EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 23 de junio de 2016

MARTA CWIELONG




Es una sensación, que puede provenir de un instante de emoción visual, angustia, dolor, pérdida Entonces la idea/recuerdo se instala y no me deja en paz. Debo borronear con un lápiz de punta blanda,, así se afloja mi cuerpo, primero los hombros, luego el calambre del estómago.   Y empieza el vértigo donde no reconozco la sensación de mi cuerpo en lo escrito, quiero traducir exactamente y no lo hallo,  y viene el tiempo del trabajo de unir cuerpo y palabra. Perfume y recuerdo. 
Uno de mis libros fue escrito en su totalidad escuchando siempre la música de la película “La mirada de Ulises” Eleni Karaindrou es su compositora, es un círculo que siempre me vuelve al mismo lugar, quizás como mi escritura que siempre trabaja tratando de encontrar la palabra que lo exprese, hallar la manera de decir dolor y que al deletrearlo duela.
Es poco el tiempo que tengo para mis lecturas/música/cine/teatro, entonces cuando tengo el instante para poder hacerlo es comparable a cuando suena un cello .
Tiene conmigo la magia de paralizar todo. Se detiene el mundo. Los ruidos , la rutina, el auto o lo que fuera, sale de mi una explosión ,,, una certeza, una imagen o dejarme estar en silencio.

Escribo con el cuerpo, con las llagas que producen la injusticia, la lucha diaria, el sobrevivir.
Por ejemplo este poema de la poeta polaca Anna Swir, es una reiteración martillando mi cabeza desde el día de lo leí:


IGUAL POR DENTRO

Mientras iba a tu casa para un banquete de amor 
vi en una esquina 
a una vieja mendiga.

Tomé su mano,
besé su mejilla delicada,
hablamos, ella era
por dentro igual a mí,
de la misma especie,
lo sentí instantáneamente,
como un perro reconoce por el olor
a otro perro.

Le di dinero,
no podía separarme de ella. 
Después de todo, una necesita 
la proximidad de alguien semejante.

Y entonces ya no supe
por qué estaba yendo a tu casa.

Ana Swir


Creo en la palabra poética como creo en el amor y la mano que acaricia.
Creo en la palabra y el compromiso de decirla. En la lealtad. 


Poemas


La orilla  (Ediciones del dock, Colección El pez náufrago , mayo 2016)



mi dolor 
viene de tantas mujeres,
que no puedo nombrar
porque ellas 
lo ocultaron


***

solo saliva en la piel
ni siquiera el recuerdo


***

crepita la noche en la ventana
hay viento
fantasmas bailan
murmuran en la almohada


***

lo que fue
son miserias 
en la cama

***

a la pasión por vivir
se une la ausencia
un corazón a la deriva

***

la lluvia es otro modo de mujer

es otro?

O es ella rompiéndose 


***

cada ausencia feroz
me tiene en pie
me alimenta
me humilla


***


el deseo
deleite
ritual
para no morir


***

la nada
es un lugar cercano
al corazón


***


pido un río
algunas piedras
una agüita, surco, ria
agua
susurro de agua
murmullo
agua que musite
piedra sobre piedra
o muchas


***

el mar
estruendo de olas
en la escollera
                              como tu cuerpo
                              en el abrazo


***


El sur
lejos debían irse
ellos
mis padres

eligieron el sur
y desde entonces 
muchos 
quedaron mirando
anhelando el regreso

pero, en este sur quedaran enterrados
y yo mirando el norte
tratando de encontrarlos



Marta Cwielong,


Nací  en Longchamps, Buenos Aires. En ese pueblo que tiene nombre a lejanía, soy hermana de un italiano y una alemana. Tuve padre polaco, tengo madre italiana. Publiqué algunos libros, otros están esperando: Razones para huir, De nadie, Jadeo animal, Morada (Valencia, España), Pleno de ánimas, Las vírgenes terrestres. Observación de poetas latinoamericanas, trabajo de investigación y creación con la colaboración de la poeta Marlene Zertuche, editado en México; La orilla, libro que salió en mayo, pero que tenía una gran espera. Soy una gran conciliadora, creo en la fuerza de la caricia.





4 comentarios:

  1. El poder de la caricia, el roce de ls poesia...cambiará el mundo. Gracias Marta.

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  2. Ana Guillot
    Te admiro, tenés la palabra justa y una sensualidad siempre presente

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  3. Como dice Ana, poemas justos y precisos, excelentes Marta querida...

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