de que sepamos que nos las provocan, llegan las señales.
La certeza de estar frente a un hecho poético la vivo en la conciencia y en las sensaciones físicas. 
Si hay un momento poético cambian las prioridades, es otra la respiración y otra la energía. Por un lado pierdo el control y por otro  me encuentro protegido. A la espera de lo que tenga que ocurrir, el cuerpo está inactivo pero más presente que nunca.
Difiere la gravitación de lo que me rodea y hasta percibo diferente los latidos en  mi  corazón. Lo siento como una señal de estar en el buen camino. 
Aclaro que no siempre es placentero. Si eso ocurre hay empatía con el sufrimiento y el cuerpo es la caja de resonancia. También la pena se refleja cuando los poemas transitan por espacios de dolor.
El poeta peruano José Watanable dejo su testimonio en un reportaje realizado por Enrique Higa Sakuga. Si bien no menciona el cuerpo específicamente creo que habla de lo mismo:

Es un estado de conciencia donde uno siente que tiene más dominio de todo. El momento en que escribes poesía te sientes al mismo tiempo muy poderoso y muy débil. Muy poderoso porque sientes que lo puedes hacer todo, y muy débil porque parece que el lenguaje te va a ganar la pelea. Cuando estás inspirado, te sientes más poderoso. Y es un estado de conciencia muy bonito, que se disfruta mucho. Uno se siente como transportado. Y parece incluso que te dictaran versos. En tu cabeza aparecen versos que tú no los has pensado.

Siguiendo con la consigna recomiendo un breve texto de Octavio Paz llamado “Poesía y Respiración”

Es un apéndice del ensayo  “El arco y la lira” y  se puede leer  en el siguiente link:


Jorge Santkovsky


En esta existencia  estoy viviendo varias vidas sucesivas. Y creo que la que transcurre ahora  es la mejor de todas ellas. Puede parecer una sorpresa porque en general se añora la juventud pero para mí esta época es la más generosa.
Eso me hace pensar que la reencarnación es verosímil  aunque no se nos ha revelado el modo en que esto ocurre. Tampoco creo que alguna vez lo sepamos porque se perdería la magia que  implica la creencia o la duda. Creo que es parte de lo que tenemos prohibido conocer, lo que nos vuelve humanos porque  las otras especies lo saben naturalmente.
En esta adolescencia sentí el mandato de cambiar el mundo, afortunadamente nací en el tiempo y lugar donde estas ideas estaban en ebullición. O quizás fue al revés y solo fui un joven de su época. Esos episodios marcaron mi vida para siempre como era de esperar.
Ante el fracaso evidente consideré que debería empezar por cambiarme a mí mismo pero descubrí que me desconocía por completo. Por ahora he tenido resultados variados pero estoy en carrera. 
Lo cierto es que me atrapa lo que  ocurre fuera del mundo visible, lo que subyace sumergido. Eso me vuelve un buscador desprejuiciado  pero cuando las puertas de acceso se estereotipan escapo de esos rumbos y vuelvo a mi refugio. Escribo para no morir atrapado.
Durante estos años estudié Matemática, aprendí a jugar al go y actualmente  trabajo en valorizar ciertos rezagos  que otros desechan. Nada de qué quejarme.
El poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen dijo: Se escribe muy joven o muy viejo, en medio hay que sobrevivir.
Esto describe mi propia experiencia. No se escapa fácil al destino de ser poeta pero se necesita tiempo y espacio mental, Curiosamente dos caras de la misma moneda 

Mi usuario de facebook es Jorge Daniel Santkovsky

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