EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 23 de junio de 2016

MARINA KOHON




La escritura como un hilo que desovilla aguas subterráneas. El cuerpo que flota, se resiste o sumerge, fluye, derrama, salpica, desborda, exuda. Cuando me siento a escribir no sé qué me deparará ese viaje. Algunas veces no me lleva a ningún lugar por resistencia del sólido al fluido. Otras, la armadura protectora se destruye y se llega a lugares impensados, impredecibles. 
Para traducir el cuerpo ofrece menor oposición porque lo mueve la curiosidad: sabe que explorará aguas desconocidas. No hay un hilo enlazado a  la obsesión.
El cuerpo al acompañar a la escritura ignora el tiempo y a la vez se disuelve en su sedimento: el pasado y el presente. La mano es el anclaje en ese viaje.
Se escribe para lanzar botellas al mar o para alcanzar el cuerpo del otro. Pero siempre como decía Gastón Bachelard hay un goce al lograr unirnos al desplazamiento del líquido: El psiquismo se comporta poéticamente. De allí en este caso el placer de escribir.
Escribo desde mis obsesiones, desde las lecturas y desde el profundo disfrute de crear y verme sumergida en la experiencia lúdica del lenguaje, para disolver mi identidad y reencontrarla.


Canto II


I

Amé el gesto suave en los olores
de sus rostros
mi tarea delicada
inclinarme sobre el vacío
cada día
tomar las partículas doradas
del tejido de polvo elevándose
retener la vida.


II

Solían brotarnos imágenes de sales
que acallábamos con tierra
en la plegaria.
Tres eran los círculos. Uno solo el sueño.
En las noches nos habitábamos en él,
aferrados de las manos
en tríada sagrada.


III

Me enseñaron un lenguaje
de símbolos sutiles
que traspasó mi sangre.
Aprendí en la piel
sus miradas, sus respiros.

Seguimos el camino
de las salinas blancas y llanura
“tomen todo el aire para dibujar el cielo”
les dije, y respiramos.

IV

Tres éramos en uno
Uno vio volar los cuervos.



 La Ruta del Marfil, Editorial Alción, Córdoba, Argentina, 2012


***

Me traés hasta el borde 
de una lava lila que me abre 
en dos mitades
Mirás con asombro 
la tersura de los órganos
el vértigo de la sangre
la suavidad que te es ajena.
Me tocás
con el frío incrustado en tus dedos
para dejar las marcas
que dividirán mi cuerpo.
Pero vos sólo querías probar suerte,
medirte.

***

                                                                                                                                                  

Para A


de los pasos…

Agua delgada la de sus ojos  que  caía 
hasta los pies goteando pasos
pasos, arrastrando la desprotección   bajo el peso del mundo

pasos, entre  bruma de  anclas
pasos,  pasos, entre los árboles, las casas del pueblo, 
los chicos que amaban sus manos sanadoras
pasos desde la  isla de tormentas a la que se ataba cada día
con ojos de ponientes grises y  grandeza de  huérfanos. 

Nunca pudo  desabrochar  el pasado, alivianarse 
de crudeza 
siempre su paso en todos mis recuerdos
paso con un brazo y hombro hacia adelante
la cabeza, inclinada hacia ese hombro, pasos
formando una quilla para abrirse camino  
entre las aguas espesas de los días
su paso,  condensaba en cada tono, 
 la  orfebrería  del  alma.


De la Chacra al Cielo, plaqueta, Colectivo Semilla, 2014


***



No temas,
no me fue otorgado
el don de ser valiente:
     enlazo palabras
             y  evito pronunciarlas.



***


Quisiera
 retroceder
       con el ángel
            del azul 
mucho más lejano
                 hacia la imagen


hasta alcanzar  la palabra
          que haga centro
-grava de un mineral esencial-
     de tu corazón cirílico
        beber del grial
            y oscilar leve


(inéditos)



Marina Kohon

Vivo en Bahía Blanca, escribo y traduzco poesía. En mi tiempo libre cultivo un jardín de rosas, jazmines y frutales con la misma dedicación con la que tejo o cocino una nueva receta. Porque el trabajo artesano en sus múltiples formas es un humilde acto de recrear el gran útero, multiplicar la vida. 









2 comentarios:

  1. qué profunda y hermosa es tu poesía!!!

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  2. Excelente Marina, esa intersección con el agua, el cuerpo resistiendo, flotando o sumergiéndose... Y tus poemas tan profundos. Un gusto leerte, abz Gus.

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