EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 25 de junio de 2016

MARIANO MASSONE




Escribo como hago huerta: observo más que produzco. Quizás, mis intervenciones sobre la hoja son mínimas y quedan como resabio de un gran proceso de lectura y pensamiento previo.  Pensamiento que es cuerpo en completa transformación. Ya lo decía Michel Serres en Variaciones sobre un cuerpo: “Late, mis costillas se levantan, mis talones golpean el suelo, mis cabellos se agitan en el desplazamiento. Pero la vida entera también se mueve: porque las plantas crecen y su fertilicina alza el vuelo, las algas flotan y los hongos se extienden, pero menos que las bacterias. Además, la vida no sólo se desplaza, sino que cambia. Los vivíparos se transforman en el curso de la embriogénesis, algunos insectos pasan de la ninfa al imago, los organismos crecen y se desarrollan, degeneran y mueren, se pudren y se descomponen, vuelven finalmente a las moléculas primitivas restituidas en el stock universal. No sólo la vida se mueve y cambia sino que intercambia: por el metabolismo y las diversas transacciones que negocia con su entorno, lucha contra el desorden.”
El cuerpo de mis poemas pasó de una acumulación excesiva de imágenes sensoriales – “El gaucho celeste”, Club Hem, 2015- a un ascetismo con guiones y tartamudeos, donde la lengua traba su ritmo y se vuelve algo más parecido al free jazz.

No entiendo cuánto cuerpo puedo llegar a ponerle a la poesía ¿Noches de desvelos? ¿Tardes donde se me pasa la siesta sólo por escribir? Generalmente, la producción de poemas es como un buen café bien fuerte: me despierta demasiado. Quizás, entro en otra órbita: como un latido propio que me da la palabra y que se rompe por los guiones -otras voces, otras veces- que van apareciendo a medida que produzco.

Soy un creyente exagerado de la inspiración, no puedo tener rutinas de escritura. Ejercito haciendo. Si no me gusta, tengo la hoja siguiente para escribir lo que realmente quería escribir. Pero sí… tiene que caer ese espíritu raro, ese momento de iluminación pagana que uno sólo encuentra muy pocas veces.

Entro en trance con el cosmos. Creo en el trance creador de la poesía, de su po(ética). A veces, me tildan de ser demasiado místico, demasiado “hippie”, pero la poesía tiene que generar ese “otro espacio” dentro del espacio lineal que uno cree vivir. Todo se exuda, se mueve, se vuelve partícula para golpear con otras y generar un recorrido. Un danzarín mental que es sonido del universo. Algo de esos bailes paganos, esas tribulaciones narcóticas, tiene mi poesía. Así me parece o es lo que intento hacer. Mover el cuerpo a un ritmo sistémico.
Observar, danzar, para volver a observar. Es una ética del decrecimiento productivo. Si Aira intensificaba su producción cada vez, yo la reduzco la vuelvo cada vez más infinitesimal. Ir decreciendo, comprar lámparas LED, hacer compost para reducir la basura, llevar tu propia bolsa a la despensita de la esquina. Pequeñas cosas que cambian el todo. El cuerpo danza ese baile, mi mente brilla en su minimalismo.


Poemas


La naturaleza del río

(inédito, 2015)


Prólogo 

En momentos de catástrofe nos miramos a nosotros mismos, reflexionamos sobre nuestros hábitos, e intentamos ver cuánto de ese daño estamos haciendo nosotros, sobre todo a la naturaleza. 
Hace cuatro años que se inunda cada seis meses aproximadamente la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires. Las tormentas son cada vez más fugaces y violentas y ciertas impericias de la mano humana (el monocultivo de soja y la construcción de barrios privados) hacen de esta situación algo angustiante para muchas personas de esta ciudad, sobre todo para los barrios más empobrecidos. 
En esa situación catastrófica y casi ritual en la que vivimos los pobladores de esta ciudad, decido en forma de poemas crear un ámbito de reflexión y de educación de las nuevas generaciones. 
Este libro está directamente dirigido a una solución clara y concreta para encarar la situación de las inundaciones desde nuestra vida cotidiana que se resume en “plantar como acto revolucionario”, aunque es mucho más que eso. 
La lectura atenta de Masanobu Fukuoka, de Viktor Frankl y las cartas de Theodor Adorno a sus padres durante la Segunda Guerra Mundial son las que me están ayudando a sobrepasar este momento angustiante que estamos viviendo como comunidad.
Sin embargo, no son lecturas que, entre sí, no tengan nada para decir sobre la situación agro-económico-política de la cuenca del Río Luján. Es más, creo que los tres libros con los que me estoy rodeando promueven una reflexión crucial sobre los momentos donde todo parece “estar perdido” y no hay nada que se pueda hacer al respecto. 
Quizás me atacarán diciendo que no doy reglas muy claras o que no se entiende a dónde quiero llegar con este libro pero lo importante es poner en cuestionamiento nuestro modo de percibir el mundo para repensarlo desde una mirada completamente local sin dejar de lado la transformación global a la que estamos asistiendo como pequeños piojitos y piojitas que somos.
Espero que este libro sea un gran signo de interrogación para muchos y palabras de aliento para otros y otras.

Mariano Massone
Luján, 16 de agosto de 2015




La potencia del río
Llueve- otra vez-
sobre la cuenca del río.

-Se pone bravo-

Bravía es su fortaleza
que arrastra ramas

-pestes- a su paso.

El río que ayer se
nos presentaba amistoso

-hoy- recorre las fibras

más íntimas de nuestros
-remordimientos-.

-Bravío, bravío audaz-

Bronca del ranchito al
-costado -del arroyo 

que en la crecida se lleva 
hasta la última- sábana -
retorcida de la casa. 

-Plantear- una lluvia 
que no sea subacuática

es una mentira- atroz -
para estos pagos.

El río quiere su- curso-
su naturaleza,

-Bravío, bravío audaz-.

Y los del- acantilado- miran

la escena como una película
de- terror- mal filmada. 



El ojo de la cámara

Los periodistas en la Basílica,
la gente en sus refugios de evacuados,
la radio que repite y repite la misma información,
la medida de la altura del río como un partido de fútbol o
de ajedrez.

-Basta, bravío, bravío audaz, basta-

Es la naturaleza la que pide redención,
pide que la sanen en su naturaleza de ser.

-Dejen ser al río, dejen ser al río-
repite el brujo mientras mira
el desfile de manos dando y recibiendo
hasta comida en mal estado.

Y las cámaras desde los helicópteros 
muestran las últimas noticias de la crecida.

Todo se convierte en un –show- para la exportación.


Lo glocal

Lo glocal - lo glocal-.
Aunque sea lo glocal.

Cansados, hipercansados
de globalización,
de sojización,
de mercadotecnia, 
de barrios privados.

¿Privados de qué?

Aunque sea lo glocal.

El lugar donde estás:
-pinta tu aldea, pinta tu aldea -
decía un brujo barbudo.

Aunque sea tu aldea.



Sueños lúcidos

Ayer -soñé -que toda mi huerta
estaba inundada.
Veinte centímetros de agua
tapándolo 
todo,
vaciándolo 
todo.

En la siesta –soñé- que a mi huerta
se le había ido el agua pero 
quedaba 
un piso de nylon y plásticos,
mucho barro,
también, 
mucho barro.



La vía de la transformación

-¿Qué es un hábitat sustentable?-
me preguntó el brujo como si yo
supiese la respuesta.

Yo entendí que primero uno 
empieza teniendo dos tachos de basura 
-dije-,
después sigue el sembrar
y luego el dejar que la semilla se haga sola.

Pero es un camino de transformación muy largo
-dije- donde también interviene la calidad del trigo 
que se ingiera, la calidad de la avena.

Me pregunta qué es un hábitat sustentable
cuando yo también voy caminando hacía eso – dije-
pero creo que algo de poner las manos en la tierra
tiene que tener todo esto, algo de ralear el almácigo,
de ver- ensemillarse- la rúcula. 

Quizás en esas cosas se encuentre
el inicio de la transformación…
donde sanaremos la tierra. 



Hacia una sustentabilidad aplicada 


¿Y si voy 
al parque del barrio
y robo una bolsa de hojas secas?

…………

¿Y si separo
 la basura
en orgánico 
e inorgánico?

…………

¿Y si uso 
la basura orgánica
en el compostaje
 de mi huerta?

………….

¿Y si tiro la semilla
sobre el pasto seco 
así nomás,
como alimento
para los pajaritos?

………

¿Y si, 
en vez de 
comprar 
un pesticida,
hago un purín de ajo?

…....

¿Cuántos billetes
cuestan  las manos 
en la tierra?


El valor del rastrojo                                                                                                 A Ana Serale

Parece – dicen- que se viene 
la hermosa primavera.

Las habas están medianas,
algunas – casi- en flor.

Es momento de darle
el –colchoncito- de rastrojo
que tanto necesitan.

Es momento de –cuidarlas-
como niñas que recién salen
de su capullito – invernal-.

Fukuoka hablaba de la –revolución-
de una brizna de paja
y es en ese – montoncito- de 
pasto seco donde se genera
la verdadera – rebeldía-.

Parece – dicen- que se viene
la revitalizadora primavera.
El invierno – aún- no pudo - con nosotros.



La poda

Con 
una tijera 
voy 
delineando
las ramas.

Despacito.

Con 
mi amor 
de 
agosto
voy 
desarticulando

para volver
a nacer
en 
septiembre.



El terror organizado

¿Cuándo el progreso
se hizo tan violento?

¿Cuándo la ciencia
y la tecnología 
terminaron de devorar
todo a su paso?

¿Cuándo perdimos el respeto
por los otros seres vivos?

¿Cuándo? - ¿Cuándo?-

Y en la sutil brisa
de una primavera
que empieza a asomar

por la ventana de agosto
se ve quizás la solución
a tanto terror organizado.



Crítica al sentido común

En remolino de sistemas
se convirtió nuestra mente.

Ya no somos como éramos
antes -ahora ciempiés-
de nuestras ideas
caminamos sobre el inicio
de la primavera colosal.

El diseño de una tela de araña 
requiere paciencia y sencillez.

Es muy complejo crear una forma
diferente de ver – nos-  cuando
todo conspira para la reproducción
de esas maneras de pensar.

El sentido común nos aleja 
de lo que queremos decir:

siempre queremos decir 
menos de lo que queremos decir
y, a la vez, decimos más
de lo que querríamos.


La vestidura de la desnudez

En la vestidura de mi desnudez
encuentro el inicio de lo que 
-alguna vez-
llamamos ser humano.

Quizás esa divinidad trunca
que –creemos- ser.

-Soy una simple hormiga-
repite el brujo como un mantra.

En nuestra vestidura de desnudez
-piel, uñas es lo único que vemos-

Salgo al patio en pleno invierno
e inspiro tres veces el aire frío.



Primer calor 

Hoy es el primer calor primaveral.
Realmente se esperaba todo esto 
-con mucha ansiedad-.

Camine por el barrio y encontré
en medio de la florería una pequeña
mísera – planta- de albahaca.

Pregunté cuánto costaba – me dijo-
Diez pesos-.

En el primer calor primaveral,
recuerdos del noroeste argentino
en el sabor de esa planta.

Y – quizás – como un sueño
se aproxima el momento de la explosión
de colores y sabores que se produce
en septiembre. 



Reiki

Las yemas 
de los dedos

-después-

del compost
caliente.


Como un regalo - un brote -

como un regalo, un brote
de -arbusto- asilvestrado.

Una flor amarilla que lleva 
historias en estos lugares.

Un brote pequeñísimo que 
llama la primavera.

En mi huerta la naturaleza
sonríe ante la llegada de esta
belleza criolla.



Donde se marcan las pisadas

En un huerto hay un – espacio-
donde el hábito se hace camino.

Pasadizo que solemos llamar.

Es en la costumbre donde la pisada 
se asienta y forma ese destino.

Pasadizo de jardín japonés – mínimo-.

Y en el paso – vamos- encontrando
pequeñas señas de lo armado –destino-.



Donde quedan las pisadas


Sin darme
cuenta

-marqué-

sendero
en mi huerto.


Caldo de cenizas

El agua jabonosa
hace que las –plantas-
expelan flatos.

Toda la huerta
parece una gran
-lavandería-.

La fuerza
de mi –caldo-
de cenizas.



Tosca

Antes- mi terreno-
era tosca y huesos
-canil de perros-.

Ahora los yuyos
-entran- asomando
a principios de septiembre.

Las mburucuyá que –cayeron-
del cielo o –anda a saber-
de que ave voladora que anduvo
por mi huerto – antiguo-
canil de perro.

Si antes- mi terreno-
era tosca y ahora se volvió
-huerto- 

¿Podrías
hacer lo mismo 
con tu –encierro-?


La memoria del suelo

El –suelo- tiene memoria
de otros tiempos

-tiempos más benévolos-.

Activar el –suelo- es
simplemente hacerlo

-recordar- esos
tiempos.




Magnetizante 

A veces- uno- siente
que los lugares se magnetizan.

Como un - halo- los recubre
-indómito- y de a poco van abriendo

los -ojos- esos sitios dormidos.



Una respuesta – una salida

Esto es –futuro- .

Es más que una –huerta-,
es una respuesta política
al –monocultivo-.

Esto es el –futuro-.

Es más que una –plantita-,
es un arma de combate
contra el –capitalismo-.



Intercambios

Generar – primero-
redes de plantas
que se cuiden y tengan
-cariño- entre sí.

-Luego- generar
redes de personas
que intercambien 
-semillas- entre sí.

Por – último- generar 
una gran red de amistad
que socave los –principios-
no principales de –este – mundo.



Fractales i

El brócoli se – repite-
a  -sí- mismo hasta el infinito.

Así mi libro Fractales i
era un  - continuo- de poesías
donde al final –un rulo-

funcionaba de cierre de la enredadera.



Mburucuyá

Con un 
-dedo-

doy lugar
a que la 

-pasionaria-

se enrede

en la –caña-

que puse 
para ese 

fin.



Brotes

Con estas –lluvias-
miles de brotes

empiezan a  -verse-

pequeños pedazos
de –poemas- de la tierra.



Como – afuera- 

Estar –como- afuera del mundo
viendo el hilo –íntimo- de las cosas.

Ver que no todo –daño- 
es tan dañino

ni que toda –hazaña-

puede ser bien 
recompensada.

Estar –como- afuera
incluso – adentro-.


Jugando – a la inversa-

El tiempo está – trastocado-
en este octubre.

Algo raro –anda- todo.

Por eso es como que me 
-preocupo- y no me –despreocupo-.

El –clima- y sus consecuencias
pueden de – nuevo-
traernos las lluvias de –inundación-.

-Mi cuerpo calla el misterio-.



Están

Ahora 
            –están-

deforestando

mi 
      – ciudad-.



Escribir – con agua-

Con un pincel 
y – agua-

escribir 
sobre una roca

al –rayo-
 del sol.



Y en – esta- primavera

Las habas comienzan
a –caer- las flores,
a –brotar- las chauchas.

La rúcula comienza
a –caer- las flores,
a  - brotar- las chauchas.

Y en un gélido clima
que – aún- no 
parece
primavera,
las plantas se –acondicionan-
para –brotar- sus flores,
para –caer- sus chauchas.



Kanji

Él – estudia-
japonés
en su – tableta- 
electrónica.

 Busca 
-centro-
escribir.

Repite incesante
pero –cuidadosamente-
la escritura
una y – otra- vez.



Epitafios

¿-A veces-
no te sentís

-a vos mismo-

viviendo muertes
de otros, 

-escribiendo- muertes
de otros?

A veces me siento 
-así- y miro la luna
sólo para recordar.


¿Qué – acción?

¿Qué –acción-
es necesaria
para –frenar-
tanta violencia?

¿Qué – hacer-
ante este mundo
que –arrolla-
las sensibles almas?

¿Qué – poder-
hacer ante tanta
violencia –organizada-?


Recordar

Vuelvo a la –huerta-
buscando el silencio 
de mi –cuerpo- destrozado
por el paso de nuestros 
-muertos-.

Con una –tijera-
corto algunas acelgas
y las voy poniendo 
en una – bolsa – de nylon.

Pienso que voy a hacer
una –tortilla- de verduras
para recordar a todos 
mis – muertos-.

Recordar – todos-
mis muertos.



Fermento de época

La – mierda- de vaca fermentada
hace que el calor sea más –calor-.

Se siente desde la cocina que da 
a la huerta el vaho a –fermento-,

el –abono- sabio de las plantas
agradecidas en su bio –diversidad-.

La –mierda- de vaca fermentada
hace sudar la gota – gorda- a los
grandes campesinos chacareros.

Esos que –tiran- la leche sólo
por tirarla al costado de la ruta.

Esos que – no- entienden el
clamor terrible de la tierra
pidiendo la –mierda- de vaca
fermentada.



Gran tesoro

Guardo 

-como un 
gran tesoro-

los días de 

-esa primavera- 

que viví
y quedo 

-a la espera-

de otras
primaveras.



Lo provisorio

Creo que –todos-
somos un poco
verdades provisorias.

Nadie –es- tan sabio
para saberlo todo.



28 de octubre de 2015.


Mariano Massone


Nací y vivo en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires. Participé de la revista de poesía Plebella y de la revista virtual No-Retornable . Escribí los libros Libro de Sombras (2010) y El gaucho celeste (2015). Actualmente, dicto talleres de poesía en mi ciudad y cuido de mi gatita Marina.

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