EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 7 de junio de 2016

MARíA EUGENIA LÓPEZ




La escritura es el último paso de algo que reacciona al mundo. Unos hilos interiores que encuentran la melodía. No sé cuáles son, no los siento trabajar. Mi ciudad es como un sudoku y nada sorprende al llegar a cada esquina. Los ojos pueden volverse hacia dentro mientras se camina ligero. Entre el leve autismo y el deseo sinestésico de no morirse nunca, la maraña de hilos se escupe sola en la cuadrícula. Hubo olores, imágenes y temperaturas. Algo rozó los pelitos del brazo. Hubo una incomodidad y un acomodar la cadera. Pero uno no puede devolver al mundo lo que no ha tomado. Hay que beber con ganas, hay que tener sed. Lo que se construye luego, si está bien hecho, es la propia guarida que nos arropa. El mundo sigue allá afuera y nos ignora.

Un cuerpo que tenía de frente un torso con dos brazos se fue transformando en un brazo hacia adelante que defiende el pecho, una mano por detrás que equilibra el movimiento, una pierna delantera que guía el avance y una trasera que empuja. Los ojos, como el lenguado, mirando por sobre un hombro. La punta de la espada como la yema de los dedos. Mi primer maestro de esgrima me quiso enseñar el sable. Con él vale tocar de filo y de punta, de la cintura hacia arriba. Le dije que escribía poesía. Que trabajaba con la palabra justa, el movimiento preciso y el blanco diminuto. Le dije que quería usar el florete. Cuando escribo el cuerpo se tensa. Hay un riesgo de muerte. La hoja se curva y brilla al tocar el blanco. Por una milésima de segundo, lo otro y yo estamos unidos, y hay un pequeño dolor de por medio y un placer. Dijo Michel Serres: “La bestia se estira en lo prenatal”. Cuando escribo soy el animal.


Los siguientes poemas pertenecen al libro Carlinga, de próxima aparición:

C de chorreo

Los pies y las uñas de Jesús con sus dedos perfectitos. Esas uñas coloreadas. Pasa un dedo por el muro discontinuo de Tijuana. No es el muro de Tijuana. Pasa de acá para allá una uña para la pedicuría. Cristo, mi señor, qué son esas polleras. En la arena, al correr contra la reja, se te enredan las sandalias. El pie fecundo está rascándose a capela en el borde de la playa. A capela cruzan los albatros la frontera. Hay aves que se cagan de ambos lados. Unos tacos te vendrían bien, señor. Siendo el hijo menor, el bebé de papá, te vendrían bien unas carteras. La gula también es hambre y viajar en la cajuela, Jesús, eso es apostasía. Tres helicópteros como péndulos, Cristito, te señalaron el rosario entre los pliegues. El mar muerto de cada día. El coche parecía un estadio de béisbol. ¿Has pescado tus propios peces? Qué tristeza te daría. No cambiás el nombre y el estado de las cosas. Querías entrar por el arco en cebra pero metiste las uñitas por entre las rejas. Al comienzo te tragó el agua y al salir devolviste los coyuyos al océano. Lo primero que pasaste para ese lado del cuerpo fue la baba. Un disparo impreciso de saliva. Lo más peligroso que te ocurrió, hijito, fue que a la patrulla la chocaran. La amenaza, sangre de mi sangre, de la doble penetración con la lengua.


H de hijo

El aniquilamiento del enemigo se da dejando partes vivas. La destrucción del testigo se da dejando partes vivas. Luego algunos vecinos se llevan los cuadros. Y algunos que pasan se llevan las ropas. El padre no teme a eso que ni es su sangre ni la mitad de su sangre. No tiene miedo de que el niño, una noche, veinte años después, le corte la garganta mientras duerme.



M de músculo

El cordón de la vereda pintado de amarillo la pata trasera de la vaca sobre la plazoletita la sombra de la vaca y de la columna roja la otra pata y una rueda de bicicleta en movimiento algo espinoso dentro de una bolsa del acuario la sandalia flores secas que se vuelan con el viento y se dispersan por el polvo quizás una mano que ha quedado en una posición extraña unas huellas y a la puerta de la carnicería un perro vago mirando entre ansioso y espantado hacia adentro. Y moscas. El poeta es lo regurgitado del poema.



Q de quiebre

Estar pendiente de las lluvias con la precisión sensorial del insecto. De la recolección cuidadosa del agua. El alimento prolijo de la cosa. El cuidado específico. El cuidado. Viviendo al límite de la sed del otro. Con la lengua resquebrajada y los nervios y lo inconfesado. Hay un reproche a dejarse desaparecer, angostándose de a poco. Si tan sólo uno se repitiera a uno mismo una y otra vez, como insecto, volviendo al mismo lugar eternamente para confirmarse. Esquivando mierda de mascotas olvidada y maniquíes desnudos por una calle en subida. Dejando el propio dialecto como acto terrorista. La acústica de la planta del pie. ¿Qué se hace cuando, luego de odiar toda una vida al que amaba los trenes, al que militó en los setenta, al que le pegó a su esposa y se fue de casa mucho más tarde de lo que le pedían sus hijos, este vuelve queriendo una familia y con lágrimas en los ojos porque el ascensor le quebró la mandíbula a su gato?

María Eugenia López


En 1977 el Director de la Oficina de Población de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional afirmó que la meta de los Estados Unidos era esterilizar a una cuarta parte de las mujeres del planeta para prevenir revoluciones hostiles a los intereses comerciales de las empresas multinacionales.
Mi primer recuerdo de infancia es un muro de caballos y una avenida llena de mujeres sentadas con pañuelos. Mi cuerpo de niña de pie sin entender pero oliendo. Hacia fines de septiembre, llamarme María Eva me hubiera hecho desaparecer, así que mis padres guardaron ese nombre para mi hermana.
Debido a que en 1977 murieron Anaïs Nin, Luis Hernández, Clarice Lispector, Vladimir Nabokov, Rodolfo Walsh y Maria Callas, mi nacimiento es todo un acontecimiento (para mí).
Nací todo ese año. Tengo un nombre que no es el mío y existo.

María Eugenia López



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